La extraña historia de Bernardo y el Doctor Castaña...



Bernardo es un tipo obeso, no del tipo de obesidad que se ve todos los días, o bueno no era obeso de forma física, más bien era obeso visual. No es que tuviera gordos los ojos, sino que le encantaba consumir todo aquello que pudiera ser visto.

Se alimentaba de todas las telenovelas, consumía desmedidamente revistas de chismes de actrices y otras no tanto pero que aparentaban serlo. Como postre, revisaba y navegaba por internet de forma casi compulsiva por cualquier página que existiera saltando de un enlace a otro de manera aleatoria, no podía dejar de consumir productos visuales, estaba pues, con sobrepeso perceptual. 

Su sobrepeso había comenzado a los 14 años cuando había descubierto los videojuegos, pasaba horas y horas consumiendo todas esas imágenes, algunas sangrientas, otras brutales, a tal grado que se había vuelto insensible a todas las noticias amarillistas que podía encontrar en el periódico y cada vez buscaba sobreestimularse más con imágenes morbosas, pornográficas tipo core, o al menos, uno que otro chismesillo de la farándula.

Pero un día sufrió de indigestión visual. Comenzó a caerle todo mal, cada cosa que veía, revista que hojeaba o programa que veía comenzaba a revolverse en su mente. Al principio solo sufría de eructos visuales, pesadez imaginativa, pero luego comenzó a tener reflujo creativo, agruras simbólicas, migraña, y ya no pudo más.

Acudió con médicos gastroenterólogos, psicólogos, psiquiatras, guias espirituales de diversas religiones, gurús, curanderos, brujos blancos y negros, santeros, y hasta la santa muerte, pero parecía que nadie podía encontrar la cura a su cada vez más acentuado malestar visual.  

De pronto se vio embebido en un espiral de sensaciones, desazones, eructos y retortijones visuales y mentales, Tanto que su mente colapsó luego de consumir un tentempié de un anuncio comercial arrojándolo a un vertiginoso espiral migrañoso que le provocó nauseas, cefálea y sensibilidad a la luz...

. . .

Le habían recomendado al Dr. Castaña, pero se encontraba a 450 kms. de donde vivía, así que, ya sabiéndose desahuciado, decidió que lo intentaría una vez más. 

Tomó el autobús que le llevaría al pueblo más cercano y de ahí abordar una camioneta que lo conduciría por un bosque de coníferas, a través de un camino vecinal hasta la entrada del consultorio del Dr. Castaña...

Cuando por fin llegó luego de 6 horas de viaje demoledor, bajó de la camioneta y quedó desepcionado de lo que vio. Esperaba un consultorio médico con recepcionista e instalaciones de primer nivel, pero contrario a eso, halló solamente una reja de madera desvencijada con un bote de lámina atado a un poste y un letrero que indicaba: "deposite aquí su cooperación".

Metió la mano en la bolsa y sacó un billete de $500.00, lo depositó en el bote y luego cruzó la reja. No había nadie, solamente un camino estrecho que conducía hacia la cima de una loma en donde se alcanzaba a ver un tejabán...

Comenzó a andar. A la media hora ya estaba jadeando, el camino que aparentaba ser fácil, se había hecho complicado gracias a su obesidad. El paisaje era el mismo y él no había traído ningún bocadillo publicitario... No había nada de lo que pudiera alimentarse ahí, así que haciendo un esfuerzo titánico, después de mucho andar, llegó al tejabán en la cima de la montaña al borde de la inanición visual...

Estaba vacío... Quiso gritar, enfurecerse, golpear a alguien... Pero en la esquina de la loma divisó un castaño... y debajo de él se encontraba un tipo sentado en flor de loto observando el paisaje... Había dado por fín con el Dr. Castaña...  

Se acercó esperando que cuando éste percibiera su presencia se volteara y le brindara una consulta. Quería hablarle de sus males y de sus síntomas... Sin embargo, éste ni se inmutó...

Esperó pacientemente durante 2 horas, pero el Dr. Castaña no se movió... Se desesperó, se dio cuenta de que había sido timado, así que se acercó al oído del Dr. Castaña con la intención de decirle que de regreso tomaría el dinero que había depositado, pero antes de que pudiera decir algo, el Dr. Castaña le dijo a manera de sentencia:

"Has agotado tu mente, has agotado tu ver, olvídalo todo, una nueva vida has de tener, encuentra tu esencia y sabrás que hacer..." 

Bernardo se quedó callado, no supo que decir, las palabras retumbaron en su mente. Comenzó a sentir nauseas, por lo que corrió lo más rápido que pudo y bajó de la loma...

. . .


De pronto comenzó a sentir otra vez el impulso de comer imágenes, algunas revistitas, uno que otro paseo en internet, o por lo menos asomarse a la ventana y ver uno que otro espectacular de esos que durante mucho tiempo había despreciado... si que había caído bajo para conformarse con esos alimentos visuales tan burdos...

No pudo más, encendió el nintendo, la computadora y la TV al mismo tiempo, y comenzó a ver todo a la vez, quería saciarse, atascarse de imágenes, llenarse hasta reventar la cabeza... de pronto la culpa lo invadió después de todo lo que había consumido y comenzó nuevamente la migraña... 

Se sentía obeso otra vez,  con un inmenso remordimiento, así que se dirigió al baño y vomitó todas las imágenes... 

Una vez que había terminado de vomitar pudo ver toda esa mescolanza de imágenes que tenía en el cerebro: Un obispo hablando de política nacional, una actriz de poca monta escribiendo un libro que se convertiría en exitoso, un político como cantante de rancheras, una conductora de programa de chismes dando conferencias en las universidades, exfutbolistas recomendando medicinas como si fueran doctores,  una mano que simulaba ser un personaje, incluyendo ropa y disfraz, alcanzando raitings insospechados burlándose de la gente...

No cabía duda de que tenía una indigestión brutal de imágenes, su vómito había mezclado de formas inimaginables esas imágenes, y eso era lo que ya no podía digerir su mente... 

Ahora, se daba cuenta de que se había vuelto bulímico visual, tenía que consumir imágenes pero al poco rato debía vomitarlas para no engordar otra vez...

Con el tiempo, comenzó a perder el interés por consumir imágenes, dejó de interesarse en todo aquello que le podía alimentar, había dejado atrás la bulimia y ahora se sumergía en la anorexia visual... Comenzaba a adelgazar, sus amigos lo notaban, su familia también... 

Ahora ya no tenía mucho en común con ellos, ya no podían hablar de la actriz de moda, ni del último escándalo del cantante del momento, mucho menos de política y sus desacreditaciones... tampoco del resultado del último partido de futbol... Le decían que se estaba alejando, que ya había cambiado mucho, que esa dieta de información los alejaría y que dejaría de pertenecer al grupo pues no había nada de que platicar con él... 

Su piel comenzaba a descarapelarse, su cuerpo comenzaba a cambiar, parecía que estaba mudando de piel...

Pero Bernardo ya no podía consumir más imágenes, estaba saturado, y sabía que si consumía otra vez, volvería a estar obeso y quién sabe hasta donde podría acabar... 

Poco a poco sus amigos y su familia comenzaron a alejarse de él... hasta quedarse solo, completamente solo... ya no tenía nada en común con los seres obesos que deambulaban por ahí... Ahora su imagen era horrible, su piel había mutado del tono verde azuloso debido a tantas horas frente a los monitores de la computadora y la televisión en un tono rosáceo pálido similar al de un recién nacido...

Un último dolor de cabeza, una última jaqueca... el cuerpo contrayéndose, fibrilando en espasmódicos movimientos, vomitando lo último de las imágenes alojadas en su mente como si éstas se hubieran escondido en los recovecos de su memoria hasta el final... con un último esfuerzo, con el último espasmo... Bernardo quedó vacío y sin sentido... moribundo y agotado...

...

Al amanecer, poco a poco se incorporó... no sabía quién era, ni hacia adonde iba, lo único que le quedaba era un vacío mental que podría ocupar con sus experiencias y vivencias, el vacío que había dejado toda la cultura de la imagen en la mente de Bernardo era brutal, ahora solo le quedaba vivir su vida sin depender del consumo de imagenes como una adicción...

¿Podrá sobrevivir Bernardo en un mundo así?...



Las letras del pasado...


Ayer saqué de entre mis cosas, las cartas que en algún momento me han escrito. Están a puño y letra, plagadas de recuerdos y de mitos. Encuentro por ahí papeles y reliquias, secretos y promesas, suspiros y delicias.

 Los sobres y las cartas envueltas en misterios. Mi nombre en los sobres y la bellas  remitentes. Algunas con letras bien trazadas, otras demuestran el ansia de su alma.

 Evoco esos rostros de niñas jugando con la pasión, otras más demuestran su tímida entrega despertando al amor, las más atrevidas con sueños y palabras de mujer, pero todas ellas llenas de locura e ilusión.

 Siento en los sobres la parsimonia de antaño, tomar entre las manos el sobre para abrirlo, extrayendo su contenido con suspiros, nerviosa ansia, y deseo casi olvidado.

 Veo los inicios de las páginas, algunas palabras amorosas que se refieren a mi como ese hombre admirado. Comienza entonces a fluir al principio y tímidamente, la disertación de ese amor olvidado.

 Algunas cartas exaltan los sentimientos, otras arrastran la tristeza de la distancia. Quizás algunas llenas de esperanza, prometen siempre albergar la dulzura del reencuentro y su ansia.

 Otras cartas plagadas de tristezas y dolor, hablan de adioses, disculpas y recuerdos, de siempre te amaré, tengo que dejarte ir, y ya no puedo seguir así.

 Las palabras muestran en su trazo y ritmo, la emoción entremezclada, algunas palabras corridas debido a las lágrimas, otras con trazo y presión firme demuestran la convicción de esa inquieta alma olvidada.

 El papel arrugado alberga un abrazo de esperanza, el deseo por mi cuerpo y mi alma. Describen mis besos, caricias y mirada. Evocan mis palabras, mis promesas y mi calma.

 Leo ese final que busca ser contundente, las promesas de amor eterno, del siempre te recuerdo, o siempre estoy pensando en ti. De no me olvides y te estaré esperando aquí.

 Encuentro en las rúbricas palabras grandes, firmes, que buscan demostrar quién es la que firma, con esa claridad que da el espíritu decidido, con el corazón en una mano y  una promesa en la otra.

 Y una vez más siento ese vacío que sentí en algún momento, dejando a un lado esa carta que el cartero ha traído. Suspiro y arrojo al aire como rito de antaño, el misterio y la alegría de ese amor apasionado.

 No se por qué me estremezco nuevamente cuando leo esas historias en el pasado, quisiera pensar que alguien más tiene mis cartas, y las guarda como evidencia de mi paso en  su vida, evitando así, ser olvidado.

La "zapatitos"...


O, a cada paso que doy...


Siempre le habían gustado los zapatos, tenía una obsesión por su posesión y sobre todo la parsimonía de calzárselos. Sentía que así estaba adquiriendo una personalidad distinta. Como si los zapatos le transfirieran su personalidad.  De esta manera, sabía que los zapatos rojos y de cintas la hacía transformarse en una mujer sexy, los negros de tacón, una manifestación de la sensualidad. Los tenis, una forma de hablar de comodidad y relax.

No sabía porqué había adquirido esa obsesión. Quizás era por que en sus días de soledad infantil se refugiaba en el closet de su madre, escuchando los gritos y golpes de su padre. 

Quizás para poder desconectarse de esa realidad tan violenta, introducía sus pies en los zapatos de su madre, trataba de pensar que era otra persona, y que ella no era la que estaba ahí. Otras veces no solo introducía los pies, sino también las manos simulando dos pares de pies, jugando a que era una doble identidad en un mismo cuerpo, extraño, dual.

Esos pies que la podían llevar a otro lado, transportarla a otra realidad con el simple hecho de calzarlos. De la misma manera en que las zapatillas rojas transportaban a Dorothy fuera de Kansas hacia el mundo del mago de Oz, ella era transportada a una infinidad de vidas que construía a través de sus sueños.

Así, los zapatos que ella adquiría y usaba le servían para ser una infinidad de personas, de identidades entremezcladas a través del calzado y sus materiales, tantas como pares de zapatos tuviera.

Si bien su existencia fluía a través de una miríada de identidades, no existía la identidad final o única, esa identidad definitoria de su personalidad. Había sido tantas identidades a través de tantos pares de zapatos, que a veces no sabía quién había sido el día anterior.

A veces anhelaba llegar a un punto final y desnudar su alma, quitarse los zapatos y caminar descalza por la existencia. Ansiaba la llegada de aquél "vendedor de sueños" que pudiera arrancarla de su círculo vicioso...

Un día decidió entonces comenzar a relacionarse con hombres. Aventurarse a vivir las historias que construía reiteradamente a través de sus fantasías. 

Decidió que cada vez que conociera a alguien y acabara en la cama, ella no se quitaría los zapatos, de esta manera sabría qué personalidad tenía en ese momento,  y así también saber si aquel hombre era capaz de romper el ciclo de sus múltiples identidades fijándola en una sola como si fuera la identidad final en el momento en que éste le quitara los zapatos.

Pero eso no sucedía, al contrario, misteriosamente los hombres encontraban excitante que ella calzara sus zapatos al momento de hacer el amor, les enardecía esa imagen de mujer desnuda pero vestida con sus zapatos. 

No entendía por qué, quizás las miles de películas pornográficas que habían visto los hombres con los que estaba les hacía pensar en una similitud situacional. Quizás daba la imagen de mujer fácil o descarada, la impresión de ser una mujer audaz y extrovertida en el sexo.

Y así era... Ardiente, apasionada, intensa... pero vacía... su cuerpo respondía a los estímulos físicos pero su alma se adormecía por tanto vaivén de identidades construidas, destruidas y reconstruidas infinidad de veces...

No sabía cuando llegaría aquél hombre que delicadamente le quitara los zapatos, le besara los pies y la liberara de ese eterno retorno en su vida y sus identidades...

Por eso, la primera vez que estuvo con Mauro se sorprendió... Él no le había quitado los zapatos, ni tampoco le había besado los pies, pero Mauro desnudo, mantenía calzados sus mocasines tal vez con la intención de que ella se los quitara lentamente y así dejar de girar en la vorágine de su identidad perdida.


El niño de probeta...

Quizás para un adolescente el despertar y descubrir la sexualidad es toda una revelación. La mezcla de ardores, deseos, intrigas y curiosidades engloba todo su pensamiento de tal manera que puede disparar toda clase de fantasías que estimulen su deseo por conocer más.

Pero para un niño, el que le develen el sexo pudiera ser chocante o hasta repudiable…

Nunca falta el amiguito precoz que ha sido un poco más curioso que los demás, que ha espiado a sus padres o le han platicado niños mayores sobre lo que podría ser el sexo…

Esta es pues, mi historia…

Toño era mi amigo precoz, teníamos la misma edad pero era un niño aventurero, pendenciero y sobre todo demasiado ocurrente. Su padre, hombre en cierta medida bastante violento, corregía sus travesuras con un fuete de caballo. Y esto no hacía que se corrigiera, sino que fuera más astuto para las travesuras… Así que una de ellas fue, espiar a sus padres un día que estaban haciendo el amor…

Poseedor de la verdad, acudió a su amigo, más bien inocente (o sea yo) para revelarme el gran secreto… de que sabía como se hacían los niños…

Por un momento me sorprendí, era algo que nunca me había preguntado a mis 7 años, para mí era algo nuevo y quise saber…

Mejor no hubiera preguntado…

Después de una supuesta explicación sobre como se hacen los niños, yo quedé impresionado… anonadado… no sabía que decir… era demasiado gráfico… demasiado extraño… ¿cuerpos desnudos?, ¿genitales?,¿Qué no sirven para ir al baño?...

Una confusión total… un repudio ante tal imagen tan dantesca…

De pronto, todo se salió de control, mi amigo ante la cara de asombro y de estupor que tenía comenzó a fanfarronear… “Mi papá se acostó con mi mamá para que yo naciera”…

La simple imagen se me hacía grotesca… horripilante… imaginarme a sus papás en tal acto indecente… Yo callaba y apenas alcanzaba a sonreír… De pronto, mi mayor temor comenzó a tomar forma…

Se volteó y me dijo: “ ¿Y tu que dices? También tu papá se acostó con tu mamá para que tu nacieras…”

Yo no podía aceptar eso, me negaba rotundamente a aceptar que fuera así, mi complejo de Edipo, ese complejo que todos tenemos a corta edad surgió de lo más íntimo de mi ser… Hizo que rechazara esa idea, que rechazara a mi padre por tal obscenidad…

Ante mi rostro de asombro, Toño, burlonamente recalcó con tono de sorna: “Si… tu papá se acostó con tu mamá para que tu nacieras…”

Estoicamente tomé vuelo psicológico, y con todo el aplomo y seguridad que puede tener un niño de 7 años le dije: “No es cierto… para que yo naciera mi mamá tomó pastillas…”

Fue tal mi seguridad que lo hice dudar, nunca había pensado que pudiera caber esa posibilidad… Así que, dejó de burlarse, y yo por un tiempo, seguro de mi conocimiento, acepté y me convencí que era hijo de las pastillas y no producto del amor de mis padres hasta que entré en la adolescencia y descubrí los secretos del placer...

Padre, ¿En dónde está Dios?...


O un cuento cuántico...


Apresuradamente Javier llegó a la iglesia, pasó por el atrio y se dirigió directamente al confesionario. Se sentía atribulado, confuso y angustiado.

Esperó impaciente a que la otra persona que se encontraba confesándose terminara de hablar con el padre y entonces, pudiera él, confesarse.

Por fin llegó al confesionario, se inclinó y esperó a que el sacerdote abriera la ventanilla. De pronto ésta se deslizó y escuchó una voz paciente detrás de la ventana que le dijo:

- Ave maría purísima-

A lo que Javier contestó: 

- También para usted padre-

El sacerdote se sorprendió e inmediatamente corrigió:

- Hijo, cuando se dice, Ave María purísima debes contestar: "Sin pecado concebido"-

- Hay padre, discúlpeme, es que es la primera vez que vengo a la iglesia a confesarme, pero "Sin pecado concebido", ¿está bien así padre?

- Si hijo, que bueno que busques a dios, y ahora, dime tus pecados...

- Padre, resulta que soy físico, y ahora me encuentro en una gran encrucijada, por lo que quería preguntarle: ¿en dónde está dios?

- Hijo mio, dios está en todas partes, es omnipresente.

- Padre, ¿entonces dios es algo así como los quarks con los que está hecha toda la materia del universo? ¿o sería como el gluón que mantiene unidas esas partículas en el núcleo del átomo?.

- No hijo, Dios es más que eso, dios es todopoderoso en el cielo y la tierra, nada escapa a su mano y su bondad...

- Entonces padre, ¿sería algo así como una supernova que se ha convertido en un agujero negro y que debido a su gran gravedad no puede escapar ni siquiera la luz?

- No hijo, mira, Dios es infinito, es todo el universo y no está sujeto a nada...-

-Hay padre, es que esa es mi crisis, por eso le decía que dios es como un agujero negro en el cual el tiempo y el espacio se deforman y la gravedad es infinita...

- Mira hijo, mejor te lo explico de otra manera: dios es aquel ser que permite que tu todas las mañanas veas el amanecer, que veas todo lo bello de esta vida, que permite que existas y que puedas admirar su gran obra...

- Entiendo padre, entonces dios es como los fotones que salieron hace 8 minutos del sol y llegaron a la tierra, golpean un objeto y de acuerdo a la composición atómica de ese objeto es la onda de luz que emite y es la que llega a los ojos para ser percibido por el cerebro e interpretado por el pensamiento construido por las neuronas...

- Mira hijo, la verdad es que yo no se nada de física, yo lo único que tengo es mi fe en dios...

- Hay padre, tiene razón, yo lo único que tengo es mi fe en la ciencia y ni una ni la otra nos ayudan a definir en dónde está dios... ¿No será que deberíamos replantear a dios?.

-¡Blasfemo!... ¡puedes arder en el infierno!

-Pero padre, ¿la temperatura del infierno sería similar al del centro del sol capaz de mantener a la materia en un estado plásmico?...

- Mire señor! por favor vaya usted a molestar a otra religión, esta ya tiene 2000 años de fe y sabemos muy bien en dónde está dios el cual está hecho a nuestra imagen y semejanza, !no me haga perder los estribos!...

- ¿Entonces padre, dios es algo así como un clon de alguien? ¿de quién?...

- ¡Largo de aquí!...
 

Martha y la mujer dormida...


Ayer recibí una llamada de Martha. Hacía mucho que no sabía nada de ella. Me estremeció la emoción que tenía por verme, por platicarme. Así que me dirigí al café "Puerto de Santos" en dónde quedamos de vernos para platicar. Se veía diferente. Extraña, con un halo misterioso.

Pedimos un café, saqué mi pequeña libreta y le pregunté: "que me tienes que platicar ahora"... 

Me vio de soslayo, bebió un sorbo de café e hizo una prolongada pausa que comenzó a inquietarme. Su mirada de pronto se tornó misteriosa y yo solamente me quedé en silencio esperando sus palabras, su silencio me hacía pensar que ella estaba dudando si me platicaba esta historia o tal vez medía mi capacidad de entenderla y entender esta nueva aventura. Tras una larga pausa decidió por fin confiar en mí y comenzó a hablar:

Hace unas semanas estuve en la capital por que tenía que arreglar unos papeles, como iba al centro era más fácil irme en el metro subterráneo que llevar mi auto. Así que me dirigí a la estación Copilco. Ahí me subí al vagón. No habían lugares disponibles, por lo que tuve que permanecer parada. 

Busqué un lugar lo más alejado de la puerta y en el que no hubieran muchos hombres para evitar los acostumbrados "manoseos" o robos. Me acerqué a un lugar en donde estaba una mujer madura pero joven, como de 42 años. Estaba bien vestida y esmerada en su arreglo. Me dió confianza, me acerqué y sonreí con complicidad, ella me devolvió la sonrisa y yo me giré para mantener el equilibrio al momento en que el metro avanzó...

En la siguiente estación, subió una multitud. Toda esa masa se replegó y me empujó hacia atrás. Sentí los cuerpos apretujados y los aromas, las distintas pieles y las ropas, las incomodidades y los roces. 

De pronto sentí que un cuerpo giró hacia el mio, sentí un cuerpo que se ajustó a mis espaldas y que estaba perfectamente colocado atrás de mi. Esperé sentir una erección que intentaría apretujarse en mis nalgas. Pero esto no sucedió, solamente sentí el aroma dulzón de un perfume femenino. 

No pude moverme, no se por qué, si por miedo o por asombro. De pronto comencé a sentir un suave vaivén de una pelvis que se arrullaba entre mis nalgas y el cuerpo suave y sutil pegado al mio, disimulado entre la multitud de movimientos y de acomodos, de desconocidos ausentes y silencios indiferentes. No sabía que hacer, si voltearme y ver quién me estaba haciendo el amor de esa manera, o dejarme llevar en ese momento...

De pronto el vagón se abrió en la siguiente estación, pude haberme bajado pero no lo hice, no pude moverme, talvez por miedo, tal vez por creer que había imaginado todo eso y que el vaivén no era más que el movimiento natural del vagón... Pero el vagón se volvió a cerrar ahora con otras personas, pero el cuerpo seguía pegado a mi y renovó su vaivén atrás de mi...

En la siguiente bajada solamente sentí que me tomaron de la mano y me susurraron al oído con voz de mujer... "Ven, te invito un café"...

...


Con los cabellos despeinados y con ese agradable letargo que se siente después de haber hecho varias veces el amor, Martha se sentía confundida, no sabía que había pasado o porqué se había dejado llevar así. Volteó a ver a Lucía que descansaba mansamente la cabeza en la almohada con una leve sonrisa de complicidad, y observándola detuvo la mirada en sus manos, algo le llamó la atención, Lucía portaba un anillo de matrimonio...

Martha fue invadida por la curiosidad, algo de indignación y de rabia, talvez algo de celos. De pronto, sin más ni más, preguntó:

-¿Eres casada?-

- Sip- Respondió Lucía.

- ¿Tu marido sabe?-

- Déjame y te platico mi historia, yo era la esposa tradicional con una vida "normal", los problemas económicos típicos de un matrimonio estable. Me dedicaba a mis hijos y a mi marido, mi casa y mis amigas. Vivía bien, toleraba todo por que sabía que así era la vida, que de eso se componía mi existencia. 

Tenía lo que siempre había soñado, un "castillo", un "príncipe azul" y mis hijos perfectos, que aquí entre nos, no era un castillo, ni un príncipe, ni los niños perfectos, pero a final de cuentas era feliz...

Con mi esposo llevábamos una buena relación, había comunicación y colaboración, y yo creía que ya habíamos madurado como pareja.  Habíamos dejado la etapa de los amantes intensos, desenfrenados, apasionados, y ahora era un matrimonio mas que nada como de buenos amigos, y teníamos sexo como el ermitaño... una vez al año...

- Jajajajaja... - rieron ambas...

Pero lo que no pude tolerar un día es que me enterara que se acostaba con una de la oficina. Yo la conocía, estaba fea, gorda, de apariencia corriente, hablaba mal y era muy vulgar.  No entendía cómo mi marido se había podido acostar con alguien así... ¿Qué pudo haber hecho ella con él para convencerlo?, ¿cómo pudo él ser tan pueril y acostarse solamente por satisfacción sexual?, ¿por qué ya no lo hacía conmigo pero esta vieja vulgar había podido encender sus ganas?, ¿qué me había hecho falta? 

Lloré, me deprimí, me enojé, y pasé por todos los estados acostumbrados o esperados... Hasta que un día decidí vengarme...

Me topé con un tipo más bien feo, un poco sucio, rebelde sin causa o con causa, no lo sé. Decidí acostarme con él. Tal vez como una forma de "mancillar" el templo de pureza que mi esposo consideraba como suyo, tal vez para entender por qué lo había hecho y descubrir algo que en mi educación tradicional me había escondido o prohibido, o quizás por que me sentía culpable de que él se hubiera ido con otra y de esta manera me martirizaba o me victimizaba...

Este tipo fué un animal, sin ningún tipo de delicadeza, me besó toda, me babeó toda, me poseyó con dureza, con furia, con una necesidad puramente sexual, fue horrible, hice cosas inimaginables, bizarras,  y yo me sentí sucia, usada, poseída, invadida, pero en el fondo... me sentí redimida, salvada por un salvaje, por una bestia y sobre todo, vengada por un instante...

Salí de ahí asqueada de los hombres, de su facilidad para acostarse y luego sacudirse e irse sin mirar atrás, sin llamarte después o al menos preguntarte si te sentiste bien o la pasaste bien, al fin y al cabo ellos consiguieron lo que querían, lo demás no importa.

Después de eso, me di cuenta que hay muchas mujeres igual que yo, vacías, solitarias, incompletas, mutiladas que buscan un momento de verdad, un instante de libertad sexual, pero que ésta no se da por su realidad, por la bajeza de los hombres, de su necesidad de ver a las mujeres como trofeos, como posesiones o como objetos de placer.

Con el tiempo comencé a toparme con mujeres que les gusta explorar, descubrir, jugar, erotizar y ser sensuales pero que su entorno las limita, reprime y sodomiza a los placeres de un hombre y lo aceptan por que creen que así es, o por lo menos que así debe ser... 

Ahora veo a los hombres como si fueran en un crucero, de esos que van por el Caribe y en los cuales visitas 12 países en 8 días. 

En esos cruceros apenas y tienes tiempo para conocer algo del país en donde llegaste, apenas y ves algo y ya estás partiendo al siguiente puerto, no viste nada, no aprendiste nada pero tienes que seguir al siguiente  por que sino el crucero te puede dejar varado ahí... Así creo que es el instinto de los hombres, como un barco de crucero, que deben fornicar la mayor cantidad de veces, en la mayor cantidad de puertos, en el menor tiempo posible...

Las mujeres no somos así. Nos gusta disfrutar el momento, dejarnos invadir por el ambiente y las sensaciones, descubrir los momentos y el erotismo del detalle, descubrir poco a poco el instante perfecto. 

El hombre solo quiere fornicar, la mujer quiere explorar, por eso comencé a tener relaciones con mujeres, por que estamos en la misma sintonía de deseo y de pasión, los hombres son bestiales. Quieren gritar "gol" cuando alcanzan el orgasmo y nosotras solamente queremos escuchar el "te amo"...

Si mi marido lo sabe o no, no lo sé, quizás sea algo que platique con su amante...

Martha en este momento dejó de platicar... se veía confundida, abrumada y en el fondo, no sabía si comenzar a odiar a los hombres, o por el contrario, tener aún fe en que en algún lugar, existe un hombre que es distinto a los demás y que podrá entonces, cumplir sus sueños de mujer...

El circo de Capulina...



Me encantaba el circo. No se por qué. Quizás por la idea de que llegaban de algún lugar recóndito y transitaban por todo el país para llegar a mi pequeño pueblo lo que en algún momento se me hacia algo exótico y exitante. 

Me encantaba ver a las trapecistas, cumplían mis sueños infantiles de prototipo femenino. Espigadas, flexibles con sus trajes blancos llenos de brillos deslizándose de forma grácil entre un trapecio y otro.

Era también una forma de convivencia con mi padre, afín también a esos espectáculos. A pesar de lo deprimente de las carpas, lo triste de los tablones, los animales viejos y lastimados y las mallas rotas de las trapecistas, disfrutaba ir a esos circos cada vez que llegaba uno a mi pueblo.

Por eso, cuando supe que "El circo de Capulina" llegaría a mi pueblo, fué todo un revuelo. Solamente conocía a Capulina a través de sus películas o de las pequeñas historietas que podían ser encontradas en los puestos de revistas y que recibían el mote de "Capulinitas" debido a su reducido tamaño. Por lo que, acudir a ese circo me pareció todo un evento digno de mi inquietud.

Mi padre accedió bondadosamente a mi pedido, fuimos solamente él y yo, nos sentamos atrás de un palco. El palco era más caro y realmente no hacía la diferencia, se veía mejor desde las tarimas exactamente atrás de los palcos.

No faltó la acostumbrada foto con mi padre y un payaso atrás de ambos. Una costumbre que siempre procuraba debido a mi perenne interés por mantener constancia de este tipo de eventos a través de las fotografías. Parecía que las coleccionaba como coleccionaba anécdotas de los circos.

El evento transcurrió como todos los circos, con payasos, trapecistas, domadores, etc, De pronto, casi al final del espectáculo, y con gran pompa y algarabía, sucedió lo que había deseado toda la noche: La aparición de Capulina...

Realmente como Capulina era un actor y no tenía nada que hacer en un circo, el espectáculo consistía en hacer un concurso de baile... a mis 8 años, ésto para mi, era un desafío. Rogué por ser seleccionado para pasar a bailar...

Mi gran sorpresa fué que efectivamente fuí seleccionado. Y ahí estaba yo, con otros 10 niños en la pista de ese circo, al lado de Capulina, en un concurso de baile. Era extraño ver todo desde el centro de la pista, no distinguía a mi padre debido a los reflectores, pero no importaba, yo daría lo mejor de mi.

La música comenzó y todos los niños bailamos. Poco a poco fueron descalificando a uno por uno, pero yo seguía en la contienda. Al final, solo quedamos 3. Pusieron nuevamente la música y yo, a mis 8 años me moví como pude con tal de ganar.

Los aplausos decidieron que el primer lugar quedara entre otro niño y yo... En el centro de la pista era claro que el aplauso para mí era más fuerte, sin embargo Capulina decidió que fuera un empate.

Hubo el acostumbrado desempate, la música sonando y yo dando lo mejor de mi. Al final, desde el centro de la pista, el aplauso para mí nuevamente era mayor. Había ganado y el premio era una pelota... 

Me sentía como un gran triunfador, en el centro de todos esos reflectores, al lado de una "gran"personalidad como Capulina, y sobre todo, contando con el orgullo de mi padre.

De pronto Capulina se me acercó y me dijo al oído: "Tu ganaste, pero el otro niño necesita más la pelota que tú, así que le vamos a dar el premio a él, no digas nada y haz una obra buena"...

Sonreí... me retiré como un excelente segundo lugar, emocionado por haber hecho una "obra buena" dejando que otro más necesitado que yo, obtuviera el premio que me había ganado. 

Mi padre me vió y me preguntó sobre lo que me había dicho Capulina. Yo guardé silencio y no le confesé lo que me había dicho, sabía que si lo hacía iría a reclamar, y yo, entonces no habría hecho mi obra buena...

Con esa experiencia, comencé pues a hacer obras buenas con la gente a mi alrededor y a pesar de que me quedaba sin los "premios" no me importaba por que estaba haciendo "obras buenas".

Pero eso no importó cuando en la preparatoria dejé que me ganaran en un concurso de líderes, claro está, otros tenían más necesidad que yo y era una "obra buena". 

Tampoco importó cuando en la universidad dejé que se me escapara una beca de intercambio de estudios a otro país por que alguien lo necesitaba más que yo y también era una "obra buena". 

Lo mismo pasó en una promoción en mi trabajo, y hasta en mis relaciones sentimentales, siempre, invariablemente, había alguien que lo necesitaba más que yo. 

Así pues, Capulina me enseñó a hacer mis "obras buenas" dejando siempre que otros con más necesidad que yo, accedieran y tuvieran algo que yo deseaba.

Gracias Capulina por esta gran lección, pero ahora, ya no quiero hacer "obras buenas", yo solo quiero recibir mi pelota en el centro de la pista y saber que yo gané a pesar de todo...