La revelación...


Realmente disfrutaba estar atrás de la cámara, visualizar a través del visor el mundo limitado por ese cuadrado que permitía enmarcar el mundo, como un marco de referencia, como un marco que acotaba todo aquello que su visión seleccionara.

Caminaba por el mundo con esa cámara fotográfica como un apéndice o extensión de si mismo. La limitación de las películas fotográficas de poseer solamente 36 exposiciones le obligaba a ser más selectivo a la hora de observar y disparar, pues esa limitante hacía que calculara tanto velocidad de obturación como apertura a través del exposímetro de acuerdo a la luz existente, la composición y punctum. Todo esto a la velocidad de la luz para disparar en el momento preciso...



Lisette era una compañera de la universidad, novia de Franco. Le atraía pero ella estaba enamorada de su novio. Así que se resignaba con verla pasar. Ella era demasiado popular y él demasiado retraído. Por eso mismo le sorprendió cuando Lisette le pidió que le hiciera unas fotografías para regalarle a su novio que le acababa de pedir matrimonio.


Entusiasmado por que ella le hubiera pedido algo así, tomó la asignación como todo un profesional. Primero le preguntó que tipo de fotos quería, y luego le indicó que vestuario tenía que llevar para la sesión fotográfica. Le indicó también que sería conveniente que alguna amiga le ayudara ya que la sesión se llevaría a cabo en su departamento. Acordaron día y hora y él entusiasmado preparó todo para que ese día su departamento se asemejara lo más posible a un "estudio" fotográfico.


Ella llegó sola cargando su vestuario y sus cosas. Nadie la acompañaba. Así que se encontraban solos. Lisette entró tranquilamente al departamento, sin sobresaltos. Confiaba en él. Indicó que su amiga no había podido acompañarla pero que le hablaría a Franco para que pasara por ella al finalizar las fotos.


Él le indicó dónde se podía cambiar para comenzar la sesión, le ofreció su habitación con doble intención, primero para que ella estuviera cómoda, segundo para que ella conociera un poco más de él y tal vez, solamente tal vez se fijara un poco en él.


Mientras Lisette se cambiaba, él preparaba la cámara, limpiaba los objetivos, organizaba los rollos que utilizaría, TMAX ASA 3200 blanco y negro. Una película de alta sensibilidad que creaba un grano grueso, alto contraste en el revelado y que generaba una fotografía distinta a la habitual, tal vez eso era lo que buscaba ella, fotos fuera de lo convencional.


Estaba ensimismado en tener todo listo que no se dió cuenta cuando ella apareció cambiada con un traje de noche negro, extremadamente sexy. El no pudo hacer otra cosa más que quedarse boquiabierto al verla. Ella disimuló al darse cuenta del azoro en el que se quedó él y buscó sacarlo de su ensimismamiento diciéndole: "ya estoy lista, ¿donde me paro?".


Él rápidamente salió de su trance, acomodó la cámara en el tripié, le pidió que se sentara en el banquito que tenía preparado para ella y luego acomodó las luces para comenzar la sesión.


Primero disparó la cámara sin rollo, solamente para que Lisette se sintiera en confianza. Luego colocó el rollo en la cámara y comenzó a disparar. A cada toma le daba indicaciones, le pedía que levantara el rostro, que girara la cabeza, que moviera un poco el torso... click.. levántate, ve hacia la cámara... click... click... déjate llevar... click...


Poco a poco Lisette comenzó a sentirse confiada y segura enfrente de la cámara, solamente veía el lente y las luces se encargaban de diluir todo el cuarto, solamente oía la voz y el click de la cámara...


Él se detuvo un momento, tuvo que cambiar nuevamente de rollo, ya había tomado dos. Ella poco a poco comenzó a sentirse cada vez más sexy con cada click, comenzó a tratar de seducir esa cámara que la quería captar, que quería descubrirla. Ella observaba solamente el lente y las luces, sentía ese calor de las luces y se dejaba llevar por la voz que le decía que provocara a la cámara, que la sedujera, que se dejara llevar...


Todo comenzó cuando se descubrió lentamente el hombro, sentía el sudor tibio que le aperlaba la piel a consecuencia de la temperatura de las lámparas y su sutil caricia cuando se deslizaba por su piel. Sentía que a cada disparo se descaraba, se quitaba una costra de convencionalismos, frustraciones, represiones...


De pronto el vestido cayó al suelo, la ropa interior era lo único que ella tenía, el encaje la hacía verse muy sensual... click... click... ella seguía posando, seduciendo en un juego erótico a aquella cámara vouyerista que la quería poseer, que la quería inmortalizar en cada disparo...


Él no sabía que hacer, si dejar de disparar y acercarse a ella, o seguir disparando, ella estaba teniendo un affaire con la cámara, no con él, la cámara la había seducido no él. Aún así, su vocación de fotógrafo era más fuerte, él quería inmortalizar ese momento, ese instante en que una mujer de ser recatada, se descaraba y se liberaba.
Era un instante invaluable, un momento que requería ser inmortalizado... click.. click... la composición, la velocidad... el encuadre... click... el detalle... click...


Lisette cada vez más exitada comenzaba a acariciarse el cuerpo, a ondular las caderas, a hacer para adelante el pubis como ofreciéndose a esa cámara que detrás de las luces la poseía en celulosa impregnada con haluros de plata... La ropa interior cayó cerca del vestido... ahora estaba desnuda...


Al rollo solamente le quedaba 1 fotografía... ya no podría detenerse a cambiar de rollo, Lisette estaba en la cúspide, y él no podía más que pensar en ese instante en la foto perfecta, en la toma final que englobara todo lo que acababa de ver...


Lisette se dejó llevar... suspiró jadeante, convulsionándose suavemente, lentamente, hasta detenerse... Y en el instante en que se relajó y sintió que ese sudor frío le recorría la espalda, se escuchó el último click de la toma final...


De pronto ella se dió cuenta de lo que había pasado, pudorósamente levantó las ropas y se dirigió apresuradamente a la recámara. Se vistió, llamó a Franco que ya la esperaba abajo y se despidió de él. Le preguntó que cuando estarían las fotos. Apenas y pudo contestar que en una semana, ella le dió un beso y luego se alejó corriendo para subirse al auto de Franco.


Una semana después le entregué las fotos, solamente los 2 primeros rollos. El último rollo nunca me he atrevido a revelarlo. Nunca más hablamos al respecto, es más, después de haberle entregado las fotos no la volví a ver jamás...


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