El príncipe y el terapeuta...

Esta es una historia que no se si la escuché por ahí o la he platicado tanto que ya la siento más mía que de nadie.


Cierta mujer, ya entrada en años, 41 para ser exactos. Se lamentaba por no haber encontrado el amor de su vida, por más que había buscado y esperado a aquél príncipe azul, éste no había aparecido. Sus ruegos a San Antonio, los amarres de la bruja blanca, etc. no habían funcionado. 

Así que, sola y abatida, no le quedó más remedio que ir a visitar al nuevo terapeuta en la pequeña ciudad. Hizo la cita con anticipación. Necesitaba hablar con alguien, quería que la escucharan sin juzgarla, sin decirle falsas promesas de que algún día encontraría a aquél príncipe azul con el que siempre había soñado.

llegó puntual a la cita, las 4:00 pm. Su cabello recogido y su pequeño bolso agarrado firmemente por la mano derecha. Trató de controlar su ansiedad hasta que la recepcionista mencionó su nombre y la hizo pasar al consultorio.

El espacio era acogedor, lleno de detalles de madera y piel, como diseñado para que cualquiera que estuviera ahí se sintiera cómodo o en casa. Saludó al terapeuta. Era un poco mayor que ella, por un instante le recordó a Lacan, así debió haberse visto de joven. En fin, se dirigió al diván y se recostó.

El Terapeuta, la observó y luego le preguntó: 

- Y bien ¿a que has venido?

Ella comenzó a dar una pequeña descripción de su vida y de su historia, pero conforme iba hablando las palabras se iban entrelazando e hilando de tal manera que comenzó a confesarse con el terapeuta. Habló de su tristeza y de su apatía, de la pérdida de la esperanza por no haber encontrado aún a ese amor perfecto que ella añoraba, aquél príncipe azul que la hiciera estremecerse y que cada vez que con solo pronunciar su nombre sintiera esa emoción de la primera vez.

El terapeuta la escuchaba atento, de vez en cuando hacía algunas anotaciones con las palabras que ella decía, a veces solamente subrayaba. Al principio a ella le preocupaba y trataba de recordar que palabra había dicho y que el terapeuta había escrito, al final ya no importaba, ella solo quería ser escuchada...

Después de casi 45 minutos dejó de hablar. Quería hacer una pausa, una pausa en ese momento o en su vida, para poder hacer un recuento de su pasado sentimental. Una pausa para descansar de los juicios de los demás por ser una "cotorra", "solterona", "quedada", quería que alguien la escuchara y le ayudara a resolver el enigma de por qué ella no había encontrado a su amor.

El terapeuta aprovechó para hacer un recuento de lo que había escuchado, aún quedaban 5 minutos de la sesión y quería hacer un resumen para la siguiente, así que dijo:

- Entiendo lo que estás pasando, déjame ver si entendí, Eres una mujer idealista que está esperando a su príncipe azul, montado en un gran corcel blanco, que venga hacia ti y te levante de la cintura, de tal manera que te suba al caballo  y cabalgando te lleve lejos de aquí... ¿no es así?.

- Si- Dijo ella...

- ¿Te puedo hacer una pregunta? dijo el terapeuta...

- Adelante...-

- Así que si esperas a que tu príncipe azul aparezca montado en un caballo y te levante de la cintura, te suba al caballo y te lleve lejos, muy lejos montando a caballo, supongo que sabes montar a caballo...-

Ella no supo que responder, ella no sabía montar a caballo, estaba esperando a que ese príncipe azul apareciera en su caballo y ella no sabía montar a caballo... Esa pregunta la fulminó como un rayo... entendió tantas cosas... entendió que nunca había estado lista para encontrar a ese hombre ideal pues siempre estaba esperando a que alguien apareciera sien estar lista...

Lentamente se levantó junto con todas sus penas y su tristeza... abandonó el consultorio sin decir palabra y no regresó jamás...

Los 5 minutos...

Me ha despertado nuevamente la zozobra. La angustiante angustia, y veo que estás durmiendo plácidamente. Lentamente me incorporo. Apenas se escuchan los pájaros revoloteando anunciando el alba. La luz comienza a aparecer y de descolgarse de las paredes.

 Me siento en la cama, me quito la cobija que ha sido mi refugio esta noche, pero que no me ha quitado este frío ancestral en el alma que he tenido tanto tiempo y que ya no se si es mío o si es el cúmulo de sufrimiento de todas las generaciones que me anteceden, recuerdo tus palabras: “somos víctimas de víctimas”, dijiste una vez tratando de disculpar tu historia y tus complejos. Esas palabras ahora retumban en mi mente. Soy una víctima de mi pasado y de mi historia.

 Busco torpemente con los pies las pantuflas que me calzarán, no se para que las quiero, o tal vez las uso para que la tierra no sienta mis pasos, ni me detenga hacia mi destino. Acaricio las sábanas, pero no quiero volverme a verte. Quiero mantener tu imagen sonriente y tus ojos brillantes y abiertos en mi cuerpo y en mi mente. El verte ahora dormida plácidamente me hará dudar y quererme acurrucar junto a ti para que me abraces y me detengas. El tocarte me hará estremecerme y quedarme enredado en tu piel eternamente y sin significado.

 Abro los ojos y busco los lentes, no se para qué, de todas maneras no puedo ver nada debido a la oscuridad. Lentamente y con cuidado me agacho y busco tanteando bajo la cama, y de pronto un frío gélido y metálico me recibe en el índice como indicativo de mi destino.

 Me detengo por un momento y dudo, te has movido. Has cambiado de posición y ahora quedaste boca arriba. Solamente veo tu silueta desde el vientre hasta los pies, pero veo tú respirar tranquilo y tú sueño sin sobresaltos. Se ha roto el vínculo que nos unía, has dejado la posición fetal en la cual, como cuna podrías albergarme y acurrucarme junto a ti. Ahora que ves de frente me doy cuenta de que es la señal que esperaba para tomar valor, ves hacia otro lado, hacia el techo, firme, inmutable, y tranquila. Me tengo que apresurar, no tardas en despertar.

 Nuevamente busco bajo la cama y el mismo frío me recibe, ahora tomo aquel instrumento frío y duro, y lo empuño. Me levanto lentamente de la cama, y me dirijo hacia la puerta, toco la chapa y la giro hasta que con un ligero crujido, ésta se abre dejándome indefenso hacia mi destino. Dudo un poco el abrir mas la puerta, te podrías dar cuenta que empuño la pistola en mi mano derecha.

 Por fin la apertura de la puerta es lo suficiente para que pueda salir, no sin antes dirigirte una última mirada, no pude evitarlo, quería llevarme tu imagen de la noche anterior, pero en este último momento tenía que decirte adiós con la mirada, te veo recostada, etérea, tranquila, sobrenatural por la luz diáfana que entra por la cortina, y no puedo evitar susurrar: “adiós amor, te veo en el mañana...”

 Lentamente y con pasos apesumbrados camino sigilosamente hacia la puerta del jardín, la abro sin hacer ruido, el haberla dejado abierta anoche fue buena idea, nadie es testigo de mi paso ni de mi momento. Cierro la puerta sin dejar rastro de mi paso, y luego me dirijo por el pasillo abierto hacia la covacha.

 El frío de la mañana estremece mis músculos, mi cuerpo en un intento por sentirse vivo por ultima vez se ve estremecido por un escalofrío que va desde las pantorrillas hasta el cuello. Mis pasos cada vez pesan más como si el mundo quisiera detener el tiempo y mi destino. El frío de la pistola se acentúa y parece enterrárseme en la piel de la mano como si quisiera fundirse conmigo, como si quisiera ser parte de mí.

Una leve brisa acaricia mi rostro, me hace suspirar, estremecerme, hasta convulsionarme en un acceso de llanto y de tristeza que arranca una lágrima amarga que comienza en mi ojo derecho y que termina en la comisura de mi boca distorsionada por una mueca de desazón. Mi amargura es más fuerte que la amargura de la lágrima, pero aún así, la saboreo, la absorbo como si fueran todas las lágrimas del mundo, como si mi sacrificio fuera para darle vida a la humanidad.

 Pienso en mis hijos, en su camino y su futuro, en lo que será este día para ellos y para el resto de sus días, pero a final de cuentas, mi vida no ha significado nada para ellos, espero que mi muerte cobre vida y les dé significado.

 Sigo mi camino y llego a la covacha. Se encuentra abierta, entro, me dirijo al baño, y enciendo la luz, quiero ver que es lo que tengo que hacer, no se que sea mas cómodo, si permanecer parado o sentado, si estoy parado, cuando caiga al piso me puede doler, una estupidez, pero es un acto reflejo de supervivencia, así que decido sentarme en el piso.

 Me acomodo y me relajo, estiro por un momento las piernas, y luego abrazo mis pantorrillas, me pregunto ¿Qué estoy haciendo?, sin embargo, la voz interna me dice que ya no hay vuelta atrás, que no hay retorno en el camino a la eternidad. Veo la pistola en mi mano. Tan fría, tan inmutable, tan determinística. Sin posibilidad de falla. Si al menos pudiera ser igual que ella, podría haber sobrevivido mas tiempo en este mundo, sin embargo, ya no puedo hacer más.

 Poco a poco mi mano derecha acerca el cañón a mi sien, siento su fría boca entre los cabellos hasta que toca mi piel, me estremezco ante el temor de sentir dolor, un miedo angustiante me invade,  una duda, un grito desesperado de mi corazón que late furioso por seguir viviendo o por la tensión que siento ante tal momento.

 Mi dedo índice comienza a ejercer presión sobre el gatillo que lentamente cede ante la fuerza ejercida, escucho el martillo cediendo y moviéndose para tomar distancia y golpear el casquillo para detonar la pólvora que impulsará el proyectil y me llevará a la eternidad con su velocidad y su sonido.

 Apenas y escuché la detonación, la velocidad del proyectil fue tal que no le dio tiempo a mis sentidos de reaccionar y disparar la alarma del dolor, de controlar mi movimiento convulsivo y el sangrar profuso de mi cráneo. El olor de la pólvora inundó por un instante mi nariz pero fue tan fugaz que no alcancé a aferrarme a su recuerdo.

 Poco a poco mi cuerpo fue relajándose, mi mano lánguida, arrojada lejos de mi cuerpo por la fuerza de la detonación aún empuñaba el arma que me condujo a la eternidad. Mis ojos que se habían cerrado en acto reflejo por la detonación ahora permanecían abiertos y poco a poco se desconectaban del cerebro y dejaban de transmitir imágenes, mi corazón dejaba de latir y su furia se calmó hasta detenerse. Mis pulmones exhalaron su último aliento y mi sangre se disgregó por un instante por el orificio de entrada.

 Lentamente mi rostro se relajó hasta enmarcar una sonrisa, mi liberación había llegado, mi paz estaba en paz, mi mente y mi cuerpo por fin descansarían en la eternidad...

Carta a una mujer desconocida...

Tal vez te sea extraño que te escriba el día de hoy, tal vez te preguntarás por qué elegí este momento para pensar en ti. En realidad no lo se, tal vez te entre la gente la cual no conozco y me hizo imaginarte como una idea de alguien que conocí o quisiera conocer.

 Es extraño el recordar tu no existencia, tu momento perfecto, en donde exististe o creí que pudiste ser real.

 Quizás extraño tu forma de ser, algo que no conocí y hubiera querido conocer, el saber como piensas, el sentir tus palabras y tu aliento al pronunciarlas.

 Te entre la gente, o quizás pensé verte, recordé tu esencia y tu imagen la cual he construido a través del tiempo y de la memoria. Te conformas de una infinidad de imágenes sobrepuestas de instantes efímeros, de multiplicidad de personas y de sensaciones que quisiera sentir.

 Deseo verte y conocerte, saber quién has sido, como te has conformado y modificado a través del tiempo. Cómo has sido en este no tiempo y no existencia. ¿en qué piensas?¿ que has vivido?, ¿tienes también las incertidumbres para conmigo de los historicismos anacrónicos?

Quisiera que preguntaras ¿Quién eres? y luego me explicaras el por qué no has existido, por qué te escondes en los mundos utópicos y surrealistas de la existencia.

 No se si tu imagen alguna vez existió y ha sido mía, o simple y sencillamente te he deconstruido hasta el cansancio para reconstruirte nuevamente siempre de una manera totalmente distinta a la anterior.

Te conozco por que te desconozco, te olvido por que te construyo, te espero por que ya te tengo, y tu desde tu no existencia, vagas por los sueños de mi realidad.

Sobre la fotografía...



La fotografía es conflictiva, sobre todo cuando llega a permear en tu vida. Ahora ante una disyuntiva, no queda más remedio que dejar que las cosas tomen su curso. 

Durante años la fotografía ha formado parte de mi vida, primero como una historia vieja de mi abuela que al tratar de tener ingresos extra por la carencia económica en la que vivía intentó tener un estudio fotográfico, mismo que nunca prosperó, no se por qué, pero no prosperó y lo lamento.

A mi abuela nunca la conocí, más bien solamente me encontré por ahí entre sus cosas arrumbadas y olvidadas dos cámaras viejas y una ampliadora que dejaba mucho que desear. 

Nunca le presté atención, solamente veía ahí las 2 cámaras, arrumbadas, viejas con sus prismas que en algún momento llegué a quitar por pensar que las lupas serían algo para mí valioso echando a perder las cámaras. Mi padre molesto guardó silencio, pero para mí fue una revelación. 

Después en la universidad como ser anodino encontré algo de significado en la captura de la imagen, al sentir que no tenía nada, encontré a través de la cámara fotográfica la esencia misma de lo que hacia, tal vez algo de valía, quizás algo de significado, el hecho está en que encontré mucho más de lo que buscaba al observar el mundo a través del lente.

Encontré una visión acotada a mi propia voluntad, a mi propio albedrío, encontré el poder de decidir en qué momento podía detener el tiempo para hacerlo mío. Sentí el poder del disparador, la complejidad del manejo de la luz y todo su lenguaje místico cual alquimia se tratara.

Descubrí que existen diferentes ópticas para observar lo mismo, mil interpretaciones y explicaciones de la realidad.  Encontré personas afines a mis inquietudes, a mis intereses,  otras más afines a la cámara y a mi visión mas que a mi persona. Y al final me he encontrado con un camino que he recorrido y que ahora al tratar de desandarlo me doy cuenta que está vacío.

Ahora quiero comenzar un nuevo camino fotográfico, no se hacia donde dirigirme, si capturar la realidad que me contiene sin alteración alguna o tratar de captar mi propia visión del mundo. 

La disyuntiva entre una realidad real y una realidad alterna me comprime, me apabulla y me cuestiona, giran en mi cabeza preguntas como: ¿cual es mi visión del mundo?, ¿mi realidad es real o es mi propia interpretación del mundo que me rodea?, ¿la realidad puede ser abstraída en una sola imagen o en una infinidad de instantes?, ¿Tengo una propia visión del mundo o es esa visión que la cultura se ha encargado de forjar en mi memoria?, ¿que tan libre soy para observar y capturar el mundo?

Tal vez me he dejado llevar por el racionalismo, o el materialismo, tal vez debería dejar fluir el disparador, el instante preciso y luego hacer la retrospectiva de mi trabajo, para ver si es posible encontrar algo que decir a los demás.

3 nanocuentos...(3)




1. El súcubo picnorado.

Ella aparecía solamente cuando sentía el deseo de estar con él. Simple y sencillamente se dejaba ver, le llamaba y le decía cosas sucias a través del teléfono. Él no podía resistirse aunque lo intentara, invariablemente ella lo convencía una vez más para que se vieran nuevamente e hicieran el amor hasta el amanecer... y de pronto ella desaparecía...

Se esfumaba con la luz del día... se alejaba de su lecho, se escondía en los rincones de sus sueños hasta que él se convencía que había sido solamente un sueño erótico de la noche anterior...

Entonces comenzaba a pensar que debía dejar de ver pornografía y tratar de salir con alguien alguna vez...



2. La confesión.

...A veces me gustaría que en vez de decirme tantas veces que quieres hacer el amor, mejor me dijeras que me amas aunque fuera solamente una vez...



3.  El fantasma.

... No había pensado en esa opción, pero tal vez la forma de alejar a ese fantasma sea confrontándolo.

- No lo creo, me sigue a todas partes como si fuera mi sombra, como si no quisiera olvidarse de mi...

- Bueno, tal vez tengas que aprender a vivir con él y aceptar que está ahí...

- No lo sé, es como un recuerdo que se repite como iteración de mi pasado...

- ¿Y si le preguntas por que te sigue?

- Me dirá lo que siempre me dice, que tu no existes y que estoy esquizofrénico.

EL beso olvidado...





El tiempo se encarga de diluir el pasado, 
Se olvidan las cosas en mundos alternados, 
los labios se pierden en discursos fragmentados,
y un beso se arrastra para ser olvidado.

En sutiles silencios, en calmas ancestrales, 
los ojos cerrados, las manos temblantes.
Suspiro que deshace la calma del recuerdo, 
melancólicamente el erotismo disparado.

La suavidad, el tacto, el calor de un beso, 
La piel estremecida, el cuerpo resucitando,
No quiero la monotonía de un día tranquilo,
Sino el fuego que quema el vacío.

Ese pues es el beso olvidado, 
El que pintaba de azul las tardes ardientes,
robaba la razón, en los sueños deviniendo,
calmando las ansias, buscando deseos.

Si alguien recuerda entonces mis besos, 
Guárdelos pues como dulce tesoro.
Yo guardaré los mios y mis recuerdos,
para que no existan más besos olvidados.

La revelación...


Realmente disfrutaba estar atrás de la cámara, visualizar a través del visor el mundo limitado por ese cuadrado que permitía enmarcar el mundo, como un marco de referencia, como un marco que acotaba todo aquello que su visión seleccionara.

Caminaba por el mundo con esa cámara fotográfica como un apéndice o extensión de si mismo. La limitación de las películas fotográficas de poseer solamente 36 exposiciones le obligaba a ser más selectivo a la hora de observar y disparar, pues esa limitante hacía que calculara tanto velocidad de obturación como apertura a través del exposímetro de acuerdo a la luz existente, la composición y punctum. Todo esto a la velocidad de la luz para disparar en el momento preciso...



Lisette era una compañera de la universidad, novia de Franco. Le atraía pero ella estaba enamorada de su novio. Así que se resignaba con verla pasar. Ella era demasiado popular y él demasiado retraído. Por eso mismo le sorprendió cuando Lisette le pidió que le hiciera unas fotografías para regalarle a su novio que le acababa de pedir matrimonio.


Entusiasmado por que ella le hubiera pedido algo así, tomó la asignación como todo un profesional. Primero le preguntó que tipo de fotos quería, y luego le indicó que vestuario tenía que llevar para la sesión fotográfica. Le indicó también que sería conveniente que alguna amiga le ayudara ya que la sesión se llevaría a cabo en su departamento. Acordaron día y hora y él entusiasmado preparó todo para que ese día su departamento se asemejara lo más posible a un "estudio" fotográfico.


Ella llegó sola cargando su vestuario y sus cosas. Nadie la acompañaba. Así que se encontraban solos. Lisette entró tranquilamente al departamento, sin sobresaltos. Confiaba en él. Indicó que su amiga no había podido acompañarla pero que le hablaría a Franco para que pasara por ella al finalizar las fotos.


Él le indicó dónde se podía cambiar para comenzar la sesión, le ofreció su habitación con doble intención, primero para que ella estuviera cómoda, segundo para que ella conociera un poco más de él y tal vez, solamente tal vez se fijara un poco en él.


Mientras Lisette se cambiaba, él preparaba la cámara, limpiaba los objetivos, organizaba los rollos que utilizaría, TMAX ASA 3200 blanco y negro. Una película de alta sensibilidad que creaba un grano grueso, alto contraste en el revelado y que generaba una fotografía distinta a la habitual, tal vez eso era lo que buscaba ella, fotos fuera de lo convencional.


Estaba ensimismado en tener todo listo que no se dió cuenta cuando ella apareció cambiada con un traje de noche negro, extremadamente sexy. El no pudo hacer otra cosa más que quedarse boquiabierto al verla. Ella disimuló al darse cuenta del azoro en el que se quedó él y buscó sacarlo de su ensimismamiento diciéndole: "ya estoy lista, ¿donde me paro?".


Él rápidamente salió de su trance, acomodó la cámara en el tripié, le pidió que se sentara en el banquito que tenía preparado para ella y luego acomodó las luces para comenzar la sesión.


Primero disparó la cámara sin rollo, solamente para que Lisette se sintiera en confianza. Luego colocó el rollo en la cámara y comenzó a disparar. A cada toma le daba indicaciones, le pedía que levantara el rostro, que girara la cabeza, que moviera un poco el torso... click.. levántate, ve hacia la cámara... click... click... déjate llevar... click...


Poco a poco Lisette comenzó a sentirse confiada y segura enfrente de la cámara, solamente veía el lente y las luces se encargaban de diluir todo el cuarto, solamente oía la voz y el click de la cámara...


Él se detuvo un momento, tuvo que cambiar nuevamente de rollo, ya había tomado dos. Ella poco a poco comenzó a sentirse cada vez más sexy con cada click, comenzó a tratar de seducir esa cámara que la quería captar, que quería descubrirla. Ella observaba solamente el lente y las luces, sentía ese calor de las luces y se dejaba llevar por la voz que le decía que provocara a la cámara, que la sedujera, que se dejara llevar...


Todo comenzó cuando se descubrió lentamente el hombro, sentía el sudor tibio que le aperlaba la piel a consecuencia de la temperatura de las lámparas y su sutil caricia cuando se deslizaba por su piel. Sentía que a cada disparo se descaraba, se quitaba una costra de convencionalismos, frustraciones, represiones...


De pronto el vestido cayó al suelo, la ropa interior era lo único que ella tenía, el encaje la hacía verse muy sensual... click... click... ella seguía posando, seduciendo en un juego erótico a aquella cámara vouyerista que la quería poseer, que la quería inmortalizar en cada disparo...


Él no sabía que hacer, si dejar de disparar y acercarse a ella, o seguir disparando, ella estaba teniendo un affaire con la cámara, no con él, la cámara la había seducido no él. Aún así, su vocación de fotógrafo era más fuerte, él quería inmortalizar ese momento, ese instante en que una mujer de ser recatada, se descaraba y se liberaba.
Era un instante invaluable, un momento que requería ser inmortalizado... click.. click... la composición, la velocidad... el encuadre... click... el detalle... click...


Lisette cada vez más exitada comenzaba a acariciarse el cuerpo, a ondular las caderas, a hacer para adelante el pubis como ofreciéndose a esa cámara que detrás de las luces la poseía en celulosa impregnada con haluros de plata... La ropa interior cayó cerca del vestido... ahora estaba desnuda...


Al rollo solamente le quedaba 1 fotografía... ya no podría detenerse a cambiar de rollo, Lisette estaba en la cúspide, y él no podía más que pensar en ese instante en la foto perfecta, en la toma final que englobara todo lo que acababa de ver...


Lisette se dejó llevar... suspiró jadeante, convulsionándose suavemente, lentamente, hasta detenerse... Y en el instante en que se relajó y sintió que ese sudor frío le recorría la espalda, se escuchó el último click de la toma final...


De pronto ella se dió cuenta de lo que había pasado, pudorósamente levantó las ropas y se dirigió apresuradamente a la recámara. Se vistió, llamó a Franco que ya la esperaba abajo y se despidió de él. Le preguntó que cuando estarían las fotos. Apenas y pudo contestar que en una semana, ella le dió un beso y luego se alejó corriendo para subirse al auto de Franco.


Una semana después le entregué las fotos, solamente los 2 primeros rollos. El último rollo nunca me he atrevido a revelarlo. Nunca más hablamos al respecto, es más, después de haberle entregado las fotos no la volví a ver jamás...


2 nanocuentos...(2)


Elogio al erotismo.

El mar acariciaba sus pies sutilmente con su espuma y ella sentada en la arena con la mirada perdida en el ocaso del sol. El mar insistía y se replegaba, jugueteaba suavemente entre los dedos de los pies y luego arrastrando la arena de regreso cosquilleaba grácilmente en los tobillos.

Seguía ensimismada viendo el ocaso con sus colores naranjas y ocres, el mar trataba de llamar su atención reflejando entre miríadas de destellos los brillos del sol deseando poderla sacar de su trance hipnótico pero ella no cedía. 

Arreció un poco el vaivén de las olas. La espuma se hizo más visible con sus perlas infinitas, diminutas y caducas. Pero ella seguía hipnotizada... 

De pronto se puso de pié, se desnudó y corrió lo más rápido que pudo hacia el mar que se abrió para recibirla entre las olas, con todo su candor y toda su frescura la envolvió con aromas de sal y de brisa húmeda hasta acogerla en el fondo silencioso y obscuro.

Tiempo después... ella lentamente salió hacia la playa, cansada, jadeante, ardiente, quitándose el cabello húmedo del rostro. El mar apacible la liberó y solo le quedó un remanso de murmullos marinos cuando la luna hizo su aparición en lo alto del cielo seguida por la estrella de Venus...




Prolegómeno a la sensualidad.


El día de hoy no he podido más que permanecer más tiempo del acostumbrado observándola. Delineando cada una de sus curvas en toda su silueta.  Mi corazón ha palpitado apresuradamente cuando mi vista se detuvo más de lo acostumbrado en su cintura. No pude más que admirar los contornos y el pequeño y sutil espacio de piel que asomaba de entre la blusa y la falda como una promesa de un edén eterno en el que quisiera estar y nunca escapar.

No me atrevo a acercarme a usted, prefiero verla andar con ese paso presuroso y nervioso, paseándose de una habitación a la otra apurada por llegar a no se qué lugar. 

Me gusta observar la etereidad de su andar candencioso, como si el piso no mereciera su andar por estos espacios. Su voz se me antoja dulce, suave y murmullante. Su mirar tranquilo y eterno. Como un viejo espíritu que ha regresado al mundo solamente para observar el discurrir del tiempo seguro de que hay un mundo más allá del que existe y ve.

Quisiera decirle que no me atrevo a hablarle, quizás al hacerlo esta imagen de usted se desvanecería, dejaría de ser esa mujer distante, etérea, incorpórea, inalcanzable y se convertiría pues en una simple mujer y yo entonces, no podría discurrir en sus pensamientos y recuerdos de amante olvidado...