El principio: la poesía azul.

Mi papá nunca supo que escribía, no le hubiera parecido en lo más mínimo. Mi mamá siempre me dijo que nunca escribiera lo que sentía, pues la gente luego podía leer lo que había escrito y reirse.

No les hice caso.

Comencé a escribir a los 12 años. Quizás por curiosidad, quizás por el misterioso deseo de aprender a hilar las palabras. Me gustaba leer frases extensas, con palabras complicadas y rebuscadas como: revuelo, catatónico, cadencioso, reverberar.

Sin embargo lo que realmente provocó mi escritura fué un evento relevente en mi vida.: ella apareció de pronto y sin avisar.

Lo más extraño de ella eran sus zapatos: unos botines negros y con una hebilla de color plateado.

El encuentro fue casual. Quedé impactado por sus zapatos y su extraña predisposición a verme fijamente a los ojos sin parpadear. Parecía que quería escudriñar en mi alma, descifrar mis secretos. Romper mi carácter hermético de una manera sencilla pero efectiva a través de su mirada y sus excentricidades.

Al principio fui receloso ante su presencia. Me miraba fijamente y se expresaba de una forma extraña, usaba palabras que yo no conocía y que sonaban extrañas en una niña de 12 años: radical, estupefacto, rimbombante.

En esa época no me gustaba que se me acercaran las niñas. Siempre estaban ocupadas en chismografos, cartitas, e historias de principes y castillos.

Pero con ella fue diferente.

No hablaba de lo que las niñas de su edad hablaban.

El mar, el silencio y los sueños.

Ella hablaba de poesía. -¿poesía?- preguntaba yo. Eso es de viejitos.

Ella esbosaba una enigmática sonrisa y luego dejaba de verme fijamente para ver el horizonte.

La poesía no es del que escribe, sino del que la necesita.

Poco a poco comenzamos a vernos más seguido. Una banca determinada del parque central era el lugar de reunión. Ahí, ella me esperaba para mostrarme el único libro de poesía que tenía: "Poesía en movimiento" la compilación de Octavio Paz de las poesías publicadas en la revista Vuelta.

A veces me dejaba leerlo, otras, ella leía las poesías en forma de susurros, quizás lo hacía para que me acercara a ella, quizás le daba pena leer historias de amor a sus 12 años. Leíamos cada una de las poesías y de los autores. Así conocí a Arijdis, Chumacero, Rosario Castellanos, Gabriel Zaid, Octavio Paz, Jaime Sabines entre otros.

Con el tiempo comencé a despertar. A sentir esa espantosa necesidad de estar cerca de alguien de cualquier forma. Esa sensación de que el tiempo pasa muy lentamente cuando sabes que vas a ver a alguien especial.

El roce de sus manos, el susurro de sus labios cuando pronunciaba cada una de las palabras de la poesía que leía. Esos ojos que iban y veían en cada párrafo, en cada estrofa. Sentir por primera vez ese vacío en el estómago cuando la veía nuevamente y escuchaba su voz.

¿Por qué mi percepción cambiaba? era solamente una amiga. Pero aún así  la veía diferente a pesar de esos zapatos raros que jamás se quitaba. Dejé de verla pues como una extraña y comencé a verla como alguien que dejaría una huella indeleble en mi vida. La poesía me había transformado y transtornado desde ese momento.

Un día llegó con una funesta noticia. Se iría de ahí pronto. Algo en mi se rompió. Conocí pues lo que era el perder a alguien.

Nos quedamos de ver una vez más en la banca que tantos dias nos había visto leer todas esas poesías de la compliación de Paz. Nos faltaba leer 18 poesías para terminar el libro.

Decidí entonces escribirle algo. Sentí esa imperante necesidad de escribirle unas líneas con todo lo que un niño de 12 años puede decir.

Nos vimos por última vez un 4 de junio de 1984 y este es el comienzo de mi escritura.

La carta que le escribí es la siguiente:

Me gusta el color azul,
Azul como el cielo y el mar,
Cuando pienso en azul pienso en ti,
no se por que pero eres azul,
Pude pensar en otro color,
pero el azul es el que te define,
como el verso a la poesía,
como el amarillo al sol
y el verde a las hojas de los árboles.
No me olvides y jamás olvides tu color,
por que ese color es azul.


Hoy en día, tengo el libro de Paz, "Poesía en Movimiento", lo leo cada vez que puedo. Y siempre descubro algo nuevo: un sentimiento oculto, un recuerdo perdido. Nunca he sabido cuales eran esas 18 poesías que nos faltaban pues no seguiamos un orden establecido, solamente abríamos el libro y leíamos la poesía que se abria ante nosotros. Ella acostumbraba marcar con lápiz en su libro las poesías que ya habíamos leido, y si nos topábamos con una que ya habíamos leído volvíamos a cerrar el libro y abrirlo nuevamente al azar hasta encontrar una página sin marca. Una poesía pues para ser leída.

No se si aún tenga el libro y si aún lo lea. Espero que si.

No hay comentarios: