Durmiendo el sueño...




O los cardúmenes de la soledad.....

A veces me pregunto por que vamos agrupándonos como especie, en pequelos grupos, como si quisiéramos pertenecer, como diluirnos en el otro, para compartir nuestra soledad como individuos. "Deja que tu muerto platique con mi muerto para sentirse vivo".

A veces creo que nos empecinamos en dormir el sueño de los otros y permitimos que los otros adormezcan los nuestros, como si quisieramos perdernos en la igualdad, en la masificación para pertenecer a un grupo anodíno y vacío. 

Quisiéramos ser el otro, para ser nosotros mismos.  Quisiéramos perdernos en el olvido para encontrarnos en cada instante del presente para existir, para vivir esa fugacidad del presente sin darnos cuenta que nada nos garantiza el futuro ni nuestra existencia para el otro.

Quizás nuestro pretexto sea la trascendencia, tal vez así queremos disimular nuestra existencia y disculpar al azar por habernos permitido existir en este tiempo y espacio, y además compartirlo con el otro que busca lo mismo.

Si nos diluimos en la masa, en el cardúmen para no sentir la soledad de nuestra existencia, perderemos la habilidad de poder soñar, por que el secreto del cardúmen para mantenerse unido es la homogeneidad de sus miembros, su similitud, su igualdad. 

Tal vez el que no pertenezca al grupo correrá más riesgo de morir en la soledad, fuera del grupo, lejos del cardúmen. Pero será aquel que se ha arriesgado mas allá, teniendo sus sueños de libertad, de conocer el mundo, de existir lejos de esa masa informe que se mueve al mismo ritmo, al mismo destino. Ser como el pez exocétido. 

El cardúmen duerme el sueño individual, lo trastoca en algo prohíbido, maldito, traicionero, de tal manera que los individuos se sienten culpables de su individualidad, la disculpan, la olvidan y adquieren el sueño de la multitud, las mismas inquietudes, las mismas apariencias y los mismos significados de la existencia.

De nihilo nihilum.. (De la nada, nada puede salir)

Del cardúmen no pueden surgir ideales, sueños, ni libertad, tampoco la existencia. Nietszche menciona la voluntad como la fuerza creadora, como el impulso que hace al hombre ser mejor, el cardúmen adormece la voluntad, la apacigua, la silencia, purifica los sentidos, los filtra y establece lo que debe ser y lo que no.

De nihilo nihilum...

Tal vez lo mejor del pez exocétido, es que existe entre dos mundos, por instantes viaja fuera de su realidad, acaricia el agua, ve el sol, siente la brisa y luego regresa a la seguridad del mar, a su realidad, para una vez más remontar su vuelo y levantarse más allá de las olas... talvez, en uno de esos vuelos, no regrese jamás al mar...

Más vale no dormir el sueño, es mejor mantenerlo despierto como un exocétido...


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