El virus...

-Maldito Virus- murmuró Rafael. Se había borrado todo en la computadora.

¿Quién carajos había tenido la retorcida idea de diseñar un virus que atacara selectivamente los archivos fotográficos de las personas? Lo increíblemente grave del asunto era que el virus por demás fue altamente "infeccioso", se había replicado a través de las redes sociales, y de ahí, a los discos duros, solo hubo un paso. Se destruyó todo el acervo histórico de las personas. Sus memorias, sus momentos y recuerdos.

¿Y ahora que sucederá?, es imposible recuperar todo ese pasado destruido, todos esos recuerdos, alegrías, significados y simbolismos a través de las imágenes capturadas por la cámara. Todo se había perdido irremediablemente.

Ahora la gente ya no quería conectarse a las redes sociales, el apocalipsis había sucedido, había llegado a través de la tecnología, de la fe ciega en las computadoras y la facilidad para comunicarse e interactuar. Ahora ya no queda nada.

La gente comenzó a entrar en shock, no comprendía como había perdido su identidad en cuestión de días que fue lo que tardó el virus en infectar toda la "aldea global", su pasado se había perdido. y ahora, ¿que hacer?

Todos confiaban ciegamente en esa memoria digital, se habían olvidado de cómo almacenar de forma "física" sus recuerdos y sus memorias, sus sensaciones y reacciones. Todo estaba digitalizado, todo estaba a través de las pantallas brillantes de las computadoras. Pero ¿qué hacer ahora con todo lo perdido?, los cuerpos se encontraban entumecidos, olvidados de las sensaciones y memorias.

Algunos desesperados trataron de recuperar su historia, su pasado a través de complejos programas cibernéticos. Nada funcionó. No pudo ser rescatado nada. El pasado se había ido para siempre. No quedaba nada. Algunos trataban de recordar las imágenes que tenían en la computadora pero la cantidad era tal que era prácticamente imposible recordar siquiera una décima parte. Todos almacenaban al menos 5,000 imágenes en sus discos duros, toda una historia para ser contada.

Comenzaron pues las preguntas, ¿cómo le hacían los antepasados antes del surgimiento de la fotografía?, nada, no hacían nada más que guardar en su memoria sensorial los momentos especiales, el rostro de la amada, el contorno de las manos, la sensación del deseo, el gesto y la palabra. En conclusión, usaban la memoria prodigiosamente, la memoria individual y colectiva y no una memoria digital, ni digitalizada.

¿Realmente podrían vivir sin sus imágenes? ¿sin sus memorias y recuerdos digitales? ¿podrían reconstruir sus historias personales a través de sus recuerdos y sensaciones sin esa gran ayuda que eran las imágenes?

Nada quedaba más que un gran camino por recorrer, la primer decisión: no volver a tomar una cámara fotográfica para nuevamente entrar en contacto con la memoria kinestésica y sensorial y así poder recordar todo lo importante a través del cuerpo y no de la imagen, la memoria pues se volvió a interiorizar hacia el individuo y comenzó el arduo camino del recuerdo de lo esencial e importante...

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