Pueblo pinche...


En algún lugar de la república mexicana existe Pueblo Pinche. Nadie sabe como se llamaba antes, pero todos los turistas que por casualidad o fortuitamente pasaron por ahí fueron olvidando el nombre original y comenzaron a llamarlo así.



Pueblo Pinche es un lugar olvidado, extraño de por sí. Aburrido, sin historia ni tiempo, sin pasado glorioso ni importancia geográfica. Simple y sencillamente un grupo de personas al lado de un río se asentaron ahí y desde entonces dicho pueblo aparentemente floreció.



Pero ahora, sus calles desiertas de significados y de historia solamente alberga basura y la soledad de sus habitantes, esa soledad vacía, triste y decadente que únicamente es rota por el sonido de las bocinas que estridente y lastimosamente entonan las canciones de raeggeton y de cumbias para poder inyectar algo de alegría a este lastimoso pueblo.



Lo que supuestamente es el centro del pueblo, solamente es destacable la horda de boleros que esperan con ese vacío en los ojos que alguien pase por ahí y le puedan bolear los zapatos.
Sin dirección ni planeación, arrumbados en una esquina lucen dos cañones menores como supuestos valuartes de la historia de alguna batalla sin sentido ni honor, sin contenido ni orgullo del cual vangloriarse.



El comercio florece aparentemente, disfrazado de tiendas de ropa, farmacias, cantinas y por supuesto, puestos callejeros de comida. Algunas tiendas de "novedades" y productos de baja o mala calidad. Pero eso parece no importarle a nadie, ya están acostumbrados a eso.



Los habitantes resignados y abatidos, tratan de rescatar la podedumbre de su pueblo, animándolo con camionetas ilegales, sonidos estridentes, luces estroboscópicas y por supuesto, el tum tum del raeggetón y de la cumbia como vestigio de un sentido sin sentido.



Algunos personajes ilustres, el médico que salvó la vida de la esposa de un presidente municipal al dar a luz al primogénito. El indio que enfrentó al español cuando éste quiso quitarle su cosecha, por allá un ingeniero civil que construyó la primer escuela. Pero a fin de cuentas, nada relevante, solamente la búsqueda enfermiza de hitos históricos para darle algo de honor.



La feria ocupa dos calles del centro, como ocluyendo el paso y el ritmo de la ciudad, como remarcando su importancia y su carácter desestabilizador de la espantosa rutina. De esa rutina que hace perder el sentido de la vida y de la existencia, esa rutina que apacigua las inquietudes, adormece las motivaciones y apaga los sueños.



La iglesia, como una triste manifestación del catolicismo bizarro contrasta con la tienda de libros y cánticos cristianos, como si ni uno ni el otro pudieran salvar las almas del pueblo de esa maldición del que fueron víctimas, la maldición del olvido...



La gente se asombra un poco cuando llegan turistas, los pocos que pueden llegar por ahí, pero luego se acostumbran a ellos y no quieren saber más. Parece que no les interesa nada de fuera, nunca han salido de ahí ni les importa conocer el mundo más allá de la delimitación del mismo pueblo. Lo único que conocen del exterior es la novela del momento, el cantante de raeggetón y su último chisme, o por lo menos, el resultado del último partido de futbol, esto es lo que denota su cultura.



¿Por qué se habrá olvidado el destino de un lugar así?, ¿la gente misma lo habrá provocado?¿es acaso castigo divino? o simple y sencillamente la apatía de la gente que se ha acostumbrado a un vacío imperdonable...
Este es pues, Pueblo Pinche... Pinche de por si, por que pueblo siempre ha sido...

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