La persona que no...




Entre los secretos de cada individuo existen las personas -que no-, historias inexistentes cargadas de deseo y de ilusión, aquellas que por falta de sincronicidad, momento histórico, o simple y sencillamente por las circunstancias las cosas no se dieron.

Tal vez era esa persona que nos veía de diferente manera, que hacía que nos estremeciéramos, tal vez era su sonrisa o su piel, el aroma de su respiración, el simple roce de su cuerpo, el brillo de sus ojos, la languidez de su figura, el tono de su voz...o quizás la promesa de un deseo incendiario y entrega desenfrenada. 

Las mujeres o los hombres -que no-, pueden ser aquellos que conocimos en algún momento de nuestra historia, coincidieron con nosotros, convivieron y nos motivaron, tal vez fue un solo instante en el que se produjo la chispa, alguna sonrisa, una mirada, alguna palabra que nos estremeció y nos hizo albergar una esperanza de que nuestra piel ardería y en ese momento empezó todo.

Existieron momentos de tensión latente, tal vez roces y sugerencias, deseos escondidos, suspiros ahogados, miradas furtivas, aromas afines, cuerpos estremecidos, escalofrios recorriendo la piel, temblores imperceptibles, sudoración de las manos, palabras entrecortadas. Sucedieron por que los cuerpos y las almas estaban dispuestas, pero las circunstancias se opusieron. Tal vez una pareja, la distancia, la edad, la moral. 

Las personas -que no-, dispararon algo en nuestro cuerpo, lo aceleraron, enciendieron, lo provocaron de manera irracional. Hubiéramos podido sucumbir ante esa mujer o hombre -que no-, sencillamente por que nos lo pidiera o lo sugiriera o si en ese momento las condiciones o los astros hubieran estado a nuestro favor... 

Sabíamos que el otro sentía y deseaba lo mismo, ardía por dentro de la misma manera que lo hacíamos nosotros, por que producíamos el mismo efecto en ellos: conmoción de piel, razón obnubilada y el ansia por liberar el instinto que incendiara la pasión fatua.

Sin embargo, eso no ocurrió. Algo sucedió en el transcurso de la historia. Tal vez la teoría de la incertidumbre acudió y frustró nuestros deseos, tal vez el destino nos jugó una mala pasada. 

Evitó que enloquecieramos o que nos fundiéramos con el otro por alguna extraña razón que no entendemos. Y en lugar de la pasión desenfrenada quedó la añoranza, el deseo mutilado, el vacío y de esta manera la incertidumbre se adueñó de nuestra memoria.


Todos tenemos escondido en algún recoveco de nuestra historia mujeres u hombres -que no-, tal vez muy escondidos, tal vez muy latentes, pero eso se convierte en un aliciente al momento de sentir melancolía por nuestro pasado y nuestra historia, el saber que algo pudo ser y no fue.

El recordar que en algún momento estuvimos a punto de vivir una historia con alguien que estuvo dispuesto a arder con nosotros sin importar nada en el mundo... y por azares del destino este instante no se dio.

Por un momento, nos hará extrañar a esa persona -que no-...

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