Los dolidos, los dolientes...


Los dolidos:

A los dolidos les visita el dolor, están ahí lacerados, sobreviviendo, deambulando. Ha sido terrible la pérdida y la ausencia. Les duele por que les duele, extrañan y aullan por ese vacío, esa ausencia.

Roberto es un dolido, le duele la vida, le duele el sol que le ilumina el camino y el aire que respira, le duele el alma de tanto querer y desgarrar la cotidianeidad. Roberto camina por el sendero pidiendo que alguien le acompañe en esa gran pena que arrastra, que le ayude a cargar ese fardo de miedos que posee, esa desesperanza abyecta debido a su pesadez y su pesimismo. ¿por qué seguir si ya nada tiene sentido?

Su vida ha sido lacerada y sin significado, ¿que fue lo que le ocurrió?.

En algún momento de su vida le dijeron que estaba marcado por la desgracia y la pesadumbre. Su madre se había suicidado al saber que su padre era homosexual, ¿como competir como mujer contra un hombre? ¿de que armas podía valerse para arrancarle al hombre que amaba a otro hombre? no pudo más. Decidió quitarse la vida un día después que él había anunciado que se iría de la casa.

La vida le parecía una aberración, una verdadera basura, su depresión era latente. Había perdido el mismo día a su padre y a su madre. Su padre, al saber que su madre se había suicidado en vez de acogerlo, se sintió liberado de todas las cadenas que le oprimían, y al terminar el entierro se alejó del cementerio y de su vida heterosexual tomado de la mano de su amante exudando esa ironía de su nueva libertad y condición sexual.

Roberto aún no podía superar esa historia de su vida, aún creía que su padre volvería como aquel hombre prototípico que imaginaba que sería: varonil, seguro y fuerte.



Los dolientes:

Mara era esposa de Roberto. Lo había conocido en un café y le llamó la atención su aplomo que se acentuaba por su rostro en el que se dibujaba un gesto de soñador desesperanzado. -Un nihilista- pensó. A sus 38 años ya no se podía dar muchos lujos al escoger a alguien para salir. Así que accedió a todos los cortejos de Roberto y poco a poco fué descubriendo todas sus cualidades y sueños. Tenían tanto por construir, tanto por vivir.

Siempre recordaba ese momento en que se tomaron de la mano para entrar a la iglesia y casarse. Fue el momento más feliz de su vida... Pronto se esfumó por que no pudieron tener familia. La edad de ambos fue el impedimento. al menos eso fué lo que dijo el doctor cuando fueron para un tratamiento de fertilidad. No quisieron adoptar.

Los días se volvieron monótonos y rutinarios, ambos trabajaban y se refugiaron en su vida profesional. Ella sufría por dentro, se consumía por dentro. No sabía como decirle a Roberto que quería cambiar su vida y su destino. todo cambió un día, no supo que pasó pero Roberto regresó hecho un despojo de nervios. hablaba inconexamente.

Hablaba de que se había topado con un gay mayor, que estaba vestido de mujer, aparentemente se le quiso acercar y saludarlo, el se había horrorizado y le había golpeado, luego había huido hasta llegar a la casa. ¿por qué había reaccionado así? ¿había algo en su pasado que ella no sabía?

No podía ya seguir así, atado a ese hombre que en un principio la había convencido con todas esas promesas de felicidad y de alegría y ahora solamente encontraba un bulto deambulante. Un buitre que se arrastraba alrededor de los demás esperando a que los sueños murieran para poder devorarlos...


El finiquito.


Los bomberos llegaron tarde, la casa ya se había consumido en llamas. Aparentemente había sido una fuga de gas en la estufa la que había provocado el incendio.

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