Hoy no vine a decir que si...



Tal vez te sea extraño encontrarme aún aquí. Tal ves creas que ya me había perdido entre la gente y las historias olvidadas. Pero sigo aquí esperándote. Esperando una vez más verte la cara de frente y saber por qué has regresado.


Ya me había acostumbrado a estar sentado aquí esperándote sin esperarte, el verte entre los rostros anodinos de todos los que pasan por aquí suponiendo que algún día aparecerías sin saber si algún día lo harías y regresarías a este lugar que fue tan importante para ambos.


Ahora estás aquí y yo no esperaba verte, no estoy preparado, nunca lo he estado. Siempre he querido tenerte de frente y ahora que lo estás no se que decir y las palabras se agolpan en mi mente, se suceden como una retahíla de memorias, sentimientos y discursos, de palabras, recuerdos y reproches.


Ahora has vuelto con tu vestido negro, el que tanto me gustaba. Con esa mirada fría, gélida, eterna, y te has sentado junto a mí para preguntarme como estoy, como sigo. Sabes bien la respuesta, sabes bien como estoy. Tu has sido la que me ha acariciado y me ha recordado tu presencia, tu existencia.


Y ahora que has vuelto me tengo que mover, no puedo estar sentado viendo el mundo pasar, no puedo ser un expectador de la vida y del tiempo. me he dado cuenta que el tiempo es finito, que soy mortal y que cualquier día me estarás esperando detrás de una esquina, al llegar a casa, u oculta detrás de un defibrilador.


Hace muchos años me dijiste que siguiera creando, que siguiera escribiendo, que mientras tuviera algo que decir te mantendría alejada de mi por que para eso estabas conmigo sin estar, de ahí nuestro idilio, nuestro amor prohibido, nuestra pasión. Y he cumplido mi palabra, he seguido escribiendo y creando. ¿por qué me tenías que recordar ahora que existías?, ¿ya no estaba siendo creativo?, ¿me estaba dejando llevar por la cotidianeidad y la monotonía?, ¿te dejó de gustar lo que escribía?


En fin, hoy regresaste, me sonreíste, me perdí en tu mirada hipnótica, dejé que me besaras y luego me acariciaras el cuello.


Poseo esa huella de tu caricia en el cuello como una sonrisa macabra, una sonrisa discreta, mueca muda y asimétrica de tu amor por mi. Tu beso casi me dejó sin aliento, y luego, sonriente, me viste nuevamente de forma fugaz y te alejaste de ahí riéndote y burlándote de mi inmovilidad. De mi incapacidad de desafiar mi vida y mi historia, de mi monotonía y simplicidad.


Ahora me has dejado inquieto, rabioso, furioso con la vida, desesperado por beber cada segundo, cada instante de mi realidad. Ahora ya no puedo estar sentado viendo el mundo pasar, debo andar entre la gente, ver el mundo, conocer sus ángeles y demonios, volar al cielo y bajar al infierno, volver a crear con esa furia que me has recordado que tiene mi alma y mi voluntad.


Hoy no vine a decir que si, vine a decir que aquí está mi furia y mi voluntad para seguir...

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