La tortuga...

Ivan y sus amigos habían planeado durante varias semanas el viaje a Michigan Guerrero. Una playa virgen y exótica a la cual había que llegar después de 6 horas de camino en un autobús guajolotero. Pero eso no importaba pues esa semana se antojaba por demás como una experiencia inolvidable.



Al llegar comenzaron a montar el campamento. Se apalabraron con un pescador de la zona para que les proveyera de todo lo necesario para comer y les diera algunas sugerencias sobre el lugar en donde estaban.



El pescador les dijo que tuvieran cuidado pues en las noches de luna llena podían ocurrir algunas cosas extrañas y que estuvieran al tanto de cualquier situación fuera de lo común. Les había hablado de fantasmas y nahuales que se transformaban en animales, ellos se rieron. ¿en plena época moderna todavía existía gente que creía en fantasmas y apariciones? no podía ser verdad. Pero la seriedad y el tono de preocupación del pescador dejaba entrever que hablaba en serio al respecto.



Después de varias horas de montar el campamento, y de recolectar madera para la fogata esperaron al pescador para que les llevara de cenar. Unos deliciosos robalos al mojo de ajo hicieron aparición y junto con unas cervezas las anécdotas, risas, bromas y recuerdos no faltaron. Más tarde, todos a dormir, estómago lleno, corazón contento.



Habían planeado ir la noche siguiente a ver a las tortugas pues el pescador les había dicho que estaban desovando en ese lugar. Todo un espectáculo digno de ser presenciado.



Ivan se adentró en la casa de campaña y se dispuso a dormir.



A media noche Ivan comenzó a sentir algo extraño, su cuerpo comenzó a tornarse duro. -Un alacrán- pensó. Pero al abrir los ojos pudo ver una tortuga frente a él. Le hablaba en susurros inineligibles. Pero la curiosidad comenzó a estimularlo. La tortuga dió vuelta y se dirigió a la laguna que se había formado con la marea alta que luego desembocaba en el mar.



Ivan quiso levantarse para seguirla pero no pudo. Tenía algo duro en la espalda, quiso mover los brazos pero éstos estaban aletargados, duros y lentos, trató de ver sus manos pero no podía alcanzar a verlas, cuando pudo verlas de reojo vió que se habían convertido en aletas. -¡No puede ser! - pensó.



Su lentitud se había hecho evidente pues se estaba convirtiendo en una tortuga. Se rió. -Ya me está pasando lo mismo que a Gregorio Samsa de Metamorfosis-. Pensó para si mismo, -no cabe duda que este es un sueño muy kafkeano...- Así que mejor decidió volver a dormirse...

Entre sueños sentía como el agua fluía y podía desplazarse muy rápidamente en ella como si siempre hubiera vivido ahí, vio de pronto a unos peces nadando cerca de él, veía los destellos de la luz que entraban por el agua y que creaban juegos multicolores por la difracción. Se daba cuenta que cada vez más podía aguantar la respiración y nadar hacia las profundidades.

Cada vez más se sentía atraído por las profundidades y los misterios del mar como si él siempre hubiera pertenecido a ese lugar. El agua salada, la sensación de movilidad, el deseo de ser libre y navegar por los océanos del mundo y luego descansar en una playa aislada, solitaria y virgen sin que nadie y nada lo interrumpiera...

De pronto escuchó a lo lejos voces, las voces de sus amigos que le hablaban, no sabía si hacerles caso o no, regresar de las profundidades hacia la superficie y nadar hasta la playa, era un sueño del cual no podía despertar, comenzó a sentir angustia, parecía que había permanecido demasiado tiempo nadando como una tortuga, ahora se daba cuenta, pero ¿que no era un sueño? un sueño del cual no podía despertar, se sentía atraído por un remolino, por una vorágine de sensaciones, mutaciones y transformaciones que lo estaban atando a esa condición...

De las profundidades, lleno de destellos de luz y de reflejos del agua surgió una tortuga, lentamente, majestuosa e imperturbable que se le acercó y le habló lentamente:

-"cada 100 años elegimos a una tortuga para que se convierta en humana, se pasee por la superficie y aprenda, conozca y descubra. Pasado determinado tiempo, esa tortuga debe regresar a casa con sus semejantes, parece ser que tu olvidaste que eras una tortuga y que debías regresar con nosotros, por eso te visité hoy para recordarte quién eras. Bienvenida a casa".

Ivan no sabía que decir o que creer, pero se sintió tan bien que se dejó llevar, dejó que el agua fluyera y se dejó arrastrar a las profundidades. Siempre lo había sabido, él era una tortuga...

Sus amigos, por más intentos que realizaron no lograron reanimar a Ivan, presentaba una sobredosis debido a una mezcla de barbitúricos y alucinógenos que había consumido esa noche. Sobre la arena se encontraba el cuerpo de Ivan, había quedado bocabajo, con los ojos abiertos y perdidos observando la luna que bajaba lentamente para tocar el agua de la laguna de las tortugas...

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