La pichulosis...

Había despertado después de una siesta por la tarde. A veces todo el trajín de la mañana lo dejaba agotado, entre carreras, brincos, saltos y desencantos.

Ese letargo que da la siesta por la tarde cuando aún los rayos del sol entran tenuamente por las ventanas y se descuelgan por las paredes lentamente.

Abrió los ojos pesadamente, la mirada comenzaba a ajustarse después de ese sueño reparador. Lentamente comenzó a estirarse, a sentir como el cuerpo despertaba junto con su conciencia. -Se incorporó-

Al dirigirse pesadamente hacia la cocina pasó frente al espejo de la recámara y accidentalmente se vió.

Pensó que seguía dormido, o como si estuviera aún en un sueño. Se talló los ojos sin creer lo que estos veían. Tenía el rostro lleno un extraño salpullido azuloso. Extraño de por si. No entendía lo que le había pasado cuando estaba dormido.

Quiso acercarse a su hermano mayor para que éste le explicara, pero al verlo, huyó... Solamente alcanzó a decir: "es la pichulosis, es la pichulosis".

Varios familiares estaban en su hogar, primas primordialmente. Quiso acercarse a ellas, encontrar respuestas, encontrar explicaciones, pero ellas al principio desconcertadas solamente alcanzaban a verlo de forma extraña, distante, mezclando el mito con la realidad. Solo alcanzaban a decir "tienes la pichulosis, tienes la pichulosis".

Se sentía como Gregorio Samsa de Metamorfosis, se había despertado de ese sueño pero en vez de ser ese escarabajo tenía una rara enfermedad al que todos le huían, todos corrían tratando de alejarse de su condición.

Él trataba de encontrar consuelo, una persona que lo tranquilizara, que lo calmara, pero nada, todos huían, corrían ante su presencia y solo repetían "es la pichulosis". Una de sus primas quiso acercarse a él, decirle que no temiera, pero su hermana la jaló, le dijo: -no te acerques que te puede contagiar la pichulosis, te pueden salir los puntos azules", -dudó- y luego emprendió la huida.

Comenzó a llorar desconsolado, desamparado, nadie quería acercarse a él, nadie quería estar cerca de él, todos corrían y se alejaban como si fuera un leproso.

De pronto llegó su mamá meneando la cabeza, lo tomó de la mano y lo llevó al baño, tomó un algodón y le limpió el rostro con alcohol para retirar las manchas de plumón azul que le habían pintado mientras dormía...

Lloraba desconsoladamente diciendo: "mamá, te voy a contagiar la pichulosis, no te acerques", al fin y al cabo, a mis 4 años quería proteger a mi mamá de mi virulenta condición de la pichulosis...

Ella disimuladamente rió, y luego me explicó que mi hermano y mis primas me habían jugado una mala broma que aún recuerdo cuando nos reunimos en familia y sale a colación la historia de la Pichulosis...

Dedicado a mi prima Claudia Lara la autora material e intelectual de La pichulosis

1 comentario:

charly 4 dijo...

esta palabra la uso alguna vez el chavo del ocho quiero saber gracias