La historia del vino...


Daniel acudió al super. Despreocupadamente paseaba entre los pasillos empujando el carrito que de vez en cuando se ladeaba por una de las llantas mal ajustadas. Tenía ganas de comer pasta. 

Hacía poco tiempo que se había mudado de departamento y por el trabajo no había podido disfrutar una noche en ese nuevo espacio.

Ya había pasado por el pasillo de las pastas, había escogido una Tortellini, Pensaba hacerla con salsa de tomate, (el típico cliché), pero desistió. Prefirió primero ir al pasillo de los vinos para seleccionar uno y luego en base a eso, ver con que prepararía la pasta. Aún recordaba las palabras de su buen amigo Mauricio: "El vino hace a la comida no la comida al vino".

Llegó al pasillo de los vinos, un gran estante con las botellas colocadas en forma vertical, mala señal. Los vinos deben estar en forma horizontal, si están en forma vertical es indicativo de que existe el riesgo de que el mismo esté avinagrado.

Se dirigió a las islas donde los vinos se encuentran en forma horizontal, no sabía que región seleccionar, más bien, pensaba lo mismo que con los libros, los vinos te escogen, no tu a ellos, se te presentan, te llaman y te eligen para que tu los adquieras. 

Vinos franceses, mmmm..., Californianos, ¡ni de broma!, ¿Italianos?, ¿Españoles?.... ¿Chilenos pero buenos?... nada aun... ninguno lo llamaba, por lo menos los californianos los había descartado... El super no es un buen lugar para adquirir un buen vino se lamentaba, pero ¿ir a una tienda especializada?, la verdad es que era perder mucho tiempo y no ameritaba la ocasión.

De pronto ella lo interrumpió en sus cabilaciones. Con voz dulce pero firme le preguntó: ¿Sabes de vinos? ... Él distraídamente levantó la mirada y pudo ver quién le interrogaba...

Una mujer muy atractiva, casi de su edad, con manos bien cuidadas, ojos brillantes, labios carnosos, y un escote discreto pero provocativo...

Se cohibió por un momento, y alcanzó a decir: "¿perdón?"

Ella repitió la pregunta más segura aún: "Que si sabes de vinos, es que tengo una reunión, bueno, una cita especial y no se que vino elegir, ¿podrías ayudarme? "

¡Claro! Respondió él, y pensó para sus adentros: (en eso y más...)

"Bueno", comenzó Daniel, "¿que va a haber de cenar?"

Ella se quedó pensativa, luego, respondió: "¿Si tuvieras una cita especial, que te gustaría cenar?"
Daniel titubeó; y luego añadió: "lo que yo sé es que el vino hace a la comida no la comida al vino, así que primero eligiría el vino y luego seleccionaría la comida que acompañaría al vino".

"mmmmhhh..." respondió ella más en tono de duda que de aprobación... 

Daniel pensó para si: (Chin!, Ya la regué... a ver que me dice...)



Provino un silencio incómodo que ella rompió diciendo:

"Está bien, y entonces que vino me recomiendas..."


Daniel suspiró de alivio, pero tenía que volver a preguntar para no fallar con el vino que recomendaría... Así que se armó de valor y preguntó:

"Me dices que la cena es con alguien especial, pero mira, para mi el vino es como un Bouquet de flores, con el vino puedes decir mucho, por ejemplo, los vinos españoles son potentes, fuertes, briosos, los franceses, delicados, suaves, complejos, los vinos californianos son industrializados, como fast food, los mexicanos, salvo honrosas excepciones son sin carácter, los alemanes son dulces y afrutados.

Así cada vino tiene su propia personalidad que se expresa en cada copa, de esta manera, el ritmo de las copas y la sucesión del tipo de vino es el ambiente que quieras crear, de ahí que elijas primero el vino, por que es el que dirigirá el ambiente de la reunión y por consiguiente, la comida. Así que si me das más información, puedo diseñarte un bouquet de vinos de acuerdo a la ocasión".



Ella después de una pequeña pausa y dudando un poco decidió confesar:

"Es para seducir a alguien..."

"Okay" dijo Daniel, "Entonces manos a la obra", se sintió en control de la situación, empezó a observar los vinos que habían ahí y comenzó a desmenuzar cada uno de ellos, su carácter, personalidad, atributos. 


 "Vamos a empezar con un vino francés, suave, aterciopelado, un poco ácido, fresco, afrutado, un Chateau du Taillan de Haute Médoc, para empezar, su sabor hará que las cosas se relajen, es para entrar en confianza, para comenzar a seducir. 

Te recomiendo copas de tallo alto, redondeadas, con mas cintura que cuello, y que las llenes solamente 1/4 con vino. Uses una decantadora para oxigenar el vino y que no esté ácido a la hora de tomarse. Las formas de la copa y de la decantadora son sensuales, cristalinas, transparentes, y dejan apreciar el vino, así también el degustarlo".

Ella le observaba en silencio, mirando de vez en cuando sus ojos, el brillo que emitía al hablar de cada vino era muy seductor...


"...Para continuar, podría sugerirte un vino más potente, pudiera ser un español de la Mancha o Rivera del duero, Tal vez un Italiano, un Nebbiolo o Barolo, pero aquí no hay, así que éste vino griego puede funcionar muy bien, es un Tsantali Nemea, es potente, noble y fino, con notas a vanilla, madera y clavo".

Ella se imaginó el vino como si tuviera personalidad propia, como si fuera una persona, como si fuera un hombre maduro, elegante, seguro y con voz acompasada...

"Debes cambiar la copa con cada vino para evitar contaminarlos y que los sabores se mezclen", te recomiendo copas largas con forma de rosa, estas copas concentrarán el sabor del vino y potenciarán sus características", 

"Este vino, por ser más potente es para romper ataduras y dejar aflorar la pasión, para dejarse llevar, arrancar la ropa, y dejarse seducir por las sensaciones, es para despertar la animalidad que todos reprimimos"

"Si la botella de este vino se termina y no ha ocurrido nada, es que ya nada ocurrirá... es que esa seducción del vino anterior no fue lo suficientemente fuerte, el ambiente no se dió ni se generó la quimica necesaria, no hubo suficiente fuego..."


Ella se estremeció al oír las últimas palabras, nunca pensó que un vino pudiera indicarte algo así, o podría determinar una situación en especial...



"Si no terminaste la botella y todo como espero, sucedió de acuerdo al vino que te recomiendo, entonces deberás terminar con el último vino, el de postre, que te permitirá disfrutar el momento posterior, es como el cigarrito que te fumas, es el vino para degustar, disfrutar, brindar, y por que no, aderezar..."


Ella se estremeció...


"Este oporto Taylor de 10 años, es ideal, sus notas dulces a frutas rojas maduras, madera, miel y café es el cierre final para una velada excepcional..., debes usar copas de tipo flauta pero con botón grueso"

Daniel, ya había puesto una de cada botella en el carrito de ella que lo veía de manera extraña, era como si Daniel se hubiera posesionado, como si se hubiera convertido en el fluido de la uva, como si él mismo fuera el vino, y a través de esa descripción de los aromas y sabores del vino, le enviara mensajes de seducción, de deseo. 



"Así que con estos vinos podemos entonces, decidir qué se preparará de cenar", "¿que dices?"



Ella no resistió más, se acercó a Daniel, le tomó de la mano y agregó: "Comeremos de la pasta que llevas en tu carrito, mejor vámos a mi casa a ver si tu recomendación de vinos funciona..."



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