Las piedras...

Mi amiga Lorena me dijo un día que las piedras suspiraban, me reí. -Está loca- dije. Lorena siempre se ha caracterizado por su visión atípica, una poeta escondida o frustrada. Su mente divaga como Alicia en el país de las maravillas pero el escucharla es toda una aventura, pero esto iba más allá de toda lógica y razón.
-¿cómo las piedras pueden suspirar?- pregunté -Si ni siquiera respiran...-
-Eso es lo que tu crees- me dijo. Es muy sencillo, solamente toma una piedra, y si prestas atención te darás cuenta que están respirando... respiran muy lentamente, sutilmente.
-Estás alucinando- le dije con tono de broma pero ocultando mis verdaderas intenciones de desacreditar lo que me decía.
- Es fácil, toma una piedra, ponla cerca de tu oído y no pienses en nada más, verás que de pronto escucharás un leve y casi imperceptible sonido, lento, hondo, pausado entre aspiración y exhalación.-
Así que tomé una piedra y la puse en mi oído, me reí para mis adentros, no escuchaba nada... después de varios minutos le dije: -ahora si fumaste de la buena, no escucho nada-.
- El sonido de la respiración de una piedra no se escucha con los oídos tapados como tu los tienes. eso es lo que pasa. Tus oídos están saturados de sonidos, de palabras bonitas o altisonantes, pero estás colmado de sonidos, o más bien de ruidos. Por eso no escuchas. ¿a caso escuchas los latidos de tu corazón? no, no los escuchas por que estás esperando ese sonido fuerte y claro, identificable por ti, que sepas que es lo que retumba. Oyes todo, pero no escuchas nada. ¿a poco sabes escuchar?. sabes oír, oyes el ruido de los autos, oyes las palabras y los sonidos, a la gente cuando te habla, oyes la música, oyes todo a tu alrededor, pero ¿que de eso que oyes realmente escuchas?.
Mi risa se fue borrando poco a poco con sus palabras. No supe que decir. Aun así seguía escéptico con que las piedras respiraran. Se me hacía absurdo...
-Vamos a hacerlo más sencillo- me dijo después de un rato. -Busca una piedra que te guste, la que quieras, la que creas que es tuya en este mundo, la que creas que se parezca a ti. Una vez que la encuentres te demostraré que las piedras respiran-.
Meses después en una excursión a Matacanes cerca de la Cola de Caballo en Nuevo león me encontré una piedra que me pareció ideal, me gustó su forma pulida por el tiempo y el agua, desgastada y afinada, de color gris obscuro como si fuera granito, y tenía vetas blancas que rompían su continuidad. Recordando las palabras de Lorena, le pedí a la piedra que me acompañara y accedió, bueno, más bien no contestó, pero quise saber si lo que me había dicho era verdad o no. Así que puse la dichosa piedra en mi cangurera y luego salí de ahí.
Semanas después volví a ver a Lorena, esta vez con mi piedra en la mano. Cuando me vió llegar sonrió con un gesto entre alegría e incredulidad. nunca pensó que la tomaría en serio. Pero estaba dispuesto a comprobar que se equivocaba o al menos nos reiríamos juntos de esa idea tan loca que le había surgido de la cabeza.
Tomó la piedra entre sus manos, la observó lentamente y acarició todos sus contornos como si quisiera conocer toda su superficie, luego, se la acercó a la boca y susurró quien sabe que mezcla de conjuros, mantras o palabras mágicas, y acto seguido se puso la piedra cerca del oído y comenzó a sonreír como si esta le estuviera respondiendo...
-El hopital psiquiatrico está cerca de aquí- pensé, -¿paranoica?, ¿esquizofrénica? ¡Seguro!, algo de esto tendrá...- De pronto acercó la piedra a mi oído y comencé a escuchar un leve siseo, un sutil murmullo, como un aleteo de alas de mariposa, y me aterroricé... -¿que hiciste?, ¿me estás engañando?...
Lorena solamente sonreía, mantenía los ojos puestos en mis ojos abiertos, sostenía la piedra lo más cerca de mis oídos y trataba de calmarme.
El aire me faltaba, la cabeza me daba vueltas, el estómago se me revolvía en un nudo entumecido y la nausea quería hacer su aparición. No podía creer que esa piedra estuviera respirando. Algo le había hecho, debía haber una explicación científica para eso, no podía ser verdad. Quizás el agua que se había absorbido por tantos años en un rio caudaloso al tener un cambio repentino de temperatura y humedad comenzara a evaporarse haciendo un ruido imperceptible. O quizás tenía una micro bocina escondida en la manga de su blusa conectada a un iPod con los sonidos que escuchaba, pero la blusa no tenía mangas y no veía ningún cable. ¿entonces?
Después de media hora con la mente hecha girones al tratar de racionalizar lo que escuchaba, por fin me di por vencido. Tomé la piedra entre mis manos y la acerqué otra vez a mi oído. Nuevamente escuché sutilmente ese sonido, lejano primero, luego, poco a poco más claro y más sereno. Hasta que por fin me abandoné a esa sensación y comencé a escuchar...
Dejé de oír los ruidos a mi alrededor como si el mundo se hubiera detenido, nada importaba, solo el escuchar ese leve sonido que la piedra emitía de forma muy lenta, pausada y armoniosa.
Lorena rompió el trance en el que había estado, luego, después de un rato de no poder decir nada le pregunté: -¿cómo es posible?, ¿por qué respiran?, ¿por qué nadie lo sabe?-
-¿respirar quién?, ¿saber que?, ¿de que hablas?-
- Las piedras- Dije.
-¿piedras?, ¿estás loco o que?
- No, tu me dijiste que trajera una piedra y me enseñarías que podían respirar y hace un momento estaba escuchando a una.-
- ¿yo? estás loco, ¿como que las piedras respiran?, ¿yo te dije eso? se me hace que estás esquizofrénico...-
- Pero... si tu le hablaste a la piedra, me la acercaste al oído, y comencé a escuchar...-
- Mira, no se que te traes pero se me hace que no debes fumar, tomar o inhalar nada, estas alucinaciones no te dejan nada bueno. o de plano mejor ve con un psiquiatra, no vaya a ser que te deschavetes. Eres mi amigo así que mejor ubícate con esta idea loca de las piedras que respiran, cantan o bailan, al rato llegas con que viste a un árbol que canta...
Quedé desconcertado, abrumado, ¿habría sido todo un sueño?,¿una alucinación consciente?¿me estaba drogando y no me había dado cuenta?. ¿que había pasado? ¿por que Lorena cambiaba nuevamente?...
Decidí irme de ahí... me despedí de ella, no quise hablar más... y antes de cerrar la puerta del taxi e irse me dijo:
- Espera a encontrar una que cante... Eso si es bueno-
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Aprendí entonces a escuchar a las piedras respirar, algunas suspiran de vez en cuando, quizás porque extrañan algo, otras por el contrario, ronronean como si estuvieran comodas en donde están. Algunas susurran pequeños versos ininteligibles pues son muy lentos para entenderlos, otras gritan con sus formas y sus colores lo que quieren decir. Aun estoy en búsqueda de aquella que cante...

1 comentario:

concepto-aparte dijo...

Muy bella historias. Enhorabuena