¿Te Acuerdas Justina?

¿Te acuerdas Justina? …Aquel día que te vi paseando por primera vez en el parque junto al Marcelo, caminabas tan presumida e indiferente que todos envidiaban al Marcelo por que estaba con la mujer más bonita del pueblo, yo acababa de llegar del  campo, lejos, venía cansado y quería ir a mi jacal, pero tu estabas ahí tan presumida que no pude hacer otra cosa que verte pasar. No mirabas a nadie, pero cuando pasaste junto a mí, no pudiste hacer otra cosa mas que verme, se me hace que era por la manera en que yo te miraba. Me miraste tan rápido que el Marcelo ni cuenta se dio, pero entendí tu mirada, sabia que te gustaba, en ese momento hasta me olvidé del cansancio.

 

 Pasaron dos días sin verte, hasta que una tarde te vi caminando sola y me acerqué a ti. Me miraste altiva cuando llegué y cada que te preguntaba respondías a medias, pero no dejabas de mirarme, veía como temblabas y tus ojos me miraban de arriba para abajo,  la voz te temblaba, no dejabas de jugarte el pelo. Te acompañé a la casa de tu madrina, todos me miraron feo cuando llegamos, sabían como era de mujeriego.

 

  No me dejaron pasar, por eso no pude decirte que quería mirarte al otro día, lo mas seguro es que te previnieron de mí, que era malo y borracho, mujeriego y vividor, pero por dios que está en los cielos que cuando te vi por primera vez  sabía que ya no vería a las mujeres como lo hacía antes, ahora veía en todas tu cara y tu manera de menearte al caminar, me robaste el espíritu como un chamuco, me embrujaste sin quererlo.

 

Varios días no te vi, te escondías, hasta que me paré fuera de tu casa y esperé a que salieras, después de un ratote parado en el sol y el calor, por fin saliste. Te hablé, veía como te brillaban los labios y tu como veías los míos, quería agarrarte de la cintura y besarte, robarte lejos para que solo yo pudiera verte.

 

 Caminamos hasta el parque y me preguntaste que por que te esperaba afuera de tu casa, yo te dije que por que me gustabas mucho y quería hacerte mi mujer, te reíste pero  te pusiste colorada, supe que querías lo mismo que yo, querías ser mi mujer, ahora lo sé bien.

 

Quedamos de vernos en la noche, atrás de tu jacal, en el maizal, ahí te esperaba ansioso, las manos me sudaban. Por fin llegaste, te veías tan bonita con la luz de luna y tu vestido tallado a la cintura, veía tu pelo negro y brilloso, tu mirada honda y tus labios ansiosos. Me agarraste las manos, sentiste mi sudor que se juntó con el tuyo, ya no sabía quién era el que sudaba mas. Me dolía la panza, no podía tragar bien, sé que tu también sentías lo mismo, por eso solo pudimos sentarnos a ver las estrellas, hasta que por fin te dije que escogieras una, tu escogiste la mas grande y yo te dije que te la traería para que cuando no me vieras no tuvieras frío. Te puse mi Zarape,  tú lo oliste poco a poco como si olieras las flores, y te llenaste por primera vez de mí, te abracé y pusiste tu cabeza en mi pecho, decías que mi corazón latía como caballo desbocado, te acurrucaste mas y sentí como tu cuerpo se arrejuntaba al mío, así pasó un largo rato que sentí como un suspiro, hasta que tu padre te comenzó a gritar y saliste corriendo por el campo diciéndome: “mañana en la noche, aqui mismo, espérame que vendré otra vez”. Y yo vi como te ibas feliz desapareciendo entre las sombras…

 

            ¿Te acuerdas Justina?,  Ese día era el hombre más feliz del pueblo, tu vestida de blanco, sonriente, no me importaron las amenazas del Marcelo, tenías que ser mi mujer, tampoco me importó que tu familia me despreciara, tenía un poquito de dinero y un jacalito, ahí viviríamos y tendríamos varios chilpayates, me harías de comer y yo, sería el hombre mas feliz al regresar del campo y verte ahí, en mi jacal, esperándome. Caminamos por las calles hasta la iglesia, nos esperaba el padre Juan. Entramos; ante dios y la virgen juramos querernos siempre. Salimos juntos y felices, quería salir del pueblo y hacerte mi mujer, nada me importaba, solo quería mirar tus ojos, respirar tus olores, besar tu boca, trincarte a mi cuerpo y sentir tu temblor al sentir el mío, hacerte mujer y saber que eras mía…

 

            Dios se desquitó conmigo por mis blasfemias; solo oí el disparo y  tu vestido lleno de sangre cuando caías sin fuerzas, encima de mí. Solo pudiste verme un instante antes de que tus ojos se cerraran y dejaras de existir. Vi el humo de la pistola del Marcelo que estaba parado frente a mí, lo demás no lo recuerdo, no quiero recordarlo, solo sé que la justicia me espera por la muerte del Marcelo y ahora, que estas ahí acostada, como durmiendo, con tus manos cruzadas sobre el pecho y ese olor en el aire a velas y flores de Zempazuchitl, los murmullos y los rezos, los lloriqueos y los gritos, solo quiero estar aquí junto a ti.

 

            ¿Te acuerdas Justina? … Todos nuestros planes y nuestros sueños, nuestras promesas y nuestros toques de piel ansiosa quemando como fuego.

 

… Y ahora dime Justina, desde donde estés… ¿qué hago con tantos recuerdos? … 

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