La "zapatitos"...


O, a cada paso que doy...


Siempre le habían gustado los zapatos, tenía una obsesión por su posesión y sobre todo la parsimonía de calzárselos. Sentía que así estaba adquiriendo una personalidad distinta. Como si los zapatos le transfirieran su personalidad.  De esta manera, sabía que los zapatos rojos y de cintas la hacía transformarse en una mujer sexy, los negros de tacón, una manifestación de la sensualidad. Los tenis, una forma de hablar de comodidad y relax.

No sabía porqué había adquirido esa obsesión. Quizás era por que en sus días de soledad infantil se refugiaba en el closet de su madre, escuchando los gritos y golpes de su padre. 

Quizás para poder desconectarse de esa realidad tan violenta, introducía sus pies en los zapatos de su madre, trataba de pensar que era otra persona, y que ella no era la que estaba ahí. Otras veces no solo introducía los pies, sino también las manos simulando dos pares de pies, jugando a que era una doble identidad en un mismo cuerpo, extraño, dual.

Esos pies que la podían llevar a otro lado, transportarla a otra realidad con el simple hecho de calzarlos. De la misma manera en que las zapatillas rojas transportaban a Dorothy fuera de Kansas hacia el mundo del mago de Oz, ella era transportada a una infinidad de vidas que construía a través de sus sueños.

Así, los zapatos que ella adquiría y usaba le servían para ser una infinidad de personas, de identidades entremezcladas a través del calzado y sus materiales, tantas como pares de zapatos tuviera.

Si bien su existencia fluía a través de una miríada de identidades, no existía la identidad final o única, esa identidad definitoria de su personalidad. Había sido tantas identidades a través de tantos pares de zapatos, que a veces no sabía quién había sido el día anterior.

A veces anhelaba llegar a un punto final y desnudar su alma, quitarse los zapatos y caminar descalza por la existencia. Ansiaba la llegada de aquél "vendedor de sueños" que pudiera arrancarla de su círculo vicioso...

Un día decidió entonces comenzar a relacionarse con hombres. Aventurarse a vivir las historias que construía reiteradamente a través de sus fantasías. 

Decidió que cada vez que conociera a alguien y acabara en la cama, ella no se quitaría los zapatos, de esta manera sabría qué personalidad tenía en ese momento,  y así también saber si aquel hombre era capaz de romper el ciclo de sus múltiples identidades fijándola en una sola como si fuera la identidad final en el momento en que éste le quitara los zapatos.

Pero eso no sucedía, al contrario, misteriosamente los hombres encontraban excitante que ella calzara sus zapatos al momento de hacer el amor, les enardecía esa imagen de mujer desnuda pero vestida con sus zapatos. 

No entendía por qué, quizás las miles de películas pornográficas que habían visto los hombres con los que estaba les hacía pensar en una similitud situacional. Quizás daba la imagen de mujer fácil o descarada, la impresión de ser una mujer audaz y extrovertida en el sexo.

Y así era... Ardiente, apasionada, intensa... pero vacía... su cuerpo respondía a los estímulos físicos pero su alma se adormecía por tanto vaivén de identidades construidas, destruidas y reconstruidas infinidad de veces...

No sabía cuando llegaría aquél hombre que delicadamente le quitara los zapatos, le besara los pies y la liberara de ese eterno retorno en su vida y sus identidades...

Por eso, la primera vez que estuvo con Mauro se sorprendió... Él no le había quitado los zapatos, ni tampoco le había besado los pies, pero Mauro desnudo, mantenía calzados sus mocasines tal vez con la intención de que ella se los quitara lentamente y así dejar de girar en la vorágine de su identidad perdida.


1 comentario:

TMC dijo...

Estamos en época de inspiración, verdad?..jijiji muy bonitos, me gustaron.