El círculo escindido...



Con la visión que te da el tiempo se comienza a ver el pasado en perspectiva y es factible analizar los círculos escindidos, aquellos que no se han podido cerrar por alguna razón.

Tal vez sea esa persona a la que se hirió de manera irremisible, tal vez el secreto de un amor oculto, o esa sensación de la necesidad de pedir perdón al amigo olvidado. A veces puede ser una venganza guardada hacia alguien que nos hizo daño, o quizás la necesidad de saber que a pesar del daño que hicimos, esa persona aún nos recuerda.

Quizás esos círculos deben ser cerrados de una o de otra manera, pues son como un lastre que se carga en la historia de la vida personal, que no nos dejan avanzar debido a su peso y su importancia en nuestra psique, y más que nuestra psique, es nuestra alma que reclama justicia, ya sea para nosotros o para el otro.

Lo más difícil es aceptar el hecho de que existe un círculo escindido, un vacío que necesita ser llenado, la pieza que falta del rompecabezas que nos ha atormentado, o el decidir escupir ese "chicle psicológico" que mantenemos en nuestra boca a pesar de ya no tener sabor pero que no tragamos ni escupimos,   pues nos hemos acostumbrado tanto a el que ya ni nos damos cuenta que aún lo tenemos. 

Esa escisión es de carácter no-tiempo, más allá de la existencia misma, ya que ha dejado huella en nuestra consciencia y permanece latente hasta que una canción, una imagen o un aroma nos traen del no-tiempo ese recuerdo que se mezcla con el remordimiento de su existencia y su memoria.

Lo traumático es confrontar la historia para eliminar la escisión, el tratar de resolver, influidos por la variable tiempo, el conflicto personal, el eliminar ese fardo de recuerdos, memorias, remordimientos, rabia, furia, desepción o engaño, a través de ver desde otra perspectiva esa situación que nos marcó de una o de otra manera.

Sin embargo, la mejor solución es tratar de sanar las heridas confrontándolas directamente, tal vez tardemos 13 años en pedir perdón, o quizás queramos saber algo de esa persona a la que herimos por lo menos para saber que está bien y que su vida ha sido fructífera. 

Sería increíble recibir la llamada de alguien que ha esperado años para poder decir algo, recordar algo, o por lo menos saber que, a pesar de que nos lastimó, reconoce que lo hizo y nos pide una disculpa. Tal vez esa llamada la tendríamos que hacer nosotros, buscar a esa persona solamente para decirle que nos acordamos de ella, que fue importante en nuestra vida y nos hizo de una manera u otra, ser mejores.

Corremos el riesgo de no recibir la respuesta que esperamos, tal vez nos cuelguen nuevamente el teléfono, no nos contesten el correo electrónico, o recibamos una respuesta política y gélida a nuestra iniciativa. Existe la posibilidad de que nuestras intenciones sean mal interpretadas o si se ponen en contacto con nosotros, seamos nosotros los frívolos y distantes. 

Pero lo importante no es la respuesta, sino nuestro acto mismo de libertad, de sanar ese fardo que se arrastra, cerrar ese círculo escindido a toda costa.

Y al final, al colgar, al oprimir "Send" en el correo electrónico, o recibir "noticias" del otro entonces junto con ese "colgar" o "send" se envían todos los recuerdos, los inventarios de historias personales que se arrojan al mundo y pasa de ser una historia triste a un buen recuerdo, para poder al fin, cerrar ese círculo escindido...

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