Don Martin y el cine Variedades

Don Martín siempre había deseado ser piloto aviador. Aunque en esas fechas era muy difícil pues los estudios eran por demás impagables, más para un niño de un pueblo pequeño que tendría que viajar hasta la capital para poder estudiar aviación.

Su papá era dueño del Cine "Variedades". Lo habìa comprado con arduo trabajo y tezón con la idea de sacar adelante a su familia. Los costos operativos eran mayúsculos, sobre todo debido a que el cine contaba con solamente una sala. Pagar pues los derechos de las películas y proyectarlas durante 2 semanas era muy riesgoso ya que si ésta no era buena, la gente del pueblo que acudía a la función de estreno no la recomendaba por lo que se pasaban 2 semanas arduas esperando a que llegara gente o llegaran las películas nuevas para recuperarse.

A veces Don Martín se tenía que hacer cargo de la dulcería. Le gustaba hacer palomitas y ponerlas en esos vasos altos para que la gente se divirtiera durante la función. Agregar el aceite y la sal junto con el maíz en la cacerola que ardía con el calor de la estufa de gas y disfrutar de ese seductor aroma de las palomitas recubiertas de mantequilla.

Odiaba cuando le tocaba limpiar los sanitarios entre función y función o después de los intermedios. No entendía por que la gente podía ser tan sucia en tan poco tiempo.

La suciedad del cine aumentaba con las películas de terror, -es el ansia que provocan este tipo de películas- decía su padre. La gente compraba más palomitas, dulces o refrescos y era cuando más sucio quedaba el lugar.

Con el tiempo, la gente comenzó a dejar de ir al cine. -Quizás sea bueno comenzar a proyectar películas pornográficas- le habían sugerido a su padre, éste se negó rotundamente. Seguiremos proyectando películas de calidad. Ahora, por el precio de un boleto se podrían ver dos películas. Surgió entonces la "permanencia voluntaria".

Las primeras funciones estaban repletas de niños y adolescentes. Por las noches, las parejas se acurrucaban y escondían de los presentes en la platea para que nadie los viera. En esa época las sillas eran de madera por lo que se podía fumar durante la película. La parte de arriba era de fumadores y parejas ansiosas, la de abajo, de gente seria y decente (aunque siempre envidiara en el fondo a los de arriba).

Don Martín recordaba con cariño esa época de esplendor del cine "Variedades" en el pueblo. Él seguía con el sueño de ser aviador. Aún a pesar de que su padre ya había fallecido hacía 5 años y ahora él se hacía cargo del cine. 

Nuevamente la gente estaba ´dejando de acudir al cine, -son los videocentros- decía la gente. Don Martín se sentía cansado ya por tanto recorrer las calles entregando los programas del cine casa por casa. Los entregaba en mano, o por debajo de las puertas, sabía bien quién iba al cine, conocía a todos o casi todos. Los había visto llegar solos o acompañados, conocía sus secretos, sus susurros, los silencios. 

Todo aquello que no se podía decir o ver, el lo conocía, se había acostumbrado a la penumbra, a la distracción que provocaba la imagen proyectada en la pantalla para enfocarse en la gente que acudía y se liberaba ahí, ya sea identificándose con el protagonista, o entregándose al de al lado. 

De pronto se le ocurrió algo, llegó como una inspiración divina. El cine ya no sería lo mismo. La publicidad haría su aparición. ¿cómo entregar más programas del cine en el menor tiempo? ¿con perifoneo?, ¿contratando a más personas que hicieran el reparto?

Se acordó de su pasión por ser piloto, comenzó a doblar lentamente el programa de ese día que incluía la película "Tiburón" a las 3:40 y 8:25 y "Roller boogie" 5:20 y 10:40 hasta hacer un pequeño avión de papel. Luego hizo otro y otro más. Cuando se dió cuenta había doblado todos los programas con forma de avión.

Se subió a su Dart modelo 65 y comenzó a recorrer las calles de la ciudad. Había encendido el perifoneo anunciando las películas para ese día y cada vez que veía una puerta abierta, una tienda o un hotel, sacaba uno de esos avioncitos, afinaba la puntería y los arrojaba por la ventana sin dejar de ver hacia el frente. Algunas veces era más certero que otras. A veces arrojaba esos avioncitos de papel a los transeuntes que caminaban por las calles. 

La gente pronto se acostumbró a encontrar esos avioncitos en las puertas de sus casas y negocios, en la calle o en las esquinas. Ya no habían programas doblados, solamente avioncitos anunciando las funciones del dia de hoy y el de mañana.

Cuando murió Don Martín, ya nadie hizo los avioncitos. Ahora casi nadie se acuerda de aquél hombre que quería ser piloto aviador y logró serlo por medio de todos esos avioncitos arrojados durante años por toda la ciudad de San Cristóbal de las Casas y sus rincones para anunciar las películas del cine "Variedades".

Este es un pequeño tributo a su memoria y el recuerdo de esos extraños sucesos que eran cotidianos en la ciudad.    

La niña de Guatemala...

Había por fin terminado la secundaria, no con muchos méritos pero lo más importante es que había aprobado el examen de admisión en una preparatoria de renombre. Así, comenzaba pues todo el largo peregrinar que -no me imaginaba- me llevaría muy lejos de mi tierra. Aún así, me encontraba muy contento y animado en compañía de mis amigos.

La algarabía estaba presente, ese ánimo de haber vencido otra vez y que el mundo se abría un poco más para ser conquistado. Así que, terminando las clases se comenzaron a hacer reuniones para reafianzar los lazos de amistad.

Uno de esos días de vacaciones se nos ocurrió ir al cine, alguna película interesante o al menos lo suficientemente buena para pasar el rato, -no importaba-, lo importante era estar juntos y aprovechar el tiempo antes de partir cada uno por su rumbo, cada uno a recorrer su propio camino.

Terminando la película veníamos saliendo del cine, unos empujándonos, otros riendo o pensando a donde nos dirigiríamos en ese momento. De pronto, en el pasillo, junto a una amiga de años atrás que había estudiado en otra escuela, estaba ella, ahí, tímida y sonriente, con ese brillo en los ojos que solo la inocencia y la alegría que uno tiene a los 14 años.

Me vió y me sonrió. Hacía ya 2 años y medio que no la veía. la última vez que la ví ella tenía 11 años y yo 12. Aún la recordaba de shorts y una camiseta como de toalla, con unos walkmans en la cintura y una coquetería que a mis 12 me daba miedo. no sabía como reaccionar.

Ahora a los 14 parecía más seria, mas inocente, pero había cambiado, se comenzaba a convertir en mujer. Ese lento despertar de una crisálida que aspira a ser mariposa, que comienza a mudar, a transformarse en algo más.

Mi amiga me llamó. Me acerqué con ese aire de suficiencia y de seguridad que a los 14 años uno quisiera tener pero que solo disimula la inseguridad propia de la edad. La saludé. Sonrió tímidamente. Le pregunté que cuando había llegado. Tenía apenas dos días, se quedaría 15 más. Sonreí. Ella no dejaba de verme a los ojos. Brillaban extrañamente.

Decidimos ir a tomar un café. Las invité. Aceptaron ir con nosotros. Íbamos en grupo, eramos como 18 caminando en la calle buscando extrañamente un café que pudiera albergarnos a todos y tuvieran la paciencia suficiente para tolerar los desmanes y el limitado consumo de un café por cada uno, pues dinero no teníamos.

Platicamos largo rato. Me gustó su voz cantarina, esa sonrisa abierta. -Tienes un lunar en el dedo- le dije, Sonrió. -Siempre lo he tenido- Me respondió. Fué un excelente truco para poderla tomar de la mano y ver sus dedos, sentir su piel que pronto se puso húmeda ante el contacto con mis manos. Se sonrojó.

Por la noche se fué. Me volvió a gustar otra vez -como cuando tenía 12 años-. Quería verla de nuevo y platicar con ella. Mis amigos nos habían visto y sonreían maliciosamente. Decían que algo había entre los dos. Hasta ese momento... nada.

Nos vimos varios días más, era hermosa, la piel morena, cabello negro, sus ojos café obscuro que brillaban con esa intensidad que necesitaban que los párpados dirigieran la mirada hacia abajo para disimular ese resplandor que parecía inundar todo.

Cierto día hubo reunión en la casa de uno de mis amigos. Sabía que ella iría por que eran vecinos. Me moría de ganas de llegar y verla. Conté los minutos para que diera la hora y poder llegar. Cuando llegué no había llegado. Me decepcioné un poco.

A la media hora ella llegó junto con dos amigas. Una de ellas era la amiga en común que teníamos: Lorena. Ella me tomó del brazo y me llevó a la parte de atrás. Quería hablar conmigo. Me dijo que le gustaba a su amiga, pero que era muy penosa. Me sentí muy orgulloso, hasta cierto punto en control, ella quería conmigo, pero yo quería darme importancia. Le dije que las cosas se darían y que con paciencia saldrían, que no me presionaran.

Me sentí extraño, Jamás me había sentido así, tenía apenas 14 años y era la primera vez que me enteraba que le gustaba a alguien. De todas maneras había que aparentar otra cosa. La tarde discurrió sin incidentes, yo procuraba estar cerca de ella, aunque cada vez que estaba cerca se quedaba callada y evitaba verme de frente.

Sabía que se tenía que ir pronto, decidí no perder oportunidad. Le pedí que me acompañara arriba, quería que estuviéramos solos. Nadie subió o misteriosamente alguien prevenía a los de abajo y los disuadía para que no subieran. nos quedamos solos. Sus ojos brillaban con mayor intensidad a pesar de tener la cabeza baja. veía hacia arriba en un gesto que parece ser la contradicción entre decisión y timidez.

En el momento en que pareció distraerse me acerqué lentamente, pareció no notarlo. Me aproximé un poco más y ella me vió a los ojos tímidamente, entendí la señal, me acerqué y la besé suavemente. Ella apenas y pudo reaccionar.

Era nuestro primer beso.

Sentí sus labios gruesos y suaves, el aroma de su respiración, el sudor de sus manos que se mezclaba con el de las mías. entreabrí los ojos en secreto y pude ver sus ojos cerrados, casi podía ver a través de sus párpados el brillo y lo que pasaba por su mente.

Ese era el primer beso, y el comienzo de una historia atribulada y tormentosa.

La corrida...

Mira hijo, hoy vas a aprender sobre lo que nosotros denominamos "la fiesta brava". Ya es hora de que te conviertas en un hombrecito y sepas de lo que se trata. no debes asustarte. Será sangriento y violento, pero forma parte de nuestra historia y de lo que nosotros hacemos. Deberás poco a poco acostumbrarte a esto. Así que presta atención a todo lo que te digo.

Ese lugar le llamamos la plazoleta en donde hay una puerta, ¿si la ves?... Ahi verás que hay una puerta por donde aparecen.

Normalmente salen corriendo, salen con mucha fuerza pero desorientados, no saben en donde están ni que hacen ahí, este elemento es clave para tu actuación pues deberás mostrarte firme y seguro. Jamás debes demostrar miedo pues lo huelen y te puede ir muy mal.

Jamás estarás solo, ni podrás actuar solo, siempre debe haber gente a tu alrededor que te ayude. Necesitas de los picadores y de los "banderilleros". Ellos lo que hacen es utilizar una puya primero para restarles fuerza. Con los picadores cualquier fortachón se convierte en algo más manejable pues ya viene herido.

Actuamos en tercios, el primer tercio es el de los picadores, así les restan fuerza y brutalidad, los amaina. tu debes estar ahí desde el principio, mostrarte seguro y confiable, Y sobre todo demostrar quien eres frente a todos, demostrar que no te arrugas ante nada. Levanta la cabeza, mantente erguido y firme, si tienes miedo no lo demuestres, aguántatelo.

Luego vienen los "banderilleros", ahí es donde comienza nuestro arte. Dos de ellos deberán cuartearlo, el tercero deberá ejecutar su suerte en una especie de danza para distraerlo y lastimarlo nuevamente para que se inquiete, para que se desoriente. Todo esto es en tu beneficio. Es para que puedas lucirte al final pues ya bregaron y adornaron para ti. Para que tu puedas terminar las cosas como debe de ser.

 A estas alturas ya deberá haber mucha sangre regada. Quizás algunos resoplidos y furias, pero cada vez habrá menos pues están debilitados. Que la sangre no te intimide pues es la muestra de tu poderío y tu inteligencia. De tu superioridad. tu capacidad de conforntarte de frente y sin temor alguno.

Los primeros serán dificiles, tendrás miedo, descubrirás el horror en sus ojos, olerás lo fétido de su desesperación por aferrarse a sobrevivir. Pero están destinados a morir, esa es su historia y su destino. tu solamente les ayudarás a que esto suceda, serás el vehículo para que dios cumpla con los destinos.

La tercera parte la desempeñas tu completamente. Ya están picados y "abanderillados" por lo que puede ser que luchen o se replieguen. Su instnto les hace desconfiar de cualquiera y atacan cuando ven que tienen una oportunidad de salir de ahí.

Nosotros no indultamos ni perdonamos,simple y sencillamente actuamos hasta las últimas consecuencias. Ahora tu tendrás la oportunidad de vivir este evento. Es necesario que te ensucies las manos, que entiendes que todo esto es un arte y cuando se utiliza la puya para ver la sangre manar, no hay mayor satisfacción pues es una manera de decubrir quienes somos y hacer nuestro trabajo bien y rápido...

Mira hijo! ya llegó el primero... corre que ahora estará Abimael... sino te perderás de todo lo que implica la fiesta brava...

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¡Muy bien hijo! lo hicites muy bien para ser tu primera vez. Espero con ansias que ya seas tu el que esté al frente de esa puerta cuando comiencen a entrar los migrantes. Con calma, esperemos que el próximo año ya puedas matar a los tuyos.

Indios mugrosos, ¿que sería de nosotros sin migrantes para festejar la fiesta brava? que bueno que están aquí. Pa´ eso dios los puso en este camino, para que de manera gloriosa murieran en vez de ir y padecer hambre y frio en Estados Unidos. Aquí los enaltecemos, los veneramos y aprovechamos para que su vida tenga significado pues participan en nuestra fiesta brava. De otra manera jamás harían lo que les sugieren.

Esto es lo bello, esto es nuestro arte, matar a migrantes de manera elegante y artística. es cuestión de porte. Ellos tienen la posibilidad de defenderse y lo hacen. La vez pasada dejaron mal herido a uno de los "banderilleros" tuve que entrar a salvarlo de la turba con el AK-47

No entiendo por que la gente se horroriza ante esto. Estamos en un lugar controlado de la frontera, así, evitamos que los migrantes lleguen a EU y se queden aquí para este especáculo. ¡Todos ganamos!

¿verdad que si te gustó mijo?

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No tienes por que agradecerme nada, es por formación y por hábitos..formación y el gusto por lo artístico y elegante. Puedes usar el arma que quieras la próxima vez. Lo importante es verlos morir.

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¿A poco pensaron que hablaba de toros?

Una historia de arrabal: la Santa Esperanza.

No podría vivir en el arrabal.
Ver como con esa parsimonía y dejadez pueden vivir su vida, sin ambición, sin ilusión.
Ahí, dentro de esos tejabanes habitaban familias enteras, reducidos a espacios mínimos y apenas habitables. Las paredes con espacios donde se cuelan los vientos, y por que no, los aromas producidos por las cocinas de otras casas.

Ahí vivía Darío. Un pequeño que había llegado al mundo gracias a la partera de la comunidad. una señora de carnes abundantes, aroma penetrante y sonrisa afable que había estudiado un semestre de enfermería en la escuela pública y que había desertado por falta de recursos para seguir estudiando debido a la muerte de su padre, por lo que tuvo que encargarse de su familia y sustento.

El padre de Margarita, la partera, había llegado de una comunidad lejana buscando una mejor oportunidad de vida cerca de la ciudad. Había llegado a la Santa esperanza años atrás siguiendo a los demás migrantes de zonas rurales a zonas urbanas en pos del sueño de progreso y bienestar que la revolución había prometido.
Nada de eso había pasado.
La realidad era otra, escaseaba el trabajo, los sueldos eran bajos y las jornadas extenuantes. Pero no se quería regresar a su pueblo. Pensaba que sería regresar como un fracasado, como si la misma realidad lo hubiera confrontado y regresado de un  golpe a refundirlo a ese pueblo del que un día había salido. A pesar de las condiciones en las que se encontraba, prefería malvivir en "La Santa esperanza" que regresar al pueblo de campesinos del que había salido. Ahora era un citadino.

Don Prisciliano no había sido un hombre muy fiel, como lo eran en su pueblo, había tenido varios deslices entre las mujeres de "La Santa Esperanza", pero según él, nada de que preocuparse. Hasta ese día que se enteró que Cinthya, una de las mujeres con las que había estado, había quedado embarazada.

Cinthya era una mujer mayor en su pueblo natal: Zacatipécuaro. Ya tenía 15 años y no se había casado. El pueblo ya la veía como una mujer que se quedaría para vestir santos. Era muy devota y religiosa. Todos los días acudía a la iglesia para pedirle a dios que le enviara un marido.

La pobre imagen de San Antonio debió haber estado mareado y víctima de vómitos a causa de estar tanto tiempo de cabeza y sin cumplir el milagrito de conseguirle un marido. Cinthya un día dejó de rezar. dios y San Antonio se habían olvdado de ella. Un día llegó una señora en un auto preguntando si alguna mujer del pueblo quisiera irse con ella para ser sirvienta en su casa. Cinthya no lo pensó ni un minuto. Era su oportunidad. Se subió a ese auto y no volteó para ver lo que dejaba atrás: familia, amistades y el  San Antonio que no le cumplió el milagro.

Cinthya pasó 27 años trabajando en la casa de la señora que la había sacado del pueblo para llevarla a la gran ciudad. Trabajó con esmero y dedicación hasta el día en que la señora murió de una embolia fulminante. Después del sepelio le dieron la noticia: ya no tendría trabajo. Debía buscarse un lugar para vivir.

Miguel, el chofer, estaba en la misma situación. Pero Miguel vivía en La Santa Esperanza, la invitó a irse con él. Ella aceptó. no sabía que Miguel era soltero. Era fuerte y atractivo, ya pasado en años. No comprendió por que aquél hombre vivia solo hasta que viviendo con él descubrió su secreto.

Miguel era un citadino de nacimiento, sus padres habían vivido ahí desde muchos años atrás y provenía de una familia de clase media. Conocía la ciudad y sus recovecos, había aprendido a manejar desde muy pequeño.

A los 14 años, cuando sus compañeros estaban inquietos con el despertar de la pubertad y observaban a sus compañeras, Miguel en secreto, se estremecía con sus compañeros. No entendía por que no sentía lo mismo que sus compañeros y las jovencitas, él se sentía diferente y atraído por los hombres.

Miguel guardó su secreto celosamente, trataba de acceder a las presiones de sus padres para que saliera con chicas de su edad y consiguiera novia. Nunca pudo. Aunque muchas pretendientes desfilaron por su casa.

Cierto día su padre lo descubrió besándose con un amigo de la cuadra. El horror y la furia que se desencadenó después de ese suceso fue un verdadero infierno. Maltrecho y lastimado, herido en el orgullo y en el alma, decidió huir de la casa. Vagar sin rumbo en la gran ciudad, ser autosuficiente, convertirse en hombre aunque sus deseos carnales fueran otros.

Así llegó a la Santa Esperanza. Golpeado, maltrecho y hambriento. Don Prisciliano lo ayudó y le dio cobijo, lo curó y alimentó. Jamás le preguntó por que llegó así, ni de donde venía. Nunca cuestionó su origen. Él solamente lo adoptó. Algunos de La Santa Esperanza decían que había algo extraño entre ellos, no se veían como padre e hijo, o padrino y ahijado. Pero en La Santa Esperanza nadie preguntaba nada. nadie veía nada pues todos tenían sus propias historias.

Así que cuando Miguel llegó a la casa de Don Prisciliano con Cinthya no hubieron preguntas. Simple y sencillamente las cosas siguieron su curso. Cinthya comenzó a acostumbrarse a su nueva vida. Limpió y arregló la casa con esmero y dedicación. Se apoderó de su nuevo hogar y decidió ser feliz.

Con el tiempo, Don Prisciliano comenzó a ver ese cuerpo de mujer madura y maltrecha, sus movimientos sutiles, sus ritmos y cadencias. Cada día se inquietaba más y buscaba momentos para observarla a hurtadillas, de reojo, intencionadamente.

Cinthya al principio no se percató de las miradas y de los roces. Pero con el tiempo comenzó a acostumbrarse a ellas y buscaba provocarlas, las disfrutaba. Nunca antes un hombre se había fijado en ella y la deseaba con tanta intensidad.

Cinthya decidió irse el día que supo el secreto que existía entre Don Prisciliano y Miguel. Se sintió ofendida, confundida, extrañada. Decidió irse sin más. Don Prisciliano entendió y se sintió aludido. La Santa Esperanza por primera vez rumoró. Veían a Don Prisciliano y a Miguel con ojos extraños, distantes y escrutadores.

Don Prisciliano entonces comenzó a distanciarse de Miguel, en la calle de manera evidente volteaba a ver a las mujeres que pasaban. Quería que lo vieran como el hombre que era. Flor, una mujer ya pasada en años y en carnes comenzó a sentirse aludida con esas miradas, comenzó a desfilar frente a Don Prisciliano, éste reaccionó, y después de varias escaramuzas, escarceos y coqueteos, el matrimonio se llevó a cabo entre rumores y beneplácitos de los presentes y ausentes.

Don Prisciliano y Flor tuvieron una hija: Margarita. Rolliza y sonriente. Con el tiempo y la rutina la monotonía comenzó a hacer estragos en el matrimonio.

Miguel un día amaneció muerto en una barranca. Estaba desnudo y sangrando. Dicen que los de la pandilla del rojo lo mataron por acostarse con Lucinda, su novia. Dudaban de que así fuera. El crimen nunca se esclareció.

Cinthya fué a buscar a Don Prisciliano para aivsarle de la muerte de Miguel. Lloraba desconsoladamente. Don Prisciliano trató de consolar el llanto de Cinthya. Sus cuerpos reaccionaron inmediatamente. Una semana después Cinthya descubría el ardor y la pasión en manos de Don Prisciliano que reavivaba su pasión largamente aletargada por la indiferencia de Flor.

Cinthya se frecuentó con don Prisciliano, pero un buen día desapareció. Nunca supo por que dejó de ir a sus citas románticas, desnfrenadas hasta años después en que se presentó un joven llamado Rafael. Tenía su mismo porte y su mirada. Cinthya había quedado embarazada y había huido por eso. Ahora este joven se presentaba con una carta que decía que era su hijo y que Cinthya en lecho de muerte se lo encargaba. La impresión fue lo suficientemente fuerte para matarlo de un infarto. Flor, Margarita y Rafael lo velaron durante tres dias.

Darío jugaba con una fotografía que tenía de su abuelo en donde aparecía recargado en un auto junto con otra joven. Apenas y se podía percibir un leve roce en esa imagen que develaba su relación intima. En la foto aparecía Miguel con Lucinda, la novia del rojo.

Lucinda quedó embarazada de Miguel, pero le dijo al Rojo que era suyo. El Rojo así lo aceptó y luego se casó con Lucinda hasta que nació Darío. El rojo fué abatido en un tiroteo con una pandilla rival dias después.

Así, Darío crecía en La Santa Esperanza, esperando un día salir de ahí y tener una vida distinta a la que veía en esa foto de sus padres...

¿Quién es ella?

-Quién es ella?- Preguntó Marinthia.

Él se quedó pensativo por un instante, parecía que escogía las palabras. Daba la impresión que iba a los expedientes de la memoria y tomaba esos documentos para conformar un reporte en base a su experiencia y su historia.

Cerró los ojos y comenzó a hablar.

-Ella es esa mujer que alguien desconoce. Ella, es la madre que la novia no tolera. Ella, es la mujer que desconoce a la esposa y de pronto se entera de su existencia.

Ella, es la esposa que se acaba de enterar de que su marido tiene una amante. Ella es la amiga incómoda, la desconocida. Ella es la novia que la madre no conoce pero que provoca esa punzada de celos maternos cuando descubre ese brillo de amor en un hijo y se da cuenta que lo ha perdido para siempre.

Ella es una desconocida que pronto se devela, se descubre, se conoce.

Ella es la palabra incómoda, el secreto, el silencio. Es el ente mistico que provoca algo en el otro, en la otra. Es ese sentimiento despectivo ante una desconocida que aparece súbitamente en la vida de alguien.

Es la inombrable, la que rompió el corazón, la que se evoca en los sueños secretos, la que se ha ido. La que provoca la embriaguez del alma. La que produce la embriaguez del cuerpo y despierta el deseo por el canto dolido en canciones de olvido, desesperación y tristeza.

Ella es la que logra arrancar suspiros, evocaciones, silencios y misterios. Ella es la que logró arrasar con la voluntad, con las memorias, la que supo despertar sensaciones que nadie más puede. Ella es una tirana, ella es una traidora, un ente maligno.

Ella es la que desafía, la que compite, la que arrebata. Ella es la que produce envidia, coraje, desprecio.

Ella es inpalpable, inalcanzable.

Ella es lo que la otra pudo ser, lo que hubiera querido que fuera. Ella es lo que él quiere, lo que hubiera querido que se fuera. Ella es lo que no se tiene, lo que se carece, lo que se envidia.

Ella existe en el otro, en la otra. Es parte de la otredad. La visión difusa de alguien latente, vibrante que forma parte del mundo suprarreal pues no se conoce pero se sabe que estuvo o que está ahí.

Ella es la sensación, es el vestigio en la piel, el murmullo y los recovecos. Ella es la emoción, el coraje, la representación de la herida, la manifestación del desprecio y el coraje

Ella... es simplemente ella.-

Marinthia se quedó pensativa. Nunca había pensado en tantas descripciones de "ella". Ella no estaba involucrada en una relación sentimental en aquel momento pero sabía que "ella" siempre estaba presente. Ahí, frente a ella.

El escritor le había abierto una puerta al definirle lo que significa "ella". Ahora estaba en ella convertir a esa "ella" en alguien.

Encendió su computadora y comenzó entonces a escribir...

Se aproximó como si de Lilith se tratara.
La veía como ese súcubo
que había seducido a aquel hombre,
su hombre.
Quería saber como se llamaba,
Quien era y de qué magias disponía,
embrujaba, hipnotizaba y distraía.
Quería destruirla.
Robarle el brillo de los ojos,
Los secretos de alcoba y deseos,
dejarla seca, sin ningún rastro de él.
De su piel y sus incendios.
Beberse hasta la útima gota del sudor,
y la saliva de los besos.
Arrancarle con las uñas los resquicios
de piel y los susurros.

Pero no se detuvo y siguió de largo.
Solo alcanzó a decir:
Por fin la conozco, Ahí está ella.

No me gusta el café hervido...


No me gusta el café hervido. Parece orín de venado. Aunque siempre me han dicho eso nunca he sabido a que sabe el orín de venado. Probablemente alguien lo probó y de ahí surgió el mito.  Solo me gusta el café recién hecho. Es como si la tierra se esmerara en colocar todo su sabor, su aroma y profundidad en esa agua negra y humeante que chismea con el aroma los placeres a disfrutar.

Antes no me gustaba el café, prefería el refresco. Esos litros y litros de coca cola que tomaba. Parecía que quería mitigar algún sentimiento a base de burbujas y hielos. como si los congelara, como si los ocultara. Al fin y al cabo solo sustituí el café por la coca cola, ambos son bebidas negras, obscuras como la noche. Extraña polarización. Ambas negras una se disfruta fría la otra se disfruta caliente.

Las mañanas son lo mejor. Ese amanecer frío de Guanajuato. La mañana escampando. La niebla disimulando los contornos de las siluetas de las casas haciéndolas brumosas. Ese delicioso aroma a tierra mojada por el rocío de la mañana. Que delicioso es el café recién hecho.

Doña Carmela es la que lo prepara. Hierve el agua, luego en un colador de tela blanca de algodón pone el café recién molido y hace pasar el agua hirviendo por ese colador que -con forma de calcetín- filtra y separa el café elaborado del grano molido extrayendo el alma y el espíritu de la semilla. Yo solo me sirvo una taza y dejo que como sahumerio el humo del café me inunde el rostro para santificarme, purificarme, relajarme.

Me gusta sentarme en la mesa de la cocina. Esa cocina con tantas y tantas historias por contarse, con trastos viejos y cochambrosos en los cuales se han elaborado una infinidad de platillos para una gran cantidad de comensales. La silla es de madera maciza, esa madera de la que parece que ya no hay o no se consigue. Ahora todo es de aserrín comprimido. La silla ya es vieja, con ese diseño de antes que acentúa su antigüedad. me gusta sentarme en esa silla, de frente a la mesa. Me queda el fogón de Doña Carmela de lado izquierdo y desde ahí puedo ver las maravillas que hace con los platillos que prepara.

Que rico es el café recién hecho. Ese sabor terroso, amargo-dulzón.

Me gustan las tazas de peltre. Podría escoger las de porcelana, pero me gusta el peltre. Su color azuloso. el ruido que hacen al golpear. Me gusta saborear el café en esa taza. Quizás por que acentúa el sentido de tradición que envuelve el lugar.


Me gusta despertar con mi café. Ver por la ventana la imagen típica del campo mexicano. Las montañas, los magueyes. Esa ventana al mundo, esa ventana que hace que se me pierda la mirada por horas en lo que voy saboreando mi café con tragos cortos y pequeños. Así poco a poco voy despertando a la vida.  Creo que los bebés deberían ser recibidos a la vida con un sorbo de café para que se vuelvan despiertos, inquietos y que abracen desde pequeños a la vida y no esperen a ser mayores para descubrir que el café es algo que los hará reaccionar todos los días.

No me gusta el café hervido, parece orín de venado.

Doña Carmela ha muerto hoy. No hay quién me prepare un café. Ya nadie lo hará como ella. Tengo que resignarme pues a un café hervido, hecho en una máquina sin ningún cariño ni afecto, sin ningún sentido que me llene ni me evoque ningún sentimiento.

Vayan pues 15 pesos por un vaso de poliestireno de 455 mililitros de café Aldatti hervido, amargo y agrio que solo me hacen darme cuenta que extrañaré demasiado a Doña Carmela.

Que descanse en paz, yo lo haré también cuando vuelva a encontrar a alguien que sepa hacer un buen café.

El tatuaje...

Jimena había acudido al salón Dragón azul. Quería hacerse un tatuaje sin saber a ciencia cierta por qué.

Vio cuidadosamente los dibujos de tatuajes que se habían colocado en la pared del salón. Habían distintas figuras de animales, símbolos, púas, flores, imágenes de personajes. No encontraba aquello que buscaba.

Quería que ese símbolo representara su totalidad, su individualidad. No quería tomar esa marca a la ligera. Sabía que sería permanente y que no podría eliminarlo jamás.

Difícil de decidir sobre una figura ya preestablecida. ¿debería diseñar una para que el tatuador se la realizara? ¿que parte del cuerpo debería tener ese símbolo?. Decidió mejor salirse de ahí, no estaba convencida de que en realidad pudiera elegir algo acertado y definitivo. Buscó entonces por Internet algo que le atrajera.

Después de varias semanas obsesionada por ese símbolo que la definiera, quedó hastiada y harta de tanto buscar. Desistió de la idea del tatuaje.

...

Jimena despertó de improviso. Estaba sudando. Del rostro le escurrían gruesas gotas de sudor. Estaba hiperventilando y con los ojos desorbitados. Había tenido una pesadilla. No sabía como interpretar lo que había soñado. Seguía muy alterada.

Más calmada bajó a la cocina y tomó un vaso con agua. Comenzó a recordar el sueño.

Caminaba en el parque donde había jugado de niña, se había visto como de 8 años. Un personaje misterioso la seguía. El parque estaba solo y en un estado lúgubre, diáfano. Pensó en su padre, quería que estuviera ahí. Percibía la presencia de ese personaje misterioso muy próxima. Era indescriptible esa angustia que sentía, trataba de correr pero parecía que lo hacía en el mismo sitio. Desesperada quería gritar pero las palabras parecía que se enredaban en su lengua y no podía articular ninguna.

El ser se le aproximaba sigilosamente. No podía verlo, no podía decir de que lado vendría solo sabía que estaba cerca... Sintió entonces su respiración atrás de la oreja y experimentó el mayor miedo que hubiera sentido en la vida, el vello detrás de la nuca se le erizó. Fue cuando se despertó de pronto.

Trató de olvidar ese sueño.

Días después soñó nuevamente lo mismo y despertó de la misma forma. No entendía por que volvía a soñar lo mismo, porque su mente trataba de martirizarla de esa manera. ¿por que volvía a soñar lo mismo?. No pudo ver al ser nuevamente, pero se despertó en el mismo instante en que éste volvía a estar detrás de su oreja, pero ahora escuchó algo como un susurro. No pudo saber que le dijo por que en ese momento se despertó.

Varias veces volvió a soñar lo mismo. Era un sueño recurrente y obsesivo que su mente parecía jugarle. Poco a poco comenzó a acostumbrarse a esa pesadilla, aunque siempre se despertaba en el mismo instante.

Un día decidió entonces resistir, ver que era lo que el ser le quería decir, decidió confrontarlo, encararlo.

Soñó nuevamente que estaba en ese parque jugando, cuando sintió nuevamente la presencia. Por un instante quiso huir pero se repuso, volteó para esperar lo que venía. Tragó saliva, contuvo el grito. Pero el ser se aproximó por la espalda y ella sintió cuando nuevamente respiraba en su cuello. Ahogó la ansiedad que tenía por salir corriendo. Volteó lentamente.

Ahí estaba ese ser informe, negro y translúcido que parecía flotar en el aire. La tomó del brazo. Ella se resistió. Él la tomó con mayor fuerza, Ella sabía que no se soltaría tan fácilmente. Trató de liberarse. El ser la detuvo por la fuerza y luego de su extraño brazo emanó un resplandor que comenzó a quemarle el brazo. Jimena se retorció de dolor, sentía como su carne se chamuscaba, como cedía ante el calor del ser. Ella no pudo más y gritó... todo sucedió en un instante. En el momento en que ella gritaba y se despertaba, en ese momento el ser se introducía completamente a través de la herida del brazo.

El grito estremeció a los vecinos que no supieron quien había gritado ni por qué, solo sabían que era un grito de terror. Jimena quedó exhausta y se volvió a dormir profundamente.

Cuando despertó se sintió feliz y liberada. El sueño solo había sido un sueño y había vencido al ser. Recordó que antes de despertarse había visto el tatuaje que le había hecho el ser en el brazo. Descubrió que era lo que estaba buscando desesperadamente. Era su símbolo y el ser se lo había dado.

Por la tarde acudió al Dragón azul para tatuarse.

El tatuador se sorprendió. Nunca había visto un tatuaje así, decidió hacerlo con esmero tal como se lo había pedido Jimena.

Salió entonces satisfecha de que al fin tenía el tatuaje que quería y formaba parte de ella.

...

Jimena sintió un extraño escozor en el brazo, precisamente donde se encontraba el tatuaje. Rascó la zona para aliviar la sensación. Y todo sucedió como un remolino.


El principio: la poesía azul.

Mi papá nunca supo que escribía, no le hubiera parecido en lo más mínimo. Mi mamá siempre me dijo que nunca escribiera lo que sentía, pues la gente luego podía leer lo que había escrito y reirse.

No les hice caso.

Comencé a escribir a los 12 años. Quizás por curiosidad, quizás por el misterioso deseo de aprender a hilar las palabras. Me gustaba leer frases extensas, con palabras complicadas y rebuscadas como: revuelo, catatónico, cadencioso, reverberar.

Sin embargo lo que realmente provocó mi escritura fué un evento relevente en mi vida.: ella apareció de pronto y sin avisar.

Lo más extraño de ella eran sus zapatos: unos botines negros y con una hebilla de color plateado.

El encuentro fue casual. Quedé impactado por sus zapatos y su extraña predisposición a verme fijamente a los ojos sin parpadear. Parecía que quería escudriñar en mi alma, descifrar mis secretos. Romper mi carácter hermético de una manera sencilla pero efectiva a través de su mirada y sus excentricidades.

Al principio fui receloso ante su presencia. Me miraba fijamente y se expresaba de una forma extraña, usaba palabras que yo no conocía y que sonaban extrañas en una niña de 12 años: radical, estupefacto, rimbombante.

En esa época no me gustaba que se me acercaran las niñas. Siempre estaban ocupadas en chismografos, cartitas, e historias de principes y castillos.

Pero con ella fue diferente.

No hablaba de lo que las niñas de su edad hablaban.

El mar, el silencio y los sueños.

Ella hablaba de poesía. -¿poesía?- preguntaba yo. Eso es de viejitos.

Ella esbosaba una enigmática sonrisa y luego dejaba de verme fijamente para ver el horizonte.

La poesía no es del que escribe, sino del que la necesita.

Poco a poco comenzamos a vernos más seguido. Una banca determinada del parque central era el lugar de reunión. Ahí, ella me esperaba para mostrarme el único libro de poesía que tenía: "Poesía en movimiento" la compilación de Octavio Paz de las poesías publicadas en la revista Vuelta.

A veces me dejaba leerlo, otras, ella leía las poesías en forma de susurros, quizás lo hacía para que me acercara a ella, quizás le daba pena leer historias de amor a sus 12 años. Leíamos cada una de las poesías y de los autores. Así conocí a Arijdis, Chumacero, Rosario Castellanos, Gabriel Zaid, Octavio Paz, Jaime Sabines entre otros.

Con el tiempo comencé a despertar. A sentir esa espantosa necesidad de estar cerca de alguien de cualquier forma. Esa sensación de que el tiempo pasa muy lentamente cuando sabes que vas a ver a alguien especial.

El roce de sus manos, el susurro de sus labios cuando pronunciaba cada una de las palabras de la poesía que leía. Esos ojos que iban y veían en cada párrafo, en cada estrofa. Sentir por primera vez ese vacío en el estómago cuando la veía nuevamente y escuchaba su voz.

¿Por qué mi percepción cambiaba? era solamente una amiga. Pero aún así  la veía diferente a pesar de esos zapatos raros que jamás se quitaba. Dejé de verla pues como una extraña y comencé a verla como alguien que dejaría una huella indeleble en mi vida. La poesía me había transformado y transtornado desde ese momento.

Un día llegó con una funesta noticia. Se iría de ahí pronto. Algo en mi se rompió. Conocí pues lo que era el perder a alguien.

Nos quedamos de ver una vez más en la banca que tantos dias nos había visto leer todas esas poesías de la compliación de Paz. Nos faltaba leer 18 poesías para terminar el libro.

Decidí entonces escribirle algo. Sentí esa imperante necesidad de escribirle unas líneas con todo lo que un niño de 12 años puede decir.

Nos vimos por última vez un 4 de junio de 1984 y este es el comienzo de mi escritura.

La carta que le escribí es la siguiente:

Me gusta el color azul,
Azul como el cielo y el mar,
Cuando pienso en azul pienso en ti,
no se por que pero eres azul,
Pude pensar en otro color,
pero el azul es el que te define,
como el verso a la poesía,
como el amarillo al sol
y el verde a las hojas de los árboles.
No me olvides y jamás olvides tu color,
por que ese color es azul.


Hoy en día, tengo el libro de Paz, "Poesía en Movimiento", lo leo cada vez que puedo. Y siempre descubro algo nuevo: un sentimiento oculto, un recuerdo perdido. Nunca he sabido cuales eran esas 18 poesías que nos faltaban pues no seguiamos un orden establecido, solamente abríamos el libro y leíamos la poesía que se abria ante nosotros. Ella acostumbraba marcar con lápiz en su libro las poesías que ya habíamos leido, y si nos topábamos con una que ya habíamos leído volvíamos a cerrar el libro y abrirlo nuevamente al azar hasta encontrar una página sin marca. Una poesía pues para ser leída.

No se si aún tenga el libro y si aún lo lea. Espero que si.

La canícula.

El radio había dejado de sonar, solamente se escuchaba la estática constante como ese sonido borroso y arrastrado de forma monótona.

El calor era insoportable. Parecía que todo se derretiría ante la intensidad del sol. No había ninguna brizna de aire. Nada se movía. Estaba todo envuelto en un sentimiento de inmovilidad y perpetuidad.

Marina apenas y podía moverse. Sudaba copiosamente por todos y cada uno de los poros de su piel. Parecía que la sangre se le diluiría y dejaría de ser espesa para evaporarse por los poros. Era la canícula. Esa época del año en que las temperaturas alcanzan las cotas más altas y cualquiera puede cocer un huevo en la banqueta.

El verano estaba por terminar. A lo lejos se escuchaba el zumbido de un ventilador que se esforzaba por arrojar algo de aire en esa asfixiante atmósfera. Nada pasaba. Nada se movía. Parecía que el ventilador arrojaba más calor que aire.

En la calle no había ningún alma que se atreviera a caminar. Ningún auto a pesar de todos tener vidrios polarizados y aire acondicionado. Pero eso no era suficiente. El sol sobrecalentaba la lámina, forzaba los compresores hasta hacerlos reventar y se apoderaba de todo aquello que pudiera dar un respiro ante su implacabilidad y furia.

¿por que el sol se ensañaba tanto con esa región?. Los viajeros que se atrevían a llegar a la población huían despavoridos ante la agobiante sequedad y rabia del sol, -"Es el caldero del diablo"- decían. Marina comenzaba a creerlo.

Atrás de la casa se podían encontrar iguanas muertas, deshidratadas, cocidas por dentro debido al calor. Bueno, así no tenían que cocinarlas sino solamente sazonarlas para poder comerlas. A veces, cuando se podía, le ponían limón y sal. Cambiaba el sabor monótono de la carne al carbón. Ese sabor que ya tenía harto a medio pueblo, sin embargo se resignaban a comer todos los días de la semana por que no había nada más. Los refrigeradores no servían de mucho, la comida se echaba a perder rápidamente, más bien, casi inmediatamente, por lo que no había mucho que se pudiera preservar más que la carne diaria del rastro municipal. Alguna vaca que había fallecido días anteriores debido al calor.

Marina quiso tomar algo. Se sirvió un vaso con agua pero estaba caliente. Buscó entonces en la hielera una cerveza, el hielo se había desbaratado y el agua evaporado. No quedaba más que una cerveza caliente, amarga y desabrida. Se resignó.

De pronto le llegó a la cabeza esa canción que días antes había escuchado en el radio:

Rayando el sol, desesperación
Es más fácil llegar al sol que a tu corazón.
Rayando el sol...

¿Rayando el sol? ¿rayando el sol? ¡Que pendejos!, los voy a invitar a este pinche pueblo para ver si pueden hacerle una maldita rayita a este sol... rayando el sol... rayando a su pinche madre...

Nathanael...

Nat había decidido ese día ir de compras. No era muy bien día por que apenas ayer acababan de comenzar las ofertas y seguramente habría muchos comprando en el centro comercial.

Se resignó. Debía apurarse para ver si podía alcanzar a adquirir algo nuevo aunque estuviera en oferta.

Últimamente los precios se habían ido hacia las nubes (aunque esto parecía una ironía). Las demandas por las almas nuevas iban en aumento y ahora solo los más acomodados o allegados podían adquirir un alma nueva.

Nat se apresuró a tomar el autobús que lo llevaría al centro comercial.

El autobús arrancó, sabía que el viaje le tomaría unas 3 horas, así que se acomodó lo más que pudo y dejó que su mente vagara libremente con lo que veía a través de la ventana, y es que quería distraerse un poco.

¿En que momento se le había ocurrido tener un alma? digo, hay muchos que no tienen ni tampoco tienen inquietud de hacer ese viaje multidimensional para reencarnar en un ser de carne y hueso. ¿por que quería entonces hacer eso?. Él no tenía necesidad. vivía bien, era alguien reconocido y había alcanzado un nivel lo suficientemente bueno como para querer cruzar el espacio multidimensional.

Las personas que decidían cruzar el espacio multidimensional normalmente eran personas que lo hacían por necesidad, su significado no era lo suficientemente fuerte como para desear estar ahí, también eran personas aventureras que se habían cansado de la apacibilidad y tanquilidad y deseaban algo nuevo, era -como dirían los mensajes de la otra dimensión- Una aventura. Pero de esos eran muy pocos los que cruzaban.

Los que decidían ir eran los insatisfechos, los aburridos, cansados de la monotonía pensaban que cruzando se les quitaría... aunque eso casi nunca pasaba. Aqui o allá, seguian siendo iguales. Nath no sabía por que había decidido comprar un alma a pesar de los precios, era lo que necesitaba para cruzar el espacio multidimensional.

Las almas últimamente estaban muy solicitadas, cada vez más querían hacer el cruce multidimensional y eso había elevado los precios, Nath no entendía por que se daba ese fenómeno, ¿por qué más y más personas quieren cruzar?¿que es lo que hay detrás de ese burbujeante y chispeante portal? ¿será que la pasividad y el tedio se había adueñado de todos y buscaban algo distinto a la eternidad? Todos se estaban buscando ese cambio hacia el otro mundo.


Nat apenas y pudo despabilarse cuando sintió que el autobus había llegado a su destino. Se bajó y caminó apresuradamente al centro comercial. Luego, ingresó a una tienda que le habían recomendado.


Paseó entre los estantes de almas. Habían unas muy viejas, usadas y desgastadas. Otras estaban deslavadas, enegrecidas o mutiladas. Nath suspiró.


Se dirigió al departamento de almas nuevas. ¡Eran tan brillantes!. Transparentes, impecables. Parecían que las acababan de planchar en ese momento. Sin ninguna arruga, ningún pliegue. Nada. El quería una alma nueva. Quería estrenarla en su cruce multidimensional. Así tenía que ser. Tomó una. Se la probó y luego de verse en el espejo lo bien que le quedaba, la tomó para ver su precio... IM-PA-GA-BLE...


Se entristeció profundamente. No podría costear dicha alma. Regresó discreta y fugazmente al departamento de almas usadas...


Se paseó lentamente entre los estantes... apenas y veía lo que había encima. Se culpaba por haber ido al departamento de almas nuevas. Ahora todo le parecía feo, sucio, percudido y arrugado.


De pronto vió entre todas ellas un alma que no parecía tan usada. Bueno, si parecía usada pero no tan percudida. Todavía tenía algunos espacios transparentes que podían ser llenados con experiencias o deseos cuando cruzara el portal multidimensional.


Se dirigío al probador. Había mucha gente y tuvo que hacer cola para ingresar a uno. ¡Que diferencia en la zona de almas nuevas! ahí sobraban los probadores. Después de un largo rato por fin ingresó a uno. Cerró la puerta apresuradamente y acto posterior se probó el alma que tenía entre las manos. ¡Vaya! parecía que la habían hecho a la medida. Le asentaba perfectamente. Se adhería a su cuerpo como si siempre hubiera sido suya. Se sintió cómodo y feliz. Era usada pero ¿que importaba? así que un atisbo de ilusión disparó una timida sonrisa en la comisura de sus labios. ¡Era un dejo de satisfacción!


No debía emocionarse antes de tiempo, debía preguntar el precio antes. El alma no tenía precio a la vista. Afortunadamente la encargada apenas lo miró y le indicó el verificador de precios para que pudiera revisarlo sin que nadie se diera cuenta de lo que costaba más que él. Se acercó nerviosamente. Acercó el alma al rayo laser que se movía frenéticamente para que detectara el código de barras. Se escuchó un "tric" y luego en la pantalla apareció el signo de "searching". Segundos después apareció el precio.


Dió un respingo. Podría pagarla. Esa era la suya. Se dirigió a la caja y después de 3 horas de hacer fila, por fin pagó y pudo salir de ahí abrazando y aquilatando esa alma nueva que acababa de adquirir. Ahora solo faltaba arreglar sus asuntos y solicitar el permiso para cruzar el portal multidimensional. Sería muy fácil pues ya tenía un alma para poder ser aceptado.


. . . . .



Nathanael nació el 10 de Septiembre de 2010 pesando 3,300 kgs y midiendo 52 cms. En perfecto estado de salud. sus padres lo esperaban ansiosos y llenos de ilusión.


El viajero...

- No me gustan tus zapatos.



- Disculpa, es que después de tanto caminar se me han gastado.



- Entiendo, ¿dices entonces que vienes de lejos?



- Así es, un camino largo y penoso pero por fin estoy aquí.



- Y bien, ¿a qué veniste?



- No lo se bien, he caminado tanto que ya no se a que vine. Me he olvidado en el camino hasta acá.



- Bueno, pues entonces ya estás aquí, tu búsqueda ha terminado.



- Supongo que si ya no tengo a donde ir, es por que ya llegué.



- Si, puedes estar tranquilo y descansar. ¿quieres sentarte?



- Creo que si. Tengo entumecidas las piernas. Hace tanto tiempo que camino que parece ser que perdí la cuenta de los dias y los años.



- No te preocupes, has llegado a un lugar seguro, aquí no pasa nada. Nada pasa. Estás bien y a salvo.



- ¿Acaso venía huyendo de algo?



- ¿Venías? no lo se. Lo único que se es que llegaste sin avisar.



- ¿Entonces no me esperabas?



- Realmente no, de pronto entraste y apareciste aquí.



- ¿de que dirección venía?



-No lo se, cuando llegaste yo estaba volteado, me sorprendiste con tu llegada.



- Bueno, supongo que si llegué hasta aquí es por que es el lugar en donde debería estar, y ¿quién eres tu?.



- No soy nadie, bueno, en realidad soy alguien, pero...hace tanto tiempo que nadie viene y no hablo con nadie que parece ser que he olvidado quien soy. ¿por que mejor no me platicas de donde vienes?



- Este, no lo se, no recuerdo. Al parecer vengo de muy lejos, los pies me duelen, me duele el alma. ¿te puede doler el alma?



- Si, yo digo que si. En realidad yo estoy aquí por que estoy huyendo de la realidad, me dolía tanto el alma que mejor me vine a este lugar.



- ¿y aquí no te duele el alma?



- Si, pero como aquí todo es desconocido y cambiante pues he olvidado por que me dolía. Me acostumbré a su dolor, aunque ahora con el olvido ya no me duele. Aunque a veces cuando me despierto y desdoblo mi alma me duele un poco. Como si se resintiera de los sueños y los recuerdos. Yo la consuelo, le digo que en este lugar olvidado ya nada le puede hacer daño, que está bien, que el dolor es pasajero. Luego se despierta, se estira y se pega nuevamente a mi cuerpo, es como si fuera un pegoste. Quisiera que no se zafara. Me acordé de la historia de Peter pan que Wendy le cose la sombra a los pies para que no vuelva a huir. Yo tengo que usar ligas para que el alma no se me despegue y se vaya a vagar por ahí... Luego, a veces, regresa medio dolida, llorando desconsolada. Yo le digo que no llore, que nada vale la pena. Pero se empecina en sufrir. Por eso mejor no dejo que mi alma salga sin mi, es muy sensible. ¿y tu alma está contigo o se perdió y la estás buscando?



- Quizás por eso vine caminando hasta acá, será acaso que la seguí hasta este lugar. ¿cómo es?, ¿es como una luz brillante?.



- Bueno, no se como es tu alma, la mia es sombría y triste, es como un fantasma que se arrastra penosamente. Antes era brillante, reluciente e inquieta pero algo la apagó. no recuerdo qué, por que a eso vine a este lugar, a olvidar, pero con el olvido vino la pérdida del brillo y transparencia. Ahora es opaca, y diáfana. A veces creo que está demente. Por las noches se despierta agobiada, sobresaltada y se asoma a la ventana a observar el cielo, yo trato de dormirme pero ella insiste en estar triste. Hasta que me harta y comienzo a cantarle, con eso se arulla y se vuelve a dormir. Se pega a mi cuerpo y poco a poco vuelve a tranquilizarse. A veces se despierta contenta, me inhunda de esa emoción por la vida, por hacer grandes cosas, pero la mayoría de las veces, es apesumbrada y aburrida, luego no se que hacer con ella. A veces quisiera que fuera más como un espíritu: inspiradora, arrebatada y apasionada, pero el alma que me tocó es esta. Está medio percudida y arrugada de tanto abrazarla, pero es la que tengo... ¿No recuerdas nada de cómo es la tuya?.



- Bueno, la mia no se como sea, quizás ese sea el problema, vengo siguiendo algo que desconozco. de hecho no se si vine siguiendo mi alma y ésta me trajo hasta acá... igual y si veo la tuya me acuerdo de como es la mía...



- No se si esté bien el mostrártela. Es demasiado tímida y solitaria. ¿estas seguro que no traes la tuya pegada? digo, la mia siempre está conmigo, ¿por que se escaparía la tuya?



- No lo se, igual y estaba buscando también el olvido igual que la tuya. ¿cómo se llama este lugar?



- No lo se, no he visto a nadie aquí. Estoy solo desde que llegúe y tu eres la primer persona con la que hablo... hablo... con la que... con... ¿dónde estoy?... ¿dónde estás alma?...



El psiquiatra terminó de garabatear su diagnóstico: Paranoico-esquizofrénico...



Se levantó de la silla enfrente del cubículo aislado en donde estaba el paciente y se acercó a la puerta, de pronto recordó que había olvidado algo, se regresó y hurgó entre las ropas del paciente hasta que encontró algo.

Tomó el alma del paciente de una punta y la arrastró lentamente -sin que nadie se diera cuenta- hasta la puerta para llevarla a la otra habitación. Ahí la dobló y escondió en una caja fuerte, lejos y separada del paciente.



- Así, sin alma, pronto encontrará la paz, las almas solo desestabilizan e inquietan a los pacientes... Son malas consejeras...

La cripta...

El tiempo se detuvo.


Las cosas dejaron de moverse y de fluir.


Parecía que todo se había comprimido en una imagen como las que detienen las cámaras fotográficas que logran perpetuar un instante y entre más se aleja ese instante del presente más intenso es el vínculo emocional.


Ese vínculo melancólico y de añoranza por el pasado.


Ese instante se congeló y se convirtió en perpetuidad.


Había acudido, junto con mi padre, a la cripta familiar. Era una cripta pintada de color blanco. Las paredes mostraban signos de humedad y del paso del tiempo. Las telarañas en el techo. El crujido de la puerta al abrirse lentamente y ese aroma rancio lleno de olvido.


Luego, abría las ventanas para que un halo de vida se colara por ahí y pudiéramos ver. Se percibía en las paredas las lápidas con una inscripción que decía un nombre y dos fechas. Luego, se acompañaban de palabras como: "perpetuidad. ", "en recuerdo de sus preciados hijos". "Descanse en paz".


Me ponía a quitar las flores marchitas de todos los floreros al lado de una mesa de piedra en donde había una imagen religiosa. Algunas flores más recientes que otras. Pero al fin y al cabo, marchitas.


Mi padre luego me pedía que me hiciera a un lado, y del piso levantaba dos pesadas puertas a manera de entrada al fondo de la crípta. Parecía un pasadizo secreto. La puerta de entrada al más allá.


Subía ese aroma a rancio, guardado, recuerdos, olvidos y silencios. El crujir de las puertas al abrirse y el golpeteo de las aldabas al abrirse las puertas aún resuenan en mi memoria. Mi padre tomaba una pequeña escalera de detrás de la puerta y la colocaba al borde de la entrada para poder bajar.


Ahí estaba mi abuela enterrada.


Bajaba junto con mi padre a ese lugar sombrío, frio y húmedo.


Para mi era como un desafío a los vivos, un reto a los muertos. Acceder a ese portal del más allá. No se si mi padre lo percibía así. Pero él iba a ver a su madre.


Mi padre tomaba una escoba y barría el polvo que se había acumulado en el piso. Luego tomaba el recogedor y quitaba toda la tierra que había quedado. Sacaba el recogedor por las escaleras y lo iba a tirar fuera de la cripta. Yo mientras tanto me quedaba solo con mis raices y mis ancestros.


A veces limpiaba los floreros, otras veces bajaba algunas piedras y las acomodaba en el piso imaginando que las ofrendaba a mis familiares que yacían ahí. Especialmente a mi abuela.



-¿Papá?


- Dime Pacolin. (Así me llamaba mi padre)


-¿Que significa "perpetuidad"?


- Que es para siempre... Que perpetuamente estaremos en deuda con ellos y con nuestras raíces.


.............................................................


-¿Papá?


- Dime hijo.


- ¿quiere decir entonces que estas personas estarán aquí por siempre?, ¿perpetuamente?


- Bueno, están y no están, aquí están sus cuerpos pero su mente o su espíritu está con nosotros siempre, solo hay que pensar en ellos y volverán.


- ¿como si fueran fantasmas?


- Jajaja... no hijo, como nuestras raíces, tu eres parte de ese pasado, eres consecuencia de todos ellos, no partiste de cero, sino que eres la consecuencia y ellos son el orígen, en algún momento de nuestro linaje alguien comenzó con esta historia que ahora representas tu y que en algún momento continuará con tus hijos y tus nietos...


- ¿entonces mis antepasados importan?


- Claro hijo, son los que nos conforman y nos dan sentido a través del tiempo, por eso es importante honrarlos y venerarlos a pesar de lo que hayan sido en vida... Forman parte de nuestra historia personal, por eso es importante reconocer nuestro origen por que forman parte de nosotros mismos.


.................................................


-¿Papá?


-¿que pasó chaparro?


- ¿y quienes conforman los antepasados?


- Las personas que de una o de otra manera influyeron en tu vida, no es cuestión de biología, es cuestión de principios y de bases, de valores familiares. Aquellos que se distinguieron en tu pasado y que consideres que contribuyeron en lo que hoy eres.


Tu decides...


..................................................



¿Papá?...


¿Papá?...


¿Papá?... Ahora que has muerto y yaces en esta cripta, ya formas parte de mis antepasados.


Ahora dime, ¿como puedo honrarte?...


La tia Lola

El sábado fue el cumpleaños de la tía Lola. 85 para ser exactos. Su cigarro. eterno compañero de la vida. Sus pulmones es lo que menos tiene afectado. Misterio médico. Su salud está un poco deteriorada pero nada relacionado con el cigarro.

Su plática discurre entre el olvido y el recuerdo. Sonrisa permanente. Ironía latente.

"... Hijito, ¿pero quién eres?... ¡ah! ya recuerdo tu cara. Antes te veías más viejo, ahora te veo más joven. ¿y estos niños? ¿son tuyos?... no pensé que te casarías... que bueno, ¿son todos de la misma mujer? espero que si, siempre fuiste medio inquieto...

Hay hijito, tu si que tuviste suerte, veo que te va bien. A mi ya no, dios ya me olvidó aquí. En algún tiempo fuí muy creyente, ahora ya no se, no me acuerdo. Es más, ya no me acuerdo de dios ni como era. A veces me gusta imaginarme como era. Lo imagino como un caballero elegante. Seductor... ¿que tiene de malo? ...¿un viejito con barbas? jajaja... a quién le interesaría hoy en día un anciano así?... a mi ya no me vienen a ver. ¿por qué entonces debería ser un viejito?. Yo digo que debería ser como esos muchachos jóvenes que ahora cantan en la tele. Ser moderno, actual. Que las jovencitas gritaran por él cuando apareciera... Si. Ese dios me gustaría. Además que me viniera a ver... ¿que aquí está?, ¿vino a mi comida?... no, no hombre, eso sigo sin entenderlo a mi edad. No puedo creer ni confiar en nadie que no vea... ¿a poco tu Martha lo has visto?, ¿Lo ves?... no, claro que no... por eso luego, con el tiempo me comencé a olvidar de él... nunca lo vi...

¿qué?... ¿que si no lo sentía?, pues ¿como se siente a dios?... digo, me confieso, nunca me acosté con él. ¿sentir?... jajaja... eso es ridículo... nomás mi mamá me decía que creyera en él y pues creí que ahí estaba entre las velas y las figuras de yeso en las iglesias. Esas imágenes rígidas, dolientes, tortuosas... creer... ya no se ni en que creer... ya hace tanto tiempo...

... No Javier, no estoy tomando. ¿Que una vieja ya no puede decir nada por que creen que está delirando?. Yo nomás hablo para el que me quiera escuchar. A esta edad ya no servimos ni para ser escuchados. Por eso creo que dios ya ni me escucha, ya me dejó en este lugar... ¿fe? siempre la he tenido. Aunque aún no se en qué. siempre fui a la iglesia, recé devotamente, pero jamás vi a dios, tampoco lo sentí. ¿Dónde estaba?. El padre Julián siempre estuvo ahí, yo siempre lo vi y estuvo conmigo cuando murió Ramón, me consoló, me escuchó. Para mi estuve más cerca del padre Julián que de dios... ¿intermediario?... ja. Ojalá que así fuera, por lo menos el padre me hubiera dicho que lo veía. Pero ¿sabes? el padre Julián jamás me dijo que lo había visto... seguía diciendo que era un acto de fe... pero yo por más fe que tuve nunca lo ví ni tampoco el padre Julián...

Quizás el padre Julián tenía las mismas dudas que yo y luego iba con el obispo... pero el obispo tampoco ha visto a dios... ¿quieren que crea en alguien que ya hace mil años que no ve nadie?... ¿dos mil?... mmm... está peor entonces...

Quisiera mejor pensar en un dios que yo veo, que me habla y me consuela... ¿que habla?... pues yo oigo hablar a los políticos, a los conductores, a los actores de las telenovelas, pero nunca he oido hablar a dios...¿misterios?, ¿otras formas de hablar?...¿de que hablas?... Hablar es hablar, se habla con palabras, no se habla con lo que uno quiere pensar que se dice... Se dice lo que se dice, no lo que uno quiere pensar que se dice. ¿ a poco yo no me hablaba con Ramón y el adivinaba que quería?... No, yo tenía que tener un diálogo con él y con todos... ¿misterios? ¿de que hablas? eso no es misterio, es ignorancia... ¿que?... no estoy tomando, ya te dije...

...Si, yo tengo fe en lo que veo, tuve fe en mi Ramón, en mis hijos, tengo fe en mis nietos, ¿como puedo tener fe en alguien que no veo, ni siquiera conozco?...¿la biblia?... ¿quién dices que la escribió?... mmm... muchos años y de gente igual de vieja que ese dios que dices que existe...

¿Otras religiones? son lo mismo, todos creen que hay alguien ahí... alguien que vivió hace muchos años y que jamás conocieron... ¿ejemplo? ejemplo es el que le di a mis hijos, el que dio Ramón, eso se ve y se aprende, el ejemplo no se lee...

¿Como quieres que crea en una persona que fue torturada hace muchísimos años?... pobrecito, torturado uno puede decir hasta que es el mismísimo hijo de Zeus y la coatlicue... pero bueno... mejor traigan el pastel por que estos se me están desesperando y ya les urge que haya café con pan...



- Estas soooon las mañanitas que cantaba el Rey David...

El secuestro...

Viernes 3 11:34 pm

-¿Bueno?-

-Señora, le habla el ocelote, solo para decirle que tenemos secuestrado a su esposo. No haga nada, no le informe a nadie, sino matamos a su marido. Cálmese y escuche con atención: Hoy un comando armado arribó a la oficina de su esposo y lo sacamos a la fuerza, está lastimado pero está bien. Así que si quiere volver a verlo nos debe entregar la cantidad de un millón de pesos en efectivo. nos comunicaremos pronto con usted. No le avise a nadie por que tenemos gente que trabaja en las corporaciones policiacas y sabemos todos los movimientos que pueda hacer usted. ¿me entendió?-

- Si...señor papalote...-

- ¡Vieja pendeja! fíjese bien lo que le estoy diciendo! OCELOTE, OCELOTE, ¡Repítalo!

-Señor Ocelote...pppeerrooo, ¿de donde voy a conseguir tanto dinero?-

-Señora, por favor, no nos quiera engañar, su esposo ya nos dijo que tiene una cuenta en el banco que tiene esa cantidad, además de la propiedad que tienen en Valle de Bravo...-

-¿Valle de Bravo? nosotros no tenemos ninguna propiedad ahi...

- Señora, es mejor que no se haga pendeja y siga nuestras instrucciones tal como le decimos, le hablo en una semana para decirle en donde dejar el dinero.-

- ¿Mi marido está bien?, ¿puedo hablar con él?

- No señora, no puede, la próxima semana hablará con él para darle una muestra de que sigue con vida y nos pueda depositar el dinero.




Sábado 12 1: 13 am

- ¿Bueno?

- Señora habla el Ocelote, queríamos saber si tiene el dinero.-

- Si señor Ocelote pero primero quiero hablar con mi marido.-

-¿bueno? Amor, estoy bien, un poco golpeado pero bien a dios gracias.

- A ver imbecil, ¿quién te crees? acabo de revisar las cuentas y encontré una cuenta que no conocia, ¿a quién le depositas? ¿Quien es Marcela?. Claro, aquí está tu pendeja sin poder salir de vacaciones por que tienes mucho trabajo ¿y me entero que tienes una casa en Valle?... Claro, ya pregunté y resulta que ahí vive la tal Marcela, pero la casa está a tu nombre, ¿me estás engañando pedazo de imbecil?¿quien te crees?...

-... A ver señora, su esposo se puso un poco blanco, pagará o no pagará el rescate.-

- No lo voy a pagar Ocelote de mierda, no voy a dar un quinto por este pedazo de imbecil, que se pudra.-

Click



Lunes 14 2:54 pm.

- ¿Bueno?

- Señora, soy el Ocelote, quiero que escuche como estoy golpeando a su marido...-

-Hay, agggghhh... nooo, por favor noooo.... Basta....!!!

- ¿Entendió Señora?, nosotros somo serios y vamos a cumplir nuestras amenazas. ¿Ya tiene nuestro dinero?.

- Hay señor Ocelote, disculpe usted la vez pasada, gracias por llamar y esperar. Estoy tratando de vender la casa de Interlomas, en 20 días me dan el dinero, ¿me puede esperar hasta entonces? se lo suplico, tengo toda la intención de pagarle, por favor, comprenda, no tengo esa suma, me darán por la casa un millón cien, le doy todo el dinero pero por favor no le haga daño a mi esposo y espéreme hasta entonces...¿puede?

- Esa es la actitud y voluntad que quería escuchar de su parte. Está bien, me comunico con usted en 20 días...

Click.



Domingo 4, 6: 15 pm

- ¿Bueno?

- Señora, soy el Ocelote, ¿ya tiene el dinero?

- Mira pinche papalote culero, te voy a decir lo siguiente: el pendejo de mi marido tiene una amante y me mantuvo engañada por mucho tiempo, acabo de adquirir un seguro de vida a su nombre por 20 millones y yo soy la única beneficiaria. Así que hazme el favor y tortura a ese cabrón por infiel y luego lo matas para que yo sea rica. Me harás muy feliz. Y deja de joderme. Si quieres te doy el teléfono de su amante, igual y ella si da un peso por ese cabrón. Por lo que a mi respecta. Mátalo de una vez. La lana me hace mucha falta...

Click.

Vinyl

Claudia comenzó a sentir las pulsaciones que le producía escuchar la música. Era como un pequeño ronroneo en la espalda y en las piernas. Un hormigueo que la obligaba a moverse.

Cerró los ojos.

Comenzó a sentir el ritmo, ese beat que retumbaba de manera constante y monótona. Que cambiaba cada 20 segundos de tono. Su cuerpo lentamente respondía al estímulo cada vez más creciente de la batería que abría la canción que escuchaba.

La voz del cantante comenzó con la melodía.

Claudia se transportó, comenzó a sentir cada vez más la necesidad de moverse, de dejarse llevar por el sonido que escuchaba y la inundaba completamente.

Recordó que llevaba puestas sus botas de vinyl. Negras. Altas. con un enorme tacón. Se entretejían con agujetas desde el empeine hasta casi por debajo de las rodillas.

Esas botas solamente se las ponía en ocasiones especiales. Se sentía sexy. Las botas hablaban con simplemente mirarlas. su textura lustrosa, brillante, negra, hablaba de su tendencia sado de forma velada o explicita para el observador perspicaz.

Comenzó a mover lentamente la cadera. De manera cadenciosa, sutil y sensual. Su cuerpo se movía suavemente con el ritmo del beat que escuchaba. El sonido se incrementaba.

El vinyl sugería una ropa interior negra debajo del abrigo que llevaba y que disimulaba su movimiento oscilante como péndulo con un vaivén latente.

Su corazón se agitaba y se aceleraba. Su respiración parecía que entonaba la melodía que escuchaba tan absorta.

Sus labios pintados de negro lentamente se abrieron y comenzaron a susurrar la melodía como si de un mantra se tratara.

El vinyl.

Se aferraba a su piel como una segunda piel, como si fuera evidente lo que hay atrás de esa piel que se antoja y sugiere. Que excita y devela.

Su cuerpo se encendía, parecía que iba a levantarse, levitar, fundirse con el mundo de sonidos que entraban por sus oídos y lavaban su alma, purificando sus sentimientos. Los movimientos eran cada vez más claros, definidos. Ya no le importaba nada. Solo sentir ese sonido que la inundaba, dominaba y sojuzgaba.

Sus manos hablaban.

Querían decir algo, no las podía detener, parecían cobrar vida propia con sus movimientos, por un momento parecía que querían seguir el beat, pero luego al parecer seguían la melodía. sus manos hablaban por si solas, sus uñas largas, cuidadas, pintadas de color negro, pero aún así, expresivas.

Sus ojos seguían cerrados como queriendo negar la realidad en la que estaba inmersa, abstraída del mundo y de su entorno.

Seguía moviéndose al ritmo de su IPod cuando me bajé del autobús. nunca me vió ni vió a los pasajeros que la veían hipnotizados por su sensualidad y exuberancia deseosos de seguir viédola bailar por siempre.

El motel


Javier había amanecido solo en aquel Motel. No entendía por que había decidido pasar la noche ahí solo. Quizás quería recordar los momentos que había pasado ahí años atrás con Karina.

Había pedido el mismo cuarto.

La alfombra había cambiado así como la pintura de las paredes. No así el acomodo de los muebles y el gran espejo en el techo. Ese espejo en el que se había visto reflejado y había visto a plenitud a Karina. Había gozado y se había entregado sin temor y sin piedad. Ahora ya nada quedaba.

Había buscado a Karina en el Facebook. Ahí estaba. Todo su perfil bloqueado. Solo alcanzaba a ver dos fotos que la mostraban en una silueta misteriosa y etérea.

Karina siempre había sido un gran misterio. Esas mujeres que aparecen y desaparecen de la vida de cualquiera con esa facilidad con la que se pueden cambiar de ambiente y de imagen. Ahora se veía de cabello corto y una silueta estilizada que estimulaba su libido. ¿Qué será ahora de su vida? esa pregunta giraba en su mente y comenzaba a obsesionarle al punto de llevarlo de vuelta a ese Motel.

Javier se arremolinó en el cuarto. En la recepción se habían sorprendido del hombre solo que llegó sin nadie. Aunque no hicieron preguntas intuían que alguien venía escondido en el asiento. Una práctica común en ese tipo de lugares.

Quiso encender la TV. Recordó que los canales solamente tienen películas porno. Desistió. se puso boca arriba y comenzó a evocar la figura de Karina. Sus contornos, la tersura de su piel. El brillo de sus ojos y esa profundidad en la cual cualquiera se podría perder. Cuando él la miraba fijamente ella esbozaba una ligera sonrisa y le decía: -No te claves, disfruta el momento por que nunca seré tuya-. Javier se estremecía. No entendía la liviandad de Karina ni sus misterios. Sabía que era imposible asir a alguien que es libre. Y Karina lo era. Era una mujer libre.

Cerró los ojos por un momento. Evocó el aroma de su respiración. El sabor de su saliva. El roce de sus dedos, los suspiros entrecortados y los gemidos sutiles al principio, estruendosos al final. Ella se entregaba como ninguna pero engañaba como todas. -Pensó-.

Un buen día Karina desapareció. Nunca dijo adiós. Parecía como si la hubieran secuestrado, como si la hubieran desaparecido uno de esos grupos de narcos y no habían pedido rescate por ella. Pensó que había sido así en un principio hasta que conoció a Alejandro.

En su desesperación por no encontrarla fué a la escuela de Karina para ver si alguien sabía algo, pero era normal que en una escuela de idiomas los alumnos fueran una población flotante. Nadie reparó en su desaparición. Alejandro se le acercó y le preguntó que por que tanto interés en encontrarla. Javier no supo que decir. Se quedó pensando en sus palabras. Esto le dió pié a Alejandro a hablar con alguien que a final de cuentas había padecido de lo mismo que Javier. Ambos habían sido abandonados por Karina.

Javier por un instante se enfureció. Karina lo estaba engañando con Alejandro. -Es una perra-, murmuró con toda la rabia que le encendía el cuerpo. Alejandro también se dio cuenta que ella le engañaba con Javier. Ambos compartían el deseo y el odio a la vez.

Como hombres ante la desgracia terminaron, después de media botella de tequila, como grandes cuates hablando de sus experiencias y sus odios ante esa mujer que los había engañado.

Pero...

Nunca le había prometido nada a Javier, nunca había aceptado ser su novia, entonces técnicamente no lo había engañado, ¿entonces lo había usado?, bueno, él también había disfrutado. Entonces no había nada que reclamar en estricta teoría.

Volvió a abrir los ojos. ¿quién sería entonces Karina en realidad si es que así se llamaba? nunca supo nada en realidad de ella. Más bien ella aparecía, él nunca tuvo necesidad de buscarla. Ella estuvo el tiempo necesario. Recordó una película en donde una nana decía: -Mientras más me odies más me quedaré, pero cuando no me necesites me iré-.

Retumbó en su cerebro esa frase. El necesitaba a Karina demasiado, la ansiaba, la deseaba. Entonces ¿Por que se había ido?.

El tiempo pasó. Las sombras se arrastraron lentamente desde el borde de la pared hasta el piso que el acariciaba boca abajo acostado en la cama y colgando los brazos. Tocaba el piso con los dedos como queriendo encontrar las huellas de ella.

De pronto sucedió.

Camila

Conocí a Camila cuando entré a trabajar ahí. Era guapa, con un cuerpo bien formado y unos ojos brillantes. Además de la sonrisa franca que tenía. A pesar de saberse guapa poseía esa liviandad y afabilidad que contagiaba a todos con su buen humor.



Se esforzaba en su trabajo con gran esmero. Sabía que no había estudiado una carrera pero veía como llegaban nuevas contrataciones a la empresa y se preocupaba por que ella, por falta de estudios, no podría pasar de la recepción de la empresa. Sin embargo, había pedido una oportunidad. Ésta llegó al mes de que yo llegué a la compañía y tuvo el mismo puesto que yo. Me alegré.



Siempre he pensado que todos merecemos una oportunidad, ella había luchado por conseguirla, y lo había logrado. Yo, como recién egresado, entraba con todos mis sueños y mis expectativas de hacer valer mi título profesional, ella, dispuesta a aprender y capitalizar la oportunidad que había recibido.



Nos hicimos muy buenos amigos. Acabé siendo su confidente. Era una mujer extraña, con historias difusas. Ambos padres pintores, divorciados por diferencias de caracteres o de estilos. Ella vivía con su padre, aunque visitaba muy frecuentemente a su madre.



Un buen día no pudo más y me confesó que estaba saliendo con un exvendedor de la empresa. -¿cómo?- le pregunté. -Si no es una persona muy confiable- le dije. Yo sabía que él era una persona que había sido despedida de la empresa por cuestiones de malos manejos, sabía que estaba casado y que tenía una hija, ¿por qué ella había decidido enredarse en una relación tan complicada?



Cuando le pregunté me respondió: -Se que es una persona conflictiva, se está divorciando, así que solamente me estoy divirtiendo con él-



Para mi, que cada día se enredaba más en esa situación, cada día se involucraba más y parecía que caía en un gran agujero que nada la sacaría de ahí. Yo, como su amigo quería hacer algo pero por más que con todo el tacto del mundo, le planteaba la situación, sin ser intrusivo, ella parecía no escuchar.



Un día me pidió un favor, me sobresalté. Me dijo que su exnovio quería verla y que se había citado con él en un restaurant del Centro Comercial Santa Fe. -¿y yo que tengo que ver?- le interrogué.



-Necesito que me acompañes para decir que "accidentalmente" me lo encontré por que tu te habías quedado de ver con él ahí por que es tu amigo, así que si Rafael pregunta tu dices que es tu amigo y que por casualidad nos encontramos, ¿vale?- No supe que decir, era mi amiga pero ahora me pedía ser cómplice. Finalmente acepté sin mucho ánimo, yo no conocía a su ex y el mentir no ha sido mi fuerte.



A la una treinta de la tarde llegó Armando, yo no lo conocía, rápidamente me lo presentó, me pidió que me subiera al auto y que nos adelantáramos a la plaza comercial. Ella pasaría en su auto un poco más tarde y nos haría una seña para "seguirla" , de esta manera los autos quedaran cerca en el estacionamiento. todo fríamente calculado.

En el auto, entre Armando y yo, había un silencio incómodo, no sabía que decir, no sabía que sabía elde toda la situación y quiería a toda costa evitar una indiscreción. De pronto él habló. -¿tu lo conoces?-.

-¿a quién?- pregunté casi automáticamente.

-Con el que anda-.

No supe que decir, quise evitar la pregunta, pero no se me ocurría nada, por un instante mi mente calculó friamente las posibles respuestas y sus consecuencias. Pero al final, el subconsciente ganó y solo pude decir: -Si-.

Pensé que me bombardearía con más preguntas, pero no fué asi. Retornó el silencio. Luego le pregunté yo: -¿tu sabes que anda con él?-. Y el asintió sin decir palabra.

Luego, desde el fondo de mi ser, desde lo más profundo y aludiendo a mi sentido moral y a mi estupidez no pude más que decirle: -Tu la amas, ¿verdad?, vi como la miras. ¿por que no le dices lo que sientes?-

-Ya lo sabe, ya se lo he dicho- respondió.

- Pero aún así, anda con otro, ¿te das cuenta de eso?, ¿no te molesta o te enoja?-

El tras un corto instante, como midiendo su respuesta me dijo: -No importa, ella quiere conocer otras cosas, está bien, pero al final, ella se casará conmigo.-

Me quedé estupefacto, asombrado y anonadado, los adjetivos se quedan cortos ante la impresión que me causó su respuesta, -Serás idiota- pensé para mis adentros.

Razonablemente y con todo el tacto del mundo, aludiendo a mi amistad y cercanía con Camila no pude más que contraargumentar: -¿Como puedes decir eso si se está acostando con otro?, ¿no es que no quieres ver lo evidente?, ¿la verdad?, ¿la realidad?-. Quise jugarle al psicólogo que confronta al paciente a la verdad cruda y directa y esperaba hacerlo titubear, dudar, o enojarlo... Pero no fue así. Pacientemente y con una seguridad escalofriante me repitió: -Ella se va a casar conmigo-.

En mis adentros me estremecí y sentí una gran lástima por ese desconocido que soñaba y pensaba que ella sería suya cuando ella estaba enredada con el otro. No supe que decir, me quedé sin palabras. Y durante la comida pude ver como él la miraba de una forma muy especial, y sentí una gran pena por que pensé que la realidad lo golpearía muy fuerte.

Dos años después acudí a su boda. Una boda hermosa, sin sacerdote, jerarca eclesiástico ni espiritual, ellos frente a todos dijeron sus votos uno al otro, las miradas desbordaban esa miel y los sueños de un futuro que se abre.

La realidad fue la que me golpeó a mi, me di cuenta que él tenía una fe y una convicción inquebrantable, y sabía lo que quería y lo que el mundo les tenía deparado. ¿destino?, ¿sueño?,¿voluntad? no lo se, pero él desafió todos mis pronósticos y mis convicciones al demostrarme que estaba equivocado y sobre todo, falto de fe.