Por que no me gustan los table dances...



Con ustedes la sensacionaaaalll, y exhuberante.... IIIIITaaaliaa.... desde los confines europeos cubierta de oropeeelll.... En la pista uno...   

(Yanira, preparada para la pista dos...), 

Compre sus boletos...


Las luces lúgubres y tenues, Los cuerpos semidesnudos que son seguidos por miradas lujuriosas y de deseo. El olor a cigarro, la densidad del ambiente que puede ser cortado con el simple hecho de deambular entre las mesas rellenas de sujetos que acuden al Table y por supuesto el alcohol corre como si fuera un manantial de agua borbollante y fresco.

Las mujeres deambulan, ven a sus posibles clientes, sonrien, se contonean, se arrinconan o se ofrecen de acuerdo a la intensidad de la mirada lujuriosa de uno o de otro. Miden su capacidad de seducir, de provocar y por que no, de poder obtener mayores ingresos con la simple promesa de un rato de placer para los clientes...

Las miradas de los hombres se vuelven nublosas, turbias, animálicas, bestiales. Los sentidos se aturden, los hombres evitan verse de frente, las sonrisas de culpa y nerviosismo son frecuentes, las risas distensionadoras son normales, el estruendo, la lujuria es moneda corriente.

Alguno que otro, con boletos en mano, avanza hacia el privado, que casi siempre no es tan privado, hay otros hombres con algunas bailarinas ahí, tampoco hay privacidad en un acto por demás mecánico para las mujeres, y placentero para los hombres.

Algunas veces me han dicho: "voy por que ahi veo y toco lo que no puedo tocar afuera" o "aqui me distraigo y me relajo", ¿en serio?...

Las mujeres te incitan a consumir y ellas consumen al mismo ritmo que el tuyo, el costo de la bebida es muy alto para la simple compañía, ellas simulan beber y tu, bebes en realidad hasta que se te adormece la voluntad, hasta que olvidas la responsabilidad y armado de valor y de valentía, ondulas en el aire la tarjeta de crédito para que no se acabe el instante fugaz de una noche desenfrenada y carnavalesca...

Tal vez algunos van a expiar sus culpas, otros van al confesionario para desahogar las frustraciones del matrimonio, otros más a remojar la soledad y unos más a descargar los ímpetus corpóreos.

Es normal, escucho por ahí, no discuto eso, lo que me molesta es tener que pagar por eso, por el placer, pagar por que alguien beba contigo, que no lo haga por gusto, que lo haga por dinero. (Eso es prostitución... bueno, eso encaja en la historia). 

Me molesta tener que pagar para que alguien que se siente conmigo a platicar, o a fingir interés en mi, sin tener el más minimo conocimiento en lo que soy o hago.

Me gusta que la gente tenga interés genuino en el otro, que quiera aprender, que se deje llevar por una buena conversación, y que no sea por una simple transacción económica ni sexual. Me gusta escuchar, aprender, disertar y discutir un tema. ¿el alcohol? también es buen compañero de conversaciones, una buena botella de vino o de oporto diría yo.

No niego que he ido alguna vez, pero ese vacío y soledad de ese lugar disfrazado de carnaval que enmascara nuestras carencias y vacíos como hombres y la explotación de los deseos viriles de parte de las mujeres, se me hace muy primitivo y simplista...

Prefiero la complejidad de la seducción y del erotismo cotidiano...

1 comentario:

El Coss dijo...

Admirables los caracoles que pese a su sencilla naturaleza solitarios pueden existir o ¿será que por su sencillez es inevitable su conformidad ante los deseos?