3 Cuentos chinos...

Bueno, más bien japoneses...





1. El arquitecto.


El maestro le solicitó al estudiante de arquitectura que diseñara una cabaña en una hectárea de terreno dentro de un bosque. Sin embargo le indicó que el diseño debía estar basado en el Shisenbi, un término de la estética japonesa.


El estudiante buscó en internet y encontró el concepto de Shisenbi en wikipedia: "La naturaleza como estándar de diseño". Así que se dispuso a diseñar basado en eso. viajó hacia el terreno, analizó los materiales circundantes, estudió las vistas y los puntos de fuga visual. Regresó y elaboró su diseño.


Quince días después presentó el diseño al profesor. Éste ni se molestó en verlo, solamente le dijo que estaba mal.


El estudiante no entendía por qué el profesor le había rechazado, quizás no había hecho su investigación a fondo. Así que regresó a la biblioteca, buscó libros sobre diseño japonés, aprendió sobre los ejes y la armonía, la asimetría y sobre el uso de la madera, piedra y agua en los diseños en Japón...


Después de un mes, regresó con su maestro y le llevó el producto de su esfuerzo...


El maestro ni se molestó en ver su diseño.


Se sintió decepcionado, frustrado, enojado con su maestro que le había hecho perder tanto tiempo en algo que a fin de cuentas ni siquiera se molestaba en ver...


De regreso a su casa, observando por la ventana, tuvo un momento de lucidez... (un instante de iluminación dirían los budistas), se bajó del camión y regresó a la universidad.


Entró a la oficina de su profesor y le entregó una hoja en blanco y le dijo; "este es mi diseño basado en el Shisenbi... Dejar el espacio como está, no construir nada, ni hacer nada, pues qué mejor estándar de naturaleza que la naturaleza misma, así que se debe quedar igual".


El profesor sonrió y solo alcanzó a decir: "has aprendido"...




2. El diseñador.


El diseño del cartel había sido terminado, todo un esfuerzo, todo un gran logro. Por fin, después de los desvelos había valido la pena. Había que presentar al cliente esa misma mañana.


Se apresuró con la presentación final y se presentó a la hora convenida con el cliente. Este lo recibió y quedó viendo el diseño en silencio durante un largo rato... Luego de no mostrar ninguna emoción, se volteó y le hizo una simple pregunta: "¿qué le quitarías?"


Esto lo desarmó, fué presa de la inseguridad, comenzó a balbucear algunas disculpas, retiró el cartel y prometió tener el diseño listo para dentro de 2 días.


Pasado este tiempo, regresó con el cliente que observó un diseño más depurado, sin tantos colores, outlines, elementos ni formas, algo más bien simple y sencillo, pero más definido... El cliente se quedó viendo largo rato el diseño y luego preguntó: "¿Qué más le quitarías?...


El diseñador no podía perder ese cliente, era demasiado prometedor y sabía que le estaban exigiendo más, así que tomó nuevamente su cartel y prometió regresar al día siguiente...


Al presentarse nuevamente con el cliente, desvelado, demacrado, pálido, desaliñado y trasnochado de la noche anterior entregó el cartel al cliente, era muy simple, unos pocos trazos, un solo color, y los textos sobrios y elegantes...


El cliente volvió a guardar silencio observando el cartel, y luego preguntó: "¿Qué más le quitarías?...


El diseñador ya al borde de la histeria solamente alcanzó a responder: "Nada".


Eso es Kebakebashii, quitar los adornos innecesarios que entorpecen y no dejan apreciar la simplicidad y potencia de un diseño adecuado...


Bueno, -dijo el cliente-, entonces ya está listo...





3. El fotógrafo.


Había rogado mucho para poder hacer una cita con ese fotógrafo. Era extraño pues era un fotógrafo que no había estudiado en ninguna escuela pero era realmente un personaje destacado. Así que era un gran logro que hubiera aceptado enseñarle algo.


El fotógrafo le dijo que le daría una hora de su tiempo. El se sintió frustrado por tan poco tiempo. Esperaba verlo trabajar, colocar la cámara, toda la iluminación. tal vez algún secreto de los lentes que usaba, o tal vez descubrir algún método en específico que le hiciera maximizar su estadía de una hora.


El fotógrafo notó la angustia del estudiante, así que primero lo sentó y le pidió que cerrara los ojos, y respirara, luego le preguntó: "¿que ves?"


-Nada- respondió...


Muy bien, le dijo el fotógrafo, esa es tu primer lección, si tienes cerrados los ojos, no podrás ver a través del lente...


-Estúpido- pensó para sus adentros... -Se está burlando de mi...-


Luego el fotógrafo le pidió que abriera los ojos... y luego le preguntó: "¿ahora que ves?"


- Todo- respondió el aprendiz.


- Muy bien- le dijo el fotógrafo, -Si abres bien los ojos podrás verlo todo... Esa es tu segunda lección...


-Imbécil- Pensó nuevamente para sus adentros, -sigue burlándose de mi.. ¿quién se cree?-


Luego el fotógrafo sacó un cuadro, quitó la pintura y dejó el marco, acto seguido se lo puso enfrente al aprendiz, y le preguntó: "¿que ves ahora?"


- Un marco- respondió el aprendiz...


-Si- Dijo el fotógrafo, -Pero ¿qué ves?-


- A usted deteniendo un marco...-


- Si, pero ¿que ves?- Repitió el fotógrafo


- A usted en este patio sosteniendo un marco-


- Además de eso ¿que más ves?- Volvió a insistir.


Y el alumno frustrado de tantas preguntas respondió: "¿un fotógrafo sosteniendo un marco en un patio de forma ridícula?".


- Ese es tu problema- le dijo el fotógrafo, -No sabes ver, no sabes encontrar el Medatsu en lo que ves. Medatsu son los puntos focales que hacen una fotografía digna de ser vista por otros, no viste lo evidente a pesar de tenerlo en frente.


No era yo con un marco de forma ridícula, sino era más bien un instante digno de fotografiar y que perdiste por no saberlo ver y apreciar, el cual nunca volverá a ocurrir...


La clase ha terminado...



1 comentario:

azulblue dijo...

Qué lindos...bueno, no quise decir eso, sino simplemente limpios, claros, fáciles de leer, te llevan solitos hasta el final...dignos de ti Eloooooo. Besos!