La extraña historia de Bernardo y el Doctor Castaña...



Bernardo es un tipo obeso, no del tipo de obesidad que se ve todos los días, o bueno no era obeso de forma física, más bien era obeso visual. No es que tuviera gordos los ojos, sino que le encantaba consumir todo aquello que pudiera ser visto.

Se alimentaba de todas las telenovelas, consumía desmedidamente revistas de chismes de actrices y otras no tanto pero que aparentaban serlo. Como postre, revisaba y navegaba por internet de forma casi compulsiva por cualquier página que existiera saltando de un enlace a otro de manera aleatoria, no podía dejar de consumir productos visuales, estaba pues, con sobrepeso perceptual. 

Su sobrepeso había comenzado a los 14 años cuando había descubierto los videojuegos, pasaba horas y horas consumiendo todas esas imágenes, algunas sangrientas, otras brutales, a tal grado que se había vuelto insensible a todas las noticias amarillistas que podía encontrar en el periódico y cada vez buscaba sobreestimularse más con imágenes morbosas, pornográficas tipo core, o al menos, uno que otro chismesillo de la farándula.

Pero un día sufrió de indigestión visual. Comenzó a caerle todo mal, cada cosa que veía, revista que hojeaba o programa que veía comenzaba a revolverse en su mente. Al principio solo sufría de eructos visuales, pesadez imaginativa, pero luego comenzó a tener reflujo creativo, agruras simbólicas, migraña, y ya no pudo más.

Acudió con médicos gastroenterólogos, psicólogos, psiquiatras, guias espirituales de diversas religiones, gurús, curanderos, brujos blancos y negros, santeros, y hasta la santa muerte, pero parecía que nadie podía encontrar la cura a su cada vez más acentuado malestar visual.  

De pronto se vio embebido en un espiral de sensaciones, desazones, eructos y retortijones visuales y mentales, Tanto que su mente colapsó luego de consumir un tentempié de un anuncio comercial arrojándolo a un vertiginoso espiral migrañoso que le provocó nauseas, cefálea y sensibilidad a la luz...

. . .

Le habían recomendado al Dr. Castaña, pero se encontraba a 450 kms. de donde vivía, así que, ya sabiéndose desahuciado, decidió que lo intentaría una vez más. 

Tomó el autobús que le llevaría al pueblo más cercano y de ahí abordar una camioneta que lo conduciría por un bosque de coníferas, a través de un camino vecinal hasta la entrada del consultorio del Dr. Castaña...

Cuando por fin llegó luego de 6 horas de viaje demoledor, bajó de la camioneta y quedó desepcionado de lo que vio. Esperaba un consultorio médico con recepcionista e instalaciones de primer nivel, pero contrario a eso, halló solamente una reja de madera desvencijada con un bote de lámina atado a un poste y un letrero que indicaba: "deposite aquí su cooperación".

Metió la mano en la bolsa y sacó un billete de $500.00, lo depositó en el bote y luego cruzó la reja. No había nadie, solamente un camino estrecho que conducía hacia la cima de una loma en donde se alcanzaba a ver un tejabán...

Comenzó a andar. A la media hora ya estaba jadeando, el camino que aparentaba ser fácil, se había hecho complicado gracias a su obesidad. El paisaje era el mismo y él no había traído ningún bocadillo publicitario... No había nada de lo que pudiera alimentarse ahí, así que haciendo un esfuerzo titánico, después de mucho andar, llegó al tejabán en la cima de la montaña al borde de la inanición visual...

Estaba vacío... Quiso gritar, enfurecerse, golpear a alguien... Pero en la esquina de la loma divisó un castaño... y debajo de él se encontraba un tipo sentado en flor de loto observando el paisaje... Había dado por fín con el Dr. Castaña...  

Se acercó esperando que cuando éste percibiera su presencia se volteara y le brindara una consulta. Quería hablarle de sus males y de sus síntomas... Sin embargo, éste ni se inmutó...

Esperó pacientemente durante 2 horas, pero el Dr. Castaña no se movió... Se desesperó, se dio cuenta de que había sido timado, así que se acercó al oído del Dr. Castaña con la intención de decirle que de regreso tomaría el dinero que había depositado, pero antes de que pudiera decir algo, el Dr. Castaña le dijo a manera de sentencia:

"Has agotado tu mente, has agotado tu ver, olvídalo todo, una nueva vida has de tener, encuentra tu esencia y sabrás que hacer..." 

Bernardo se quedó callado, no supo que decir, las palabras retumbaron en su mente. Comenzó a sentir nauseas, por lo que corrió lo más rápido que pudo y bajó de la loma...

. . .


De pronto comenzó a sentir otra vez el impulso de comer imágenes, algunas revistitas, uno que otro paseo en internet, o por lo menos asomarse a la ventana y ver uno que otro espectacular de esos que durante mucho tiempo había despreciado... si que había caído bajo para conformarse con esos alimentos visuales tan burdos...

No pudo más, encendió el nintendo, la computadora y la TV al mismo tiempo, y comenzó a ver todo a la vez, quería saciarse, atascarse de imágenes, llenarse hasta reventar la cabeza... de pronto la culpa lo invadió después de todo lo que había consumido y comenzó nuevamente la migraña... 

Se sentía obeso otra vez,  con un inmenso remordimiento, así que se dirigió al baño y vomitó todas las imágenes... 

Una vez que había terminado de vomitar pudo ver toda esa mescolanza de imágenes que tenía en el cerebro: Un obispo hablando de política nacional, una actriz de poca monta escribiendo un libro que se convertiría en exitoso, un político como cantante de rancheras, una conductora de programa de chismes dando conferencias en las universidades, exfutbolistas recomendando medicinas como si fueran doctores,  una mano que simulaba ser un personaje, incluyendo ropa y disfraz, alcanzando raitings insospechados burlándose de la gente...

No cabía duda de que tenía una indigestión brutal de imágenes, su vómito había mezclado de formas inimaginables esas imágenes, y eso era lo que ya no podía digerir su mente... 

Ahora, se daba cuenta de que se había vuelto bulímico visual, tenía que consumir imágenes pero al poco rato debía vomitarlas para no engordar otra vez...

Con el tiempo, comenzó a perder el interés por consumir imágenes, dejó de interesarse en todo aquello que le podía alimentar, había dejado atrás la bulimia y ahora se sumergía en la anorexia visual... Comenzaba a adelgazar, sus amigos lo notaban, su familia también... 

Ahora ya no tenía mucho en común con ellos, ya no podían hablar de la actriz de moda, ni del último escándalo del cantante del momento, mucho menos de política y sus desacreditaciones... tampoco del resultado del último partido de futbol... Le decían que se estaba alejando, que ya había cambiado mucho, que esa dieta de información los alejaría y que dejaría de pertenecer al grupo pues no había nada de que platicar con él... 

Su piel comenzaba a descarapelarse, su cuerpo comenzaba a cambiar, parecía que estaba mudando de piel...

Pero Bernardo ya no podía consumir más imágenes, estaba saturado, y sabía que si consumía otra vez, volvería a estar obeso y quién sabe hasta donde podría acabar... 

Poco a poco sus amigos y su familia comenzaron a alejarse de él... hasta quedarse solo, completamente solo... ya no tenía nada en común con los seres obesos que deambulaban por ahí... Ahora su imagen era horrible, su piel había mutado del tono verde azuloso debido a tantas horas frente a los monitores de la computadora y la televisión en un tono rosáceo pálido similar al de un recién nacido...

Un último dolor de cabeza, una última jaqueca... el cuerpo contrayéndose, fibrilando en espasmódicos movimientos, vomitando lo último de las imágenes alojadas en su mente como si éstas se hubieran escondido en los recovecos de su memoria hasta el final... con un último esfuerzo, con el último espasmo... Bernardo quedó vacío y sin sentido... moribundo y agotado...

...

Al amanecer, poco a poco se incorporó... no sabía quién era, ni hacia adonde iba, lo único que le quedaba era un vacío mental que podría ocupar con sus experiencias y vivencias, el vacío que había dejado toda la cultura de la imagen en la mente de Bernardo era brutal, ahora solo le quedaba vivir su vida sin depender del consumo de imagenes como una adicción...

¿Podrá sobrevivir Bernardo en un mundo así?...



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