La batalla...

Y los martinis callaron,
Llegaron los Vodkas haciendo gala de prepotencia, Su pureza y transparencia eran clara muestra de su origen.
Los tequilas rápidamente se pusieron en alerta, estaban crispados a pesar de que los Wiskeys no habían llegado, “son muy impredecibles”, decían.


Tinto, blanco y Champagne salieron de ahí algo escandalizados mas acostumbrados a las tertulias y las cenas románticas que a esas fiestas ruidosas e intensas.

Las cervezas siguieron en la fiesta y la algarabía, eran demasiados y muy ruidosos, no habían reparado en el problema que se avecinaba. Obscura, clara, de barril, eran todas igual y no se daban cuenta de lo que ocurría.
Los Coolers, luego luego comenzaron a temblar, “son muy suaves” dirían después…


Brandy y Ron se ocultaron en una bebida de cola, “así pasamos por desapercibidos”, pero su sudor frío y aperlado los delataba fácilmente. Uno medio burlón se disfrazaba de “cuba libre” refresco de cola y agua mineral, parecía que hacía streap tease y se aligeraba bastante pero luego por tanto hielo se diluía hasta casi pasar por desapercibido.

Los mutantes que se habían escondido detrás de la barra. Parecían no tomar partido por ninguno de los dos grupos: los tequilas y los vodkas. Ellos eran bebidas potencializadas, modificadas genéticamente para infligir el mayor daño posible, pero en su sangre podía correr el ADN de cualquiera de los dos bandos, así que “la piedra”, “el bull”, “la cucaracha”, “el turbo” y “parís de Noche” decidieron no tomar partido esta vez. Su musculosa constitución podría fácilmente vencer a cualquiera de los dos bandos pero este problema era claro entre los tequilas y los vodkas.

La batalla fue violenta, agresiva, tenaz y sostenida, la noche larga y estridente…

Al otro día solo quedaban los vestigios de lo que ocurrió ahí. Unas botellas vacías, un olor rancio y penetrante que producía un intenso dolor de cabeza a la menor provocación y la promesa eterna y sin cumplir de no volver a tomar jamás…

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