Los fantasmas de Ciudad Real...


En Ciudad Real nadie me cree, pero yo he visto a los fantasmas, tengo pruebas como la foto de arriba. Ellos están ahí pegados a las banquetas. Se arrastran con los pasos de la historia. 

Estos fantasmas están ahí, surgen de la nada, y están en el todo. Se mezclan entre los turistas, entre los vendedores de artesanías y de cosas típicas del pueblo.  

La gente que va allá no lo cree, son demasiado cultos para creer en fantasmas, son viajados, son leídos, son escépticos, pero yo los he visto y están ahí.

Cuando estuve ahí me susurraban, me gritaban, me hablaban con lenguajes extraños, con sus voces cacofónicas, desgarbadas. A veces era una sola palabra, otras un gran discurso. Pero me daba cuenta que solo yo los veía, solo yo los escuchaba.

No se por qué desde que Ciudad Real se volvió importante y una entidad turística ya nadie le hace caso a los fantasmas, ya nadie se deja llevar por esas leyendas que surgieron de esos mitos antiguos...

Ahora yacen tristes en las esquinas de las calles, a veces enrollados en las farolas esperando a que alguien los vea. Otras veces juegan entre los dinteles y las cornisas de las paredes, como queriendo llamar la atención...

Yo no se por que los veo, por que me hablan, será por que en el pasado yo los veía y ahora que vuelvo a llegar me quieren seguir hablando. Tal vez por que cada vez que llego me sienten y salen a mi encuentro. Se esconden en mi casa, sobre todo en la noche, me saludan entre la gente y juguetean conmigo en los rostros de los desconocidos haciéndolos similares a rostros olvidados.

A veces los reconozco en esos lugares que para mí son importantes, a veces me estremecen mezclados con recuerdos, mezclados con historias olvidadas, con sensaciones o aromas que disparan mi memoria. 

Si camino por ahí procuro ignorarlos, no hacerles caso, pero tarde o temprano acaban por llamar mi atención, me golpean en el estómago, me inundan de sensaciones visuales, de colores, de alucinaciones. 

Otras veces, entre la niebla, alcanzo a ver algunas formas, figuras que se me hacen conocidas como seres de ultratumba que deambulan en las calles lluviosas, como si no hubieran encontrado la luz que los llevaría a la eternidad. 

Los repiques de las campanas de las iglesias, insistentes como ellas solas,  compiten por el interés de los feligreses atraen mi atención y hacen que me dirija a aquella que resuene más fuerte o más veces...

En fin, ahora esos fantasmas se irán al finalizar las fiestas, se montaran en sus autos, regresarán a sus tierras rellenos de fotos y de historias, satisfechos de su hambre de turistas, de su deseo de conocer el pasado... 

Mientras tanto, yo me quedaré aquí, viendo pasar los días, acariciando las baldosas y esperando a que algo pase para volverme a sentir vivo...


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