Maldito Ratón!!!



Ayer fui recibido por mi niña con una gran sonrisa, con un aire de misterio y ansiosa por platicarme algo... Su mamá me veía como con ansias de decírmelo, un secreto entre ambas. Yo últimamente con tantos sobresaltos ante mi pequeña no sabía que esperar. Semanas antes con la sorpresa de que a sus 5 años ya tiene novio: Anton. Un compañerito del colegio. -Obviamente ya pregunté sobre sus padres, a que se dedica, que tan formal es, y si es de buena familia-. Debo comenzar a practicar desde ahora como negro presagio de lo que me espera...


Ahora me interrumpen en las juntas, me llama a cualquier hora para preguntarme si ya voy a llegar. Me fascina que me llame, esa vocecita detrás del teléfono y que me dice "Hola papá". Suficiente para que me derrita y detenga el mundo solamente para escuchar lo que me tiene que decir: "hoy jugué con Matilda", o tal vez "Hoy mamá me puso los huaraches de florecitas que me gustan" y buscando el consuelo "Papá, me caí y me lastimé, ¿vendrás a darme un beso para que me cure?". Ser ese ente que procura consuelo, amor, alegría y protección.


El llegar a casa y que se arroje a mis brazos corriendo esperando a ser levantada en brazos al grito de "Papáaaaa"... Esperar con ansias el poder sentarse en mis piernas para platicarme su día o como le fue en Ballet. Mi pequeña bailarina.


Cuando era pequeño mi vida se medía en "vacaciones de verano" y "Navidad", al entrar a la preparatoria el tiempo comenzó a medirse en meses por aquello de los exámenes mensuales, luego, cuando terminé la universidad y comencé a trabajar mi vida comenzó a medirse en quincenas. Más ahora que tengo 3 hijos, parece ser que mi tiempo se ha compactado a tal grado que éste avanza mucho más rápido que cuando era pequeño.


Parece que apenas fue ayer cuando el pediatra me entregó a mi pequeña en el quirófano instantes después de haber nacido. Esa sensación dividida, agridulce, mi esposa postrada en el quirófano, aun abierta de lado a lado por la cesárea, y ese pequeño rollito de carne que se movía, apenas y lloraba, desvalida, violentamente arrojada al mundo desde un capullo seguro y protector que era el vientre materno, y era yo el primer ser que la recibía con amor y cuidado, esperándola con esa ansia e inseguridad ante lo desconocido. Recuerdo como se acomodó a mis brazos, y yo la conduje hasta la incubadora, dejando atrás a mi esposa en el quirófano postrada en esa mesa metálica y fría, adormecida por la anestesia. Una sensación de división total como preámbulo de esa nueva vida de familia que comenzaba.


Llegar a casa saliendo del hospital cargándola en una sillita, esa incertidumbre de llegar y no saber que hacer, enfrentarme a lo desconocido, y luego, día a día aprender a amarla, aprender a cuidarla y procurarla y poco a poco convertirme en Papá. La mamá es intuitiva, está preparada para tal efecto, como papá tienes que aprender a serlo, no se trae, se aprende día con día. Cambiar pañales, preparar la mamila, hacer papillas, el ritual del baño, los primeros pasos, gestos y por que no, las primeras palabras. El primer día de escuela...


Y ahora mi pequeña me recibe con la gran noticia... Tiene un diente flojo, ese diente flojo que marca una nueva etapa y me recuerda lo rápido que crecen, lo rápido que pasa el tiempo, y que dentro de poco dejaré de ser ese papá protector y sabio para ser el papá represor, sordo e ininteligible de la adolescencia.


Quisiera que no creciera, que siempre fuera mi pequeña, pero también se que tienen que crecer y que solo me queda disfrutarla a cada momento que pueda...


Así que pronto llegará el ratón de los dientes, ese maldito ratón que a partir de este momento comenzará a recordarme con cada diente que el tiempo está pasando rápidamente y que no debo dejar pasar ningún momento con ella y sus hermanos por que crecerán en cada parpadeo que yo de.

1 comentario:

azulblue dijo...

Wow Enrique está herrrrmoso, de verdad casi lloro, te lo juro, en serioooo soy súper cursi, y tu eres un papá increíble, tus hijos son demasiado afortunados de tenerte como papi. Un abrazo.