Un cuento sobre María Cartones...

Este es un cuento sobre María Cartones, la verdadera leyenda se escribirá después...


Existen personas que han dejado huella en la memoria colectiva por su paso en la historia. Existen esas historias que con el tiempo se convierten en leyendas citadinas depositarias de los miedos, recelos y misterios de una ciudad. Esta es la leyenda de María Cartones, una historia digna de rescatar. Y como toda historia y memoria, se entrelaza y se platica de recuerdos imprecisos, de memorias y de olvidos.


María Santiz andaba con ese paso corto y presuroso, parecía que sus pies descalzos apenas rozaban la tierra por donde andaba con esa cadencia que solo da el paso sinuoso proveniente de las caderas de una mujer. Su cabello negro azabache se entretejía en una trenza adornada con unos listones rojos. Sus manos gruesas y fuertes denotaban su trabajo duro y su paso en la vida del campo.
Bellos eran sus ojos que dejaban entrever la chispa por la vida y la alegría de sus 16 años. Ya era una mujer para los del pueblo. Su sonrisa era franca y abierta, y su cuerpo ya mostraba la evidencia de la transformación de niña a mujer a través de las protuberancias que se adivinaban tras la falda de lana y la blusa bordada con hilos de algodón que mostraba orgullosa como originaria de la comunidad tzotzil.
Su paso por la avenida principal de la comunidad no pasaba por desapercibida, varios hombres de distintas edades se inquietaban al verla pasar con ese aire de musa núbil y uno que otro no podía ocultar la mirada lasciva que le provocaba su figura.
María era hija de Samuel y Rosa, ambos agricultores que con arduo trabajo habían logrado hacerse de una pequeña casa construida con adobe en la cual habían criado a sus tres hijos. María era la mayor. Samuel años atrás había sido mayordomo de la iglesia y era un miembro reconocido tanto de la comunidad como de la iglesia católica, religión que profesaba la comunidad entera.
Macario acababa de regresar de Tuxtla Gutierrez. Había vivido ahí durante 3 años buscando un trabajo en la ciudad y ahora llegaba de nuevo a la comunidad lleno de historias y de artilugios nunca antes vistos.
Macario era hijo de Juana y Guadalupe, había sido un hijo inquieto y despierto que siempre se había caracterizado por ser demasiado curioso. Cuando se presentó la oportunidad se enganchó con el primer capataz que llegó buscando gente para que trabajara en una de las fincas. Nunca se despidió de María que siempre había sido su amiga y compañera de juegos. María sufrió en silencio.
Ahora que había regresado Macario, sus papás hicieron fiesta, era como el retorno del hijo pródigo. Había que matar un carnero. El posh corrió toda la tarde. Ya entrada la noche, solo quedaban uno que otro borracho tratando de llegar a su jacal.
María se estremeció cuando escuchó que había llegado Macario, no sabía como iba a reaccionar, sentía que él ya no se acordaría de ella o le sería indiferente. Decidió acicalarse bien el cabello, asearse y ponerse esa blusa con la que se le marcaba más el talle. Macario cuando la vió no pudo evitar sentirse atraido por la belleza deslumbrante de María. Apenas y pudo disimularlo. El nerviosismo fue mutuo, el silencio y el disimulo también. Los papás no habían platicado por lo cual no podían mostrar sus sentimientos abiertamente.
Los días pasaron. María y Macario buscaban pretextos e instantes para estar juntos. María no podía disimular más. Macario ansiaba poder casarse con ella. Una tarde, en el rio, ocultos tras un peñasco se olvidaron de sus costumbres, de sus padres y sus antepasados y dejaron fluir el deseo. María olvidó sus complejos y se entregó sin reservas. Macario embriagado en amor y ardiendo en deseo susurró palabras y promesas que María creyó y con las cuales comenzó a construir sus sueños. Macario le prometía una casa, un terreno para sembrar, una familia y un par de chivas para comenzar. María se sentía feliz, entregada y decidida.
Semanas después María se atrasó en su período, no había sangrado como todos los meses. Se preocupó. Sabía que significaba eso. Su emoción era agridulce, estaba feliz por que era fértil y tendría familia, estaba preocupada por que habría que agilizar la boda para que sus padres no se ofendieran y se sintieran engañados. Decidió hablar con Macario.
La felicidad era inmensa, Macario no dejaba de sonreir, sería padre. María sonreía y tenía esa mirada dulce y melancólica que tienen las mujeres embarazadas, esa mezlca de ternura y esperanza, de sueños concretizados. Esperaba que sus padres aceptaran el matrimonio con Macario, sabían quien era y quienes eran sus padres.
La ceremonia de la pedida fue muy emotiva, los padres de María aceptaron la propuesta de Macario y de sus padres, la boda se celebraría 1 mes después. La fiesta fue presidida por el mayordomo de la iglesia y fue aceptada por el consejo de ancianos según sus usos y costumbres. María no cabía de felicidad. Varios vieron con recelo y resignación la boda de María.
Nueve meses después nació Ignacio, el bebé de María. Ahora era una mujer plena y completa, aun vivían en la casa de sus papás pero Macario seguía prometiéndole que pronto le haría su casa, en cuanto sus padres le dieran el terreno que le correspondía.
Cierto día María vió llegar a un forastero buscando a Macario. Venía vestido de negro, parecía un mal presagio. Macario se puso nervioso, salió de la casa para que María no escuchara, se sintió incómoda de que su marido no la hiciera partícipe de la plática con el forastero. Quería atenderlo como se debía, más que por ser buena anfitriona por saber que relación tenía Macario con el forastero. Al cabo de dos horas el forastero se marchó sin hablar con ella. Se sintió ofendida. Macario no mencionó ninguna palabra al respecto. María dudó en preguntarle. -Después- dijo.
Dos días despues, en la madrugada irrumpieron en la casa de los papás de María. Sacaron a golpes a Macario. María y sus papás estaban sorpendidos. ¿que había pasado?. Cuando la turba dejó de gritar, María pudo reconocer los rostros entre las luces de las antorchas al consejo de ancianos y un grupo de personas importantes en la comunidad. El papá de María preguntó que es lo que había pasado.
El consejo de ancianos denunció que Macario los había traicionado. Macario ya no era católico ahora era cristiano, habían atrapado al forastero a las afueras de la comunidad y éste había confesado el turbio secreto, era un pastor y había venido a hablar con Macario para comenzar a difundir la palabra.
Macario había engañado y defraudado a la comunidad. Se había casado con María como católico cuando era cristiano. Eso era una gran ofensa para el consejo y la comunidad. La pena era la muerte.
María gritaba desesperada con Ignacio en brazos. -¡no lo maten!-.
Los machetes estaban desenfundados, los brazos erguidos y listos para asestar los golpes. María en un intento desesperado por que no lo mataran se enfentó al pueblo, se interpuso entre Macario y el consejo de ancianos con Ignacio en brazos gritando desesperada -No lo maten, no lo maten-.
Los machetazos comenzaron a caer. Ignacio en un acto desesperado se arrojó sobre María para protegerla de los golpes.María soltó a Ignacio que cayó al piso, buscaba desesperada entre los pies rabiosos el cuerpecito de Ignacio. Luego perdió el conocimiento.
Cuando despertó pensó que había sido una pesadilla. Comenzó a abrir los ojos lentamente acostumbrándose la al blancura del espacio en el que se encontraba.
-¿donde estoy?- preguntó.
-En el hospital regional de San Cristobal de las Casas- Le respondieron. Sus padres no estaban. Preguntó por Ignacio y Macario. Las enfermeras se veían entre ellas nerviosas, sin saber que responder.
La jefa de enfermeras se presentó y de una manera suave le dijo:-tu marido y tu niño ya están con Jesús nuestro señor en su santa gloria-. Estas palabras taladraron a María. Los recuerdos y los sueños se le vinieron encima. Las palabras, las voces, los susurros, las miradas y los machetes, la tierra y la sangre, la fuerza y los gritos, la furia, el sueño y por último, la locura.
Semanas después María salió del Hospital regional solo con las ropas que llevaba. caminando sin rumbo, sabiendo que no podía regresar a su comunidad por que la matarían, comenzó a mendigar en el pueblo, arrastrando su soledad y tristeza, arropándose del frio y de la lluvia en las esquinas y viviendo de la caridad.
Un día comenzó a ver a Ignacio que caminaba a su lado, le hablaba, le decía que no se preocupara, que nada pasaría ahí, que se disfrazarían para que no los reconociera. Así que comenzó a ponerse lodo en la cara, de esa manera nadie de la comunidad los encontraría. Luego comenzó a juntar los cartones que encontraba para que pudieran servir de muros para su casa, la casa que Macario le había prometido tantas veces.
A veces veía a algún miembro del consejo de ancianos disfrazado de ladino. Le gritaba, le insultaba y le arrojaba piedras. Luego este se iba. Otras veces veía los fantasmas de la comunidad, espiritus que habían sufrido los mismos ultrajes y hablaba con ellos, les platicaba su historia y ellos le platicaban las suyas.
María Cartones deambulaba pues en las calles de San Cristobal de las Casas. Vivía de la caridad y de los murmullos de los espíritus. Hablaba con los dioses, imploraba castigos, luchaba contra los miembros del consejo de ancianos y era acompañada siempre por su pequeño Ignacio al cual le platicaba y le decía de quién debía cuidarse.
Un buen día María Cartones desapareció de las calles, unos dicen que se curó, otros que la internaron en el Hospital Psiquiatrico, unos más que había regresado a la comunidad y ahí había encontrado su fin.
Esta historia como todas las historias, se ha convertido en leyenda. María Cartones existió. Ahi está. Nadie la inventó.

Los dolidos, los dolientes...


Los dolidos:

A los dolidos les visita el dolor, están ahí lacerados, sobreviviendo, deambulando. Ha sido terrible la pérdida y la ausencia. Les duele por que les duele, extrañan y aullan por ese vacío, esa ausencia.

Roberto es un dolido, le duele la vida, le duele el sol que le ilumina el camino y el aire que respira, le duele el alma de tanto querer y desgarrar la cotidianeidad. Roberto camina por el sendero pidiendo que alguien le acompañe en esa gran pena que arrastra, que le ayude a cargar ese fardo de miedos que posee, esa desesperanza abyecta debido a su pesadez y su pesimismo. ¿por qué seguir si ya nada tiene sentido?

Su vida ha sido lacerada y sin significado, ¿que fue lo que le ocurrió?.

En algún momento de su vida le dijeron que estaba marcado por la desgracia y la pesadumbre. Su madre se había suicidado al saber que su padre era homosexual, ¿como competir como mujer contra un hombre? ¿de que armas podía valerse para arrancarle al hombre que amaba a otro hombre? no pudo más. Decidió quitarse la vida un día después que él había anunciado que se iría de la casa.

La vida le parecía una aberración, una verdadera basura, su depresión era latente. Había perdido el mismo día a su padre y a su madre. Su padre, al saber que su madre se había suicidado en vez de acogerlo, se sintió liberado de todas las cadenas que le oprimían, y al terminar el entierro se alejó del cementerio y de su vida heterosexual tomado de la mano de su amante exudando esa ironía de su nueva libertad y condición sexual.

Roberto aún no podía superar esa historia de su vida, aún creía que su padre volvería como aquel hombre prototípico que imaginaba que sería: varonil, seguro y fuerte.



Los dolientes:

Mara era esposa de Roberto. Lo había conocido en un café y le llamó la atención su aplomo que se acentuaba por su rostro en el que se dibujaba un gesto de soñador desesperanzado. -Un nihilista- pensó. A sus 38 años ya no se podía dar muchos lujos al escoger a alguien para salir. Así que accedió a todos los cortejos de Roberto y poco a poco fué descubriendo todas sus cualidades y sueños. Tenían tanto por construir, tanto por vivir.

Siempre recordaba ese momento en que se tomaron de la mano para entrar a la iglesia y casarse. Fue el momento más feliz de su vida... Pronto se esfumó por que no pudieron tener familia. La edad de ambos fue el impedimento. al menos eso fué lo que dijo el doctor cuando fueron para un tratamiento de fertilidad. No quisieron adoptar.

Los días se volvieron monótonos y rutinarios, ambos trabajaban y se refugiaron en su vida profesional. Ella sufría por dentro, se consumía por dentro. No sabía como decirle a Roberto que quería cambiar su vida y su destino. todo cambió un día, no supo que pasó pero Roberto regresó hecho un despojo de nervios. hablaba inconexamente.

Hablaba de que se había topado con un gay mayor, que estaba vestido de mujer, aparentemente se le quiso acercar y saludarlo, el se había horrorizado y le había golpeado, luego había huido hasta llegar a la casa. ¿por qué había reaccionado así? ¿había algo en su pasado que ella no sabía?

No podía ya seguir así, atado a ese hombre que en un principio la había convencido con todas esas promesas de felicidad y de alegría y ahora solamente encontraba un bulto deambulante. Un buitre que se arrastraba alrededor de los demás esperando a que los sueños murieran para poder devorarlos...


El finiquito.


Los bomberos llegaron tarde, la casa ya se había consumido en llamas. Aparentemente había sido una fuga de gas en la estufa la que había provocado el incendio.

Lo nuevo en IdeaUno...

El reinventarse y reinventar las coas que nos gustan y que nos motivan a veces es dificil, sobre todo cuando te acostumbras a lo que vienes haciendo normalmente. La rutina ayuda a adormecer los sentidos, a hacer que las cosas sigan su ritmo y su rumbo suavemente y sin sobresaltos. Uno se acostumbra.

Es un aspecto de mi personalidad el reinventar, el tratar de romper los ciclos o los esquemas de la rutina, es necesario para mi.

IdeaUno ya tiene casi un año y medio y ha sufrido ya tres mutaciones. La primera un espacio para escribir de manera desordenada, tímida a veces, muy simbólica y abstracta, a veces demasiado metafórica. Varios cuentos, poesías, nanocuentos, prosa, y esa búsqueda personal del ambiente en el que se siente uno cómodo para escribir, la definición del estilo y la necesidad de encontrar esa audiencia que pudiera ser recepiva de mis letras.

La segunda etapa se caracteriza por el enfoque hacia los cuentos primordialmente, una concretización de historias que van de lo fantástico a lo real, a lo cotidiano y mundano, a sorprender con los finales inesperados, a provocar con las letras al menos una sensación de risa o de nostalgia, a veces de duda o de sueños.

Esta tercera etapa comienza con una esperanza, con la idea de concretizar más la forma de escribir. Ahora veo más claramente la necesidad de crear discursos que puedan ser narrados, o que acompañen al otro, que se conviertan en una forma distinta de ver la realidad. No se a donde me llevará esta tercer etapa, busco romper con lo que he establecido y necesitaré más que nunca a ese lector que a través de su aprobación o silencio guíe mis letras.

Esto es pues, el nuevo IDeaUno, esto es lo que busca ser. Espero no quedarme en la misma dinámica que he venido teniendo anteriormente. Gracias a todos los seguidores de este blog, Sigo aqui creando, por que aquí siguen ustedes y ese ha sido siempre mi compromiso...

ELo.