Historia de un cuento...



Nació junto con una poesía. Venían tomados de la mano, como si fueran gemelos como si fueran hermanos. La poesía le había dado ese ritmo y cadencia del lenguaje. De padre escritor -y una madre que se había perdido en alguna historia llena de recovecos literarios- se conformaba su historia y su linaje.




Aspiraba algún día a crecer y dejar de ser un pequeño cuento, una pequeña historia y convertirse en una gran novela. Alguien que dejara huella, que permaneciera en la mente de aquel que le leyera.


Por las tardes acudía a la biblioteca y platicaba con las grandes obras, algunas se le hacían muy presuntuosas, otras mas parsimoniosas en su discurso y su historia. Por ahí algunas pecaban de aparentar ser muy cultas disimulando su vacuidad a través de lenguaje intrincado y metafórico como tratando de ocultar su falso valor depreciado.


Algunas otras veces acudía al parque y se encontraba con aquellas historias de kiosco de periódicos, letras populares, - hilarantes algunas, dolorosas otras - plagadas de notas rojas y morbosas. Estas historias le divertían, le hacían pasar un buen rato pero luego comenzaba a aburrirse de su tristeza, la simplicidad de sus historias y desarticulaciones narrativas. Sentía que esas historias eran difusas, diáfanas y vacías.


Buscaba pues su lugar entre tantas y tantas historias, había nacido de la mano de una poesía pero eso no significaba nada o pensaba que no podría significar algo. La poesía era tan distinta a él. Ella tenía ritmo, métrica, rima, y él solo era una pequeña historia que aspiraba a ser una novela cuando creciera.


¿Cómo pues ser una novela importante? ¿aprendiendo de las grandes obras?, ¿bajando por los suburbios y los arrabales a encontrarse con historias costumbristas y dramáticas? ¿Quizás algo cómico?, ¿Filosófico?, ¿científico?, ¿histórico?. No sabía que camino tomar, hacia donde dirigirse y de quién aprender.


Tal vez debía abandonarse, dejarse llevar, "Se tu mismo" le dijo su padre escritor, "Te llegará tu momento" le dijo su madre como diálogo de una carta de amor olvidada. Su hermana, la poesía canturreaba y disfrutaba el devenir de su indecisión, angustia y ambición, aprovechándolas como composición versada algunas veces, otras como fluida y elegante prosa.


A veces se dejaba llevar por algún personaje, como aprendiendo a formar un carácter, a hilar una historia. Otras, se obligaba a crear una idea, un discurso o una imagen que le parecía significativa. Se debatía entre ser una historia para unos cuantos o una popular y llamativa, como si fuera vestido por los adornos de la mercadotecnia.


Deambulando cierta vez por la calle, absorto en sus cavilaciones no reparó en el auto que se aproximaba. Apenas y pudo reaccionar, el golpe fue de lleno y directo. Un crítico lo había arrollado sin frenar y apenas sin darse cuenta. Y ahí yacía tirado en la acera, sangrante, lacerado y lastimado. Apenas consciente de lo que había pasado.


¿vivirá?, ¿se abandonará a su destino?, ¿seguirá siendo el mismo o quedará marcado para siempre?, paralítico, raquítico y enfermizo tratando de evitar ser rechazado por una sociedad que lo ve diferente, minusválido u olvidado.


Fue ingresado en urgencias, fueron necesarias 3 transfusiones de lectores ávidos para estabilizarlo, aunque seguía en terapia intensiva. El diagnóstico: trauma en la trama, fractura de personajes, laceración en el desenlace y unas fisuras en el calima. Todo ello servía para reportarlo en estado grave. ¿reaccionará?, ¿saldrá del coma literario en el que se encuentra sumido?


Entre sueños del coma literario y los vaivenes de conciencia pudo vislumbrar una luz que le guiaba, le mostraba el camino de vuelta a su sentido y significado lejos de las palabras presuntuosas, entre los secretos del discurso. Esa luz poco a poco se materializó en una figura diáfana y etérea, sutil y cadenciosa. Era la musa, era su historia. Le besó la frente, le miró a los ojos, y le dijo: "Una letra es una imagen, pinta con las palabras los instantes de tu vida más allá de la vida misma". Y luego se alejó sin más.


De pronto despertó con un gran ímpetu, con furia y desesperación suplicando por una hoja en blanco y una pluma para el corazón...

1 comentario:

marcoskofc dijo...

felicidades hermano

escribir es una forma de darse y recibir. se te quiere