La libélula...

Se ha publicado el descubrimiento de una nueva especie de libélula. Lampyriade Anisoptera. Esta especie es rara de por si pues no es como la luciérnaga que emite luz a través de su abdomen. Sino que todo su cuerpo es totalmente de luz.

Este descubrimiento hubiera sido una gran sensación hace muchos años, pero ahora apenas y causa sorpresa. Quizás ya nos acostumbramos a este tipo de hallazgos. La lampiryade Anisoptera no se alimenta como todas las luciérnagas de caracoles y babosas, sino que se alimentan de la energía luminiscente del sol o de fuentes luminiscentes como las producidas por las pantallas OLED, PLED y SOLED. Son pues, animales bioluminiscentes.

Parecerá curiosa su forma de alimentación, pero en realidad no lo es. La lampiryade Anisoptera es producto de la mutación nanobiológica de pequeños organismos modificados genéticamente. Esto fué producto de la bien conocida pérdida de control de las mutaciones genéticas que se venían llevando a cabo años atrás.

Lo más asombroso de la lampiryade Anisoptera es que en realdad no es completamente un organismo biológico, sino que se ha adaptado al medio ambiente y ha sobrevivido gracias a su bioregenerador molecular que tiene orígen en las primeras nanomáquinas. es pues, un animal que funciona gracias a su sistema de bioconversión energética que modifica la energía solar en proteinas que puedan ser asimiladas por su parte biológica.

Lo asombroso es que la "Comisión para el control y la administración de biomutaciones" no ha emitido ningún comunicado al respecto. Quieren ocultar la verdad y en infierno que se nos avecina. Quieren evitar las manifestaciones que hace años se produjeron cuando se supo que habían estado experimentando con clones humanos. En ese momento la Iglesia unicista se había promulgado en contra de declararlos "humanos" -es absurdo- decían -dios no los creó, fue el hombre, por eso no tienen alma ni son humanos-. Derechos humanos pugnaban por que si fueran considerados humanos, pues su forma de gestación y fisica general correspondía a la de un humano. -No podemos considerarlos como no-humanos si solamente su forma de gestación fue distinta al de un humano normal- argumentaban.

Las polos se polarizaron, la sociedad se dividió. ¿que es ser humano?¿cuales son los límites de la humanidad?, ¿Existe pues un alma que nos define y nos diferencía? La iglesia unicista se fortalecía de los individuos que se veía amenazada su existencia, se daban cuenta que cualquiera con algo de dinero y pocos escrúpulos se podía poner a fabricar "humanos".

Derechos humanos pugnaba por una libertad en la modificación de los límites legales que defínian lo "humano", -Humano es todo aquel ser vivo que posee las mismas características biológicas de una especie, independientemente de la raza", Por lo que proponía la aceptación de una nueva "raza", los "mutados", al igual que los caucásicos, africanos, asiáticos, ¿por que no unos mutados?

La discusión se empantanó hasta el estallido de la guerra, todas las discusiones y las voces se acallaron, ya nadie quiso seguir con la discusión aunque la división de la sociedad continuó.

Ahora la lampiryade Anisoptera presenta un nuevo reto, presenta la fusión de las máquinas con los organismos biológicos. Antes le hubieran llamado cyborg, hoy solo está definido como "un nuevo organismo modificado producto de la fusión de varios suborganismos", pero lo que no dicen es que uno de esos suborganismos es producto de la nanotecnología y que el riesgo que corremos los humanos es el de ser superados por una especie mayor que nos elimine de la pirámide alimenticia. ¿podremos controlar la caja de pandora que hemos abierto? ¿podremos aceptar que una especie sea superior a nosotros, una que nosotros mismos creamos?, ¿podremos estar por arriba de las circunstancias?

Por lo pronto, la Lapiryade Anisoptera como especie nueva nos abre nuevos horizontes de investigación y el desarrollo de mejora en el tratamiento de enfermedades.

Romerosmith, Ricardo (2086), La Lapiryade Anisoptera, una nueva especie biotecnomutante, publicada en: High Canter Pole News, Nuevo Estados Unidos.

La recamarera...

Lilian era recamarera, ya llevaba 34 años trabajando desde que llegó de indocumentada a Los Ángeles. -Antes era más sencillo cruzar la frontera- les comentaba a sus sobrinos cuando le llamaban para pedirle que los recibiera cuando intentaran cruzar a Estados Unidos.

Estaba agotada de llevar esa rutina durante tanto tiempo, limpiando esas habitaciones de los viajeros. Tantos que ya no sabía si habían existido o no pues siempre parecía entrar a una dimensión desconocida. La cama desarreglada, el baño usado, las toallas tiradas, las maletas de los viajeros, pero casi nunca sabía los rostros de las personas detrás de ese apropiamiento efímero del espacio que ella con tanto esmero limpiaba.

Se había embarcado en esa aventura a sus 28 años. Originaria de Uruetaro Michoacán. En el pueblo se habían agotado los hombres casaderos, todos habían emigrado al norte para tener una mejor vida. Ella decidió no quedarse ahí a esperar un hombre decente para ella, o simple y sencillamente encontrar un hombre. Dejó todo lo que tenía: hermanos, padres, amigas y toda la vida que llevaba en ese tiempo, sacrificó todo para poder llegar hasta allá en pos de un sueño que perseguían más bien los hombres. Se embarcó sola en esta aventura, sin marido, sin hombre al lado, sola con su voluntad y deseo de encontrar una mejor vida. En secreto, sabía que más bien se había ido al norte para huir de la vergüenza que tenía de ser ya mayor y no estar casada. Era su gran vergüenza.

Tuvo la fortuna de encontrarse uno de los pocos "polleros" decentes que quedaban en esa época. La ayudó a cruzar junto con 7 hombres más. La veían extraña, ¿una mujer de migrante?, parecía un chiste, parecía encerrada en ese contenedor de trailer con 7 hombres una "Blancanieves" fortuita, huyendo no de una madrastra sino de un destino predeterminado que podía significarle la muerte en vida, la muerte de sus sueños y una historia como la de tantas mujeres en Uruetaro. Solas, mendigando algo de amor y de pasión con los pocos hombres que quedaban.

Rafaela se llamaba, pero cuando llegó a Los Ángeles se cambió el nombre por el de Lilián, -así no parecería mexicana- pensó. Al cabo de varios días conoció a Amanda, que se convirtió en su amiga desde ese entonces. Ella la presentó en el hotel como su "conocida" y le enseñó a limpiar cuartos, a ser cuidadosa, a no inmiscuirse ni interactuar con los huéspedes. A no dejarse llevar por las tentaciones del dinero o pertenencias de los huéspedes. Lilián y Amanda habían visto pasar a muchas recamareras en ese hotel, muchas acababan interactuando con los huéspedes que llegaban cansados y ansiosos de un poco de libertinaje fuera de casa, otras veían como dinero fácil el sustraer las pertenencias de los huéspedes, hasta que eran descubiertas. Lilián prefería ser "pobre pero honrada".

Lilián entró como tantas veces a esa habitación, estaba vacía. El huésped acababa de irse. Comenzó a quitar la ropa de cama y la cambió, limpió el baño, cambió las toallas, substituyó el shampoo y los jabones, lavó la cafetera y puso nuevamente los sobres de café. Luego barrió esmeradamente. Cuando terminó volteó a ver la habitación, había quedado impecable como tantas veces.

Se sintió agotada, sola, agobiada por tantos y tantos años de hacer lo mismo. Nunca encontró a un hombre decente. Todos los que había conocido estaban casados en México y a causa de su soledad terminaban por casarse nuevamente en Estados Unidos. Ella no quería eso, no quería compartir a su hombre con ninguna mujer en México, no quería mitigar la soledad, por eso había huido de Uruetaro. -Sola, sola- escuchaba esa voz interna que le decía cada vez más fuerte.

¿Para qué se había ido pues al norte?, ahora sin familia, trabajando sin descanso, sin ilusiones y sin sueños. Éstos se habían quedado del otro lado de la frontera. Por primera vez vió esa mullida cama que estaba en esa habitación, esa cama como tantas otras que había arreglado para alguien más. La vió vacía, la vió usada por tantas personas y sin ser de nadie. Así se sintió. Como esa cama vacía, perfectamente arreglada, esperando a que alguien llegara para consolar sus sueños, sus cansancios, pero en la cual nadie se quedaba por siempre.

Sintió un enorme cansancio. Se acostó. Quiso sentir por un instante lo que sentían esos viajeros, ella misma se sentía esa viajera por el tiempo, pero se había quedado atrapada en un instante del viaje. Ahora tenía 62 años y no tenía nada.

Se estiró. Acarició la sobrecama. Le pareció agradable la textura en los dedos, como si quisiera sentir a todos los viajeros que se habían quedado ahí, como si pudiera percibir su alma, sus deseos, su esencia. Quería absorber de golpe todos los recuerdos de esos 32 años ahí, limpiando esas habitaciones y haciendo la cama para una infinidad de desconocidos...

Cerró los ojos. Dejó que una lágrima recorriera su mejilla. Esa lágrima contenía la infinita tristeza que sentía por ella misma, se compadecía de su realidad, de ese sueño que en algún lugar perdió. En algún instante de su travesía. ¿qué había pasado?. Lloró. Lloró amargamente, largamente, con ese dolor en el pecho que le traspasaba, lloró su vida, su historia, su soledad. Lloró ese tiempo perdido.

De pronto llegó la calma, la claridad, la fortaleza y la voluntad. Se sintió agotada físicamente pero llena espiritualmente, su alma se había templado al fin.

. . .

Por la tarde, al ver que Lilián no aparecía la buscaron por todas partes hasta llegar a la habitación. Estaba ahí tendida en la cama, el cuarto arreglado perfectamente y ella descansaba plácidamente en la cama. Descansaba en paz.

Días después su madre en Uruetaro recibiría su cuerpo junto con una carta del gerente del Hotel diciendo que Lilián había sido una excelente empleada y que lamentaba profundamente su pérdida.

Mutaciones y palabras

Las letras se me escurren de entre las manos, los discursos deciden callar y la musa ha comenzado con su indiferencia ante los hechos. Necesito escribir, necesito decir tantas cosas y con pocas palabras. Parece ser que los fantasmas han decidido abandonarme y me he quedado sin voz. ¿quien extrañará pues esta ausencia? ¿este silencio de mis palabras, mis historias, mi prosa?

¿Habrá entonces alguien que permanezca, que extrañe y decida pues seguir leyendo? Lejos está esa época de historias fluidas, de mensajes ocultos, de la simple liviandad por la escritura. Esta tercer mutación me ha dejado paralizado, seco y ausente. Triste y melancólico.

Necesito avanzar, llevar a un lugar más allá mis palabras, algo más que entretener. Algún mensaje que dejar. Ahora estudio "Análisis del discurso" y "aproximaciones al hecho literario" son ambas mis cadenas, me critico, me juzgo con bases y con elementos, me culpo, me reprimo, me abstengo de seguir escribiendo pues ahora se como se debe escribir, como se deben construir las palabras y los sueños. Ahora me he quedado impávido ante esa realidad que me contiene y que me obliga a esforzarme más.

Extraño mis palabras, extraño el revisar los contadores para ver que un lector más ha accesado a mi página y ha leido mis palabras. Ahora necesito más que nunca a aquellos que creen en mis palabras, necesito de su aliento y de su ánimo para poder seguir...

Los demonios Shinvakté

Ahí están los fantasmas, se mueven lento, se mueven de forma etérea.
Ahí están los he visto con sus velos y sus suspiros, con sus sueños y sus fantasías.
Se mueven, si, se mueven, parece ser que están inmóviles pues su pesadez les impide moverse rápidamente.
¿pesadez? ¿qué no los fantasmas son etéreos, ligeros, vapores que se mueven por la concentración de la conciencia en diferentes planos dimensionales?
Los demonios Shinvakté son los más tenebrosos.

Se mueven lentamente pero dejan su estela como si estuvieran pegados al tiempo, arrastrando sus movimientos. Les cuesta moverse, desperezarse y comenzarse a desplazarse en el mundo terrenal.
¿por qué se mueven tan lentamente estos fantasmas?

Tienen tanto miedo de existir que se paralizan a si mismos, procuran pasar por desapercibidos, sin existencia ni sentido. Es mejor así, la maldición que ha caído sobre ellos es milenaria.

"Has dejado de significar", -un día mencionó Azcarel-, "ahora vaga por el mundo, no recuerdes, no existas, no seas".

Eran discipulos de Azcarel pero poco o nada entendieron de sus enseñanzas. Se entretenían más en deambular y levitar en la existencia sin un motivo aparente. "Habrán entonces de vagar sin sentido", mencionó,-"Así será hasta que descubran que su existencia va más allá del simple paso por el tiempo"..."el tiempo que cabalga, se expande, se comprime, rarifica y liquifica. Se sublima y se pulveriza". "el verdadero dios es el tiempo" -decía, sigue diciendo- ha decidido.

Los demonios Shinvakté se materializan con el tiempo, se solidifican, se armonizan con los ritmos y las rimas. Se acostumbran a estar sin estar, arrastran su pesadez.

Algunos saludan, otros añoran las tardes palaciegas, coloridas, indefinidas.

Azcarel siempre quiso tener discipulos, transmitir sus enseñanzas, se autoexilió, buscó su camino, y cuando pensó que se había iluminado regresó para predicarlas. Quiso pensar que sus enseñanzas eran tan profundas que podía empezar con las personas más complicadas, los Shinvakté, una tribu hindú que profesaba un estilo de vida etéreo y hedonista.

Lo siguieron un tiempo, escucharon su palabra, de nada sirvió. Azcarel se desesperó, utilizó sus mejores argumentos. Nada sirvió, "nada sirve" -dijo-.

Se retiró a las montañas desesperado, maldijo a los Shinbakté antes de irse. Una forma de venganza por su indiferencia. Ya nunca regresó.

Los Shinvakté siguen esperando a que regrese. Quizás si regresa la maldición se les quitará. Nada saben. La maldición es de ellos, de nadie más, Azcarel nunca podrá quitárselas. Es de ellos, ellos la han construido, tejido, argumentado e interiorizado. Azcarel nada tiene que ver. Solo pronunció esas palabras. Los Shinvakté así lo creyeron. así lo han creido, así lo creerán...



La batalla...

Y los martinis callaron,
Llegaron los Vodkas haciendo gala de prepotencia, Su pureza y transparencia eran clara muestra de su origen.
Los tequilas rápidamente se pusieron en alerta, estaban crispados a pesar de que los Wiskeys no habían llegado, “son muy impredecibles”, decían.


Tinto, blanco y Champagne salieron de ahí algo escandalizados mas acostumbrados a las tertulias y las cenas románticas que a esas fiestas ruidosas e intensas.

Las cervezas siguieron en la fiesta y la algarabía, eran demasiados y muy ruidosos, no habían reparado en el problema que se avecinaba. Obscura, clara, de barril, eran todas igual y no se daban cuenta de lo que ocurría.
Los Coolers, luego luego comenzaron a temblar, “son muy suaves” dirían después…


Brandy y Ron se ocultaron en una bebida de cola, “así pasamos por desapercibidos”, pero su sudor frío y aperlado los delataba fácilmente. Uno medio burlón se disfrazaba de “cuba libre” refresco de cola y agua mineral, parecía que hacía streap tease y se aligeraba bastante pero luego por tanto hielo se diluía hasta casi pasar por desapercibido.

Los mutantes que se habían escondido detrás de la barra. Parecían no tomar partido por ninguno de los dos grupos: los tequilas y los vodkas. Ellos eran bebidas potencializadas, modificadas genéticamente para infligir el mayor daño posible, pero en su sangre podía correr el ADN de cualquiera de los dos bandos, así que “la piedra”, “el bull”, “la cucaracha”, “el turbo” y “parís de Noche” decidieron no tomar partido esta vez. Su musculosa constitución podría fácilmente vencer a cualquiera de los dos bandos pero este problema era claro entre los tequilas y los vodkas.

La batalla fue violenta, agresiva, tenaz y sostenida, la noche larga y estridente…

Al otro día solo quedaban los vestigios de lo que ocurrió ahí. Unas botellas vacías, un olor rancio y penetrante que producía un intenso dolor de cabeza a la menor provocación y la promesa eterna y sin cumplir de no volver a tomar jamás…