El renacer...


Martha conoció a Lucio en un café, le atrajo su seguridad y aplomo, la mirada firme y  penetrante que la hacía estremecerse. Él se acercó, platicaron un rato y luego le pidió su teléfono, ella, accedió a pesar de percatarse de que tenía un anillo de casado.

 Posteriormente se vieron varias veces, salieron a tomar una copa y luego a bailar, hasta que Lucio le pidió que pasaran la noche juntos. Martha aceptó y se fueron a un motel cerca del bar en el que estaban.

 Después de tener sexo apasionado y excitante, Lucio se retiró de Martha y se recostó sobre un costado, encendió un cigarrillo y se quedó pensativo. Martha guardó silencio. Había aprendido a que ese silencio era el que provocaba que los hombres se sintieran incómodos y trataran de decir algo para salir al paso.  Lucio entonces, ante la incomodidad, decidió hablar…

 -Soy casado ¿sabes?-

 Ella respondió: - si, lo sé –

 -    si lo sabes, ¿entonces por que quisiste estar conmigo?-

 A lo que ella contraatacó diciendo:

 - Mas bien ¿Por qué tú, estando casado, quisiste estar conmigo?, ¿Qué te falta?-

 Lucio se sintió desarmado, Martha sabía cuando atacar y cuando replegarse, así que guardó silencio y esperó a que las emociones de Lucio emergieran… Escuchó un largo suspiro, y luego lo vio directamente a los ojos para que no tuviera opción y comenzara a hablar…

 Lucio conoció a Raquel en la universidad. Le había fascinado. Su andar seguro, tranquilo, como si levitara, como si emancipara la tierra que pisaba. La mirada lánguida y profunda le penetraron el alma. Sabía que después de conocer a Raquel ya nada sería igual.

 Estudiaba Derecho y Raquel literatura latinoamericana. Aquel encuentro en la cafetería de la escuela fue fugaz pero él quedó prendado de ella. Lucio comenzó a investigar sobre Raquel, su horario, lo que le gustaba, averiguó quienes eran sus amigas y cual sería la mejor manera de acercarse a ella. Hasta que por fin, un día, en un concierto de trova, pudo acercarse a ella.

 Al principio Raquel se comportó indiferente ante él, ella sentía que si alguien se interesaba en ella debería demostrar abiertamente las ganas de conquistarla. De seducir pacientemente su voluntad y de ir venciendo las barreras de sus objeciones y que por fin, un día, llegaría aquel príncipe azul con el que sabría conquistarla y vencer su voluntad.

 Raquel poco a poco comenzó a ver en Lucio un hombre distinto a los que conocía, él era más grande que los compañeros que tenía y que la invitaban a salir, eso la halagó, se sintió atraída a ese hombre que 5 semestres delante de ella, trataba de convencerla y de seducirla. Le llamó de sobremanera el interés que tenía él sobre la lectura, sobre todo por autores como Kundera, Camus y Ciorán. Eran autores que a ella se le hacían profundos, misteriosos y simbólicos, y que una persona ajena a ellos le hablara desde una diferente perspectiva hacía que viera a Lucio como alguien muy intenso y sobre todo atractivo.

Pasó poco tiempo para que Lucio y Raquel comenzaran una relación intensa, Lucio se aplicaba cada día por mantener el interés de Raquel y ella se dejaba seducir y convencer. Poco a poco Raquel comenzó a mostrar la verdadera intensidad de su esencia, dejó que Lucio se acercara, y pasaron noches muy apasionadas. Con el tiempo formalizaron la relación y al poco tiempo se casaron deseando vivir ese sueño de pareja, ese sueño en donde todo es perfecto y existe el amor por siempre...

Sin embargo las cosas fueron cambiando con el tiempo, Raquel se dedicó a la casa y el cuidado de los niños, y Lucio a trabajar para mantener a su familia. Raquel y Lucio con el tiempo iban perdiendo esa proximidad de pareja. Los 12 años que llevaban de casados habían sido matizados por la rutina y el desencanto. Raquel sentía que su deber era su hogar, su trabajo de medio tiempo para ayudar en la economía familiar y el cuidado de sus dos hijos. 

Lucio se había resignado pues a una vida familiar... hasta que apareció Martha esa tarde en el café...

Se quedó pensativo ante la pregunta de Martha, dudó unos instantes en contestar, era la primera vez en 14 años que estaba con alguien que no fuera su esposa, por un lado se sentía alagado, pero por el otro dudaba en entrar en contacto con su realidad, platicarle a la mujer con la que había tenido sexo su verdadera identidad. Sin embargo, ante la mirada insistente y confiada de Martha además de su silencio, se dejó llevar y comenzó a hablar...

-Mira, la verdad es que no se por donde empezar... me preguntaste que me falta. en realidad no me falta nada, pero extraño la pasión, el ardor del cuerpo, la furia por amar, ese día único en el que como amante amas sin importarte el mañana, me falta el deseo, el ansia, la necesidad de estar. El suspiro por el otro, los "buenos días amor" al despertar al otro día. Extraño el sudor frío que recorre la espalda, el escalofrío en la nuca, el grito ansioso y entrecortado, el cuerpo tembloroso que se aferraba al mio para sentir más de cerca mi sexo.-

-vaya que eres apasionado, dijo Martha-

Lucio guardó silencio, le dió miedo el darse cuenta que estaba pisando terreno resbaloso, estaba a punto de levantarse cuando Martha lo tranquilizó diciendo:

- A veces se nos olvida quienes somos, la rutina nos aleja de nuestra verdadera esencia. "Ser responsable" nos dicen por ahí, pero eso hace que nos olvidemos de nosotros, hace que nos desconectemos de nuestra esencia y de nuestra realidad. de hecho este eres tú, libre, apasionado, entregado, ¿por que te has olvidado de lo que eres?-

Lucio quedó pensativo... escuchó cada una de las palabras de Martha como una voz interna que le hablara desde adentro, como si fuera su conciencia y luego respondió:

- No lo se, tal vez me he dedicado a cuidar a mi familia aún a pesar de mi mismo...-

Martha respondió:

- Debes cuidar a tu familia pero sin dejar de ser tu mismo, debes ser fiel a tu esencia, a tu naturaleza y no tratar de ser algo que no eres. Tu pasión estaba muerta, habías muerto por dentro, y ahora vuelves a estar en contacto con tu ser, con tu cuerpo, te das cuenta que puedes volver a sentir, que puedes despertar para volver a ser...- 

-¿Y tú?- respondió Lucio, -¿y tu por que me hablas así? te estas acostando con un hombre casado, ¿no te sientes mal?-

-No- Respondió Martha, -En realidad no, tenías tanta pasión guardada que disfruté sentir tu renacer, fue como si perdieras nuevamente la virginidad ¡jajajaja!-

Lucio se molestó y se levantó de la cama, se dirigió al baño con el ánimo de vestirse e irse de ahí... sin embargo, su furia poco a poco se fue trastocando en una inmensa tristeza que le oprimió el pecho, y que casi hizo que perdiera el control. Sabía que Martha tenía razón, se había perdido tanto que ahora tenía un renacer físico, espiritual y sexual...

Regresó a la cama sin decir nada, y luego amó a Martha como si fuera la primera y última vez que haría el amor con ella, era una mezcla de descubrimiento y entrega, un instante, un chispazo fugaz que iluminó el universo...

Después de esto, Lucio jamás la volvió a buscar... Había descubierto una ventana en los recuerdos por la que podía escapar y acudir cada vez que se sentía acosado por la rutina a ese recuerdo de Martha y su bello discurrir por la existencia.

Martha por su parte, sabía que había abierto una llaga en Lucio que tardaría en sanar, sabía que no la volvería a buscar, pero ella guardaba el deseo y la furiosa pasión de Lucio y su renacer en lo más profundo de su memoria... Había pues disfrutado de un hombre y de sus pasiones escondidas... 

No hay comentarios: