Una quimera...

Aquella noche, al llegar al departamento, aún tenía el sabor agrio en la boca por la discusión. No podía entender por que ella platicaba tan amenamente con ese amigo. Estaba celoso. Acababa de armar un escándalo. La amaba, pero no soportaba que platicara con otro hombre que no fuera él.

Se dirigió aún molesto hacia el refrigerador, lo abrió bruscamente. La luz interior iluminó tenuemente la cocina que se encontraba en penumbra. Dio un rápido vistazo, nada lo convenció. No tenía mucha hambre, así que decidió irse a dormir. Pronto cambió de opinión, necesitaba tiempo para pensar, asimilar lo que había pasado. Quería descubrir por qué ella se comportaba así. ¿Acaso no le quería?. Por qué o de qué tenía que platicar con otro hombre que no fuera él. ¿Por qué le decía que no tenía nada de malo?.

Le dolió mucho que le llamara machista, que le gritara que estaba harta de sus celos de niño y luego ver su llanto. Pedirle libertad aunque lo amara, quería ser ella misma, tener amigos como todos. Que si iba a seguir con sus absurdos celos era mejor terminar aunque le quisiera mucho.

Quiso pedirle perdón, decirle que no se pusiera así, que no era para tanto, quería cambiar, pero su orgullo era mas fuerte y no podía entender por que ella le llamaba posesivo.

Comenzó a darse cuenta de que ella tenía razón, que se comportaba como un niño celoso, un macho posesivo. Así que decidió ir al otro día a pedirle perdón por todo lo inmaduro que se había comportado con ella. Se comprometió a dominar sus impulsos, ver las cosas con criterio, aceptar sus errores. Se percató de que no había querido aceptar que estaba enamorado y que no podía vivir sin ella, y que ella no hacía mas que quererlo también.


El cansancio comenzó a hacer estragos, el sueño comenzó a vencerle, así que decidió irse a dormir. Levantose del sillón en donde estaba pensando y se dirigió al cuarto con paso pesado y bostezando en el camino. Pero antes de llegar a su cuarto, tocaron a la puerta.

Se detuvo por un momento extrañado, ¿quién pudiera ser en ese momento?, por un momento pensó en no abrir, pero creyó que podría ser algo importante, así que se aproximó a la puerta sigilosamente y observó a través de la mirilla...

Era ella la que tocaba, por un instante no supo que hacer, pero abrió la puerta lentamente. Ahí estaba, con los ojos hinchados de tanto llorar, se quedaron viendo por un largo rato, luego le dijo que pasara. Ella entró y enseguida cerró la puerta.

Se quedaron viendo profundamente, ninguno de los dos parpadeaba. Él quería expresarle con la mirada todo lo que sentía por ella, todo lo que no podía decir con palabras. Una mirada ardiente cargada de amor y pasión mezclada con arrepentimiento. Contrastando con la mirada de ella que expresaba tristeza y amor, dulce, ansiosa de comprensión, cariño y protección.

Poco a poco la distancia entre los cuerpos fue acortándose, atrayéndose mutuamente con un movimiento casi imperceptible, las miradas continuaban fijas e inmutables.

Por primera vez él se estaba dejando llevar, mostrando la necesidad que tenía de ella, atraído por ella, algo que su orgullo no le había permitido aceptar ni mostrar. Hacía a un lado su orgullo, se mostraba tal y como era. Ella se dejaba llevar por el amor que sentía, dejaba que su corazón la guiara.

Ahora se encontraban a unos cuantos centímetros uno del otro, la boca de él temblaba de pasión y la de ella ardía de deseo. Algo que nunca había sentido ante los besos fríos y rápidos que antes se habían dado. Poco a poco los labios se aproximaron milímetro a milímetro, la pasión y el amor flotaban en el ambiente, emanaban de ambos.

Lentamente los labios llegaron a unirse en un beso tierno y dulce. Ambos cerraron los ojos. Él lentamente subió los brazos hasta abrazarla y ella subió los suyos hasta posarlos en el cuello de él.

El beso se prolongó un poco, al separarse lentamente, siguieron abrazados. Ella se retiró, lo vio fijamente, la mirada se transformó y casi inconscientemente movió el brazo para atrás y que luego movió hacia adelante tomando a cada instante más velocidad, hasta que la palma abierta de la mano se estrelló fuerte y estrepitosamente en el rostro de él, volteándole la cara.

Por un momento no comprendió lo que sucedió. Lentamente volteó la cara para verla de frente. Se percató que aquella cara dulce y tierna estaba transfigurada en un gesto de disgusto y decepción. La miró fijamente, por un instante no supo que pensar, muchos sentimientos se entrecruzaron en su mente, por un lado su orgullo pero por el otro su amor por ella.

Su gesto de desconcierto dio paso a un gesto de furia, se vieron retadoramente y él quiso levantar la mano para regresarle el golpe, pero esta vez no estaba dispuesto a perderla así que bajó la mirada, evadiendo así la mirada de reproche de ella, lo único que pudo articular fue - lo siento-, después de unos instantes, ella se arrojó a sus brazos llorando de alegría, se dio cuenta de que estaba arrepentido, que quería cambiar. Le dio un beso, luego sonrió de alegría y una lagrima de emoción recorrió su mejilla.

Los besos continuaron, en el ambiente se percibía la pasión. Las caricias poco a poco se tornaron más atrevidas. Así que él la cargó y la llevó hasta la recamara dejándola sobre la cama. Los besos continuaron.

De pronto ella se levantó lentamente, se aproximó a la ventana, la abrió y lentamente se volteó, la veía desde la cama extrañado, la luz de la luna iluminaba la silueta de ella.

Lentamente, ella, comenzó a desabrocharse la blusa, primero, el botón de arriba y luego fue desabrochando los demás lenta y sensualmente. Se la quitó. Pasó a desabrocharse el pantalón que tímidamente se quitó. Él no dejaba de verla, su cuerpo vibraba. La luz que la iluminaba dejó entrever una ropa interior sencilla y sensual, el encaje era la muestra de su feminidad.

Él se levantó y se acercó lentamente a donde estaba ella, se quedaron viendo fijamente, la distancia que los separaba era mínima, después de unos instantes, él levantó lentamente la mano para tocarla, sin perder de vista sus ojos y cuando quiso tocarla, la mirada se tornó de desesperación. Poco a poco ella comenzó a esfumarse, desesperadamente luchaba por retenerla, en la mirada de ella se reflejaba la tristeza, una lagrima corría por su mejilla y antes de desaparecer le dijo que lo amaba.

Él cayó de rodillas llorando amargamente y desconsolado, no entendía por qué se había esfumado.

Súbitamente despertó, se dio cuenta que había sido un sueño y respiró aliviado, pero poco a poco comenzó a percatarse de donde estaba y su tranquilidad dejó paso a la angustia que le oprimió el pecho.

Después de haber pasado la noche en vela, el sueño le había vencido, su traje negro estaba todo arrugado, observó una vez más el ataúd lleno de flores, volteó a ver a todas las personas reunidas ahí, y vino a su memoria que esa noche ella había perdido la vida en un accidente. Nunca había llegado a su departamento.

No pudo decirle todo lo que sentía, ahora nunca lo podría hacer. Y siempre perduraría en su mente la pregunta: ¿ y si se lo hubiera dicho?...

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