Mi sexo y yo, crónica de una muerte prematura... (1a parte)


Mi sexo murió antes de haber nacido. Ha sido trágico pero así ha sido. Todo comenzó el día en que, con 3 años de edad, con el complejo de Edipo a plenitud, mi padre llegando a la casa tomó de la cintura a mi madre y me ordenó: “voltéate por que tu madre quiere que le de un beso...”. Obedientemente volteé, sin embargo, no pude evitar ver de reojo lo que se me había prohibido ver. La imagen que vi fue dantesca: mi padre abrazaba a mi madre y le daba un beso en la boca. 

Yo lloré desahuciado. Nunca había visto esa manifestación de pareja en mis padres y ahora,  mi padre me ordenaba que volteara para que a mis espaldas me usurpara a mi madre. Ahí comprendí que existía algo prohibido, algo oculto y sucio al cual le debería dar la espalda por que si lo veía de frente saldría lastimado.

 A los 6 años tuve mi segundo desengaño, cuando hice mi primera comunión. No entendía por que tenía que venerar a un dios con complejo de Edipo, que, negando su propia humanidad, se yergue casto, célibe y producto de una madre virgen, que, un hombre engañado, sea por entidad humana o divina, acepta sin miramientos, a su mujer preñada por otro. 

¿Por qué este dios niega su propia humanidad negándose a si mismo como ser que busca la completitud? ¿por qué la madre es virgen y aún así engendra por obra del espíritu santo sin relaciones sexuales? ¿por qué se niega el principio mismo de la existencia que es la misma sexualidad en donde el hombre y la mujer se unen como uno solo para estar en comunión?, ¿por qué dios es hombre y niega su propia naturaleza femenina y solo la compensa o equilibra con la imagen de la madre inmaculada, inmancillable y pura?.

 Así pues, si entender ni poder preguntar, acepté entrar en la religión asexuada y represora. Si llegaba a cuestionar a mis padres, recibía la mejor respuesta posible: “no lo cuestiones, es acto de fe”. Sin embargo, no podía dejar de cuestionar las cosas, no podía quedarme mudo ante tantas interrogantes de la autonegación.

 A los 8 años, ya, con la curiosidad latente de que algo prohibido existía, comencé a percatarme de algo llamado sexo, una palabra prohibida, pero misteriosa, sugerente, enigmática e impronunciable abiertamente. Esa palabra ponía nerviosos a los adultos, la pronunciaban rápidamente y en forma discreta, en voz baja. 

En la TV también pasaba lo mismo, nadie la pronunciaba mas que con tono científico y sin matiz. Esto me llamó la atención y quise saber mas del tema. Con rapidez y evasividad me dijeron que el tema era para cuando fuera mayor, sin embargo, una vez viendo una película en donde los personajes se comenzaban a quitar la ropa, empezaron las incomodidades, las carrasperas, y al final, la orden dada:  “salte por que esto no es para ti”, y debido a esto, durante mucho tiempo así lo creí...

La bohemia...

Hacía tanto tiempo que no tocaba la guitarra. Que no escuchaba ese sonido razgado de las cuerdas retumbando en la caja de resonancia. Los dedos rechinando al deslizarse por las cuerdas entorchadas, los acordes, las pisadas, los arpegios. Hace tanto tiempo que no tocaba, que los dedos de inmediato me dolieron, el sonido se tornó opaco y apagado por la inflamación en las yemas...

Pero no podía seguir sin volver a tomar entre mis manos ese cuerpo de madera, con su silueta sinuosa, apretada en la cintura y libre con ese brazo que invita a sostenerla por siempre.

El vino que debe fluir, correr como si fuera sangre por las venas, la luz tenue, suave tremor en el ambiente que alimenta el sentimiento melancólico por las palabras con sentido. Tal vez los ojos entrecerrados, los descubrimentos, o el simple deseo de dialogar de otra forma, de otro modo.

¡Qué bien sabe el vino con uvas! carnes frías, una buena compañía que te está contigo disfrutando de ese instante en donde el tiempo se detiene, donde nada importa más que la levedad de ese no-espacio. La sensación de comenzar a bajar, de dejarse llevar, de sentir que la música te invade y arrulla, te transporta, abstrae, y la guitarra seguía sonando...

"Me falta el aire para vivir este momento,
sin tiempo ni espacio, sin nadie a mi lado,
las manos me tiemblan, el cielo no es claro,
La guitarra suena, y el miedo en el alma."


No se por que me alejé de la música, tal vez en algún momento se tornó vacía, tal vez perdió su significado en los acordes, arpegios, ritmos, y razgueos, se habrá perdido en algún teclado, en alguna armonía, quizás se tornó absurda al llegar a la universidad.

Tal vez las primeras composiciones se perdieron en los sueños de alguna promesa de mujer que decidió no aceptar aquellos acordes. Quizás el deseo de la música se murió en alguna misa, entre cantos y cantos, entre irrealidades o en la realidad de la muerte de mi padre. No lo se, lo único que se es que la música se quedó en algún lugar esperándome a que la volviera a encontrar.
"El vino y el cielo como regalo divino,
La luna desnuda y una suave nube,
Un camino de aire, piedra y mar,
y solo un recuerdo para poder volar".
Si bien para la bohemia se necesita una guitarra, una buena botella de vino u oporto, una tabla de quesos y carnes frías, buena compañía y varios temas para platicar: mujeres, la vida, el silencio, los sueños, los idealismos, las palabras y la vida... Pero sobre todo, tiempo, espacio y voluntad.

La entrada número 100




Dentro de mis inquietudes personales, siempre había existido la necesidad de escribir. Y llevo muchos años haciendolo. Sin embargo, el 3 de agosto de 2008 decidí por segunda vez, después de un libro publicado hace 12 años, volver a publicar sin preocuparme por las consecuencias. 

Así pues, con esta inquietud y gran reto, de manera libre y gratuita, decidí emprender esta aventura en el mundo digital. Si realmente creía que era bueno escribiendo, el blog lo demostraría a través de los accesos, sino tenía nada que decir, entonces el blog lo diría castigándome con su silencio...

Hoy se cumplen pues las 100 representaciones en el gran teatro digital que es este blog. Con historias que van desde prosa, anécdotas, historias, cuentos, sueños y fantasías. Un compromiso hecho de publicar al menos una vez a la semana y, acompañar, la mayoría de las veces, la entrada con una imagen que hablara por si misma sobre el texto en cuestión.

A 7 meses de haber comenzado, y haber alcanzado las 100 entradas el balance de este blog es el siguiente:

De acuerdo a Sitemeter se han recibido hasta el día de hoy 3,286 visitas, que gracias a los 7 seguidores declarados, un visitante fantasma que ha leído cada línea que he escrito y que cuando no escribo nada vuelve a leer lo que ya ha leido, varios visitantes anónimos de Chihuahua y Chiapas, un visitante misterioso de Guadalajara y cientos de "hiteros" que de una o de otra manera han accesado a este blog gracias al buscador de google. A todos ustedes, mis más efusivos agradecimientos...

De acuerdo a Clustermaps he recibido visitas de más de 50 países, entre los principales se encuentran: México, Venezuela, Estados Unidos, España, Colombia, Perú, República Dominicana, Chile, Ecuador y Argentina. Ahora realmente entiendo el sentido de globalización en la era digital.

Según el ranking Latinoamericano de Blogalaxia este blog se encuentra el día de hoy, en el número 71 de los Top 128 en la sección de Cuentos y Relatos por lo que aparentemente no me va tan mal.

No ha sido facil el reto de escribir, de desarrollar un "músculo literario" como le llamo yo. El enfrentar muchas veces los fantasmas y los miedos, la inseguridad como escritor de no saber si gustará o no, o evitar caer en la tentación de escribir "comercialmente" para que existan más lectores. Si bien he luchado por dejar el ego a un lado, los comentarios que han dejado me han alimentado para seguir escribiendo.

Gracias a TMC por dejar sus comentarios, a AZULBLUE por su ánimo, a Englishlady por su confianza, A Tislim por su constancia, y a todos los demás que han creido y visitado este blog haciéndolo suyo de manera anónima. Mil mil gracias por permitir que estas 100 entradas sucedieran y fueran leídas.

Mi compromiso ha sido seguir escribiendo mientras haya solamente una persona dispuesta a leer estas líneas, mi compromiso sigue en pie, y espero pues, que sigamos juntos este camino y podamos celebrar las 1,000 entradas en este blog.

Este blog ha cambiado su imagen con la intención de conmemorar pues, la entrada número 100 de este blog, espero que guste la nueva imagen...

Una vez más... !Mil Gracias!

                       ELo Rojas

El columpio...


O, un cuento surrealista...




Ayer estuve en el parque como muchas tardes. Sentado en ese columpio que se me antojaba esperanzador con su vaivén monótono y recurrente, con ese impulso necesario para que, como péndulo perpetuo mi cuerpo se meciera en el espacio y el tiempo para alcanzar un trozo de conciencia. Aferrado a las cadenas que soportan mi peso, y con su metálico sonido me indican como un metrónomo el ritmo de mi cadencia móvil.

Ese movimiento espacial, deslizarse en el aire, separar los pies de la tierra y por un instante sentir que se vuela,  que existe un punto de ingravidez total, infinito, suspendido como si el universo y el tiempo se detuvieran en ese instante y solamente existiera una conciencia atenta a ese fenómeno. 

Estaba tan ensimismado por el columpio que no reparé en ella que me miraba extrañamente. esbozando una leve sonrisa, entre mueca de burla y de simpatía. Estaba sentada en un "sube y baja" esperando a alguien. A ese alguien que se presentara y la acompañara en su juego. Necesitaba del otro para poder subir al cielo y luego bajar a la tierra como resortes en un reloj...

Me miraba con ojos penetrantes, extraños, como si fueran la mirada de una vampiresa que quisiera seducirme con la promesa de la eternidad, de esa extraña obscuridad mística y solitaria, pero profunda y significante...

No respondí ante su mirada, desvié la mía hacia el cielo, como si quisiera alcanzar las nubes, como si quisiera en uno de los vaivenes del columpio, despegarme de la tierra y ser arrojado a una de las estrellas viajando por el espacio hasta alcanzarla, o por lo menos, tocar la luna y su ingravidez...

Sin embargo, su mirada volvió a ser penetrante, esta vez más insistente, más directa y brillante. Era extraño ver el halo que la rodeaba, que la circundaba como si irradiara luz propia e iluminara ese espacio obscuro. 

Rutilaba como estrella lejana, sobresaliendo en toda esa obscuridad que la circundaba, creando así un aura mística a su alrededor.

No pude resistir, y volví a verla de frente, sus ojos obscuros, milenarios y penetrantes me estremecieron, llegaron hasta mí como rayos y tocaron cada una de mis fibras hasta estremecerme el alma... No pude dejar de verla...

En ese sube y baja, sentada esperando que algo sucediera, que alguien se sentara en el otro lado y pudiera acompañarla en ese momento... 

Sus labios delineados, cabello obscuro, unas piernas hermosas ,dibujaban suavemente su figura y acentuaban más esa imagen de perpetuidad seductora. 

Y detrás de esos ojos profundos, brillantes e intensos, se encontraba la mirada de una niña que buscaba a otro ser que tuviera la capacidad de quitarse la máscara de realidad y jugar en la inmortalidad, a través de ese subir y bajar hacia las profundidades de la existencia.

A mi me gustaba más el columpio, me hacía pensar más que podía levitar, separarme de la tierra, alcanzar por un instante la levedad y volar. El sube y baja... se me hacía más estático, menos dinámico. 

Pero por un instante pensé que sería bueno ir a jugar y compartir la soledad...


Lo que no me gusta de ser papá...

Bueno, alguien tiene que decirlo...


1. Lo que no me gusta de ser papá es tener un par de hijas muy hermosas y que luego, algún día, llegue no se por qué lado ni por qué lugar un pelafustán de malamuerte y las enamore y se las lleve sin más ni más sin importar lo que yo opine...

2. El tener un hijo que tarde o temprano, se molestará conmigo, me criticará y se alejará de mi, se rebelará de mis órdenes y querrá hacer su vida sin mi ni mis opiniones. Y no importará cuanto lo ame o cuanto haya querido educarlo, a fin de cuentas, me reprochará mis errores y mis indecisiones...

3. El tener que ahorrar mucho para pagar la universidad, cuando mis hijos apenas van en el kinder...

4. El no disponer el suficiente tiempo ni el suficiente dinero para poder estar con mis hijos y poderles enseñar el mundo que me gustaría que vieran o conocieran... el mismo mundo que yo no conocí por la misma razón...

5. Lo que no me gusta de ser papá es el descubrirme con actitudes, críticas y comportamientos hacia mis hijos que yo mismo odiaba de mi papá...

6. El no poder ser "Divertido" para mis hijos, estoy demasiado tiempo en el trabajo y muy poco tiempo con ellos... 

7. El que se que algún día, ellos se irán y me dejarán otra vez solo con mi esposa como cuando empezamos, y ya solamente llegarán de visita...

8. El saber que el dinero nunca es suficiente, no importa cuanto gane, para poderles dar todo lo que me gustaría darles o enseñarles.

9. El que no me dejen ver mis programas favoritos en la tele por ver las caricaturas...

10. El que crezcan tan rápido,  y que parezca que cada vez que parpadeo, crezcan un centímetro más, y que yo, al mismo ritmo, envejezca...

11.El que me haya vuelto tan intolerante y tan paciente a la vez con ellos...

12. El que siempre quiera que ellos sean perfectos, impecables, únicos, y no acepte sus errores y sus limitaciones, presionándolos por que sean mejores que yo y no cometan mis errores...

13.No me gusta que me recuerden lo rígido, aburrido y serio que me he vuelto con el tiempo, a través de sus risas, su alegría y su expontaneidad...

14.Que sean tan honestos y me digan las cosas sin malicia, con preguntas incómodas. (papá ¿por que no tienes cabello como mi mamá?, ¿para que quieres un auto nuevo si ya tienes uno?, ¿por que estás tanto tiempo en la oficina?, ¿por que tienes pelos en el ombligo? etc).

15. Que me sienta culpable cada vez que quiera comprar algo para mi, por que siempre es más necesario comprarles algo a ellos, y acabe comprando lo que ellos necesitan y no lo que yo quiero.

Mi existencia posmodernista...


Sin haberme percatado de la realidad, he sido invadido por esa definición que algunos estudiosos llaman posmodernismo.  

Esa sensación de desesperanza ha comenzado a trepar por mis piernas y comienza a alojarse en mi alma. Desesperanza de un futuro que cada vez se antoja más y más lejano  o al menos irreal. Mi ansia por consumir y consumir se acrecienta con cada producto nuevo que veo publicado o por lo menos, el saber que existe para desearlo hasta el cansancio como una obsesión por la posesión de algo que no se si servirá o no pero que  que me hará más feliz.

Esa búsqueda incesante de mi felicidad, esa felicidad escurridiza que solo las grandes estrellas y los famosos poseen con sus vidas perfectas. Y yo, no veo mi felicidad, no poseo sus riquezas ni su vida de revista, mi cuerpo envejece y se resiente, yo no puedo ser joven por siempre como ellos...¿y mi felicidad entonces?¿podré algún día encontrarla a pesar de no tener riquezas?

Para mí dios ha muerto, lo ha matado la razón pura. He acudido a su funeral vestido de argumentos lógicos y científicos que me han blindado contra la tristeza de su pérdida. Ahora solo queda hundirme en los libros para ver si ahí, a través de la dialéctica, encuentro algún sentido a mi vida. 

La sociedad me ha enseñado a no mostrar lo que siento, tampoco enseñar mis instintos, vivo pues una vida que ha reprimido la emoción y el instinto. Tampoco soy libre, estoy atado a los convencionalismos sociales, a ese camino que se me ha marcado como el convencional y el esperado: una profesión, un matrimonio. unos hijos, un trabajo, una vida "estable" en donde todo tenga su lugar, un sueldo que nunca alcanza y una cabeza llena de sueños materiales,  así todo es normal, debe estar donde todo esté dentro de lo esperado o estipulado. 

Pero, ¿y mi libertad? ¿a caso este blog es solamente un bastión de los resquicios de un intento de libertad?¿ o por el contrario es un simple remanso donde comparto mi soledad con otros?

Me encuentro compartiendo mi soledad entre tanta multitud de identidades digitales, perdido en terabytes de información instantánea, efímera, carente de sentido pues requiere de alguien dentro de una multitud infinita, para ser interpretada.

Ya no se si soy real o soy la deconstrucción del sueño de otros más que han estado antes que yo y que buscaron en algún momento trascender y dejar huella para ser recorrida por otros que creen andar un camino nuevo cuando en realidad ha sido desandado por miles. 

¿Se podría escapar de esto que es el posmodernismo?, ¿podré vencer la angustia existencial después de que dios ha muerto y solo queda el consumo simbólico de esperanzas vacías y light a través de las marcas que como nuevos dioses me marcan el nuevo sentido de una existencia efímera y deshechable?

¿Ya no hay pues la vida eterna?,¿la reencarnación?, ¿el retorno de un dios justo?¿la utopía de la felicidad eterna?¿se han muerto pues las esperanzas de un mundo mejor a través de un ser superior y solo nos queda confiar en la razón para que esto suceda?

¿y si la razón no se apegara a la verdad?...¿dónde quedó la verdad?... ¿soy yo en verdad?...


La parálisis de la escritura...


Cuando se tiene que escribir es distinto a cuando se quiere escribir. Cuando se debe escribir, se convierte en una obligación forzada, un deber que se debe hacer. La contraposición entre el placer y la obligación, la convicción y el deber.

La gente con la que convivo cree que es de lo más sencillo escribir, solamente tomas una pluma y un papel y las cosas fluyen, o simple y sencillamente abres una nueva hoja de texto en la computadora y las ideas y los personajes fluyen.

Lo cierto es que no es así, la escritura para mí es cuestión de tiempos y de inspiración, de musas que llegan, personajes que te susurran sus historias, es esa necesidad imperante de platicar algo, de comentar algo. Es ese golpe nocturno de voluntad por tomar hoja y papel, es ese deseo por escribir, por arrastrar la pluma y contar una historia. 

Es un impulso que llega, que me obliga a contar algo, que forma parte de mi voluntad y que no puedo controlar, o reprimir. Es ese deseo que se apodera de mi mano y mi pluma, o de los dedos frente al teclado, es pues, la llegada de la inspiración para contar esas historias que pugnan por ser contadas.

Lo malo es cuando las musas se distraen, los susurros se callan, las historias se esconden y yo como escritor me quedo sin que contar. Me presiono, me angustio, me preocupo, me obligo a encontrar esa historia que quiere ser contada pero que no llega, como si esperara el flujo de creatividad de un río seco. 

Tantas y tantas historias que pueden ser contadas, claro. Pero no todas las historias las puedo contar yo, hay historias que son mías, hay historias que me pertenecen, que se posesionan de mi como si fuera una sesión espiritista, y hay otras que simple y sencillamente se que están ahí pero no son mías, no buscan discurrir por el mundo a través de este médium

Si quisiera obligar a una de esas historias para que surja, solo me salpicaría del ectoplasma fantasmagórico y no conseguiría nada bueno para ser contado. 

A veces me preguntan ¿a que hora escribes? a cualquier hora, cuando llega el golpe de inspiración, puede ser en la oficina, o en la casa por la noche, han habido ocasiones en que ya durmiendo, me despierto con una idea girando en la cabeza, y bajo a las 2 o 3 de la mañana a escribir o por lo menos a bosquejar esa idea que ronda en mi cabeza. A veces ya en la regadera llega otra idea, o de camino a la oficina,  a veces leyendo, otras más en la autopista o en el avión o impartiendo clases.

Llega a cualquier hora y se apodera de mi como una eterna obsesión, algo que debe ser escrito, contado y sobre todo leído...

Ahora hay silencio, no hay musas, hay una tensa calma en el mar de las historias. Probablemente se avecine un huracán, mientras tanto, hay que dejar descansar el creativo mundo de las letras unos días más...

Carta a una pequeña mariposa...


Querida mariposa:

El tiempo se arrastra lentamente pero va dejando esas huellas indelebles que se llaman recuerdos como si fueran los clavos en la cruz que todos debemos cargar o por lo menos aparentar que cargamos para no desentonar con la realidad.

Si bien los recuerdos son aquello que nos hace tener sentido, pueden ser tan fuertes que nos pueden mantener atados a una historia que ya ha pasado y ha dejado de existir pero nos empecinamos en revivir con la furia de Romeo al ver a Julieta muerta y aunque esperemos en el sepulcro durante 3 días para ser partícipes de la resurrección de esos recuerdos, no habrá resucitado ni milagro alguno.

Nos empecinamos en seguir cuidando el sepulcro de las historias, como si ésto nos diera el sentido de nuestra existencia, como si quisiéramos no movernos con la idea de no perdernos detalle de nuestro pasado y nuestra existencia, sin darnos cuenta que el tiempo sigue pasando con su inexorable lentitud y cadencia.

Los recuerdos son buenos, pero cuando son eso: recuerdos que deben permanecer en lo más recóndito de nuestra memoria y no una forma de sentido en nuestro ahora. Lo pasado ha quedado ahí, en el pasado, lejos del presente, y sin sentido en el futuro. Si bien el pasado nos conforma, el presente nos dirige hacia el sueño del futuro. 

Los espíritus viejos tienden a arrastrarse en la historia, por eso son viejos, por que conocen el devenir de las historias y el tiempo, pero esos espíritus deben ser como las mariposas, volar grácilmente sobre los recuerdos, posarse en alguno que otro de forma aleatoria sin detenerse demasiado tiempo en cada uno para no distraerse de su liviandad y su ligereza. 

Los espíritus viejos pues, deben volar lejos de los recuerdos, retozando entre ellos pero sin pertenecer a ninguno, sin aferrarse a ninguno. Solamente ser y disfrutar ese vuelo instantáneo y efímero como si fuera la primera vez que se descubre la realidad...

Y eso eres tu mi querida mariposa, un espíritu viejo que debe volar entre sus recuerdos de forma grácil y seguir adelante sin detenerse en ninguno...

Elo...

Quisiera volver al mar...



Hace tanto tiempo que tengo deseos de regresar al mar, 
Llegar a esas tierras en donde el aire se enrarece con aromas de sal, 
La piel comienza a ansiar la humedad y la brisa marina,
y los ojos se entrecierran debido a tanta luminosidad.

Quisiera volver a caminar por la arena y dejar mis huellas
que poco a poco el mar borrará con su vaivén monótono y solitario,
caminar descalzo, lentamente con dirección al sol y el mar a mi lado
mansamente jugueteando con su espuma y mi sombra.

Dormir nuevamente en ese bungalow escuchando los silencios
y por las noches sentir las sutiles brisas que acariciaban mi oído.
Rumorándome  sensaciones etéreas con los ojos vendados
y la piel hinchada de tantos deseos olvidados.

Quisiera volver al mar y poder ver el mundo como lo veía antes,
con ojos inocentes y llenos de ilusión por el mundo a construir,
sentir la fuerza del mar y la humedad en mi piel, la sal en mis labios,
el viento acariciando mi silueta y el sol en lo alto.

Regresar para dejar que el llanto se entremezcle con los recuerdos,
el reggae que se deje escuchar con sus sonidos tropicales y a la vez diáfanos.
Amanecer entre sábanas y cabellos revueltos, entre salivas y deseos.
con el ansia de volver a domar al mar y su furia una vez más.

Mi piel obscurecida y aceitada para amansar la furia del sol,
y mi alma buscando ser juzgada por crímenes de la pasión,
Entre heridas en la espalda y bailes en las aguas contenidas,
soñando que nunca más me iré del mar por que ahí está mi lugar.

Quiero volver al mar...

Martha, el inicio...


Había estado viajando todo el día, y por fín había llegado a un hotel en tránsito en la ciudad de México. Cansado y con un aspecto poco amistoso, se dirigió a la banda de recepción del equipaje ansiando que su maleta saliera rápido por aquél túnel que escupía las pertenencias de manera indiferente, de todos los viajantes.

 Gabriel tomó la maleta por fin, jalándola hacia fuera, extendió el sistema tubular para arrastrar la maleta en conjunto con las rueditas debajo de la maleta y se dirigió a migración. El viaje a San Francisco de 8 horas se había hecho muy pesado después de la junta de trabajo que había tenido.

 En migración las filas eran interminables, había una revisión de los agentes debido a un reporte de tráfico de drogas y estaban revisando maleta por maleta. Así que, no pudo más que tomar un largo y resignado respiro para acumular toda la paciencia restante que le quedaba, -que no era mucha- y se preparó a esperar su turno. 

 Al cabo de 15 minutos y de una lentitud casí primeriza de los agentes por fin avanzó la fila, Gabriel desesperado contaba cuantos pasajeros le faltaban para llegar a la revisión, después, volteó a todos lados para distraerse y luego, tras haber platicado con un amigo que gusaba de temas varios y que le había recomendado que tuviera un “jardín Zen” en donde sus pensamientos descansaran, trató de entrecerrar sus ojos y de trasladarse mentalmente al jardín Zen que había “comenzado” a construir. Solamente ahí se percató de lo cansado que estaba, así que entredormido y agotado, no pudo controlar el pensamiento que se escapó y se pronunció como un mantra al mundo real: La vida está en otra parte…

 Martha estaba en la fila, se encontraba deprimida, muy deprimida, parecía que arrastraba la vida junto con la maleta al lado de ella, su sombra apenas y quería continuar con ella puesto que deseaba conocer y recorrer todos los espacios posibles en su existencia dependiente y dicotómica a causa de la luz. Su bella figura apenas y se vislumbraba a través de la ropa olgada y mal combinada que traía. El cabello corto, las uñas sin pintar, y los ojos vidriosos y perdidos. Un gesto de desaprobación y desagrado cortaba toda intención del otro por acercarse a pesar de ser una persona muy atractiva. Pensaba para sí: “¿Qué necesidad tengo de estar pasando esto? Quisiera huir de aquí, lejos muy lejos donde nada me importe y nadie me encuentre… quiero huir y no ser nada, no ser nadie… “. Estaba repitiendo esta última frase, cuando escuchó que Gabriel pronunciaba su mantra y volteó a verlo para entender quién había pronunciado tal frase, se encontró de frente con Gabriel, un hombre joven, con los ojos entrecerrados y con evidentes muestras de agotamiento que apenas y le dirigió una mirada y una sonrisa entrecortada a manera de disculpa e inmediatamente el rompimiento del contacto visual para no dar pié a conversación ni comentario alguno.

 Por fin Gabriel salió del aeropuerto, se dirigió a los taxis y adquirió un boleto del Shuttle que lo llevaría por fin al hotel, revisó su reloj, eran las 11:30 pm, había perdido una hora y media en migración, y eso que no estaba en la fila de extranjeros. Esperó nuevamente en la fila, pero esta vez, mucho más ágil y corta, hasta que al fin llegó el shuttle, el chofer se bajó y ayudó a los pasajeros a subir las maletas, una por una, Gabriel se acomodó primero en el asiento delantero para evitar a algún pasajero al lado que quisiera comenzar una conversación. Se sentía tan cansado que no quería ni hablar.

 Por fin llegó al hotel, por ser la hora que era pensó que el hotel estaría semivacio, cuál sería su sopresa cuando arribó al front desk del hotel, estaba lleno y había cierto malestar de varias personas que reclamaban. Eran parte de un grupo de turistas que habían llegado y no contaban con reservación, discutían si era problema del hotel o de la agencia de viajes.

 Gabriel sacó del portafolios la hoja que le había impreso su asistente con los datos de la reservación del hotel, y se dirigió a la persona del front desk.

 –Buenas noches- Mencionó con voz firme esperando que no hubiera ningún problema con su reservación, por que estaba dispuesto a liberar toda la frustación acumulada en el viaje en ese momento.

  –Buenas noches, bienvenido, en este momento reviso su reservación-

 En esa espera, volteó y se dio cuenta que Martha estaba con otro hostess del hotel discutiendo, no le habían respetado la reservación, y ella exigía que le dieran solución. De pronto llegó la otra hostess en frente de Gabriel y le entregó un papel para que firmara y antes de que le entregara la llave le preguntó:

 -Sólo tenemos una habitación doble, ¿le molesta quedarse en ella?-

 Gabriel solo quería dormir, así que no tuvo objeción en aceptar, firmó rápidamente el registro y esperó que le dieran la llave, pero no pudo evitar voltear al escuchar los argumentos de Martha y su evidente desesperación, no sabía quién era ni de donde venía, lo evidente era que tenía un problema que él no.

 Así que, sin pensar, sin poder callar a veces esa voz interna rebelde que cobra vida de manera interna, se dirigió de frente a Martha y le dijo:

 -    Yo tengo una habitación doble, y no tengo más intención que dormir hasta mañana, si no te molesta, puedo compartir la habitación contigo…

 Al momento Gabriel se percató qué había hecho, no midió ni pensó en las consecuencias, pensó en ayudar, y pensó que Martha lo iba a tomar como un ofrecimiento sexual o insinuación, y él lo único que quería era descansar… y no meterse en problemas…

 Martha estaba desesperada, la agencia le había hecho la reservación pero aparentemente había habido un problema con los sistemas y no había sido registrada por la computadora del hotel, al igual que varios turistas. Necesitaba de esa habitación, privada, íntima por que estaba dispuesta a huir, a dejarlo todo, a irse a un lugar donde nadie la conociera y fuera nada, y quería que nadie la reconociera cuando la hallaran ahí, tirada. Y esto venía a reforzar lo que sentía: las cosas nunca le salían bien, y el mundo estaba en contra de ella…

 Así que la invitación de un huesped reciente del hotel, en un tono que no tenía nada de insinuación ni de proposición, le hizo desistir por un instante de los pensamientos que invadían su mente, en ese momento se dio cuenta de lo cansada que estaba y de que necesitaba al menos dormir, así que sin mas ni mas, abandonándose a su suerte, observó de frente a Gabriel y encontró nuevamente a ese hombre que había pronunciado ese mantra en migración y que ahora se le materializaba, se dio cuenta que no era un hombre amenazante ni parecía ser peligroso, mas bien parecía un hombre que quería solamente irse a dormir.

 Martha lo vió directamente a los ojos y le respondió:

-          agradezco su oferta, si no le molesta, la acepto, ¿Cuánto es el costo de la habitación para darle mi parte proporcional?

 Gabriel  no pudo creer que aceptara la propuesta, incrédulo solamente acertó a decir:

 -          no importa, la habitación está pagada, es la 406…

 Así que los dos perfectos extraños, arrastrando cada uno sus pertenencias como si arrastraran en ellas su pasado y sus vidas, y que ahora simulaban una extraña pareja que por aras del destino se había conformado, llegaron a la puerta de la habitación 406.

 Gabriel abrió la puerta y le franqueó la entrada a Martha en un gesto de caballerosidad, Martha entró y se quedó parada en el centro de la habiación sin saber que hacer, hacía mucho tiempo que no estaba con un hombre y mucho menos con un extraño que no tenía intención de nada mas que de dormir.

 Gabriel entró y puso la maleta en el maletero de la habitación, cerró la puerta y se dirigió a la cama pegada a la ventana, ahí comenzó a vaciar sus bolsillos como marcando el territorio e indicándole a Martha de manera implícita que él dormiría ahí. Después añadió:

 -          Si no te molesta, me gusta dormir cerca de la ventana, por favor, siéntete cómoda.

 Y al decir esto, se dirigió a su maleta, la abrió y extrajo de ahí su pijama y el estuche de objetos personales. Encendió la luz del baño y se cambió, se lavó los dientes y se dirigió nuevamente a la cama con evidente muestra de irse a dormir.

 Martha seguía sin saber que hacer y se había aventurado a encender la televisión, cambiando los canales cada medio segundo en un afan por adormecer la razón, hacer más llevadera la situación y reducir la tensión.

 Le bajó al volúmen para no importunar a Gabriel, y se quedó viendo un programa de los “videos más graciosos del mundo”, en su estado anímico le parecían absurdos, le parecían lacónicos esas pequeñas filmaciones de cosas chuscas para que los otros se rieran, le molestaba cuando alguna persona se caía y los demás se reían, sentía que cada que alguien se reía del otro, se estaba riendo de ella. Así que suspiró y volteó a ver a Gabriel. Él roncaba denotando el estado de profundidad de su sueño.

 Martha decidió dirigirse al baño, se llevó su bolsa de artículos personales y su pijama. Dentro del baño, cerró la puerta con seguro y abrió la llave del agua caliente. Quería relajarse.

 Cuando la tina estuvo llena, se desnudó y se introdujo lentamente en el agua, sentía ese escalofrío cuando el agua caliente recorría su cuerpo que agradeció ese pequeño placer después de tanto tiempo viajando.

 Minutos después, Martha extrajo de su bolsa una pequeña navaja. La observó lentamente, tan pequeña y delgada, tan delicada y tan mortal. Y luego, lentamente la pasó por sus muñecas sin llegarse a lastimar, solamente simulaba un corte longitudinal a través de las venas y arterias de las muñecas. Ese día estaba dispuesta a morir y ahora se encontraba compartiendo una habitación con un extraño. No podía cortarse las venas en ese momento, pensó. Gabriel había sudo muy amable y le causaría grandes problemas si al otro día ella amanecía muerta en el mismo cuarto que él. Así que cerró los ojos, y se sumergió.

 De pronto, dejó de respirar, entró en un estado de iluminación, de trance, los sonidos se escuchaban lejanos, pero extramadamente claros, comenzó a ver sin ver, a ver colores y formas extrañas, a sentir punzadas en el estómago y el ano. Sentía que los pulmones le iban a estallar pero algo la retenía dentro del agua. Quería gritar pero el agua se había colado por la nariz y la garganta y la ahogaba. El cuerpo fibrilaba y se estremecía. Se retorcía.

Súbitamente, de golpe, sintió que regresó a su cuerpo, sintió un golpe de vida. Abrió los ojos y la boca, y se incorporó rápidamente. Se había quedado dormida dentro de la tina, y respiró furiosamente, con rabia. El corazón palpitaba fuertemente, los pulmones trabajaban al máximo para llevar la mayor cantidad de aire y satisfacer el ritmo del corazón. El cerebro parecía que había tenido un “restart” como las computadoras. Y ahora Martha sentía que había despertado de un largo sueño.

 Sentía de nuevo la vida en su cuerpo, con furia renovada con pasíon rabiante. Sintió que había renacido, que su espiritu nuevamente había regresado a su cuerpo.

 Salió de la tina. Se secó el cuerpo, sintió como su cuerpo volvía a despertar con la fricción de la toalla. Y así, desnuda, salió del baño y se dirigió a la cama donde dormía Gabriel y se introdujo seductoramente entre las cobijas hasta que él despertó.

 Después de hacer el amor, Martha se quedó recostada viendo hacia el techo, y Gabriel encendió un cigarrillo. Martha comenzó a platicar con Gabriel, las palabras se le agaloparon en la garganta y no pudo contenerse hasta contar la historia de su vida, la represión que había sentido toda su vida de parte de su madre al condicionarla a buscar un hombre que la hiciera feliz, pero que nunca había encontrado ni ella ni su madre. La presión social que sentía por que debía ser una profesionista eficiente pero olvidando su vida familiar que la había llevado al fracaso en un matrimonio basado en el interés mas que en el amor. Y sobre todo, el sentirse traicionada consigo misma y sus sueños.

 Gabriel escuchó pacientemente, sin responder ni apoyar nada a lo que escuchaba. Y cuando Martha terminó, Gabriel solamente respondió: “La vida está en otra parte, pero ya estás ahí, si ya encontraste la vida, ahora no te pierdas a ti misma,”.

 A partir de este momento, Martha Martínez decidió vivir su vida intensamente, sin miedos ni ataduras, había bajado hasta el mismo infierno y había resucitado. Y Gabriel había sido el que había cerrado la puerta con sus palabras para que ella comenzara a vivir.

 Esta historia me la contó Martha, es su historia, me la contó después de todas las historias que me platicó de los hombres que iba conociendo y que iba a ayudando a cerrar puertas de distintos infiernos. A veces las cerraba, otras no podía por que eran demasiado grandes, viejas o no existía la voluntad para hacerlo.

 Yo la conocí muchos años después de esta historia, ella tenía ese brillo especial en los ojos, y una mirada profunda y satisfecha. Era feliz e iba por el mundo salvando almas, todas estas historias ella me las contó, yo solamente las transcribí y estas son algunas de las historias que me ha contado de los hombres que ha conocido a lo largo de su vida…