Me gusta el deseo...




Me gusta el deseo... cuando con una mirada furtiva se empiezan a formar los pequeños destellos de interés, de imaginación. Cuando los roces surgen y la piel comienza a inflamarse, se forja la incertidumbre y la desesperación del instante...


Me gusta el deseo cuando los cuerpos se atraen, se buscan, se provocan y con cualquier pretexto se manifiestan en una danza sincrónica de cortejo, como un danzón, como un tango, como un huapango...


Me gusta el deseo cuando existe una promesa de placer, de entrega y de romance. Cuando el instante se provoca y se consigue, cuando los cuerpos no se resisten y se entregan, se comienzan a tocar superficialmente, afanosamente, desenfrenadamente...


Me gusta el deseo cuando la piel se incendia, se inflama al irse descubriendo las capas de ropa para dejar al descubierto la piel y el alma, cuando las manos se entrelazan afanosamente, ardientes de recorrer cada espacio, cada silencio y cada recoveco del otro...


Me gusta el deseo, ese deseo que arde en el vientre, que nubla la mente, que busca la proximidad, la cercanía del otro, que hace subir la temperatura, exudar deseo y pasión desenfrenada, ese deseo que dirige a dos personas a fundirse en una...


Me gusta el deseo que se forja entre dos personas, que no es solo genital, sino corporal, espiritual, colmado de furia, de rabia y de electricidad, en donde el cerebro se entrega al placer y deja de razonar, en donde el alma se descubre y se deja acariciar. Cuando los labios buscan cubrir toda la superficie del otro, recorriendo la piel, arrastrando las historias, buscando dejar esa huella que solamente los amantes saben dejar y marcar por siempre al otro pues lo funden debajo de la piel, debajo del recuerdo.


Me gusta ese deseo que hace que dos cuerpos se fundan en uno, se balanceen, busquen estar lo más unidos posibles, como un entretejido de miembros que se funden en figuras abstractas, retorcidas, desafiantes, lo más compenetrados, con ese deseo acompasado, sincrónico, anhelante, suspirante de exhalaciones libertinas, liberales, libres.


Me gusta ese deseo que detiene el tiempo, que olvida el pasado, que no promete futuro más que el presente, más que ese instante de existencia. Ese deseo que surge, inflama, estalla, y funde. Ese deseo que desafía a la muerte, que congela el mundo, que arrasa con los sueños, que se olvida de dios para convertirse en dios mismo.


Me gusta ese deseo lánguido, de sudor frío, de cansancio y de relajación, de besos posteriores, de suspiros y miradas profundas, de brillos en los ojos, y de abrazos firmes, seguros, y desafiantes. De promesas eternas, y de sonrisas satisfechas...


En fin, me gusta ese deseo que se puede construir y luego algún día, sin ninguna razón aparente, volver a evocar...

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