El príncipe y el terapeuta...

Esta es una historia que no se si la escuché por ahí o la he platicado tanto que ya la siento más mía que de nadie.


Cierta mujer, ya entrada en años, 41 para ser exactos. Se lamentaba por no haber encontrado el amor de su vida, por más que había buscado y esperado a aquél príncipe azul, éste no había aparecido. Sus ruegos a San Antonio, los amarres de la bruja blanca, etc. no habían funcionado. 

Así que, sola y abatida, no le quedó más remedio que ir a visitar al nuevo terapeuta en la pequeña ciudad. Hizo la cita con anticipación. Necesitaba hablar con alguien, quería que la escucharan sin juzgarla, sin decirle falsas promesas de que algún día encontraría a aquél príncipe azul con el que siempre había soñado.

llegó puntual a la cita, las 4:00 pm. Su cabello recogido y su pequeño bolso agarrado firmemente por la mano derecha. Trató de controlar su ansiedad hasta que la recepcionista mencionó su nombre y la hizo pasar al consultorio.

El espacio era acogedor, lleno de detalles de madera y piel, como diseñado para que cualquiera que estuviera ahí se sintiera cómodo o en casa. Saludó al terapeuta. Era un poco mayor que ella, por un instante le recordó a Lacan, así debió haberse visto de joven. En fin, se dirigió al diván y se recostó.

El Terapeuta, la observó y luego le preguntó: 

- Y bien ¿a que has venido?

Ella comenzó a dar una pequeña descripción de su vida y de su historia, pero conforme iba hablando las palabras se iban entrelazando e hilando de tal manera que comenzó a confesarse con el terapeuta. Habló de su tristeza y de su apatía, de la pérdida de la esperanza por no haber encontrado aún a ese amor perfecto que ella añoraba, aquél príncipe azul que la hiciera estremecerse y que cada vez que con solo pronunciar su nombre sintiera esa emoción de la primera vez.

El terapeuta la escuchaba atento, de vez en cuando hacía algunas anotaciones con las palabras que ella decía, a veces solamente subrayaba. Al principio a ella le preocupaba y trataba de recordar que palabra había dicho y que el terapeuta había escrito, al final ya no importaba, ella solo quería ser escuchada...

Después de casi 45 minutos dejó de hablar. Quería hacer una pausa, una pausa en ese momento o en su vida, para poder hacer un recuento de su pasado sentimental. Una pausa para descansar de los juicios de los demás por ser una "cotorra", "solterona", "quedada", quería que alguien la escuchara y le ayudara a resolver el enigma de por qué ella no había encontrado a su amor.

El terapeuta aprovechó para hacer un recuento de lo que había escuchado, aún quedaban 5 minutos de la sesión y quería hacer un resumen para la siguiente, así que dijo:

- Entiendo lo que estás pasando, déjame ver si entendí, Eres una mujer idealista que está esperando a su príncipe azul, montado en un gran corcel blanco, que venga hacia ti y te levante de la cintura, de tal manera que te suba al caballo  y cabalgando te lleve lejos de aquí... ¿no es así?.

- Si- Dijo ella...

- ¿Te puedo hacer una pregunta? dijo el terapeuta...

- Adelante...-

- Así que si esperas a que tu príncipe azul aparezca montado en un caballo y te levante de la cintura, te suba al caballo y te lleve lejos, muy lejos montando a caballo, supongo que sabes montar a caballo...-

Ella no supo que responder, ella no sabía montar a caballo, estaba esperando a que ese príncipe azul apareciera en su caballo y ella no sabía montar a caballo... Esa pregunta la fulminó como un rayo... entendió tantas cosas... entendió que nunca había estado lista para encontrar a ese hombre ideal pues siempre estaba esperando a que alguien apareciera sien estar lista...

Lentamente se levantó junto con todas sus penas y su tristeza... abandonó el consultorio sin decir palabra y no regresó jamás...

2 comentarios:

Tislim dijo...

ESTA GENIAL!

TMC dijo...

Muy bueno!!!! ese descanso está despertando la inspiración, no?