Ucronía romántica...


Recuerdo el día en que te conocí en la casa de mi amigo Mundo, estabas ahí no sé por que razón, pero habías llegado antes que yo. Entré a la casa y estabas sentada en un sillón, apenas y me volteaste a ver, aparentemente no me viste. Me llamó la atención tu indiferencia, tu etereidad

Me senté casi de frente a ti y pude observarte. Ver tu cabello negro, lacio, brillante, tus ojos cafés y profundos, tus manos pequeñas que se movían gracilmente cuando hablabas como queriendo subrayar cada una de tus expresiones. Tus dedos finos y con aquel pequeño lunar en el dedo índice que tanto querías disimular.

Me dejé llevar por tu figura y comencé a divagar en tus piernas que se dejaban entrever gracias a la falda que traías ese día. El contorno de tus pantorrillas que se antojaba grácil, curvilínea y exótica, toda una promesa erótica para aquel buen observador de tus curvas disimuladas que estimulan la imaginación.

Tus tobillos finos rematando en unos pies pequeños que acentuaban tu caminar lento y sutil, como si quisieran apenas tocar el piso haciéndote levitar, haciendo sentir al mundo el no merecer mas que el pequeño roce de tus pasos.  

Tu cintura pequeña acentuando tus senos y su promesa violenta, salvaje, sensual que remataba en esa boca carnosa de la cual salían palabras como susurros eufónicos y cantos tautológicos de tu mundo sin igual.

Tus labios definidos, carnosos, ansiosos por ser besados, por ser avasallados, y tu nariz perfecta, lineal, con ese contorno suave, que remataba en esos ojos expresivos, brillantes, con un destello de furia y emoción, con ese brillo de pasión por la vida y sus andares.

Tu piel morena, ardiente, como si dejaras que el sol te acariciara y se regocijara en ti, como si tuvieran un pacto secreto entre amantes, el te regalaba un poco de su brillo y calor a cambio de poder acariciarte suavemente el rostro todas las mañanas con sus primeros rayos de luz. 

Me volteaste a ver por un instante, la fuerza de tu mirada, la seguridad y energía que emanaba de tus ojos y de tu ser me estremecieron, por un instante pude entrever el alma que se translucia a través de tus ojos. Ese espíritu libre y antiguo, lejano y viejo que se había colado al mundo a través de ti...

Y de pronto acudió a mi mente una pregunta: ¿que hubiera pasado si ese día no me hubiera fijado en ti?...

No hay comentarios: