La carta olvidada...

En algún lugar donde he guardado mis recuerdos, encontré esta carta jamás enviada escrita a mano ya hace muchisimos años... La transcribo literal, pues creo que vale la pena publicarla, ya que nunca llegó a su destino, para hacerla de todos y no solo de una...


XXXXX:

Hoy nuevamente me vuelvo a despedir de ti, se me desgarra el alma el tenerte que volver a decir adios. No se por qué el destino ha sido así con nosotros que nos mantiene separados, talvez sea para que podamos extrañarnos, quizá es para que deseemos más estar otra vez juntos.

El verte llorar, parada ahí diciéndome adiós. Con esa tristeza en tus ojos, y ese vacío en mi alma. Llego otra vez a mi casa, y siento ese vacío, tu vacio. El acariciar en el piso tus pisadas ansiando encontrar tus huellas. Ansio llamarte, tomar el teléfono y escuchar tu voz, el decirte que te extraño, el decirte que te necesito.

Aun percibo tu aroma en el viento, me acaricia el alma, me acaricia el recuerdo. Aun quiero respirar tu aliento, sentir tus besos, tus caricias, agarrarte de las manos y no soltarte jamás. Aun quiero perderme en tus ojos y olvidame del mundo en tus brazos.

El tiempo que estuvimos juntos se me hizo un suspiro, un instante que quisiera guardar por siempre. Y quisiera gritar lo feliz que soy a tu lado y que ese grito te llegue a través del viento. Que te diga lo que siento y lo que te necesito.

La canción que me dedicaste, aquí tengo el casette y lo escucho una y otra vez como si pudiera descifrarte en cada canción, como si cada canción pudiera decirte y decirme lo importante que somos el uno para el otro y poder tender el corazón al sol.

Te dejé mi alma, te dejé mis sueños y mi historia, ahora eres depositaria de lo que soy y ansío ser, ahora soy una parte de ti y tu de mi. Ahora no nos queda más que esperar a estar juntos otra vez...

Quiero llamarte, pero son las 11:00 pm, no creo que a tu mamá le parezca que llame a esta hora, me muero por escuchar tu voz, quedarme sin aliento esperando tus palabras, y sentir que ese vacío que siento en este momento se llena instantáneamente con solo una palabra tuya.

Aquí estaré pues, esperándote, ansiándote, contando los minutos y las horas para volverte a ver y estar juntos otra vez.

Te adoro...

XXXX

La visita

Hola papá... hoy vine a ver como estás... Hoy no vine con los niños. Quise venir solo para que pasemos un tiempo solos tu y yo, tengo tantas ganas de platicar contigo... Los niños vendrán otro día a verte, quizás mañana...

Hoy quería darme el tiempo para platicarte. Decirte que aunque es difícil que venga no quiere decir que me he olvidado de ti. Sabes que la distancia es grande y que se me complica venir seguido. Simplemente tu sabes; el trabajo, la escuela, las clases. Pero hoy estoy aquí, vine a verte.

Quiero decirte que tal vez no lo sepas, pero me está yendo bien, los niños ya están bastante grandes, mi trabajo está bien, voy por buen camino, la escuela me ha ayudado mucho para avanzar profesionalmente, gracias por preocuparte por que yo estudiara.

Se que fue difícil para ti el poderme pagar la escuela, el soportar mis fracasos en matemáticas, y que a veces callado, a veces exaltado, pero siempre creíste en mi... o al menos eso me hacías creer...

¿Sabes?, no me he sentido bien... he ido al doctor... bueno, no es nada grave pero si es serio, en pocos días estaré en el quirófano... tengo miedo ¿sabes?... pienso mucho en los niños, en su futuro, tengo miedo de entrar a ese quirófano y no despertar, no volver a ver a mi mujer y a mis hijos, a quedarme ahí...

No puedo decírselos, tengo que mostrarme fuerte y seguro, por eso vengo a platicar contigo que se que me entiendes y que me dirás que haga lo correcto, tal vez no estés de acuerdo en que me haga el fuerte, pero tu sabes, así somos los hombres, somos invencibles, o creemos que son cosas de machos y no podemos rajarnos...

Se que te preocupé con lo que te dije, se que estás pendiente de mi y que estarás conmigo cuando entre al quirófano, se que desearás que todo salga bien, que me animarás diciendo que todo pasará y que será más rápido de lo que me imagine, pero aún tengo en mi memoria tu rostro de angustia y preocupación aquella vez que iba entrando al quirófano en la camilla cuando me iban a quitar las amígdalas, así que aunque trates de tranquilizarme se que te preocupo mucho...

Tengo miedo... Mucho miedo...

Ahora con mi niño te entiendo muchas cosas, me veo a través de él cuando me tomabas de la mano y me llevabas a tu trabajo, me gustaba ver lo que hacías, ¿sabes?. Me sentía orgulloso de lo que eras y lo que lograbas, me gustaba sentirme seguro cuando me agarrabas de la mano y trataba de seguir tu paso, el seguir tus pasos.

Me gustaba cuando me abrazabas y me llevabas cargado a la cama para que descansara, me besabas la frente y me tranquilizabas diciendo que todo estaría bien y luego esperabas sentado a que me quedara dormido... Y se que al igual que yo hago con Patricio, me acariciabas el cabello y sonreías satisfecho de ver a tu pequeño hombrecito que poco a poco iba creciendo...

Y ahora tengo miedo... mucho miedo. Soy un hombre y ya no puedo darme esos lujos de expresar el terror que siento. Ahora yo soy el que tengo que dar esa seguridad y esa tranquilidad a mi familia, a mis niños, a los que me rodean.

Aparento indiferencia y tranquilidad, pero por dentro me estoy muriendo de miedo, te veo y siento ese pavor desde adentro, ese miedo que no sentía desde hace muchisimo tiempo, quisiera que me tomaras nuevamente de la mano y me dijeras que todo estará bien, el sentirme tranquilo al menos por un instante...

Quisiera que sonrieras cuando entrara al quirófano, me acariciaras el cabello y esperaras a que me durmiera tranquilamente con la anestesia sabiendo que estarás ahí hasta que despierte y pueda seguir al dia siguiente... los días siguientes...

En fin, ya me tengo que ir, me tengo que despedir de tí, vendré mañana con los niños para que te saluden, estoy bien... estaré bien... Solo será un momento... estaré bien...

Me gusta el deseo...




Me gusta el deseo... cuando con una mirada furtiva se empiezan a formar los pequeños destellos de interés, de imaginación. Cuando los roces surgen y la piel comienza a inflamarse, se forja la incertidumbre y la desesperación del instante...


Me gusta el deseo cuando los cuerpos se atraen, se buscan, se provocan y con cualquier pretexto se manifiestan en una danza sincrónica de cortejo, como un danzón, como un tango, como un huapango...


Me gusta el deseo cuando existe una promesa de placer, de entrega y de romance. Cuando el instante se provoca y se consigue, cuando los cuerpos no se resisten y se entregan, se comienzan a tocar superficialmente, afanosamente, desenfrenadamente...


Me gusta el deseo cuando la piel se incendia, se inflama al irse descubriendo las capas de ropa para dejar al descubierto la piel y el alma, cuando las manos se entrelazan afanosamente, ardientes de recorrer cada espacio, cada silencio y cada recoveco del otro...


Me gusta el deseo, ese deseo que arde en el vientre, que nubla la mente, que busca la proximidad, la cercanía del otro, que hace subir la temperatura, exudar deseo y pasión desenfrenada, ese deseo que dirige a dos personas a fundirse en una...


Me gusta el deseo que se forja entre dos personas, que no es solo genital, sino corporal, espiritual, colmado de furia, de rabia y de electricidad, en donde el cerebro se entrega al placer y deja de razonar, en donde el alma se descubre y se deja acariciar. Cuando los labios buscan cubrir toda la superficie del otro, recorriendo la piel, arrastrando las historias, buscando dejar esa huella que solamente los amantes saben dejar y marcar por siempre al otro pues lo funden debajo de la piel, debajo del recuerdo.


Me gusta ese deseo que hace que dos cuerpos se fundan en uno, se balanceen, busquen estar lo más unidos posibles, como un entretejido de miembros que se funden en figuras abstractas, retorcidas, desafiantes, lo más compenetrados, con ese deseo acompasado, sincrónico, anhelante, suspirante de exhalaciones libertinas, liberales, libres.


Me gusta ese deseo que detiene el tiempo, que olvida el pasado, que no promete futuro más que el presente, más que ese instante de existencia. Ese deseo que surge, inflama, estalla, y funde. Ese deseo que desafía a la muerte, que congela el mundo, que arrasa con los sueños, que se olvida de dios para convertirse en dios mismo.


Me gusta ese deseo lánguido, de sudor frío, de cansancio y de relajación, de besos posteriores, de suspiros y miradas profundas, de brillos en los ojos, y de abrazos firmes, seguros, y desafiantes. De promesas eternas, y de sonrisas satisfechas...


En fin, me gusta ese deseo que se puede construir y luego algún día, sin ninguna razón aparente, volver a evocar...

Terror nocturno...

Anoche llegó Patricio corriendo a mi cama. Se oía muy agitado, conteniendo ese grito de terror que le brotaba desde lo más profundo de su ser. Como una carrera de los 100 metros de los cuales dependía su vida. Llegó a la cama y se subió como se sube un náufrago al encontrar un trozo de madera flotando en el mar.

Su pequeño cuerpo temblaba. Se acurrucó junto a mi para sentir seguridad y protección. Yo lo recibí, lo acogí, lo besé en la frente y lo tranquilicé, suspiró al sentirse seguro y protegido. No podía regresarlo a su cama pues me hizo regresar en el tiempo, a esa época en la que yo tenía su misma edad.

Con su carrera desenfrenada para llegar a lugar seguro, me sentí ahí, corriendo desesperado para llegar al cuarto de mis padres, las distancias que se me hacían eternas, infranqueables, esas distancias que se elongaban a mi carera y que se hacían mayores entre más miedo tenía.

Y cuando llegaba por fin al lugar que me parecía seguro, éste dejaba de serlo. Mi papá me regresaba a la cama. Yo trataba de explicar que había algo que me asechaba, no sabía que era pero ahí estaba, ese algo se escondía en el closet, podía estar abajo de la cama, saltar de entre las cortinas que se movían sutilmente con su paso, o algunas veces lo podía escuchar en el silencio de la noche, pero había algo que siempre me asechaba, que me perseguía.

Mi papá pacientemente se levantaba, abría el closet, me enseñaba abajo de la cama y me demostraba que no había nada, yo argumentaba que era por que eso le tenía miedo a él, pero que esperaba a que se fuera para volver, pero mi papá no me creía. Me acostaba y se iba. Y yo me quedaba ahí todavía con mi miedo, con mi angustia.

Otras veces me dejaban la luz del pasillo encendida, eso me tranquilizaba hasta que una hora después mi papá se levantaba y la apagaba, y volvía a tener ese terror nocturno de ser asechado. Mis padres creyeron que la solución era una lamparita para la noche. Un foco color azul que ponían en la lámpara, mi hermano mayor, protestó que no lo dejaría dormir, pero con tal de que yo no molestara accedió a que permaneciera encendida.

Esa lámpara de luz mortecina no me ayudó, solamente hacía que tuviera más miedo por que ahora si podría ver mejor cuando eso se aproximara a mi. Creía que me atacaría y me llevaría lejos de mi familia y de mi casa.

Cierto día, tenía tanto miedo que se me ocurrió meter la lamparita abajo de mis cobijas, para tener un lugar seguro, al menos abajo de las cobijas la luz era más brillante y me sentía seguro en la casa de campaña que se formó. Me quedé dormido... Después un fuerte olor a quemado me despertó... la cobija se estaba quemando... Afortunadamente no se incendió, pero en la mañana tuve que dar serias explicaciones de cómo se había quemado la cobija...

Y seguí con el terror nocturno, mis papás se esforzaron, usaron todas las técnicas disponibles a su alcance, el decirme que no había nada, el regresarme a la cama, las lamparitas, el irse a dormir un rato conmigo, pero nada funcionó.

Mi papá se desesperaba, se enojaba, regañaba, toleraba. hizo todo lo que pudo, quizás tratando de evitar usar las técnicas que mi abuelo había usado cuando era niño, a el lo regresaban a la cama después de que mi abuelo le había propinado varios cinturonazos para quitarle el miedo, para hacerlo hombre, para que no perdiera el tiempo en tarugadas y se durmiera.

Yo con el tiempo me resigné, acepté que eso existía y que me llevaría sin que yo pudiera hacer algo, me abandoné a mi suerte, dejé pues que me llevara, pero eso nunca sucedió, hasta que con el tiempo y la edad, me di cuenta que ya no tenía miedo, que ya podía dormir tranquilo...

Patricio aún seguía inquieto, no podía dormir a pesar de que estuviera ahí conmigo. Le pregunté que qué pasaba, me dijo que seguía soñando feo, soñaba con calaveras que le daban miedo, le dije que entonces pensara que él era un Transformer, su juguete favorito en este momento, que se "transformara" en un Transformer y que venciera a todas esas calaveras que lo molestaban, le dije que era fuerte y valiente y que ninguna calavera podría con él. Le dije que yo estaba a su lado para ayudarlo, pero que venciera y destruyera a todas las calaveras que lo angustiaban... a los 5 minutos dormía plácidamente... y yo tranquilo y satisfecho, me dormí a su lado...

Sobre un año de vida...


Un año cumple ya IdeaUno...




No ha sido fácil el adquirir un compromiso de escritura semanal, a veces la musa llega, otras veces hay que acudir en su búsqueda, obligarla a salir, a que dicte algo para ser contado.

Un año de muchas emociones, el alcanzar las 100 entradas, las 5,000 visitas. Ver que el proyecto de publicación abierta ha tomado forma y que el miedo inicial por publicar poco a poco se va diluyendo.

Este medio electrónico se ha convertido en el virtual libro que siempre había querido publicar, el primero fué más facil. El recolectar los escritos, seleccionarlos y ordenarlos para luego imprimirlos y hacer esa presentación del libro de hace 13 años un 16 de diciembre de 1996.

Ahora la publicación se ha convertido en un hábito, en un deseo permanente de no dejar de escribir, de buscar esas historias que animan a seguir, a ser leídas. La presentación se ha dejado atrás, el papel ahora no existe ni existe el evento, ya no existe el proceso de edición, el blog se ha convertido en el editor inmediato, sin censura, sin modificación ni correción de estilo. Surgen las ideas y las historias, y son contadas como aparecen publicadas, apenas con una escueta revisión de ortografía, y correción de sintaxis.

Pero aquí están las palabras como surgen, como son pensadas, de manera inmediata. Tal vez las historias se fraguan de camino al trabajo, algunas en noches de vela, o al fumar una pipa. Otras veces se entremezcla la realidad con la fantasía. No sabría decir que parte de las historias son realidad y que partes son fantasía. A veces historias escuchadas por ahí, otras soñadas, añoradas, olvidadas, unas más vividas.

Pero hoy IdeaUno cumple un año, hace apenas un año decidí por accidente, formar un blog, ¿por qué IdeaUno? Por que tenía varias ideas de blogs para escribir, tenía la idea de que se llamara "ideaetica" pero el dominio ya estaba registrado, así que se me ocurrió que si tenía tantas ideas debía comenzar con una, y así surge el nombre.

Como buen mercadologo debía encontrar un nombre pegajoso y rápido de recordar, quizás no fue el nombre más afortunado, quizás estaba experimentando y esa experimentación se convirtió en ese proyecto que hoy cumple un año.

Junto con este blog han surgido tres más: "Reflexiones del Bonsai", "Blogofacto" y "antimarketing". Que, por cuestiones de "segmentación de intereses" formé para poder diferenciar los temas de lo escrito.

Reflexiones del Bonsai están bajo el nombre de Elo Rojas, Blogofacto bajo el pseudónimo de Federico Laffitte. Un blog sobre visiones críticas de la posmodernidad y su visión plástica.

La idea de usar pseudónimos posee una doble intención: primero, ayudarme a mí a definir el estilo de la escritura y del tema, dependiendo el ámbito al que se adscribe, segundo, ayudar al lector a diferenciar entre un tema y el otro como si de varios autores se tratara. Elo Rojas me gustó como la parte artístico-literaria, seguía siendo mi nombre, pero con una contracción fácil de recordar, al menos mejor que Enrique López.

Federico Lafitte para Blogofacto surge en una disertación alrededor de una botella de vino, Federico en honor a Nietzsche y Lafitte por la región de Lafitte haciendo alusión al vino mismo como una de las grandes regiones de Francia. Tal vez la composición eufónica del pseudónimo permite aludir y reforzar su carácter crítico-plástico que buscaba en Blogofacto.

Andrés Jofre para el blog de Antimercadotecnia, Un blog poco afortunado por mi falta de tiempo y de atención para escribir artículos críticos sobre la mercadotecnia. Un blog sufrido y sobre todo olvidado. Una cruz que cargo por no dedicarle el tiempo requerido. Como bien dijo mi amiga Tania Rendón, "Una forma de tener un pseudónimo es tomar el nombre de la calle en donde vives", así, Jofre por el nombre de la calle en la que vivo, Andrés por que, nuevamente, de forma eufónica combina para realizar un nombre más atractivo y creíble para el blog.

Además de estos blogs está la columna semanal de Páginacero. Una página de caracter abierto que busca ser una referencia primero para Querétaro y luego para México. Me sorprendió cuando me invitaron a escribir en Páginacero. Compartir espacio con Denisse Dresser, una página abierta y con todo un proyecto de comunicación atrás. Me gustó que cada semana me pidan la columna si estoy atrasado, y sobre todo, darme la libertad de poder escribir sobre lo que quiera. He escrito sobre política y sobre educación principalmente.

Quizás mi proyecto inicial de IdeaUno ha tomado poco a poco más importancia, al menos para mí, al menos para lo que hago.

Así pues querido lector, este es mi proyecto liberario: IdeaUno, un blog de historias, anécdotas, historias experimentales, poesí-aveces, y cuentos. Reflexiones del Bonsai, con vinculaciones entre la filosofía Zen y la vida cotidiana, Blogofacto, el blog de crítica plástica y propuesta visual, Pipas Elo, el espacio de presentación y comercialización de mis pipas hechas a mano, Antimercadotecnia, el espacio para la crítica de los artilugios y secretos de la mercadotecnia, y la columna de Páginacero donde se tratan cuestiones sociales.

Espero pues que este espacio literario siga creciendo y que tenga un nuevo rumbo cada vez más con nuevas propuestas o historias que contar.

Gracias por acompañarme en este camino y en este año de vida.

Seguiremos pues por el camino de las letas pues aparentemente no lo hacemos tan mal...








La pipa de Berkelé...

"Pesada, con forma curva y una cánula extraña, tal vez su forma fue diseñada para acomodarse en la palma de la mano, de forma convexa. Extraña en si misma al igual que Berkelé.

Fumaba tabaco de virginia, suave y aromático, complejo en cada exhalación de humo que se escapaba por su boca. Fumaba lentamente como saboreando a bocanadas el pasado. El tabaco quemado había formado una costra de hollín en toda la cazoleta como apelmazando el tiempo.
La pipa de Berkelé sería igual que cualquier otra pipa de no ser por la historia que la marcó para siempre. Berkelé estaba condenado a muerte, y fumando su pipa se despidió del mundo para luego morir ahorcado pidiendo que le permitieran sostener la pipa mientras exhalaba su último aliento.

Berkelé había sido un hombre justo, sabio y humano, pero había sido condenado a muerte debido a la defensa de sus convicciones y respeto a sus ideales. Había muerto por defender en lo que creía. Y exhalando su último halo de vida mezclado con el humo, éste se impregnó en la pipa y se aferró a ella como si de la vida se tratara. Ahora, la pipa se ha cargado de ese misterio que conecta el mundo de los vivos y de los muertos para encontrar el sendero de la verdad..."

...

Esta historia me la contó un viejo anticuario cuando le pregunté sobre si tenía pipas viejas de colección. Me reí para mis adentros. No creía en las leyendas ni las historias. Pero con el paso de los días comencé con la obsesión de la búsqueda de la Pipa de Berkelé. Investigué en Internet pero no había rastro de ella. Quizás el anticuario me pudiera dar una pista. Cuando volví solo alcanzó a decirme que buscara en la tabaquería de enfrente y preguntara por Waldir. El me podría dar más información.

Llegué a la tabaquería preguntando por Waldir, me recibió un anciano octogenario, con el rostro hirsuto y dientes amarillentos de tanto fumar, la voz ronca me dejaba entrever su amor por el tabaco y su obsesión por fumar puro.

Me quedó viendo cuando le pregunté sobre la pipa... me observó largo rato. Luego me preguntó:
-¿Qué tan dispuesto estás a aceptar que hay cosas que no se pueden explicar?-



Guardé silencio y después de un largo instante se acercó a un viejo armario, giró una pequeña perilla y quitó una trabilla. Y de adentro extrajo un viejo trapo manchado por el tiempo. Luego lo colocó encima del mostrador esperando a que yo abriera el paquete.

Lo abrí lentamente y encontré la pipa. Añeja, lisa, extraña en su forma. Pero ahí estaba, La pipa de Berkelé.

Cuando salí de ahí el viejo alcanzó a decir unas palabras que me sonaron a sentencia: "¿estas seguro que quieres abrir la puerta para encontrarte a ti mismo...?"

...

Llegué a mi casa ansioso. tenía un gran tesoro cargado de historia que solo yo conocía. Ansiaba saber más de ella. Acaricié sus contornos, analicé sus formas, revisé que la cañoleta estuviera libre y pudiera ser fumada, la cazoleta estaba llena de hollin. Y la superficie de la madera aún conservaba marcas de las manos de Berkelé...

Busqué ansiosamente mi bolsa de tabaco, encontré mi favorito: Bourley Vainilla. Aculaté la pipa, luego lentamente la encendí y con el retacador comencé a apizonar las virutas para que encendiera el tabaco. Aspiré lentamente el humo... El sabor del Virginia rancio se mezclaba con el aromático Bourley...

De pronto la puerta se abrió, entré yo mismo, me vi, me analicé, me recibí, me saludé y me quité el ego. Me di cuenta que había vivido construyendo una imagen de tristeza y soledad, de miedo a ser querido, a ser aceptado. Me ví a mi mismo con esa máscara de sufrimiento y melancolía. De ansia por ser aceptado, de no ser olvidado. Me vi a mi mismo como se ve al otro, sin verlo.


Me sumergí en mi pasado, lento pasado ya olvidado. Me vi inocente, sufrido y lacerado, aún construyendo sueños que aún hoy no había cumplido. Sin futuro, sin nada construido, sino todo deformado... Me ví ahí derrotado sin haber luchado, vencido sin haber intentado, y muerto sin haber vivido. Me ví desde adentro... Me vi y me lloré como se llora a un muerto, como se llora de desesperanza, de soledad, me lloré con el corazón, con el alma y los huesos. Me lloré con los dedos, con las manos y los sueños. Lloré hasta que las lágrimas se secaron tendidas al sol...


De pronto regresé, se había acabado el tabaco, se había extinguido la última brizna de la cazoleta. y yo regresaba de nuevo a mi realidad. Aunque, no se si ahora podría llamarla mi realidad pues de alguna manera me había visto a mi mismo y descubierto lo que no quería mirar...




La mujer que no...



Siempre había estado tras de ella. Había buscado su horario en el sistema de la universidad para saber exactamente en qué salón y a que hora la podía encontrar y fingir un encuentro casual en los pasillos. Pero siempre había sido un poco difícil poder hablar con ella.


A veces pasaba corriendo para llegar a tiempo a la siguiente clase. Otras veces pasaba y no se detenía, solamente saludaba.


Era difícil coincidir con ella en un lugar que no fuera la universidad. La única oportunidad que tenía para poder acercarme era durante el curso que tomábamos juntos: Urbanismo.


Era mi curso favorito, parecía que sería mi especialidad al finalizar mi carrera de arquitectura. Por mi preferencia en este curso, participaba activamente y el profesor me tenía en estima por el interés demostrado en el curso.


Ella era a veces indiferente conmigo. Quizás pensando que era un compañero de la carrera, quizás pensando que no tenía nada que pudiera interesarle. Pero cierto día escuché que le gustaba la fotografía. -¡Eso es!-, Pensé. Eso podrá interesarla para que pueda al menos darse la oportunidad de conocerme.


A la semana siguiente le comenté: -Escuché que te gusta la fotografía y hay una exposición en el museo de Arte Contemporáneo. ¿te gustaría ir?-


Se quedó pensativa, como dudando, como si sopesara todas mis palabras, luego asintió... Le pedí entonces su teléfono y ella me lo dio, así que quedé de llamarle por la tarde...


Le llamé nervioso sin saber que decir, no tenía auto y probablemente tendría que ir por ella en taxi, algo que siempre era un impedimento con las mujeres en la universidad. Sentían que salir en taxi con alguien era de perdedores. Les gustaban los que tenían auto para poder salir libremente con ellos y si algo se daba, pues tener un sitio ideal y seguro para el primer beso...


Ella me contestó amablemente, se notaba indiferente. Le pregunté a que hora pasaba por ella para ir a la exposición, pero me contestó que estaría ocupada toda la semana. Cuando le mencioné que si gustaba podía ser la siguiente semana me indicó que también estaría ocupada las siguientes semanas... así que entendí el mensaje, me disculpé, y me despedí diciendo: -Luego nos ponemos de acuerdo...-


Así que desistí, dejé de tratar de topármela para luego desepcionarme más al saber que esa semana había ido con otro compañero a la exposición de foto a la que yo la había invitado...



Después de varias semanas ella me llamó, me sorprendió muchísimo, no sabía como había conseguido mi teléfono, pero ahí estaba, pidiéndome que le ayudara a estudiar Urbanismo por que habían cosas que no entendía.


Amablemente accedí y le dije que estaba en casa pero que si quería podíamos vernos en la biblioteca de la universidad. Ella me dijo que no, que mejor llegaba a mi departamento y que ahí estudiáramos. Me sorprendí más. Quedó de llegar a las 7:00 pm. llegada la hora no se presentó... me lo imaginaba... A las 9:30 llegó a mi departamento, sabía que vivía solo.


Me dijo que si no me importaba estudiar en mi recámara para estar más cómodos. Le dije que si. Y comenzamos a estudiar, le expliqué con mis apuntes lo que tenía sobre urbanismo. A las 11:00 pm me dijo que tenía hambre, le comenté que si quería salir a cenar, pedir algo o yo preparaba. Le sonó simpático que yo cocinara, y accedió.


Luego de cocinar seguimos estudiando.


La 1:30 am... Terminamos de estudiar. Era tarde para ir a dejarla, ella no tenía auto, yo tampoco. Un taxi, algo inseguro pero bien valía la pena arriesgarme por su seguridad. Le ofrecí ir a dejarla. Ella dijo que no, me preguntó si no había problema de que se quedara a dormir. Yo accedí nervioso, asombrado.


Le dije que si le prestaba una pijama, -muy calurosa- me dijo. le pregunté entonces que necesitaba: "un boxer y una playera está bien". Le dí un boxer rojo que tenía. Se dirigió al baño y se cambió, se quitó el brassiere para estar más cómoda.


Pero... como vivía solo, solamente había una cama que tendríamos que compartir...


Nos acostamos, apagamos la luz y comenzó el silencio, el misterio, la fuerza de gravedad parecía que actuaba lateralmente más que verticalmente. No sabía que decir, ella tampoco. Estábamos en silencio y ninguno de los dos daba el primer paso.


Yo observaba el techo, no sabía si se molestaría si fijaba la mirada en su silueta, en esos contornos ondulados de su cuerpo, no se había tapado, la temperatura del ambiente era elevada. Veía su piel en la penumbra, la blancura de su piel resaltaba en los contrastes y sentía su nerviosismo, su respiración entrecortada, su arrojo y su conflicto interno por estar ahí en esa situación tan comprometedora, acostada al lado de un hombre, sola y en silencio.


Pasé una mala noche, una noche casi en vela, con el cuerpo entumido, casi inmóvil, ella tampoco durmió, quizás con esa duda en la cabeza, tal vez con la piel ardiendo de deseo, esperando mi movimiento, soñando con mi pasión. Con la indecisión de que pensaría yo si ella daba el primer paso y se acercaba a mi.


Amaneció sin suceder nada, ella me dijo que si se podía bañar, le dije que si y le di una toalla, luego se vistió apresuradamente, se tenía que ir. Ofrecí llevarla, pero se negó y luego se fue y nunca más tocamos el tema, al mes me enteré que ya era novia de un amigo cercano.


La pregunta que siempre ha rondado en mi cabeza desde ese día es: ¿por qué no sucedió?


Quizás es por que se convertiría en la mujer que no. La que guarda ese deseo oculto, el misterio de una noche en vela con una mujer hermosa en la cama sin que ocurriera nada, el recuerdo de lo no sucedido, de lo no consumado. El deseo latente, el sueño no alcanzado, la caricia no dada y el amor no hecho.


La historia que no puede contarse, y el recuerdo de lo no sucedido y no consumado dan pues forma y sentido a esa mujer que no que siempre vivirá en el recuerdo...



La voz en la distancia...

Hoy escuché tu voz en la distancia,
Esperé escuchar aquel murmullo y sensualidad de tu voz,
Esa extraña sensación de un vacio en el estómago,
de silencio apabullante por el nervio de llamarte.

Esperaba ese suspiro indiscreto y nervioso,
esa ansia de las palabras que se apelmazaban por decirte las cosas,
el deseo de sentirte a través del teléfono,
y la risa genuina a la menor provocación de mi voz.

Quería sentir esa emoción de tu voz, de ese hola prolongado,
detenido en el tiempo, secreto y emotivo, ese suspiro solo mío.
Imaginar tu silueta, tu imagen sosteniendo el teléfono,
y con ese brillo de los ojos irradiando la ilusión del destino.

Pero solo escuché palabras colmadas de monotonía,
rodeadas de cotidianeidad como una lista del super recitada.
Los suspiros dieron paso a pequeños reproches,
Silencios y rituales de palabras y adioses...

"Tengo que ir por los niños a la escuela",
"¿compraste lo que te pedí?... hay que pagar el agua",
"¿a que hora llegas?, no viajarás mañana ¿verdad?"
Y yo a veces solamente ansío nuevamente escuchar tu voz en la distancia...