La parálisis de la escritura...


Cuando se tiene que escribir es distinto a cuando se quiere escribir. Cuando se debe escribir, se convierte en una obligación forzada, un deber que se debe hacer. La contraposición entre el placer y la obligación, la convicción y el deber.

La gente con la que convivo cree que es de lo más sencillo escribir, solamente tomas una pluma y un papel y las cosas fluyen, o simple y sencillamente abres una nueva hoja de texto en la computadora y las ideas y los personajes fluyen.

Lo cierto es que no es así, la escritura para mí es cuestión de tiempos y de inspiración, de musas que llegan, personajes que te susurran sus historias, es esa necesidad imperante de platicar algo, de comentar algo. Es ese golpe nocturno de voluntad por tomar hoja y papel, es ese deseo por escribir, por arrastrar la pluma y contar una historia. 

Es un impulso que llega, que me obliga a contar algo, que forma parte de mi voluntad y que no puedo controlar, o reprimir. Es ese deseo que se apodera de mi mano y mi pluma, o de los dedos frente al teclado, es pues, la llegada de la inspiración para contar esas historias que pugnan por ser contadas.

Lo malo es cuando las musas se distraen, los susurros se callan, las historias se esconden y yo como escritor me quedo sin que contar. Me presiono, me angustio, me preocupo, me obligo a encontrar esa historia que quiere ser contada pero que no llega, como si esperara el flujo de creatividad de un río seco. 

Tantas y tantas historias que pueden ser contadas, claro. Pero no todas las historias las puedo contar yo, hay historias que son mías, hay historias que me pertenecen, que se posesionan de mi como si fuera una sesión espiritista, y hay otras que simple y sencillamente se que están ahí pero no son mías, no buscan discurrir por el mundo a través de este médium

Si quisiera obligar a una de esas historias para que surja, solo me salpicaría del ectoplasma fantasmagórico y no conseguiría nada bueno para ser contado. 

A veces me preguntan ¿a que hora escribes? a cualquier hora, cuando llega el golpe de inspiración, puede ser en la oficina, o en la casa por la noche, han habido ocasiones en que ya durmiendo, me despierto con una idea girando en la cabeza, y bajo a las 2 o 3 de la mañana a escribir o por lo menos a bosquejar esa idea que ronda en mi cabeza. A veces ya en la regadera llega otra idea, o de camino a la oficina,  a veces leyendo, otras más en la autopista o en el avión o impartiendo clases.

Llega a cualquier hora y se apodera de mi como una eterna obsesión, algo que debe ser escrito, contado y sobre todo leído...

Ahora hay silencio, no hay musas, hay una tensa calma en el mar de las historias. Probablemente se avecine un huracán, mientras tanto, hay que dejar descansar el creativo mundo de las letras unos días más...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Igualmente....a cualquier hora sucede, y la gente te mira como raro, no lo entienden, que te pares de la cama a media noche y enciendas la computadora, o simplemente tomes papel y pluma y te dejes llevar...es algo bizarro y que solo algunos locos logramos comprender. Hay Enrique...tantas historias...hipotéticas y mágicas historias que contar...