Manola

Manola llegó sola. La fiesta ya había comenzado. Con su vestido rojo de cuadros vestida para la ocasión. Junto a ella se replegaba la soledad como escondiéndose de los presentes.

Todos la voltearon a ver, trataron de adivinar lo que ella diría al llegar. Pero no dijo nada. Se mantuvo en silencio y se sentó en un sillón sin importarle las miradas furtivas de los demás.

Sus ojos tristes y solitarios apenas podían esconder el vacío que la rodeaba. Su cabello lacio y rubio le caía grácilmente por ambos lados enmarcando su rostro que albergaba una historia milenaria, silenciosa y llena de abandono.

Los demás trataron de acercarse a ella, tal vez por lástima quizás por la genuina intención de poder integrarla al grupo para que no se sintiera sola, o por lo menos que sintiera algo de cariño. Silenciosa se integró. Su rostro como máscara no emitió ningún gesto, parecía programada para no mostrar ninguna emoción, ninguna reacción ante las sonrisas y los gestos de los demás.

Su imagen se asemejaba a un cuadro de autismo, absorta, inmersa en ese mundo íntimo al que nadie puede acceder pues se ha cerrado tanto en si misma que ya nadie puede penetrar ahí. Tal vez se convirtió en esa ostra que se ha cerrado para siempre para proteger su más preciado tesoro, su propia identidad y sus emociones, y que a fuerza de maltrato, indiferencia y silencios, han terminado con los resquicios humanos que le quedaban.

Manola arrastra su soledad, como si se tratara de su sombra. A veces integrada en el grupo más por condescendencia que por interés, prefiere alejarse de los demás. Deambular por ahí, observar desde lejos, ajena a su alegría y su diversión. Está ahí levitando, abstraida de la realidad que la contiene, absorta en un mundo feliz al que quisiera huir, en el que quisiera estar, lejos, muy lejos de esa realidad.

En ese mundo ella sería el centro de todo, y ella lo constituiría para poder controlarlo, dirigirlo y al final como una crisálida que ha soportado el paso del tiempo y la metamorfosis, salir de ese capullo libre y segura...


Manola tiene 4 años y una madre estulta e indiferente.

Si la lluvia...

Amo la lluvia y su lentitud para aparecer.
Comienza con un viento suave, frio y sutil,
Poco a poco las nubes se comienzan a aglutinar
se repliegan,
se apretujan,
se obscurecen cargándose de energía
el aroma que se despide poco a poco despierta los sentidos,
se siente en la piel,
se siente en el alma.

Lentamente comienzan a caer las gotas de lluvia,
que llegan primero como una avanzada pronosticando la pasión,
luego,
con más ímpetu,
como ondeadas de deseo y candor ansiando llegar a la tierra,
El aroma a humedad inhunda el aire,
el ambiente es aperlado,
liviano,
diáfano,
sutil pero avasallador.

De pronto,
surge la pasión,
la furia de la lluvia,
de su ansia por tejer esos hilos de agua entre el cielo y la tierra,
de llevar esa vida y estremecer la tierra con cada gota,
con cada sonido,
Ese sonido constante, monótono y eufónico al caer en la tierra y que conforma
una sinfonía de sonidos entremezclados que fluyen sin cesar.

Y después de la tormenta,
la calma.
Me gusta cuando la lluvia se detiene
Cuando todo ha pasado y reina ese estado de ingravidez,
de soledad,
melancólica lucidez,
mística paz.
Cuando deja de llover, parece
ser que el tiempo se detiene,
el espacio se dilata,
y llega por fin,
el sueño que ha vencido al cielo y a la tierra.

Me gusta cuando llega la lluvia por que asemeja a hacer el amor...

El grafitti, o la hipotética entrevista a Martín Penagos alias "burla"



Las paredes urbanas, pintadas con aerosol, rayadas con letras abstraidas y abultadas con palabras ininteligibles, con señales y símbolos llamadas taggas...


¿Por qué Martín?, ¿por qué pintas paredes?...


- Las pinto para expresarme y hablar de mi...


¿pintas paredes para hablar de ti? ¿no puedes platicar mejor?


- No lo entiendes porque no eres de la banda, debes vivir la banda para entender el graffitti. El graffitti es una forma de expresión urbana, vivimos como tribus urbanas, como grupos relegados y necesitamos espacios públicos para expresarnos.


Bueno, ¿y no sería más fácil en un lienzo?, ¿en un poster o una cartulina?.


- Ya ves como no entiendes a la banda... Nosotros somos una tribu urbana, nadie nos conoce, a nadie le interesa conocernos, vivimos en las orillas de las ciudades, en lugares perdidos o en colonias acomodadas, nuestros espacios comprimidos nos obligan a salir y vivir en las calles, buscar formas de hacer notar nuestra presencia. Nos adueñamos de la calle que es nuestro espacio, nuestro sitio, es lo que conocemos y es donde demostramos nuestra libertad. Podemos ser cualquiera, no importa el nivel social, no importa nuestra condición. El grafitti es expresión cultural propia de cada sociedad.


Pero, ¿demuestran su libertad pintando las propiedades de otros?.


Para nosotros las paredes que dan hacia la calle son espacios públicos, no tienen dueño, como las banquetas y las calles, es como decir que vas a un bosque y no puedes tocar las cortezas de los árboles por que son de alguien. Nosotros tenemos una visión distinta de la calle pues la calle es un espacio público que cualquiera puede habitar, transitar y hacer suyo. Puedes sentarte libremente en una banca del parque, no es de nadie, cualquiera puede sentarse ahí. Lo mismo son las paredes, son nuestros lienzos...


¿Por qué no hablan con el municipio para que les brinde los espacios necesarios para poder hacer su arte?


- ¿el municipio? ¿al gobierno? a ellos no les importamos, no representamos nada, desafortunadamente estamos en un sistema democrático en donde se hace lo que la mayoría quiere no lo que realmente se necesita, los grafiteros somos minoría relegada, existen minorías influyentes como los empresarios, pero nosotros no, el gobierno no nos acepta, nos persigue, nos amenaza, nos intimida... y solamente por no entender nuestra protesta.


¿Entonces es una forma de protesta social?


Así es nuestra forma de manifestar nuestra inconformidad, nuestra protesta social, al igual que nuestra identidad como cualquier otro grupo, sea Punk, metalero, emo, dark... al igual que las minorías. La gente nos rechaza, estamos unidos por la identidad de barrio y la forma de vestir, ¿por que nos juzgan? somos igual que todos, simplemente retamos y cuestionamos a la sociedad, nos confrontamos, ¿es eso tan malo?


¿Y crees entonces que la gente debería aceptarte y aceptar que pintes las paredes?


- No espero que me acepten ni que lo entiendan, simple y sencillamente hay chavos que pasean en autos lujosos y ropa cara para darse a conocer, yo no puedo, por eso me manifiesto de una manera distinta... Una vez estaba pintando un grafitti en una pared, pasó un auto y me gritaron; "por qué mejor no te pintas las nalgas"... no me las pinto por que esa no sería una forma de expresión ni de protesta, pinto por que reto y me arriesgo, pinto por que me siento libre...



Pero ¿y la libertad de los demás y el respeto a la propiedad privada?


- La sociedad no se ha dado cuenta que la comunidad es dinámica y cambiante, la gente quiere que todo sea bonito e ideal, una postura materialista, no acepta que hay diferentes maneras de pensar y expresarse, creen que la pintura es solo para los museos y los lienzos y no puede surgir de los lugares más casuales y sencillos: los espacios urbanos. Ya quisiera cualquier pintor tener una obra en espacios urbanos en donde cualquiera pudiera verlos y no estar recluidos en un museo. Pero el gobierno se deslinda de su responsabilidad social, de su papel de procurador de bienestar de la población y solo atiende a las personas con las que tiene compromisos políticos adquiridos, Si el gobierno fuera tolerante, aceptara las diferencias sociales y buscara en consecuencia procurar esos espacios para manifestarnos, las cosas serían diferentes... si... serían diferentes...




In memoriam:


Martín Penagos, La "burla" falleció en mayo 2009 en manos de un guardia de seguridad que le disparó dos veces cuando éste realizaba un grafitti en el Hotel Maya Quetzal en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México a la edad de 16 años.

El fotógrafo de las sombras...



Todo comenzó un día en que me prestaron una cámara fotográfica, estaba ahí frente a ese dispositivo extraño y retador, complejo en su funcionamiento y en su habilidad para captar un instante. Me sentí poderoso de poder tener una máquina que pudiera detener el tiempo y aprehender el espacio.

Una locura. No pude detenerme desde ese momento, afortunadamente me tocó la era de la fotografía digital, si hubiera sido esa época de fotografías en papel y rollos fotográficos no se que hubiera hecho.


Usaba la cámara al principio como una forma de ver la realidad, interpretarla, de digerir todo lo que me rodeaba, pero poco a poco mi visión comenzó a modificarse. Quizás era por que disparaba demasiado el obturador. Tal vez era por el miedo que tenía de enfrentarme a la realidad.


La cámara pronto se convirtió en una compañera inseparable, era como el lente que aclaraba y segmentaba la realidad, la seleccionaba, la decantaba y permitía entonces tomar esos trozos de realidad para adueñármelos... hasta que comencé a perder la vista...


Al principio solamente se me borraba la visión por un instante, luego se comenzó a hacer más frecuente y aguda. Hacía que me dolieran los ojos. Pensaba que era por estar mucho tiempo viendo a través del lente. Pero comencé a sospechar cuando lo borroso se producía en ambos ojos y no solamente en el que usaba para ver a través del visor.


Decidí ir al oculista...


Luego éste me envió al neurólogo...


Y la tomografía reveló lo inevitable... un tumor en el cerebro, en la corteza visual... Me quedaría ciego...


Entonces comenzó la carrera inevitable, me habían dado 3 meses antes de que perdiera la vista por completo. Tenía que ver todo y fotografiarlo todo para que en mi mente quedara la imagen del mundo. De lo que había visto a través de mis ojos...


Comencé fotografiando en la calle. Gracias al autofocus de la cámara no forzaba tanto la mirada. Luego comencé a fotografiar todo en la casa como queriendo reconocer y grabar en mi memoria cada uno de los rincones. Fotografíe a mi familia, mi entorno, hasta las imágenes de la televisión, el patio y el baño. Quería verlo todo, hacerme de todas esas imágenes antes de perderlas para siempre.


Por las noches veía las imágenes en el computador, las analizaba hasta el cansancio, las desmenuzaba y trataba de memorizar todo. Ya llevaba más de 7,500 fotos tomadas en solo dos semanas, tenía que poseer la imagen de todo a mi alrededor, hacerme de todo un bagaje de imágenes que fueran parte de ese mundo que perdía con la vista...


Llegó un momento en que mi obsesión por la imagen se volvió incansable e incontrolable, fotografiaba excrementos, personas, el cielo, al vecino, la basura, animales muertos, las ramas de los árboles... en fin, todo lo que se me presentara frente a la cámara, todo lo que fuera visible, o definitorio, hasta el más minimo detalle: textura, forma, color, dimensión.



Los ojos me dolían cada vez más, sentía que la cabeza me iba a estallar, y estaba saturado por tantas imagenes y de no dormir, necesitaba más tiempo, necesitaba mucho más tiempo, necesitaba otra vida para poder verlo todo...



Hasta que encontré la solución... el hacer una única fotografía que englobara todo, que me recordara las 57,628 fotografías que había tomado hasta ese instante, esa fotografía totalizadora que sintetizara todo lo que había visto, todo lo que era mi mundo de luz y sombras, la visión de mi realidad.



Esa fotografía es la siguiente:

Credo

Creo en mi voluntad
creadora del mundo y su realidad,
de lo consciente y lo subjetivo.

Creo en la intención
que viaja de lo posible a lo imposible,
en mis sueños y verdades,
Mi filosofía y mi religión

Creo en mis ideales y capacidades
en mis decisiones y elecciones
mis errores y mi aprendizaje

Creo en mi inmanente destino
en mi fuerza y mi camino
en el libre albeldrio y su desatino
en lo humano y lo profano
en la praxis y la heterodoxia.

Creo en el valor de la honestidad
el futuro y la construcción de su identidad
el humanismo y su falta de realidad.

Creo en el conocimiento y la búsqueda existencial,
en los sentidos y los instintos,
en las razones y los significados intrinsecos.

Creo en la ausencia de dios
y la muerte como sucesora

Creo en mi y en la libertad de mi voluntad,
por los dias y los años de mi realidad
Amén...

Maldito Ratón!!!



Ayer fui recibido por mi niña con una gran sonrisa, con un aire de misterio y ansiosa por platicarme algo... Su mamá me veía como con ansias de decírmelo, un secreto entre ambas. Yo últimamente con tantos sobresaltos ante mi pequeña no sabía que esperar. Semanas antes con la sorpresa de que a sus 5 años ya tiene novio: Anton. Un compañerito del colegio. -Obviamente ya pregunté sobre sus padres, a que se dedica, que tan formal es, y si es de buena familia-. Debo comenzar a practicar desde ahora como negro presagio de lo que me espera...


Ahora me interrumpen en las juntas, me llama a cualquier hora para preguntarme si ya voy a llegar. Me fascina que me llame, esa vocecita detrás del teléfono y que me dice "Hola papá". Suficiente para que me derrita y detenga el mundo solamente para escuchar lo que me tiene que decir: "hoy jugué con Matilda", o tal vez "Hoy mamá me puso los huaraches de florecitas que me gustan" y buscando el consuelo "Papá, me caí y me lastimé, ¿vendrás a darme un beso para que me cure?". Ser ese ente que procura consuelo, amor, alegría y protección.


El llegar a casa y que se arroje a mis brazos corriendo esperando a ser levantada en brazos al grito de "Papáaaaa"... Esperar con ansias el poder sentarse en mis piernas para platicarme su día o como le fue en Ballet. Mi pequeña bailarina.


Cuando era pequeño mi vida se medía en "vacaciones de verano" y "Navidad", al entrar a la preparatoria el tiempo comenzó a medirse en meses por aquello de los exámenes mensuales, luego, cuando terminé la universidad y comencé a trabajar mi vida comenzó a medirse en quincenas. Más ahora que tengo 3 hijos, parece ser que mi tiempo se ha compactado a tal grado que éste avanza mucho más rápido que cuando era pequeño.


Parece que apenas fue ayer cuando el pediatra me entregó a mi pequeña en el quirófano instantes después de haber nacido. Esa sensación dividida, agridulce, mi esposa postrada en el quirófano, aun abierta de lado a lado por la cesárea, y ese pequeño rollito de carne que se movía, apenas y lloraba, desvalida, violentamente arrojada al mundo desde un capullo seguro y protector que era el vientre materno, y era yo el primer ser que la recibía con amor y cuidado, esperándola con esa ansia e inseguridad ante lo desconocido. Recuerdo como se acomodó a mis brazos, y yo la conduje hasta la incubadora, dejando atrás a mi esposa en el quirófano postrada en esa mesa metálica y fría, adormecida por la anestesia. Una sensación de división total como preámbulo de esa nueva vida de familia que comenzaba.


Llegar a casa saliendo del hospital cargándola en una sillita, esa incertidumbre de llegar y no saber que hacer, enfrentarme a lo desconocido, y luego, día a día aprender a amarla, aprender a cuidarla y procurarla y poco a poco convertirme en Papá. La mamá es intuitiva, está preparada para tal efecto, como papá tienes que aprender a serlo, no se trae, se aprende día con día. Cambiar pañales, preparar la mamila, hacer papillas, el ritual del baño, los primeros pasos, gestos y por que no, las primeras palabras. El primer día de escuela...


Y ahora mi pequeña me recibe con la gran noticia... Tiene un diente flojo, ese diente flojo que marca una nueva etapa y me recuerda lo rápido que crecen, lo rápido que pasa el tiempo, y que dentro de poco dejaré de ser ese papá protector y sabio para ser el papá represor, sordo e ininteligible de la adolescencia.


Quisiera que no creciera, que siempre fuera mi pequeña, pero también se que tienen que crecer y que solo me queda disfrutarla a cada momento que pueda...


Así que pronto llegará el ratón de los dientes, ese maldito ratón que a partir de este momento comenzará a recordarme con cada diente que el tiempo está pasando rápidamente y que no debo dejar pasar ningún momento con ella y sus hermanos por que crecerán en cada parpadeo que yo de.

La sirena varada...

Octavio como tantos días deambulaba por la playa, era un pescador que no conocía más allá de las costas en las que habitaba. Paseaba lentamente como todas las tardes dejando que la espuma del mar se le escapara entre los dedos de los pies, andando lentamente, sintiendo como ese aire frío y húmedo le acariciaba la piel dibujándole sensaciones en cada poro.

La playa tenía ese ambiente melancólico y solitario, la tormenta de anoche había sido fuerte, atronadora, silenciosamente atronadora. El viento había soplado con furia, las olas habían descargado su rabia contra la tierra entre barlovento y sotavento de manera continua y cadenciosa, y ahora reinaba esa melancólica calma, esa tristeza que se percibía en el ambiente inmutable, estático y diáfano.

Octavio escuchó un sutil lamento que se confundía con el sonido del viento, parecía un murmullo, un pequeño canto mántrico. Siguió sus instintos y de pronto vislumbró un pequeño montículo que sobresalía de la arena... Al acercarse descubrió a una pequeña sirena que había sido traída por la furia del mar, como si hubiera sido expulsada de las profundidades por haber desobedecido a Neptuno.

Ahí yacía inherte, lastimosamente herida, con esa mirada melancólica y triste, silenciosa. En sus ojos se podía ver la profundidad y misterio del mar. Octavio se sorprendió de su belleza, y se conmovió del estado en que se encontraba, semiviva, varada entre dos mundos.

Se acercó para ver si aún respiraba, y simplemente por instinto actuó... Acercó el oído a su pecho para escuchar algún latido... El corazón de la sirena apenas latía, pero al sentir el contacto de él, automáticamente incrementó de ritmo...

Octavio se apresuró a ayudarla, la cargó y la llevó a su cabaña para poder reconfortarla, le abrió su casa al mismo tiempo que le abrió su corazón.

Ya cerca del fuego, y con las heridas curadas, ella comenzó a recuperarse lentamente, poco a poco comenzaba a hablar de si misma, de su vida y de sus heridas, de cada una de las cicatrices que tenía en la piel, el a cada palabra, a cada instante sentía que la conocía más y que el mar se la había entregado como una señal, como el comienzo de una historia.

-Ruth- dijo un día, -ese es mi nombre-. Él se quedó ensimismado, ella nunca había mencionado su nombre y para él fué una muestra de proximidad. Poco a poco Octavio descubría a Ruth observándolo, desmenuzándolo, tratando de penetrar en sus sueños y sus recuerdos. Hasta que un día Octavio la confrontó y se quedaron viéndose a los ojos por un largo rato.

Ella escudriñó cada rincón del rostro de Octavio, deslizó suavemente sus dedos por todos los contornos de ese rostro endurecido por el mar y el tiempo, se detuvo en las arrugas que se generaban en su ceño y suavemente las comenzó a tocar, como queríendolas alisar, como si con las yemas de los dedos pudiera quitar todas las emociones que generaron ese ceño fruncido... y poco a poco el rostro de Octavio comenzó a transformarse, quizás por las caricias en su rostro, quizás por lo que él veía en los ojos de Ruth.

Los ojos de Ruth irradiaban pasión, una misteriosa mezcla de entrega milenaria y de deseo, una mirada amorosa con ese brillo intenso que demuestra la profundidad de un sentimiento genuino... Octavio casi podía tocar su alma. casi podía adueñarse de ese espíritu etéreo, milenario y apasionado, había sido tocado por este brillo que se había mezclado con su alma y que la marcaría por siempre...

Los días transcurrían lentamente, casi como un sueño, como ese ideal de vida colmado de sensaciones y de instantes, de momentos instantáneos y fugaces, a veces soñaban con el futuro, reían del presente y olvidaban el pasado.

Un día al llegar a casa Octavio se percató de la soledad que invadía el espacio. Ruth no estaba, corrió al mar esperando verla, pero ella había desaparecido... Gritó su nombre en el mar, en el acantilado, en cada una de las rocas, buscó sus huellas en el mar, y levantó la vista hacia el cielo, pero ella simplemente había desaparecido. La negrura de la noche lo invadió junto con la desaparición del sol, la luna no salió esa noche ni las demás. Ella simplemente había desaparecido...

...

Varios años después cuando las cicatrices aparentemente habían cerrado en el alma de Octavio o al menos se había hecho la idea, paseando por el mar se topó con una botella que contenía un mensaje adentro, le llamó la atención pues la botella estaba cubierta con coral y conchas, como si hubiera estado enterrada durante muchos años en el fondo del mar. Abrió la botella y extrajo una especie de papel hecho con algas, estaba escrita con tinta de calamar, y espinas de pez, las letras llenas de adornos y de garigoles... era de Ruth.

Leyó:

Octavio, he decidido partir, dejarte ahí en tu mundo sin decirte adiós, es demasiado para mi, eres demasiado para mi, no soy el sueño que quisiste construir, ni el cielo bajo el cual te quisiste cobijar, soy de otro mundo, de otra realidad más allá de tu mundo.

Nuestro sueño era demasiado hermoso, demasiado bello para decidirme a vivirlo, arriesgarlo todo y dejar lo que soy para embarcarme en una aventura sin igual. Tal vez soñé demasiado, tal vez me hiciste cambiar tanto sin que supieras, soy otra, soy tuya, siempre lo seré, pero nuestro sueño era eso, un sueño que tuve miedo de vivir.

Tu paso por mi vida ha dejado una huella indeleble, tu furia indomable, tu pasión desbordante, tu mirada apasionada me siguen siempre, tus manos ardientes, sensuales se quedaron en mi piel que ansía estar nuevamente junto a ti y dejarse acariciar otra vez. Mis ojos lloran tu mirada y tu sonrisa y mi brillo se ha perdido por no verte más, pero debo seguir en ese mundo al que pertenezco.

No puedo verte, no quiero verte por que de hacerlo volvería a desear ser tuya y nunca me iría, para mi serás siempre el hombre que no pudo ser.

Octavio entendió todo, o tal vez no entendió nada, rechazaba esa negación de la felicidad o al menos de la decisión de no intentarlo, de no arriesgarse como lo había hecho él en su momento.

Así que llorando alzó las manos al cielo, el rostro escurriendo de lágrimas que corrían llevadas por el viento y gritó:

Sirena pues, vuelve al mar...