El circo de Capulina...



Me encantaba el circo. No se por qué. Quizás por la idea de que llegaban de algún lugar recóndito y transitaban por todo el país para llegar a mi pequeño pueblo lo que en algún momento se me hacia algo exótico y exitante. 

Me encantaba ver a las trapecistas, cumplían mis sueños infantiles de prototipo femenino. Espigadas, flexibles con sus trajes blancos llenos de brillos deslizándose de forma grácil entre un trapecio y otro.

Era también una forma de convivencia con mi padre, afín también a esos espectáculos. A pesar de lo deprimente de las carpas, lo triste de los tablones, los animales viejos y lastimados y las mallas rotas de las trapecistas, disfrutaba ir a esos circos cada vez que llegaba uno a mi pueblo.

Por eso, cuando supe que "El circo de Capulina" llegaría a mi pueblo, fué todo un revuelo. Solamente conocía a Capulina a través de sus películas o de las pequeñas historietas que podían ser encontradas en los puestos de revistas y que recibían el mote de "Capulinitas" debido a su reducido tamaño. Por lo que, acudir a ese circo me pareció todo un evento digno de mi inquietud.

Mi padre accedió bondadosamente a mi pedido, fuimos solamente él y yo, nos sentamos atrás de un palco. El palco era más caro y realmente no hacía la diferencia, se veía mejor desde las tarimas exactamente atrás de los palcos.

No faltó la acostumbrada foto con mi padre y un payaso atrás de ambos. Una costumbre que siempre procuraba debido a mi perenne interés por mantener constancia de este tipo de eventos a través de las fotografías. Parecía que las coleccionaba como coleccionaba anécdotas de los circos.

El evento transcurrió como todos los circos, con payasos, trapecistas, domadores, etc, De pronto, casi al final del espectáculo, y con gran pompa y algarabía, sucedió lo que había deseado toda la noche: La aparición de Capulina...

Realmente como Capulina era un actor y no tenía nada que hacer en un circo, el espectáculo consistía en hacer un concurso de baile... a mis 8 años, ésto para mi, era un desafío. Rogué por ser seleccionado para pasar a bailar...

Mi gran sorpresa fué que efectivamente fuí seleccionado. Y ahí estaba yo, con otros 10 niños en la pista de ese circo, al lado de Capulina, en un concurso de baile. Era extraño ver todo desde el centro de la pista, no distinguía a mi padre debido a los reflectores, pero no importaba, yo daría lo mejor de mi.

La música comenzó y todos los niños bailamos. Poco a poco fueron descalificando a uno por uno, pero yo seguía en la contienda. Al final, solo quedamos 3. Pusieron nuevamente la música y yo, a mis 8 años me moví como pude con tal de ganar.

Los aplausos decidieron que el primer lugar quedara entre otro niño y yo... En el centro de la pista era claro que el aplauso para mí era más fuerte, sin embargo Capulina decidió que fuera un empate.

Hubo el acostumbrado desempate, la música sonando y yo dando lo mejor de mi. Al final, desde el centro de la pista, el aplauso para mí nuevamente era mayor. Había ganado y el premio era una pelota... 

Me sentía como un gran triunfador, en el centro de todos esos reflectores, al lado de una "gran"personalidad como Capulina, y sobre todo, contando con el orgullo de mi padre.

De pronto Capulina se me acercó y me dijo al oído: "Tu ganaste, pero el otro niño necesita más la pelota que tú, así que le vamos a dar el premio a él, no digas nada y haz una obra buena"...

Sonreí... me retiré como un excelente segundo lugar, emocionado por haber hecho una "obra buena" dejando que otro más necesitado que yo, obtuviera el premio que me había ganado. 

Mi padre me vió y me preguntó sobre lo que me había dicho Capulina. Yo guardé silencio y no le confesé lo que me había dicho, sabía que si lo hacía iría a reclamar, y yo, entonces no habría hecho mi obra buena...

Con esa experiencia, comencé pues a hacer obras buenas con la gente a mi alrededor y a pesar de que me quedaba sin los "premios" no me importaba por que estaba haciendo "obras buenas".

Pero eso no importó cuando en la preparatoria dejé que me ganaran en un concurso de líderes, claro está, otros tenían más necesidad que yo y era una "obra buena". 

Tampoco importó cuando en la universidad dejé que se me escapara una beca de intercambio de estudios a otro país por que alguien lo necesitaba más que yo y también era una "obra buena". 

Lo mismo pasó en una promoción en mi trabajo, y hasta en mis relaciones sentimentales, siempre, invariablemente, había alguien que lo necesitaba más que yo. 

Así pues, Capulina me enseñó a hacer mis "obras buenas" dejando siempre que otros con más necesidad que yo, accedieran y tuvieran algo que yo deseaba.

Gracias Capulina por esta gran lección, pero ahora, ya no quiero hacer "obras buenas", yo solo quiero recibir mi pelota en el centro de la pista y saber que yo gané a pesar de todo...

2 comentarios:

TMC dijo...

Creo que hacer "obras buenas" siempre será gratificante, el secreto está mantener el equilibrio, también nuestro ego de vez en cuando necesita que le hagamos una "obra buena", no?.... pero lo más padre de este post, es el hecho de que hayas tenido esa experiencia tan emocionante que aun hoy en día recuerdas... espero que nuestros hijos puedan recordar vivencias felices..... me gustó mucho.

carlos dijo...

hola amigo qtal como estas espero q vien decasualida notienes un LP ocacete de capulina
cuando vendian casete o lp en el circo