El columpio...


O, un cuento surrealista...




Ayer estuve en el parque como muchas tardes. Sentado en ese columpio que se me antojaba esperanzador con su vaivén monótono y recurrente, con ese impulso necesario para que, como péndulo perpetuo mi cuerpo se meciera en el espacio y el tiempo para alcanzar un trozo de conciencia. Aferrado a las cadenas que soportan mi peso, y con su metálico sonido me indican como un metrónomo el ritmo de mi cadencia móvil.

Ese movimiento espacial, deslizarse en el aire, separar los pies de la tierra y por un instante sentir que se vuela,  que existe un punto de ingravidez total, infinito, suspendido como si el universo y el tiempo se detuvieran en ese instante y solamente existiera una conciencia atenta a ese fenómeno. 

Estaba tan ensimismado por el columpio que no reparé en ella que me miraba extrañamente. esbozando una leve sonrisa, entre mueca de burla y de simpatía. Estaba sentada en un "sube y baja" esperando a alguien. A ese alguien que se presentara y la acompañara en su juego. Necesitaba del otro para poder subir al cielo y luego bajar a la tierra como resortes en un reloj...

Me miraba con ojos penetrantes, extraños, como si fueran la mirada de una vampiresa que quisiera seducirme con la promesa de la eternidad, de esa extraña obscuridad mística y solitaria, pero profunda y significante...

No respondí ante su mirada, desvié la mía hacia el cielo, como si quisiera alcanzar las nubes, como si quisiera en uno de los vaivenes del columpio, despegarme de la tierra y ser arrojado a una de las estrellas viajando por el espacio hasta alcanzarla, o por lo menos, tocar la luna y su ingravidez...

Sin embargo, su mirada volvió a ser penetrante, esta vez más insistente, más directa y brillante. Era extraño ver el halo que la rodeaba, que la circundaba como si irradiara luz propia e iluminara ese espacio obscuro. 

Rutilaba como estrella lejana, sobresaliendo en toda esa obscuridad que la circundaba, creando así un aura mística a su alrededor.

No pude resistir, y volví a verla de frente, sus ojos obscuros, milenarios y penetrantes me estremecieron, llegaron hasta mí como rayos y tocaron cada una de mis fibras hasta estremecerme el alma... No pude dejar de verla...

En ese sube y baja, sentada esperando que algo sucediera, que alguien se sentara en el otro lado y pudiera acompañarla en ese momento... 

Sus labios delineados, cabello obscuro, unas piernas hermosas ,dibujaban suavemente su figura y acentuaban más esa imagen de perpetuidad seductora. 

Y detrás de esos ojos profundos, brillantes e intensos, se encontraba la mirada de una niña que buscaba a otro ser que tuviera la capacidad de quitarse la máscara de realidad y jugar en la inmortalidad, a través de ese subir y bajar hacia las profundidades de la existencia.

A mi me gustaba más el columpio, me hacía pensar más que podía levitar, separarme de la tierra, alcanzar por un instante la levedad y volar. El sube y baja... se me hacía más estático, menos dinámico. 

Pero por un instante pensé que sería bueno ir a jugar y compartir la soledad...


1 comentario:

azulblue dijo...

Sabía que tu silencio no duraría mucho. Prometo escribir tan pronto como pueda...yo también ando medio en pausa. Está muy lindo. No pensé que fuera una niña. Abrazos, Ale.