El niño de probeta...

Quizás para un adolescente el despertar y descubrir la sexualidad es toda una revelación. La mezcla de ardores, deseos, intrigas y curiosidades engloba todo su pensamiento de tal manera que puede disparar toda clase de fantasías que estimulen su deseo por conocer más.

Pero para un niño, el que le develen el sexo pudiera ser chocante o hasta repudiable…

Nunca falta el amiguito precoz que ha sido un poco más curioso que los demás, que ha espiado a sus padres o le han platicado niños mayores sobre lo que podría ser el sexo…

Esta es pues, mi historia…

Toño era mi amigo precoz, teníamos la misma edad pero era un niño aventurero, pendenciero y sobre todo demasiado ocurrente. Su padre, hombre en cierta medida bastante violento, corregía sus travesuras con un fuete de caballo. Y esto no hacía que se corrigiera, sino que fuera más astuto para las travesuras… Así que una de ellas fue, espiar a sus padres un día que estaban haciendo el amor…

Poseedor de la verdad, acudió a su amigo, más bien inocente (o sea yo) para revelarme el gran secreto… de que sabía como se hacían los niños…

Por un momento me sorprendí, era algo que nunca me había preguntado a mis 7 años, para mí era algo nuevo y quise saber…

Mejor no hubiera preguntado…

Después de una supuesta explicación sobre como se hacen los niños, yo quedé impresionado… anonadado… no sabía que decir… era demasiado gráfico… demasiado extraño… ¿cuerpos desnudos?, ¿genitales?,¿Qué no sirven para ir al baño?...

Una confusión total… un repudio ante tal imagen tan dantesca…

De pronto, todo se salió de control, mi amigo ante la cara de asombro y de estupor que tenía comenzó a fanfarronear… “Mi papá se acostó con mi mamá para que yo naciera”…

La simple imagen se me hacía grotesca… horripilante… imaginarme a sus papás en tal acto indecente… Yo callaba y apenas alcanzaba a sonreír… De pronto, mi mayor temor comenzó a tomar forma…

Se volteó y me dijo: “ ¿Y tu que dices? También tu papá se acostó con tu mamá para que tu nacieras…”

Yo no podía aceptar eso, me negaba rotundamente a aceptar que fuera así, mi complejo de Edipo, ese complejo que todos tenemos a corta edad surgió de lo más íntimo de mi ser… Hizo que rechazara esa idea, que rechazara a mi padre por tal obscenidad…

Ante mi rostro de asombro, Toño, burlonamente recalcó con tono de sorna: “Si… tu papá se acostó con tu mamá para que tu nacieras…”

Estoicamente tomé vuelo psicológico, y con todo el aplomo y seguridad que puede tener un niño de 7 años le dije: “No es cierto… para que yo naciera mi mamá tomó pastillas…”

Fue tal mi seguridad que lo hice dudar, nunca había pensado que pudiera caber esa posibilidad… Así que, dejó de burlarse, y yo por un tiempo, seguro de mi conocimiento, acepté y me convencí que era hijo de las pastillas y no producto del amor de mis padres hasta que entré en la adolescencia y descubrí los secretos del placer...

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