La liberación

La noche había caido, las olas del mar habían arreciado con la luna llena que generaba un ambiente diáfano y mortecino. Las luces titilaban suavemente como si su intensidad no fuera lo suficiente para iluminar toda la inmensidad de la noche.

Aparecieron de la nada dos hombres con uniforme, caminando sobre la arena como si toda su vida se hubieran desplazado en esa superficie. llevaban en la mano una cubeta vieja, rayada y desgastada por el uso. Su indiferencia demostraba el peso de la rutina y el tedio de un día más haciendo lo mismo.

Los presentes se arremolinaron a su alrededor cuando llegaron, una excitación latente se percibía en el ambiente, la inquietud, la expectativa, la curiosidad. Los uniformados pusieron las cubetas sobre la arena. Todo mundo se acercó a ver lo que había adentro entre empujones y jalones tratando de vislumbrar su contenido.

Adentro de las cubetas se alcanzaba a ver una masa negruzca e informe que se movía aleatoriamente. Por la obscuridad no se alcanzaba a ver claramente hasta que los ojos se acostumbraban a la obscuridad. Era una cantidad significativa de pequeñas tortugas listas para ser liberadas.

Todos suavemente comenzaron a introducir las manos para tomar a una de las tortugas que se aferraban gentilmente. Las pequeñas tortugas aún con los ojos cerrados, apenas y se movían ante la extrañeza de la sensación de los dedos y palmas que les sostenían.

Algunos se tomaban fotos sosteniendo las tortugas, otros las ponían a contraluz para poder verlas mejor, otros más corrían con el vaivén de las olas para comenzar a colocarlas cuando las olas se retiraban para que las tortugas comenzaran su viaje hacia las profundidades.

Uno de los liberadores de tortugas tomó la suya y suavemente la acercó hacia su boca, la besó, la acarició y susurró algunas palabras a la tortuga, la saludó y la animó a su gran viaje, le puso un nombe por el cual le llamó y luego le pidió algo extraño: "por favor, resiste y cuando puedas regresa a este lugar, recuerda que la vida se da solamente una vez, esta es tu oportunidad, el mar es inmenso, no tengas miedo, déjate llevar con el vaivén de las olas, en algún momento estarás en donde debes estar".

Luego la tomó suavemente en su palma y se acercó hacia la playa, se introdujo entre las olas que se movían mansamente entre sus pies, esperó el momento adecuado cuando la ola se retiraba y la colocó en el mar. La tortuga que parecía adormecida y entumida, al sentirse en su medio ambiente, despertó de inmediato y se dejó llevar por la corriente. Él apenas y pudo ver como ésta se introducía entre las olas y desapareció de su vista.

Se quedó cerca de la orilla buscando entre la arena, esperando que la ola no hubiera regresado a la tortuga a la playa. Todos los demás corrían con las tortugas entre las manos y simple y sencillamente las depositaban en el mar con una gran algarabía.

Alcancé a ver en la penumbra su mirada, la pupila dilatada, tratando de adivinar a que distancia estaría ya la tortuga dentro del mar. parecía abstraido, conectado aún con esa tortuga con la que había establecido el vínculo afectivo. Indiferente de lo que sucedía a su alrededor con la gente en su dinámica de colocar tortugas en el mar.

Después, saludó con la mano hacia el mar despidiéndose de la tortuga, dio la vuelta y desapareció del lugar lentamente. Quizás pudo haber tomado más tortugas pero no lo hizo por que solamente podía liberar a una esa noche, su tortuga.

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