Los demonios Shinvakté

Ahí están los fantasmas, se mueven lento, se mueven de forma etérea.
Ahí están los he visto con sus velos y sus suspiros, con sus sueños y sus fantasías.
Se mueven, si, se mueven, parece ser que están inmóviles pues su pesadez les impide moverse rápidamente.
¿pesadez? ¿qué no los fantasmas son etéreos, ligeros, vapores que se mueven por la concentración de la conciencia en diferentes planos dimensionales?
Los demonios Shinvakté son los más tenebrosos.

Se mueven lentamente pero dejan su estela como si estuvieran pegados al tiempo, arrastrando sus movimientos. Les cuesta moverse, desperezarse y comenzarse a desplazarse en el mundo terrenal.
¿por qué se mueven tan lentamente estos fantasmas?

Tienen tanto miedo de existir que se paralizan a si mismos, procuran pasar por desapercibidos, sin existencia ni sentido. Es mejor así, la maldición que ha caído sobre ellos es milenaria.

"Has dejado de significar", -un día mencionó Azcarel-, "ahora vaga por el mundo, no recuerdes, no existas, no seas".

Eran discipulos de Azcarel pero poco o nada entendieron de sus enseñanzas. Se entretenían más en deambular y levitar en la existencia sin un motivo aparente. "Habrán entonces de vagar sin sentido", mencionó,-"Así será hasta que descubran que su existencia va más allá del simple paso por el tiempo"..."el tiempo que cabalga, se expande, se comprime, rarifica y liquifica. Se sublima y se pulveriza". "el verdadero dios es el tiempo" -decía, sigue diciendo- ha decidido.

Los demonios Shinvakté se materializan con el tiempo, se solidifican, se armonizan con los ritmos y las rimas. Se acostumbran a estar sin estar, arrastran su pesadez.

Algunos saludan, otros añoran las tardes palaciegas, coloridas, indefinidas.

Azcarel siempre quiso tener discipulos, transmitir sus enseñanzas, se autoexilió, buscó su camino, y cuando pensó que se había iluminado regresó para predicarlas. Quiso pensar que sus enseñanzas eran tan profundas que podía empezar con las personas más complicadas, los Shinvakté, una tribu hindú que profesaba un estilo de vida etéreo y hedonista.

Lo siguieron un tiempo, escucharon su palabra, de nada sirvió. Azcarel se desesperó, utilizó sus mejores argumentos. Nada sirvió, "nada sirve" -dijo-.

Se retiró a las montañas desesperado, maldijo a los Shinbakté antes de irse. Una forma de venganza por su indiferencia. Ya nunca regresó.

Los Shinvakté siguen esperando a que regrese. Quizás si regresa la maldición se les quitará. Nada saben. La maldición es de ellos, de nadie más, Azcarel nunca podrá quitárselas. Es de ellos, ellos la han construido, tejido, argumentado e interiorizado. Azcarel nada tiene que ver. Solo pronunció esas palabras. Los Shinvakté así lo creyeron. así lo han creido, así lo creerán...



No hay comentarios: