Terror nocturno...

Anoche llegó Patricio corriendo a mi cama. Se oía muy agitado, conteniendo ese grito de terror que le brotaba desde lo más profundo de su ser. Como una carrera de los 100 metros de los cuales dependía su vida. Llegó a la cama y se subió como se sube un náufrago al encontrar un trozo de madera flotando en el mar.

Su pequeño cuerpo temblaba. Se acurrucó junto a mi para sentir seguridad y protección. Yo lo recibí, lo acogí, lo besé en la frente y lo tranquilicé, suspiró al sentirse seguro y protegido. No podía regresarlo a su cama pues me hizo regresar en el tiempo, a esa época en la que yo tenía su misma edad.

Con su carrera desenfrenada para llegar a lugar seguro, me sentí ahí, corriendo desesperado para llegar al cuarto de mis padres, las distancias que se me hacían eternas, infranqueables, esas distancias que se elongaban a mi carera y que se hacían mayores entre más miedo tenía.

Y cuando llegaba por fin al lugar que me parecía seguro, éste dejaba de serlo. Mi papá me regresaba a la cama. Yo trataba de explicar que había algo que me asechaba, no sabía que era pero ahí estaba, ese algo se escondía en el closet, podía estar abajo de la cama, saltar de entre las cortinas que se movían sutilmente con su paso, o algunas veces lo podía escuchar en el silencio de la noche, pero había algo que siempre me asechaba, que me perseguía.

Mi papá pacientemente se levantaba, abría el closet, me enseñaba abajo de la cama y me demostraba que no había nada, yo argumentaba que era por que eso le tenía miedo a él, pero que esperaba a que se fuera para volver, pero mi papá no me creía. Me acostaba y se iba. Y yo me quedaba ahí todavía con mi miedo, con mi angustia.

Otras veces me dejaban la luz del pasillo encendida, eso me tranquilizaba hasta que una hora después mi papá se levantaba y la apagaba, y volvía a tener ese terror nocturno de ser asechado. Mis padres creyeron que la solución era una lamparita para la noche. Un foco color azul que ponían en la lámpara, mi hermano mayor, protestó que no lo dejaría dormir, pero con tal de que yo no molestara accedió a que permaneciera encendida.

Esa lámpara de luz mortecina no me ayudó, solamente hacía que tuviera más miedo por que ahora si podría ver mejor cuando eso se aproximara a mi. Creía que me atacaría y me llevaría lejos de mi familia y de mi casa.

Cierto día, tenía tanto miedo que se me ocurrió meter la lamparita abajo de mis cobijas, para tener un lugar seguro, al menos abajo de las cobijas la luz era más brillante y me sentía seguro en la casa de campaña que se formó. Me quedé dormido... Después un fuerte olor a quemado me despertó... la cobija se estaba quemando... Afortunadamente no se incendió, pero en la mañana tuve que dar serias explicaciones de cómo se había quemado la cobija...

Y seguí con el terror nocturno, mis papás se esforzaron, usaron todas las técnicas disponibles a su alcance, el decirme que no había nada, el regresarme a la cama, las lamparitas, el irse a dormir un rato conmigo, pero nada funcionó.

Mi papá se desesperaba, se enojaba, regañaba, toleraba. hizo todo lo que pudo, quizás tratando de evitar usar las técnicas que mi abuelo había usado cuando era niño, a el lo regresaban a la cama después de que mi abuelo le había propinado varios cinturonazos para quitarle el miedo, para hacerlo hombre, para que no perdiera el tiempo en tarugadas y se durmiera.

Yo con el tiempo me resigné, acepté que eso existía y que me llevaría sin que yo pudiera hacer algo, me abandoné a mi suerte, dejé pues que me llevara, pero eso nunca sucedió, hasta que con el tiempo y la edad, me di cuenta que ya no tenía miedo, que ya podía dormir tranquilo...

Patricio aún seguía inquieto, no podía dormir a pesar de que estuviera ahí conmigo. Le pregunté que qué pasaba, me dijo que seguía soñando feo, soñaba con calaveras que le daban miedo, le dije que entonces pensara que él era un Transformer, su juguete favorito en este momento, que se "transformara" en un Transformer y que venciera a todas esas calaveras que lo molestaban, le dije que era fuerte y valiente y que ninguna calavera podría con él. Le dije que yo estaba a su lado para ayudarlo, pero que venciera y destruyera a todas las calaveras que lo angustiaban... a los 5 minutos dormía plácidamente... y yo tranquilo y satisfecho, me dormí a su lado...

1 comentario:

Erika dijo...

Muy hermoso, sounds familiar too!