Diálogos con una mujer de negro...


Caminando apresuradamente por la calle, con un paso rítmico y cadencioso, me apresuraba a llegar a casa. La tormenta que se había desatado esa noche era terrible, la obscuridad era casi total por el apagón general de esa zona de la ciudad. La lluvia golpeaba mi rostro como mil agujas afiladas, y el frío llegaba hasta mis huesos, recordándome que estaba demasiado vivo por la intensa mezcla de sensaciones; frío, miedo, y angustia. Los rayos cimbraban el ambiente con su estruendo. La luz mortecina y fantasmagórica que iluminaba esporádicamente la calle dejaba entrever sombras que revoloteaban y danzaban como almas en busca del camino a la eternidad, y yo ahí, era el único testigo de tal acontecimiento, pues con tal tormenta, toda la gente se encontraba al resguardo. Mi razón volaba para descubrir el camino mas cercano y protegido de la lluvia, para no mojarme tanto, aunque no se por qué pues estaba mojado hasta los pulmones.

 

              El agua recorría mi cuerpo y yo  temblaba de frío. Mientras tanto, caminaba desesperadamente surcando los charcos. Parecía que el tiempo se había detenido ante la fuerza de la tempestad y la furia se asemejaba a la venganza de la naturaleza en contra del hombre ante su destrucción.

 

              Por fin, ante mi paso cada vez mas apresurado  que perdía rapidamente su cadencia, empapado y tambaleándome, llegué a la puerta de mi casa sabiendo que solo me esperaba mi soledad concurrida. Abrí la puerta  y traté de encender la luz pero en casa tampoco había luz. Velozmente me desvestí para quitarme la ropa mojada  quedando desnudo. Apresuradamente me dirigí al cuarto para sacar ropa seca y meterme a bañar.

 

              De pronto, sutilmente escuché que tocaban la puerta con una contraseña, era extraño, hacia mucho que no escuchaba esa forma de tocar. Así que  me apresuré a  ver por la mirilla y al instante supe que era ella. Por un momento dudé en abrir, pero la tormenta era tal que no podía dejar que estuviera afuera, fuera  quien fuera, así que giré la perilla  y  lentamente abrí la puerta.

 

              Bajé los ojos, pues deseaba esquivar su mirada,  pero inconscientemente subí los ojos y volví a ver esos ojos negros y profundos, vacíos de sentimientos pero a la vez llenos de eternidad. Recorrí su rostro palmo a palmo, blanco y delgado que contrastaba con su vestido negro y anacrónico, tan negro y profundo que se confundía con el negro de la noche.

 

          Después de recorrer todo su cuerpo, regresé a sus ojos, y por un instante me perdí en su mirada. Poco después con voz trémula, sin entonación, firme y vacía me preguntó:

 

- ¿Puedo pasar?

 

Sin pronunciar palabra, le franqueé la entrada y ella entró lentamente. Parecía que la lluvia no se había ensañado con ella pues apenas  estaba mojada. Después cerré la puerta, ella volteó y dijo:

 

- Vaya, ahora me recibes desnudo-

 

Súbitamente me percaté de que me encontraba sin ropa,  a pesar del frío, un leve y casi imperceptible calor se agolpó en mi rostro.  Traté de cubrirme no se qué pues mis manos iban de una parte de mi cuerpo hacia otra hasta detenerse en los genitales.

 

- Discúlpame, es que hacia tanto tiempo que no venias que no me di cuenta, además acabo de llegar y estaba todo mojado, discúlpame que te reciba así-

 

- No  importa-  dijo ella, - sabes que te conozco bien-

 

          Sentí un escalofrío hasta el alma. Cada vez que hablaba así tenía la misma sensación desagradable. Me enfurecí y le grité;

 

- ¿Tú qué sabes de mi?, sólo por que me has visitado algunas veces crees conocerme bien, pero te equivocas...-

 

Ella hizo caso omiso de mi comentario, me quedó viendo con mirada fría, casi diabólica, y luego agregó:

 

- hoy no vengo a pelear contigo, solo pasé a visitarte. Por que no platicamos en lo que te bañas, hace mucho que no me platicas de tu vida. Anda, que te vas a resfriar-.

 

          Apresuradamente me dirigí a mi cuarto por ropa seca, luego me metí al cuarto de baño. Rápidamente abrí la llave del agua caliente. Titiritaba del frío que calaba mis huesos y hacia que me castañetearan. Poco a poco el agua caliente comenzó a fluir. Luego, lentamente abrí la llave de agua fría para regular  la temperatura. El vaho subía lentamente, apenas lo podía percibir pues la  luz aun no regresaba. Así que rápidamente me metí a la regadera y sentí un placer especial al sentir que el calor regresaba a mi cuerpo con el agua caliente.

 

          De pronto escuché que ella entró al cuarto de baño y se sentó en el sanitario. A pesar del agua caliente, casi hirviendo, un escalofrío recorrió mi cuerpo que se convirtió en un estremecimiento al sentir que estaba cerca. Era una mezcla de terror y deseo, de odio y amistad. Pasó un poco de tiempo antes de que comenzara a hablar:

 

- Veo que has estado triste-

 

Y yo respondí:

 

- ¿Ah sí?, ¿Y cómo sabes?.

 

- No necesitas ocultármelo, lo veo en tu rostro. Además sentí  el deseo de venirte a visitar y es por que has estado triste...-

 

- Bueno, algunas veces todos nos ponemos tristes, ¿o no?-

 

- Si pero tu sabes bien que hay de tristezas a tristezas y la tuya es una muy especial, por eso estoy aquí, por que sé que me necesitas...-

 

- ¿ Necesitarte yo?, ¿Por qué?.

 

- Por que estás con tu "soledad concurrida".

 

- ¿Qué tienes tu que ver con la soledad y la tristeza,?

 

- Aunque no lo creas, a veces es difícil éste trabajo, el no tener con quien platicar o simple y sencillamente el saber que te repudian o rehuyen, no es del todo agradable. Tú eres de esos pocos espíritus con los que puedo conversar...

 

- Vaya, ahora resulta que tú me necesitas para platicar… No me vengas con esas cosas...

 

- Bueno, por lo menos, tu tienes el valor para abrir la puerta y platicar...

 

- Y créeme que no sé por que lo hago, a veces no lo entiendo, no sé en que momento entraste a mi vida y ahora resulta que como te escucho y te tengo paciencia ahora no puedes dejarme en paz con mi soledad…

 

- Vaya, ahora sucede que no  quieres que te visite. Si a veces me has llamado en noches como ésta, me has pensado, has sentido mi presencia, te he acariciado y besado. Te me has querido entregar pero yo no lo he permitido.

 

- ¿Y por qué no lo has permitido? ¿Qué?, ¿Acaso soy muy importante para este pinche mundo inmundo... ?

 

- Hemos hecho un pacto ¿acaso lo olvidaste?.

 

- No lo he olvidado. Pero es muy dolorosa la angustia, la ansiedad, la desesperación.

 

- Sí, lo sé. A pesar de ser quien soy puedo sentir tu dolor, pero solo así puedes crear, solo así puedes mantenerme a distancia. Pero poco a poco iras olvidando las palabras hasta que ya no tengas nada que decir y ese día... vendré por ti, para que llenes tu maleta con todas tus experiencias y recuerdos y me acompañes lejos de aquí.

 

          Un terror helado recorrió mi cuerpo al oír el tono con que remarcó las ultimas palabras, esa voz tan inflexible, cavernosa y profunda, cargada de una soledad milenaria, arrastrando cada palabra como si fuera una sentencia...

 

          Terminé sentándome en la regadera para sentir el agua que recorría mi cuerpo y aletargaba mis sentidos. Ella me observaba distraídamente por el reflejo del espejo, meditaba, pasó un instante y luego preguntó:

 

- ¿Por qué pensaste en mi precisamente hoy?

 

- Yo respondí: No sé, puede ser por esta lluvia melancólica con la noche taciturna...

 

- ¿Ves como yo soy tu principal musa?, ¿ves cómo con mi presencia tu creación es voluptuosa y sensual...?

 

- ¿Por qué eres tu mi musa, no lo entiendo?

 

- Por que te gusta como te seduzco, por mi misterio, mi candor. Me deseas por que sabes que solo me puedes hacer tuya una sola vez pero a la vez nunca podrás tenerme, tan  solo un instante...

 

- Sí que eres soberbia y vanidosa, nunca lo creí de ti. Ahora resulta que tienes un gran ego que alimentar...

 

- No, yo no tengo ego. Si lo tuviera este mundo no existiría pues nada bastaría para satisfacerme...

 

- Vaya, ahora resulta que eres filósofa. Si que eres estúpida...

 

- He conocido a grandes hombres. De muchos he sido musa y motivo de terror o admiración. No lo digo por vanidad, simple y sencillamente por que soy necesaria para vivir. Pero eres osado al insultarme, no me provoques hoy que no vengo de muy buen humor...

 

- ¿Y crees que me importa...? Si no quisiera romper ese estúpido trato no hubiera pensado hoy en ti, por lo cual no estarías aquí. Estoy cansado de tus amenazas y del miedo que he tenido de que rompas el trato...

 

- ¡Ja!, ahora si que estás muy envalentonado, ¿será por que está aquí tu amiga la soledad?.

 

- Vaya que eres sarcástica, pero con esta soledad tengo el valor para verte de frente...

 

- Lo sé, pues cuando tienes compañía te olvidas de mi. Y ¿sabes? soy muy celosa, no soporto verte en los brazos de otra mujer o que escribas para alguien mas. Pero no puedo permitir que te me acerques tanto, aun no...

 

- Sabes que te deseo, que quiero hacerte mía, verte gozar, y hacerte olvidar por un instante la eternidad.

 

- Vaya, vaya. Surge ahora el amante incendiado de pasi+on. Pero, ¿sabes? a veces tengo temor de que me olvides...

 

- ¿Y crees que pudiera amar a  otra  mujer como te amo a ti...?

 

- Eres demasiado voluble y en un arrebato puedo perderte, pero se que siempre regresarás a mi...

 

- Pero sabes que al final de los tiempos me tendrás...

 

- Es solo cuestión de tiempo, de paciencia, algo que tu no tienes...

 

- Me gustaría poder abrazarte, besarte y abandonarme a ti, sin miedo, sin apegos...

 

- De veras que eres estupido. A veces te olvidas de con quien hablas, no sabes lo que dices. Para que suceda eso tendrias que abandonar tu cuerpo.

 

- Y que importa el cuerpo si tengo alma...

 

- ¿Ves por qué te necesito vivo?, debes dejar algo en este mundo tan vacío...

 

- Si que eres provocativa y subversiva, por eso me gustas, aunque en el fondo tenga miedo de ti...

 

- ¿Sabes? ésto se está poniendo muy turbulento... es mejor que me vaya...

 

- ¡No puedes irte, aún no he terminado de decirte todo lo que quiero decirte!

 

- No me importa lo que me quieras decir, no lograrás que me quede mas tiempo aquí, tengo cosas que hacer, además no es tu momento...

 

- ¿Mi momento?, ¿qué quieres decir...?

 

- Que tenemos un pacto y hay que cumplirlo...

 

- Me importa un bledo tu pacto. Necesito que te quedes un poco mas.

 

- Lo siento, no puedo quedarme mas, ademas. un pacto es un pacto y no se puede romper, ¿quién te crees?...

 

- Estoy harto de tu pacto y de tus seducciones, vamos pues, ¡ rompámoslo de una vez !

 

          Dicho esto tomé la navaja de afeitar e hice un corte longitudinal en la muñeca del brazo derecho. Al instante comenzó a emanar abundante sangre que se diluía con el agua que caía. Poco a poco la sangre llegó al suelo no sin antes teñir los brazos y las piernas de su flemático color...

 

- ¡Si que eres estúpido! mira que cortarte las venas en la regadera.Vaya arranque de locura y estupidez. Pero ¿quién te crees para retarme de esa manera?. No es cuando tu digas, es cuando yo quiera... y ¿sabes? ahora no es tu momento. Seguirás sufriendo y viviendo, seguirás creando... No, aún no es tu momento. Es grande nuestro idilio para llevarte a donde no podré verte jamas. te necesito vivo, debes seguir creando…

 

          Poco a poco escuchaba mas lejos su voz y sus palabras que rebotaban en mi mente haciendo un eco profundo que me aletargaba y me adormecía en un relajante sopor. Sentí que ella me besaba apasionadamente. Me abandoné a ese beso profundo y eterno, lento y sácro. Mi aliento era aspirado y con él, toda mi esencia y mi sentido. Pronto me di cuenta que me abandonaba a la muerte que me había seducido esa noche...

 

              Lentamente recobré la conciencia. Estaba fuera de la regadera, vestido y con la muñeca vendada. La luz había vuelto y el tenue resplandor de la lampara iluminaba un pequeño rastro de sangre seca.

 

              Aun resonaba en mi mente el eco de sus palabras... aún no es tu momento... aun no... 

No hay comentarios: