Facebook o la existencia virtual...





El sábado tuve una reunión con amigos que no veía en 18 años gracias a que nos encontramos y nos pusimos en comunicación vía Facebook (o "libro cara" como diría mi amigo Toto). Lo grandioso es que gracias al Facebook podemos entrar en contacto "vía digital" con el otro y nuestro pasado.

Fue muy extraño escuchar nuevamente que me dijeran "Panchito" estando en Querétaro, más extraño sentir un "flashback" a los ecos del pasado, recordar viejas anécdotas, y entrar en contacto con historias que ya había olvidado. 

Lo más curioso del Facebook es que uno puede "leer" su pasado, la historia, el discurrir en la vida debido a una sola pantalla de la computadora. Se pueden ver las amistades, los recuerdos, las fotografías que uno nunca supo o recuerda que le fueron tomadas. Como si nos hubieran robado un pedazo de existencia y significado sin percatarnos. Esa sensación de vernos ahí sin vernos, de saber que fuimos y estuvimos en un lugar que no recordamos, como si cuando nos viéramos fuéramos otro distinto que se quedó ahí, petrificado en el pasado compartido, como una realidad alterna.

A veces nos llegan ecos lejanos, distantes, mezclados con algún sentimiento aparentemente olvidado y nos volvemos a conectar o enganchar en ese momento, el cuerpo se estremece, el corazón reacciona y recuerda, una punzada, un latido arrítmico, tal vez pueda llegar a través del viento un sutil aroma de ayer que nos hacía estremecernos o suspirar. Tal vez nos llegue la palabra precisa o el sentimiento diáfano.

Las fotos aparecen, los amigos también, por algunos aparentemente no ha pasado el tiempo, otros por el contrario han sido golpeados consistentemente por su paso. Otros más demuestran la capacidad de clonación de la naturaleza a través de las fotos de sus vástagos.

Ahora se ven las familias extendidas, los retoños que nos enorgullecen, nuestras nuevas preferencias, el "¿Qué ha sido de tu vida?". 

Cada vez que la cadena de sucesos y de "conexiones" con mis amigos me conducen a otras amistades las raices se hacen más profundas, el pasado se presenta como un ente real que exige ser tomado en cuenta y presenciado una vez más. Por allá encontré a mi gran amiga, perdida en algún lugar del tiempo, alguien especial que por las distancias y los destinos nos separamos durante 12 años y ahora me rencuentro con ella y su formidable presente. 

Esa extrañeza del recuerdo, de la otroreidad, la melancolía, la sonrisa al ver las fotos actuales unas, históricas otras. El ver al otro, el verte a ti mismo a través del otro y su pasado aquilatado. La pertenencia a grupos, afiliarte al "cofre" de los recuerdos o la "base de datos" para nuevamente compartir, coincidir, revivir.

Sin embargo, a pesar de todas las historias buenas y malas a través del Facebook, no me canso de maravillarme día con día de su capacidad de "interconexión" de mi pasado con mi presente. De encontrarme poco a poco con más destellos de mi historia, ver la trazabilidad de mi vida y mi huella en los otros, al igual que los demás pueden ver las huellas de su paso en mi.

Gracias, mil gracias Facebook por poder albergar y compartir tantos significados y recuerdos de lo que soy y las personas que han sido importantes para mi y mi conformación como individuo.

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