Mi sexo y yo, crónica de una muerte prematura... (1a parte)


Mi sexo murió antes de haber nacido. Ha sido trágico pero así ha sido. Todo comenzó el día en que, con 3 años de edad, con el complejo de Edipo a plenitud, mi padre llegando a la casa tomó de la cintura a mi madre y me ordenó: “voltéate por que tu madre quiere que le de un beso...”. Obedientemente volteé, sin embargo, no pude evitar ver de reojo lo que se me había prohibido ver. La imagen que vi fue dantesca: mi padre abrazaba a mi madre y le daba un beso en la boca. 

Yo lloré desahuciado. Nunca había visto esa manifestación de pareja en mis padres y ahora,  mi padre me ordenaba que volteara para que a mis espaldas me usurpara a mi madre. Ahí comprendí que existía algo prohibido, algo oculto y sucio al cual le debería dar la espalda por que si lo veía de frente saldría lastimado.

 A los 6 años tuve mi segundo desengaño, cuando hice mi primera comunión. No entendía por que tenía que venerar a un dios con complejo de Edipo, que, negando su propia humanidad, se yergue casto, célibe y producto de una madre virgen, que, un hombre engañado, sea por entidad humana o divina, acepta sin miramientos, a su mujer preñada por otro. 

¿Por qué este dios niega su propia humanidad negándose a si mismo como ser que busca la completitud? ¿por qué la madre es virgen y aún así engendra por obra del espíritu santo sin relaciones sexuales? ¿por qué se niega el principio mismo de la existencia que es la misma sexualidad en donde el hombre y la mujer se unen como uno solo para estar en comunión?, ¿por qué dios es hombre y niega su propia naturaleza femenina y solo la compensa o equilibra con la imagen de la madre inmaculada, inmancillable y pura?.

 Así pues, si entender ni poder preguntar, acepté entrar en la religión asexuada y represora. Si llegaba a cuestionar a mis padres, recibía la mejor respuesta posible: “no lo cuestiones, es acto de fe”. Sin embargo, no podía dejar de cuestionar las cosas, no podía quedarme mudo ante tantas interrogantes de la autonegación.

 A los 8 años, ya, con la curiosidad latente de que algo prohibido existía, comencé a percatarme de algo llamado sexo, una palabra prohibida, pero misteriosa, sugerente, enigmática e impronunciable abiertamente. Esa palabra ponía nerviosos a los adultos, la pronunciaban rápidamente y en forma discreta, en voz baja. 

En la TV también pasaba lo mismo, nadie la pronunciaba mas que con tono científico y sin matiz. Esto me llamó la atención y quise saber mas del tema. Con rapidez y evasividad me dijeron que el tema era para cuando fuera mayor, sin embargo, una vez viendo una película en donde los personajes se comenzaban a quitar la ropa, empezaron las incomodidades, las carrasperas, y al final, la orden dada:  “salte por que esto no es para ti”, y debido a esto, durante mucho tiempo así lo creí...

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