Camila

Conocí a Camila cuando entré a trabajar ahí. Era guapa, con un cuerpo bien formado y unos ojos brillantes. Además de la sonrisa franca que tenía. A pesar de saberse guapa poseía esa liviandad y afabilidad que contagiaba a todos con su buen humor.



Se esforzaba en su trabajo con gran esmero. Sabía que no había estudiado una carrera pero veía como llegaban nuevas contrataciones a la empresa y se preocupaba por que ella, por falta de estudios, no podría pasar de la recepción de la empresa. Sin embargo, había pedido una oportunidad. Ésta llegó al mes de que yo llegué a la compañía y tuvo el mismo puesto que yo. Me alegré.



Siempre he pensado que todos merecemos una oportunidad, ella había luchado por conseguirla, y lo había logrado. Yo, como recién egresado, entraba con todos mis sueños y mis expectativas de hacer valer mi título profesional, ella, dispuesta a aprender y capitalizar la oportunidad que había recibido.



Nos hicimos muy buenos amigos. Acabé siendo su confidente. Era una mujer extraña, con historias difusas. Ambos padres pintores, divorciados por diferencias de caracteres o de estilos. Ella vivía con su padre, aunque visitaba muy frecuentemente a su madre.



Un buen día no pudo más y me confesó que estaba saliendo con un exvendedor de la empresa. -¿cómo?- le pregunté. -Si no es una persona muy confiable- le dije. Yo sabía que él era una persona que había sido despedida de la empresa por cuestiones de malos manejos, sabía que estaba casado y que tenía una hija, ¿por qué ella había decidido enredarse en una relación tan complicada?



Cuando le pregunté me respondió: -Se que es una persona conflictiva, se está divorciando, así que solamente me estoy divirtiendo con él-



Para mi, que cada día se enredaba más en esa situación, cada día se involucraba más y parecía que caía en un gran agujero que nada la sacaría de ahí. Yo, como su amigo quería hacer algo pero por más que con todo el tacto del mundo, le planteaba la situación, sin ser intrusivo, ella parecía no escuchar.



Un día me pidió un favor, me sobresalté. Me dijo que su exnovio quería verla y que se había citado con él en un restaurant del Centro Comercial Santa Fe. -¿y yo que tengo que ver?- le interrogué.



-Necesito que me acompañes para decir que "accidentalmente" me lo encontré por que tu te habías quedado de ver con él ahí por que es tu amigo, así que si Rafael pregunta tu dices que es tu amigo y que por casualidad nos encontramos, ¿vale?- No supe que decir, era mi amiga pero ahora me pedía ser cómplice. Finalmente acepté sin mucho ánimo, yo no conocía a su ex y el mentir no ha sido mi fuerte.



A la una treinta de la tarde llegó Armando, yo no lo conocía, rápidamente me lo presentó, me pidió que me subiera al auto y que nos adelantáramos a la plaza comercial. Ella pasaría en su auto un poco más tarde y nos haría una seña para "seguirla" , de esta manera los autos quedaran cerca en el estacionamiento. todo fríamente calculado.

En el auto, entre Armando y yo, había un silencio incómodo, no sabía que decir, no sabía que sabía elde toda la situación y quiería a toda costa evitar una indiscreción. De pronto él habló. -¿tu lo conoces?-.

-¿a quién?- pregunté casi automáticamente.

-Con el que anda-.

No supe que decir, quise evitar la pregunta, pero no se me ocurría nada, por un instante mi mente calculó friamente las posibles respuestas y sus consecuencias. Pero al final, el subconsciente ganó y solo pude decir: -Si-.

Pensé que me bombardearía con más preguntas, pero no fué asi. Retornó el silencio. Luego le pregunté yo: -¿tu sabes que anda con él?-. Y el asintió sin decir palabra.

Luego, desde el fondo de mi ser, desde lo más profundo y aludiendo a mi sentido moral y a mi estupidez no pude más que decirle: -Tu la amas, ¿verdad?, vi como la miras. ¿por que no le dices lo que sientes?-

-Ya lo sabe, ya se lo he dicho- respondió.

- Pero aún así, anda con otro, ¿te das cuenta de eso?, ¿no te molesta o te enoja?-

El tras un corto instante, como midiendo su respuesta me dijo: -No importa, ella quiere conocer otras cosas, está bien, pero al final, ella se casará conmigo.-

Me quedé estupefacto, asombrado y anonadado, los adjetivos se quedan cortos ante la impresión que me causó su respuesta, -Serás idiota- pensé para mis adentros.

Razonablemente y con todo el tacto del mundo, aludiendo a mi amistad y cercanía con Camila no pude más que contraargumentar: -¿Como puedes decir eso si se está acostando con otro?, ¿no es que no quieres ver lo evidente?, ¿la verdad?, ¿la realidad?-. Quise jugarle al psicólogo que confronta al paciente a la verdad cruda y directa y esperaba hacerlo titubear, dudar, o enojarlo... Pero no fue así. Pacientemente y con una seguridad escalofriante me repitió: -Ella se va a casar conmigo-.

En mis adentros me estremecí y sentí una gran lástima por ese desconocido que soñaba y pensaba que ella sería suya cuando ella estaba enredada con el otro. No supe que decir, me quedé sin palabras. Y durante la comida pude ver como él la miraba de una forma muy especial, y sentí una gran pena por que pensé que la realidad lo golpearía muy fuerte.

Dos años después acudí a su boda. Una boda hermosa, sin sacerdote, jerarca eclesiástico ni espiritual, ellos frente a todos dijeron sus votos uno al otro, las miradas desbordaban esa miel y los sueños de un futuro que se abre.

La realidad fue la que me golpeó a mi, me di cuenta que él tenía una fe y una convicción inquebrantable, y sabía lo que quería y lo que el mundo les tenía deparado. ¿destino?, ¿sueño?,¿voluntad? no lo se, pero él desafió todos mis pronósticos y mis convicciones al demostrarme que estaba equivocado y sobre todo, falto de fe.

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