Doña Margarita...

Después de 2 días de la operación conocí a Doña Margarita. Era una señora de la limpieza que aseaba mi cuarto. Yo era amable con ella pues hacía su trabajo con esmero, me llamaba la atención el brillo y sagacidad de su mirada, como si pudiera escudriñar en el alma de los pacientes a consecuencia de estar permanentemente en contacto con ellos.

Esa mañana me sorprendió parado viendo por la ventana, quizás reparó en mi mirada distante, aún conectado a la máquina del suero, vestido con esa batita que cubre solamente el pudor y una que otra gasa. Me observó detenidamente y me preguntó:

- ¿Qué le preocupa joven?

No supe que decir, mi mente estaba divagando por diferentes estados, sumergiéndome en reflexiones y cuestionamientos, tratando de asimilar la operación y sobre todo la palabra “cáncer”…

- De seguro piensas en tu vida y en tu futuro… es normal…

Desprendí la mirada distante del horizonte y me volví para encontrarme con ella.

- Es que todo esto es tan confuso, tan extraño que no me lo esperaba…

- Eso pasa muy seguido, -agregó – eso lo he visto muchas veces, la gente cuando siente que la muerte se les puede trepar ven las cosas con mayor seriedad, si no sigues como si tu vida no importara… La muerte te enseña muchas cosas, sobre todo a apreciar tu vida…

Se quedó en silencio como midiendo el efecto de sus palabras, como si quisiera saber si yo no me molestaría con su comentario, y con un gesto de sentir que una vez más se había entrometido en la vida de otro… Me quedé pensando en sus palabras, luego, agregué:

- ¿Por qué tiene que ser así doña Margarita?, digo, ver la muerte de cerca para apreciar la vida de cerca.

- Así somos –dijo casi como un susurro- no nos gusta que la muerte nos recuerde que está ahí, que nos persigue a cada vuelta de la esquina, nos gusta ser inmortales, negar que existe, olvidarla para poder dedicarnos a otra cosa…

- ¿y que es esa otra cosa Doña Margarita?

Tomó el trapo para limpiar la mesa de comida y comenzó con movimientos circulares a limpiar la superficie. Había un silencio en el cuarto, como si todo se hubiera callado en ese momento para esperar la respuesta.

- La gente se la pasa pensando en como ser para los otros, pierde mucho tiempo pensando en ser importante para los otros, dejar huella, que los demás los recuerden o los quieran, pierden el tiempo en buscarse sin querer encontrarse… Pero no se tienen. Quizás si se preocuparan más por dejar huella en si mismos, recordarse a si mismos, que su vida deje huella en si mismos y no en los demás estarían más conscientes de la vida o lo que se puede llamar vida…

- ¡Uchales!- Pensé para mis adentros– ¡Doña Margarita filósofa!, escuchar para creer.

Pero sus palabras encontraron un pequeño hueco para colarse por mi conciencia y empezar a hacer mella en mi forma de pensar. ¿dejar huella en mi mismo? Si siempre se habla de trascender en los demás, dejar huella en el mundo, trascender, ser “alguien en la vida”, esta idea chocaba con lo que yo había escuchado permanentemente toda mi vida. Y ahora se me antojaba como esa forma de reforzar la importancia personal frente al mundo.

Todos queremos dejar huella en el otro, en nuestra familia, hijos, amigos, el país, etc, bueno, queremos aunque normalmente no lo procuramos pero esperamos que así sea. Y luego, cuando alguien cercano fallece, nos damos cuenta que la vida sigue, y que su huella que al principio parece indeleble, poco a poco con el tiempo se desvanece… ¿de qué sirvió entonces el afanarse en dejar huella en el otro?... Doña Margarita me dio la respuesta… Dejar huella en mi mismo, ¿raro no?

- Se quedó callado joven, ¿lo estoy importunando?

- No doña Margarita, más bien me dejó pensando en lo que dijo, ¿cómo puedo dejar huella en mi mismo?, ¿no es contradictorio?

- Mire, se lo explico de esta manera, ¿Qué es dejar huella?, pues el dejar marca, el hacer camino, que algunas cosas sean importantes y significativas para uno para que el día que llegue la muerte uno esté contento de todo ese camino que anduvo y no se ande aferrando como desesperado. La gente se preocupa y actúa más para los demás que para uno mismo, le obedece más a lo que los demás esperan de uno para quedar bien, que lo quieran y dejar huella. Pero eso está mal, uno debe obedecerse y quedar bien con uno mismo satisfecho con su vida y su camino… Esto de ninguna manera quiere decir que usted sea egoísta y no le importe el mundo ni nada, quiere decir que usted debe buscar su propia felicidad, su propio camino y enseñarle a sus hijos a que sigan el suyo de una manera honrada.

- Si Doña Margarita, pero… ¿eso dejaría huella?

- En uno si, la vida es individual, es una experiencia personal y única, y solo ocurre una vez, ¿por qué desperdiciarla queriendo quedar bien con los demás y no con uno mismo?, esto quiere decir que uno se vuelve responsable de su vida y de ser persona de bien y no le anda echando la culpa de sus cosas, de su vida y de sus desgracias a otros. Esa huella es la importante, la que deja uno como ejemplo de persona individual y responsable de su lugar en el mundo, consciente de lo que es y de lo que hace, y no uno que anda por ahí de visita por el mundo esperando volver a venir otra vez pero ahora si a vivirla…

Me quedé pensativo, absorto en lo que doña Margarita me había dicho, quizás sus palabras hacían más sentido en mi situación, en ese momento reflexivo apenas saliendo del quirófano, aún adolorido y sin poder mover bien el cuello por los puntos y las gasas. Empezó a trapear, y volví a observarla.

Era una mujer grande sino mayor, de unos 54 años, robusta y algo pasada en carnes, morena y con ese cabello negro que dejaba entrever algunas canas producto de sus años. Sintió mi mirada escrutadora y sin volverse me dijo:

- Yo también tengo mi historia, también estoy marcada por la muerte igual que usted, ¿o acaso creía que pensaba así nomás por que un día me desperté y se me ocurrió? No joven, eso no llega de pronto, llega acompañado del miedo, de la idea de ya no estar, de faltar, de dejar de vivir. Llega de la mano del deseo por vivir más, por chuparse todo lo que ven sus ojos, de comerse el mundo esta vez, de saber que está uno amenazado de muerte, herido de por vida. El que no ha sentido a la huesuda hablarle de cerca, no podrá entender esto pues sigue con su idea de dejar huella en los demás más que en si mismo. Eso no importa, ya llegará el momento en que lo descubran…

- Pero, ¿siendo así no estaría siendo egoísta sobre todo con mis hijos?, ¿no un padre debería dejar huella en sus hijos al menos?

- ¿pues que le quiere enseñar a sus hijos? Eso depende de usted, usted es el ejemplo que ellos seguirán en sus primeros pasos hasta que comiencen a andar solos por la vida, esa es la ley de la vida, usted solamente será un ejemplo, para bien o para mal, así que depende de usted como será ese ejemplo, y como lo verán, pero como le dije, la vida es individual y cada quien la vive como quiera, así que usted decidirá si se convierte en un ejemplo con una vida significativa para usted o significativa para los demás aunque sea desleal para con usted mismo… eso es lo bello de la vida…uno puede elegir.

En ese momento entró el oncólogo a revisarme… se sentó al lado de mi cama y me preguntó como me sentía en lo que me descubría el cuello y me quitaba la gasa para que la cicatriz comenzara a secar más rápido… revisó el catéter que drenaba la sangre del pecho y como por arte de magia Doña Margarita desapareció…

Esa noche no pude dormir bien, el suero en la mano, mis pensamientos en la otra. Esperé hasta que amaneció para volver a ver a doña Margarita, platicar con ella y despedirme pues ese día abandonaba el hospital, quería agradecerle sus palabras. De pronto llegó otra señora, el sábado era el día de descanso de Doña Margarita…

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