La confidente...



Conocí a Martha por accidente, quería comprar una de mis pipas hechas a mano, le había interesado que estuvieran hechas en México, y  quería regalarle una a su nuevo novio que presumía de ser intelectual: Ramiro. 

Lo más interesante de Martha era su actitud deshinibida, como si su vida fuera única, como si estuviera cargando los recuerdos de muchas historias y de muchas vidas ella misma. Hablaba de manera fluida, segura, veía de frente y de manera franca, sin dudar. no esquivaba la mirada o veía hacia abajo, se sabía atractiva.

Supo que me gustaba escribir, me preguntó sobre los temas que escribía, no había conocido a ningún escritor o por lo menos que se jactara de eso. Le interesó lo que le platiqué sobre algunos trabajos que había hecho, me dijo que le gustaría leerlos. Así que quedamos de vernos después para darle unos textos en los que estaba trabajando.

Días más tarde me llamó. Dijo que le gustaba como escribía y que tenía el tema ideal para mi. Me llamó la atención, normalmente la gente lee lo que escribo, casi nunca sugiere un tema, por una parte me molestó que me dijera que debía escribir, creo que el escritor debe ser libre para dejarse envolver por las historias, pero algo me decía que por lo menos debería escuchar su propuesta, así que acudí a la cita en un café de Juriquilla: "il luogo".

Llegó a la hora convenida, vestía de manera casual pero bien combinada, con un escote discreto pero seductor, pidió un capuccino y comenzó a hablar.

Mi vida ha sido una pequeña pero gran anécdota. -Comentó- yo apenas asentí.  Luego comenzó su historia: había sido una mujer común y entregada a su trabajo, salía frecuentemente de reventón con sus amigos, había tenido varios novios, pero nunca había encontrado a su "hombre ideal", tenía una carrera profesional, viajaba mucho por el trabajo y llevaba pues, una vida tildada como "normal".

Sin embargo, al regreso de uno de sus viajes su vida cambiaría radicalmente tal qué había decidido dejar de ser lo que era, reinventarse completamente y disfrutar de su vida y libertad. Por lo que a partir de ese momento, decidió conocer a los hombres no solamente desde una perspectiva sexual sino las profundidades de sus deseos espirituales y emocionales. 

Su filosofía era simple: conocer a un hombre independientemente de su estado civil, relacionarse sentimentalmente y luego hurgar en su vida tal que, pudiera conocerlo realmente, luego,  una vez que estuviera satisfecha con lo que hubiera conocido, buscarse otra pareja para conocer y empezar nuevamente. 

Comenzó a narrarme el encuentro que tuvo con Gabriel, aquel que la transformó, luego la historia de Lucio, un hombre atormentado por la contraposición de su matrimonio y su libertad, más tarde la historia de Juan Carlos, un hombre lleno de complejos y de frenos emocionales, en fin, las historias se sucedían una tras otra, hombres que aparentaban fortaleza, entereza y detrás de los cuales se escondían seres temerosos que dudaban de la aceptación emocional de ser ellos mismos...

Así, poco a poco, Martha se convirtió en confidente, en la depositaria de las frustraciones de hombres que buscaban liberar algo en su interior, ella solamente preguntaba, y escuchaba como terapeuta en la cama de algún motel convertida improvisadamente en diván.

Martha servía como un puente entre los deseos y la realidad. Ella solo hacía preguntas, sabía el momento exacto y la pregunta conveniente para hacer que un hombre se desnudara el alma y hablara de sus temores y sus deseos.

Así pues, después de muchas veces de platicar con Martha me convencí que era un tema genial para escribir, narrar todas las confesiones hechas por los hombres a su amante más allá de lo sexual, sino mas bien lo emocional que se esconde detrás de la máscara masculina...

La última vez que la vi, ella me preguntó que cuando comenzaría a escribir, le dije que no sabría si yo era el indicado, "¿Un hombre escribiendo los secretos de los hombres?", espeté... Sonrió y luego me dijo: "ese es el gran reto que tienes como escritor, tu debes contar las historias sin género, como un simple espectador asexuado para evitar el sesgo del género, así que creo que podrás con el encargo. no es que seas asexuado, -rió-, mas bien creo que tienes la capacidad para escribir imparcialmente sin que intervenga tu lado masculino".

Luego se despidió de mi con un beso, ahora yo era el confidente de la confidente, ahora con ese beso se sellaba el pacto y mi compromiso de escribir su historia...

Así que ahora tengo mucho material que escribir, muchas historias que contar sobre Martha y sus confidentes. La pregunta es: ¿Podré escribir todas estas confesiones de hombres desilusionados de sus aspiraciones ahora que ya no la he vuelto a ver?...

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