En el super...


Cierta vez que necesitaba ir al super a hacer la despensa realicé una lista de lo que necesitaba, así que una vez que estuvo hecha me dirigí a hacer las compras.



Tomé un carrito de la entrada, y comencé lentamente a recorrer los pasillos entre latas, cajas, marcas y diferentes productos, iba tomando lo que necesitaba, acto seguido los colocaba en el carrito, sacaba una pluma y lo borraba de la lista.



No siendo tan diestro en estos menesteres, a veces debía regresar a un pasillo para volver a tomar un producto que había olvidado u obviado por estar al final de la lista...



Al final del pasillo de lácteos, -estando distraido con la calculadora para sumar y calcular cuanto llevaba en el carrito- casi choco con ella. Al alzar la vista la vi de frente y me quedé pasmado. Era la chica que siempre me había gustado en la universidad y que nunca me había atrevido a hablarle. Me quedó viendo, yo me quedé estupefacto y no pude articular palabra, en ese preciso instante, ella hizo una sutil pausa esperando mis palabras, pero entre todo el nervio y la sorpresa solo alcancé a decir: "disculpa"...



Ella no dijo nada, apenas y sonrió y siguió su camino... Aparentemente había sido un encuentro casual, y yo me quedé parado ahí tratando de decir algo al mismo tiempo que veía como ella se alejaba de ahí empujando su carrito...



Me sentí como un imbécil, ¿por qué no le había dicho nada? ¿a caso había sido presa una vez más de la inseguridad masculina?...



Así que me heché a la espalda toda la retahíla de reproches y culpas y continué con mis compras lleno de remordimiento, era la ocasión especial, el momento ideal para hablar con ella, por lo menos en ese momento me había visto, algo que en la universidad no había pasado. ¿habrá sido real la sonrisa discreta que vi?, ¿me habrá sonreído por que quería que le hablara o solamente por cortesía?... Todas estas dudas inundaban mi mente...



Decidí armarme de valor, buscarla entre los anaqueles, encontrarla de manera fortuita pero que aparentara ser casual. Me apresuré en los anaqueles, fui tomando los productos de la lista y colocándolos en el carrito, acto seguido borrándolos de la lista casi como un autómata... quería toparme con ella y hablarle...



Ya casi había terminado de hacer las compras y ella no había aparecido, me faltaba un producto de la lista y que no había encontrado, ya llevaba dos vueltas revisando todos los pasillos y no lo encontraba...



De pronto ¡Ahí estaba!, me apresuré para darle la vuelta al pasillo y correr por el pasillo paralelo para encontrármela de frente de forma incidental al dar la vuelta. Aparentemente ya se iba su carrito estaba lleno y ya se dirigía a la caja.



Corrí lo más que pude, me armé de valor, inhalé aire, di la vuelta en U en el pasillo para topármela de frente... y de pronto ahí estaba... haciendo su última selección de producto, observé el anaquel, revisé de arriba hacia abajo los estantes como si estuviera buscando algo... y de pronto nuevamente los carritos chocaron...



Esta vez, ella volvió a verme, y con una sutil sonrisa me invitó a que le hablara...



Yo quise aparentar seguridad, esa seguridad masculina que denota hasta cierto punto indiferencia y te hace ver más interesante, con un aire de sofisticación dirigí los ojos hacia la lista para hacer referencia al producto que me hacía falta y le pregunté con esa soltura y dignidad propia de un caballero:



"¿Por casualidad sabes donde están los huevos?..."

1 comentario:

azulblue dijo...

Está buenísimo jajajajaja, me hiciste reír demasiado, buen viaje y buen fin diviértete y tómate una mi salud. Ale.