Un cuento de Abdul y Al-Hazeb...

Al-Hazeb estaba platicando con Abdul sobre el sentido de la vida.

-¿Sabes Abdul? el sentido de la vida es eso, el saber para que existes y cual es tu misión en la vida, ¿sabrás cual es la tuya?-

Abdul se quedó pensando y luego se fué de la casa de Al-Hazeb pensando en sus palabras.

Meses después, intrigado Al-Hazeb fue a visitar a Abdul a su pequeño pueblo y le encontró trabajando febrilmente haciendo sillas.

Al-Hazeb asombrado le preguntó: -¿para qué quieres tantas sillas Abdul?-

- Es que quiero tener una vida mejor que esta-

- Y haciendo sillas tendrás una vida mejor?- preguntó Al-Hazeb.

- Tu no entiendes - espetó Abdul - lo que pasa es que estoy haciendo estas sillas para vender, y con el dinero que obtenga podré comprar una casa mejor, y vestirme mejor. Quiero vivir mejor.-

- Mmm... entiendo- murmuró Al-Hazeb que se quedó pensativo-luego le preguntó: -¿no crees que son demasiadas sillas para un pueblo tan pequeño?

- Bueno- contestó Abdul- tengo visión de negocios, las sillas que no venda las venderé en los otros pueblos, así podré conseguir más dinero...-

- Entonces el sentido de tu vida es hacer sillas para los demás...- Dijo Al-Hazeb.

- No- respondió Abdul - el sentido de mi vida es vivir bien, incluso vivir mejor que los demás-.

- ¿y haciendo muchas sillas vivirás mejor que los demás?

- Querido Al-Hazeb. ¡Tu no entiendes de negocios!, eres solo un filósofo que no llegará a nada por que no sabes cosas del dinero, te explicaré:

Con cada silla que hago, al venderla, tengo una ganancia, si hago muchisimas sillas entonces al venderlas tendré mucho dinero. Y con ese dinero entonces podré vivir bien y ser feliz, por que tendré todo lo que siempre he querido. Así mi sentido de la vida es tener dinero para poder ser feliz...¿entiendes?

Al-Hazeb se quedó pensativo y solo alcanzó a decirle a Abdul:

- El que piensa que será feliz el día que tenga todo para serlo, nunca será feliz pues nunca tendrá suficiente, la felicidad es encontrar el sentido de la vida y vivirla.

3 Cuentos chinos...

Bueno, más bien japoneses...





1. El arquitecto.


El maestro le solicitó al estudiante de arquitectura que diseñara una cabaña en una hectárea de terreno dentro de un bosque. Sin embargo le indicó que el diseño debía estar basado en el Shisenbi, un término de la estética japonesa.


El estudiante buscó en internet y encontró el concepto de Shisenbi en wikipedia: "La naturaleza como estándar de diseño". Así que se dispuso a diseñar basado en eso. viajó hacia el terreno, analizó los materiales circundantes, estudió las vistas y los puntos de fuga visual. Regresó y elaboró su diseño.


Quince días después presentó el diseño al profesor. Éste ni se molestó en verlo, solamente le dijo que estaba mal.


El estudiante no entendía por qué el profesor le había rechazado, quizás no había hecho su investigación a fondo. Así que regresó a la biblioteca, buscó libros sobre diseño japonés, aprendió sobre los ejes y la armonía, la asimetría y sobre el uso de la madera, piedra y agua en los diseños en Japón...


Después de un mes, regresó con su maestro y le llevó el producto de su esfuerzo...


El maestro ni se molestó en ver su diseño.


Se sintió decepcionado, frustrado, enojado con su maestro que le había hecho perder tanto tiempo en algo que a fin de cuentas ni siquiera se molestaba en ver...


De regreso a su casa, observando por la ventana, tuvo un momento de lucidez... (un instante de iluminación dirían los budistas), se bajó del camión y regresó a la universidad.


Entró a la oficina de su profesor y le entregó una hoja en blanco y le dijo; "este es mi diseño basado en el Shisenbi... Dejar el espacio como está, no construir nada, ni hacer nada, pues qué mejor estándar de naturaleza que la naturaleza misma, así que se debe quedar igual".


El profesor sonrió y solo alcanzó a decir: "has aprendido"...




2. El diseñador.


El diseño del cartel había sido terminado, todo un esfuerzo, todo un gran logro. Por fin, después de los desvelos había valido la pena. Había que presentar al cliente esa misma mañana.


Se apresuró con la presentación final y se presentó a la hora convenida con el cliente. Este lo recibió y quedó viendo el diseño en silencio durante un largo rato... Luego de no mostrar ninguna emoción, se volteó y le hizo una simple pregunta: "¿qué le quitarías?"


Esto lo desarmó, fué presa de la inseguridad, comenzó a balbucear algunas disculpas, retiró el cartel y prometió tener el diseño listo para dentro de 2 días.


Pasado este tiempo, regresó con el cliente que observó un diseño más depurado, sin tantos colores, outlines, elementos ni formas, algo más bien simple y sencillo, pero más definido... El cliente se quedó viendo largo rato el diseño y luego preguntó: "¿Qué más le quitarías?...


El diseñador no podía perder ese cliente, era demasiado prometedor y sabía que le estaban exigiendo más, así que tomó nuevamente su cartel y prometió regresar al día siguiente...


Al presentarse nuevamente con el cliente, desvelado, demacrado, pálido, desaliñado y trasnochado de la noche anterior entregó el cartel al cliente, era muy simple, unos pocos trazos, un solo color, y los textos sobrios y elegantes...


El cliente volvió a guardar silencio observando el cartel, y luego preguntó: "¿Qué más le quitarías?...


El diseñador ya al borde de la histeria solamente alcanzó a responder: "Nada".


Eso es Kebakebashii, quitar los adornos innecesarios que entorpecen y no dejan apreciar la simplicidad y potencia de un diseño adecuado...


Bueno, -dijo el cliente-, entonces ya está listo...





3. El fotógrafo.


Había rogado mucho para poder hacer una cita con ese fotógrafo. Era extraño pues era un fotógrafo que no había estudiado en ninguna escuela pero era realmente un personaje destacado. Así que era un gran logro que hubiera aceptado enseñarle algo.


El fotógrafo le dijo que le daría una hora de su tiempo. El se sintió frustrado por tan poco tiempo. Esperaba verlo trabajar, colocar la cámara, toda la iluminación. tal vez algún secreto de los lentes que usaba, o tal vez descubrir algún método en específico que le hiciera maximizar su estadía de una hora.


El fotógrafo notó la angustia del estudiante, así que primero lo sentó y le pidió que cerrara los ojos, y respirara, luego le preguntó: "¿que ves?"


-Nada- respondió...


Muy bien, le dijo el fotógrafo, esa es tu primer lección, si tienes cerrados los ojos, no podrás ver a través del lente...


-Estúpido- pensó para sus adentros... -Se está burlando de mi...-


Luego el fotógrafo le pidió que abriera los ojos... y luego le preguntó: "¿ahora que ves?"


- Todo- respondió el aprendiz.


- Muy bien- le dijo el fotógrafo, -Si abres bien los ojos podrás verlo todo... Esa es tu segunda lección...


-Imbécil- Pensó nuevamente para sus adentros, -sigue burlándose de mi.. ¿quién se cree?-


Luego el fotógrafo sacó un cuadro, quitó la pintura y dejó el marco, acto seguido se lo puso enfrente al aprendiz, y le preguntó: "¿que ves ahora?"


- Un marco- respondió el aprendiz...


-Si- Dijo el fotógrafo, -Pero ¿qué ves?-


- A usted deteniendo un marco...-


- Si, pero ¿que ves?- Repitió el fotógrafo


- A usted en este patio sosteniendo un marco-


- Además de eso ¿que más ves?- Volvió a insistir.


Y el alumno frustrado de tantas preguntas respondió: "¿un fotógrafo sosteniendo un marco en un patio de forma ridícula?".


- Ese es tu problema- le dijo el fotógrafo, -No sabes ver, no sabes encontrar el Medatsu en lo que ves. Medatsu son los puntos focales que hacen una fotografía digna de ser vista por otros, no viste lo evidente a pesar de tenerlo en frente.


No era yo con un marco de forma ridícula, sino era más bien un instante digno de fotografiar y que perdiste por no saberlo ver y apreciar, el cual nunca volverá a ocurrir...


La clase ha terminado...



Con el tiempo...

A veces me pregunto por que el tiempo se encarga de todo,
de borrar las heridas, de romper las promesas,
de cambiar los destinos y deconstruir los sueños.

A veces le pregunto al tiempo por que me hace esto,
cambiar mi rostro, abandonar mis sueños, dejar de sentir
lo que antes me hacía vibrar o girar sin sentido.

El tiempo no pasa, me dicen por ahí, el cuerpo me recuerda
que si pasa y pasa lentamente pero también es inexorable
Mi alma se adormece, ya no siento mariposas en el estómago.

Antes las cumbres eran montañas de piedra, cascadas de agua,
ahora son escalafones laborales y librarme de deudas.
Antes mi sueño era conquistar el mundo, ahora es llegar a la quincena.

mis retos eran desafiar a la autoridad, cuestionar las estructuras,
ahora mis desplantes son llegar tarde a juntas.

Mi cámara antes era un bastión de mi visión espectral,
ahora es el reflejo de mi sobria realidad.

Con el tiempo el cuerpo se adormece, y ya no vibra como a los 15,
el cuerpo se entume, se aburre y se olvida, se pacifica,
se domina y se somete, se reprime y se acostumbra.

Se olvidan los vacíos de estómago, las punzadas y las mariposas,
Las nauseas, las inquietudes, las rebeldías del instinto,
los deseos del cuerpo, los despertares y los descubrimientos

Se olvidan los suspiros, los estremecimientos y los sudores,
los malabares y los deseos, la furia y la carne, la inquietud y los quebrantos,
solo quedan pues esos sueños diáfanos que se olvidan con el tiempo...

Oferta...


Regina había deambulado toda la tarde en el mall buscando ofertas, pero se dio cuenta que no había ninguna ese día. En ningún lugar estaba el adorable letrero de "oferta".


Ansiaba encontrar algo que pudiera adquirir, podría ser algo a precio regular, pero no sabía por qué estaba obsesionada con las ofertas. Y claro, entre mayor fuera la oferta, más se veía tentada hacia ella.


Hacía tanto tiempo que no adquiría nada que se sentía vacía, sola. Su rostro demacrado y su tristeza arremolinada que jugueteaba con sus cabellos dibujaba una ligera mueca de ansiedad en su rostro. Pero ese día se había armado de valor y se había dirigido a ese mall para adquirir algo.


Se había vestido para la ocasión, cuidó un poco su imagen, se vistió con un alegre vestido rojo que contrastaba con su ansiedad y dejó que los colores caminaran un poco por su rostro para iluminarlo. tal vez se había preparado para lo inesperado.


Serendipia le habían dicho, esperar lo inesperado, ese descubrimiento afortunado e inesperado, sabía que tenía que dejarse llevar, tenía que encontrar esa oferta que la tenía obsesionada desde ya varios meses. ¿que buscaba?, ¿algo rebajado solamente?, ¿saldos?, ¿devoluciones?, ¿pequeños defectos que se podían corregir y que nadie notaría?, o simple y sencillamente una oferta que no pudiera resistir y que adquiriera por la oportunidad que representaba por el precio a pagar...


Pero nada estaba en oferta...


Todos caminaban absortos viendo los escaparates llenos de sueños. Imágenes mudas que buscan comunicar algo, maniquies que intentan a través de su inmovilidad sugerir apenas una ilusión.


Regina poco a poco comenzó a deambular también de aquí para allá, siguiendo los ritmos de su medio ambiente, vencida, abatida y destruida.


No pudo más, se detuvo casi sin aliento, trastabillando se acercó a una banca y se sentó para recuperar el ánimo.


Y ahí estaba... el ansiado letrero de "oferta" que tanto buscaba...con 60% de descuento. Una oferta irresistible...


Lo tenía colgado Mauricio, un hombre divorciado, que se recuperaba de un alcoholismo recurrente. Un hombre solo, mayor, abatido, y deprimido... Por eso estaba en oferta... Quizás sería la única oportunidad de Regina de adquirir algo así con ese precio y en oferta... No era un saldo, era una devolución y bien valdría la pena pagar por él...

Decálogo posmodernista.

Para considerarse un individuo posmodernista se deben cumplir con los siguientes 10 principios:

1. El ser ante todo, la individualidad siempre es lo primero, la comunidad no existe o importa, lo importante es ser uno mismo, ser único e irrepetible. "The one".

2. Todo es relativo a la percepción e imaginación de cada individuo, la ética, la religión, la filosofía, la educación, la política, todo, absolutamente todo es relativo al punto de vista individual, así que lo que piensen los demás no importa, es relativo.

3. Dios es de tipo "quitapón", y solo sirve y está ahí cuando se necesita, no vaya a ser que si exista y luego nos perdamos el espectáculo por ser incrédulos.

4. La imagen lo dice todo, lo es todo, como te ven te tratan. Actitud ante todo. La gente imagina lo que eres gracias a tu imagen, te evalúan y determinan tu valor de acuerdo a lo que proyectas, por eso es tan importante cuidarla, para que te traten bien.

5. Lo importante es demostrar cuanto se tiene, y si no se tiene se aparenta, los demás no se darán cuenta si actúas con actitud y naturalidad. Al fin y al cabo ellos también aparentan. Corolario: Los gadgets de última tecnología y las marcas de moda son embellecedores sociales.

6. Hiper intensidad de las sensaciones, eso si es posmodernista, el estímulo infinito, la máxima emoción e ilusión, los sentidos a su máxima expresión estimulados por cualquier medio sea lícito o no.

7. Siempre hay que pertenecer a algún grupo, y estar bien con alguien famoso o importante, el agradar a los demás es básico, imitar comportamientos, vestimentas, formas de hablar y expresarse es importante para encajar perfectamente en el grupo que nos interese, entre más nos parezcamos unos a otros y tengamos imagen o poder que ofrecer, más poder adquiriremos.

8. Siempre hay que sorprender y estar preparados, los 5 minutos de fama están siempre esperando a la vuelta de la esquina. Cualquiera puede ser famoso, cualquiera puede alcanzar la cima, llegar a la cumbre, solo es cuestión de suerte y de estar preparado para ese instante de fama que tarde o temprano llegará.

9. Lo cool es lo nuevo, lo actual, lo distinto, lo extraño o lo excesivo. Nada es lo suficientemente perenne pues siempre habrá algo nuevo que lo sustituya. Lo viejo no sirve, no importa, pues habla del tiempo transcurrido, y no de lo que está ocurriendo de lo actual y lo de hoy.

10. Lo importante es saber de todo aunque no se conozca nada, al fin y al cabo los demás tampoco saben, los temas de actualidad son los que permiten interactuar entre unos y otros.